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Muhammad Yunus - Premio Nobel de la Paz 2006



APRENDIENDO DE YUNUS
Bernardo Kliksberg




El destino de Muhammad Yunus nuevo Premio Nóbel de la Paz era probablemente el de otros economistas de élite, ser un reputado académico, o un muy bien pagado consultor. Sin embargo explica que algo pasó, cuando en 1974 vio morir de hambre a cientos de miles de personas en Bangladesh, su país natal, por una hambruna. Se preguntó: “Mientras la gente moría de hambre en las calles, yo enseñaba teorías económicas elegantes ... Me empecé a odiar a mi mismo, a la arrogancia de pretender tener todas las respuestas...Nosotros los profesores éramos todos tan inteligentes pero no sabíamos absolutamente nada acerca de la pobreza que nos rodeaba”.

Salió de su Universidad de élite, y fue a la aldea cercana a conocer lo que sucedía con los campesinos. Una mujer con muchos hijos le mostró las sillas de bambú que producía. Trabajaba muy duramente pero seguía en total miseria. Le contó que para producir tenía que pedir prestado a los prestamistas, y revenderles las sillas. Le cobraban 10% de interés diario. Después de pagar el préstamo y los intereses sólo le quedaban dos centavos de dólar por día de trabajo. Yunus hizo los cálculos y llegó rápidamente a la conclusión: “me sentía avergonzado por pertenecer a una sociedad incapaz de dar 27 dólares a 42 personas para ayudarlas a subsistir por si mismas”. ¿Por qué los prestamistas?. ¿Por qué nadie ni la banca privada, ni la pública querían prestar a los muy pobres?. No tenían garantías. Había descubierto un gigantesco “mercado cautivo” de la usura, y al mismo tiempo la idea del micro-crédito Con muy poco se podía salvar dignamente la vida de millones.

Fracasó en sus gestiones antes el Gobierno, y la empresa privada para que se interesaran por este tipo de prestamos. Fundó entonces en 1976 el Grameen Bank, el Banco de la Aldea. Después de dialogar y dialogar con los pobres, le dio un diseño único en la historia bancaria.

Ante todo sería un banco de los mismos pobres. Sus más de 6 millones de prestatarios tienen hoy el 92% de las acciones. Por otra parte, cero burocracia, los funcionarios del banco no debían esperar en oficinas que llegaran los pobres. Debían ir donde estaban, vivir entre ellos, y captar sus necesidades. Como no había garantías, cero papeles. Todo ello reducía los costos de operación. Concibió dos ideas maestras. La primera privilegiar en los préstamos a las mujeres . Son más del 97% de los que reciben los préstamos. Porque mujer es madre, y es familia, y sabrían aplicar muy bien el dinero. Allí tuvo que enfrentar tabúes fuertemente arraigados. A las mujeres campesinas de su país raramente se les permitía tocar dinero, o trabajar fuera de la casa. Segundo, para pedir un préstamo tenía que haber un grupo de cinco, el préstamo era individual pero el grupo se hacia responsable porque cada uno pagara. Allí movilizó la cooperación, el capital social, la responsabilidad. Todo ello funcionó perfectamente, la tasa de repago es del 98%.

El Grameen Bank ha entregado en Bangladesh préstamos por 5.720 millones de dólares. Los préstamos son de 200 dólares promedio. A los 20 años de funcionamiento ya había llegado a 12 millones de personas, y actualmente con otros emprendimientos similares están apoyando en Bangladesh a 38 millones. El Grameen tiene 2.226 filiales y ayuda a 71.371 aldeas. Más de 100 países desde Uganda y Malasia hasta el Sur de Chicago han replicado la experiencia.

Cuando se le dio el Nóbel de la Paz explicó que había movilizado una fuerza poderosa para enfrentar la pobreza, lucha decisiva para lograr la paz. También el Comité del Nóbel señaló: “El micro-crédito ha probado ser una importante fuerza liberadora en sociedades donde las mujeres tienen que enfrentar condiciones económicas y sociales represivas”.

La experiencia de Yunus tiene varias lecciones para una América Latina con 228 millones de pobres (41% de la población), 94 millones de ellos en pobreza extrema (19% de la población), y una pobreza persistente (las cifras totales son mayores que en 1980, 168 y 60 millones respectivamente):

1. Los economistas y los líderes deben salir de la oficina, hablar, y conocer a los pobres y planear soluciones junto con ellos.
2. Deben ser sensibles, compartir la auto-indignación que llevó a Yunus a hacer lo que hizo.
3. Yunus ha prevenido respecto a América Latina que conoce bastante: “mucha gente tomó la idea de llevar el micro-crédito a los pobres sólo como una forma de hacer dinero, en vez de para ayudarlos”.
4. El papel de la mujer debe ser central.
5. La preocupación debe ser colectiva. Como muy bien definiera: “La calidad de una sociedad no debe medirse por el nivel de vida de los que mucho tienen sino por el de sus capas mas pobres”.

Ha habido en América Latina una actividad creciente en torno al micro-crédito con iniciativas pioneras de organizaciones como el BID, y el apoyo decidido de Gobiernos extra-regionales como entre ellos el de España, pero hay muchísimo más por hacer.

Yunus explicó con claridad su concepción de fondo sobre el mundo actual, muy vigente para América Latina la región más desigual de todas (una distancia entre el 10% más rico y el 10% más pobre que sextuplica la de España, cuadruplica la de Italia, y triplica la de Estados Unidos el país más desigual de los desarrollados): “No podemos seguir con el absurdo de que unos tengan enormes riquezas mientras otros tienen problemas para sobrevivir. Si podemos terminar con la pobreza, por lo menos desde el punto de vista económico, tendremos una situación más vivible entre los muy ricos y los muy pobres, entre los países ricos y las naciones muy pobres. Este es el ingrediente principal para la paz”.

Hay una lección adicional. Cuando se le comunicó el premio, el Comité Nóbel le preguntó qué mensaje quería transmitir. Señaló: “el único es que la pobreza en el mundo es una creación artificial. No es parte de la civilización humana y podemos cambiar la situación. Lo único que debemos hacer es rediseñar nuestra instituciones y políticas y no habrá personas que sufrirán de pobreza”.

En América Latina tierra de un enorme potencial económico, es hora de aplicar en profundidad las lecciones magistrales de Yunus.


Fuente: www.iadb.org/etica


Discurso de aceptación del premio "Ayuda a la Auto-ayuda" de la Fundación Stromme. 26 de septiembre de 1997, Oslo, Noruega.


No me enseñaron a entender la iniciativa personal. Me enseñaron, como a todos los estudiantes de ciencias económicas, a creer que toda la gente, a medida que va creciendo, debe prepararse para conseguir empleo en el mercado laboral. Si Ud. no logra conseguir un puesto, se inscribe para recibir ayuda del gobierno. Pero no podía sustentar estas creencias cuando me enfrenté a la vida real de los pobres en Bangladesh. Para la mayoría de ellos, el mercado de trabajo no significaba mucho. Para sobrevivir, se concentraban en sus propias actividades económicas. Pero las instituciones políticas y económicas no se daban cuenta de su lucha. Eran rechazados por las instituciones formales, sin haber hecho nada para merecerlo . . .

Me asombraba ver cómo sufrían los pobres porque no podían conseguir una pequeña suma de capital de trabajo - la cantidad que necesitaban era inferior a un dólar por persona. Algunos de ellos sólo podían conseguir el dinero en condiciones muy injustas. Tenían que vender los bienes al prestamista al precio arbitrario que él decidía . . .

Creamos instituciones y políticas basadas en la manera en que hacemos suposiciones sobre nosotros y otros. Aceptamos el hecho que siempre habrá pobres entre nosotros. Por eso hemos tenido gente pobre entre nosotros. Si hubiéramos creído que la pobreza es inaceptable para nosotros, y que no debe pertenecer a un mundo civilizado, habríamos creado instituciones y políticas apropiadas para crear un mundo sin pobreza. Queríamos ir a la Luna - y fuimos a ella. Queríamos comunicarnos unos con otros muy rápidamente - por lo que hicimos los cambios necesarios en la tecnología de las comunicaciones. Logramos lo que queremos lograr. Si no estamos logrando algo, mi primera sospecha recae sobre la intensidad de nuestro deseo de lograrlo.

Creo firmemente que podemos crear un mundo sin pobreza, si queremos . . . En ese mundo, el único lugar para ver la pobreza es en un museo. Cuando los escolares visiten el museo de pobreza, se horrorizarán al ver la miseria e indignidad de los seres humanos. Culparán a sus antepasados por tolerar esta condición inhumana de una manera masiva . . .

Grameen me ha enseñado dos cosas: primero, nuestra base de conocimientos sobre las personas y cómo actúan todavía es inadecuada; segundo, cada persona es muy importante. Cada persona tiene gran potencial. Ella sola puede influir en las vidas de otros en comunidades, y naciones - dentro y más allá de su propio tiempo. Cada uno de nosotros tenemos en nuestro interior mucho más de lo que hemos tenido oportunidad de explorar hasta ahora. A menos que creemos un ambiente favorable para descubrir los límites de nuestro potencial, nunca sabremos lo que tenemos dentro. Grameen me ha dado fe, una fe inquebrantable en la creatividad de los seres humanos. Esto me lleva a creer que los seres humanos no nacen para sufrir la desdicha del hambre y la pobreza. Sufren ahora, y sufrieron en el pasado porque ignoramos al tema.
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