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Mujeres en Irán consideradas ciudadano de segunda categoría




Shadi Sadr Activista feminista iraní exiliada en Reino Unido

"Las mujeres en Irán están consideradas como un ciudadano de segunda categoría"




"La sociedad civil fue totalmente destruida tras las protestas de 2009 y llevará años reconstruirla"

- "Hay un movimiento feminista importante pero la represión es grande"








Exiliada en Londres desde hace seis años, la abogada y periodista iraní Shadi Sadr lucha por dar a conocer en todo el mundo la falta de libertades que padecen las mujeres de su país. Tras abandonar Irán, los tribunales la condenaron a seis años de prisión y 74 latigazos.


No piensa en regresar a su tierra, al menos en el corto plazo, y combate el dolor de la distancia a través de Justice for Iran, una organización nacida para denunciar los abusos que se cometen en su país.

Invitada por Amnistía Internacional, ayer visitó A Coruña.





-¿Qué tipo de restricciones sufren las mujeres de Irán actualmente en su día a día?


-Es una larga lista pero se puede ilustrar con algunos ejemplos.


En Irán los maridos son quienes tienen todo el control sobre las decisiones de la familia, sobre cómo se gasta el dinero o cómo se cría a los niños.


Las mujeres están obligadas a obedecer los deseos sexuales de los maridos y esto lleva a que, aunque a veces no sean reconocidos, se produzcan casos de violaciones.


Las mujeres tampoco tienen derecho unilateral a divorciarse y, para solicitarlo, deben o bien pagar dinero a su marido para llegar a un acuerdo o demostrar ante los jueces que están en una situación muy dura que hace inviable continuar la vida juntos.


Ante la Justicia, el testimonio de una mujer vale la mitad que el de un hombre, literalmente, y estamos obligadas, independientemente de nuestra edad o religión, a llevar velo.


Son algunos ejemplos de que, en Irán, las mujeres están consideradas un ciudadano de segunda clase.






-Amnistía Internacional ha denunciado recientemente que el Gobierno iraní pretende aprobar dos leyes que restringen la libertad sexual de las mujeres aún más.

¿En qué van a consistir?


-El supuesto objetivo de estas leyes es el de incrementar la población lo máximo posible en los próximos años, pero realmente no se atajan los motivos reales por los que las mujeres no tienen hijos, que son económicos.


En lugar de crear puestos de trabajo, el Gobierno quiere hacer que las mujeres vuelvan a sus casas, expulsándolas del mercado laboral y limitando su presencia en la universidad.




-¿Cabe la posibilidad de que no se les dé marcha atrás?


-Las leyes se van a aprobar aunque realmente su contenido ya se viene implementando desde hace tiempo.


La nueva legislación solo va a institucionalizar una realidad.


Por ejemplo, hace años el Gobierno facilitaba a todas las mujeres métodos anticonceptivos. Esto ayudó especialmente a las mujeres pobres y de zonas rurales pero el Gobierno ya ha recortado estas partidas.


Ahora, quienes se queden embarazadas solo tendrán dos opciones: o abortar ilegalmente, lo cual puede poner en peligro sus vidas porque no es seguro, o tener un hijo.


Si decide tenerlo, al no haber ayudas económicas, lo que ocurrirá será que las madres serán cada vez más pobres.






-¿Hay algún tipo de reacción de protesta por parte de las mujeres iraníes?


-Sí, y es necesario saber que existe para tener una fotografía completa.


Hay un poderoso movimiento de mujeres feministas pero, desafortunadamente, la represión sigue siendo muy fuerte.


Y no es solo un movimiento de activistas ya que hay mujeres que, pese a no ser activistas, están resistiendo estas leyes en su vida diaria.



Por ejemplo, es obligatorio llevar el velo pero hay quien se lo quita si no hay autoridades en las proximidades.


Usan toda pequeña oportunidad para mostrar su disconformidad.







-Hay analistas que consideran la Revolución Verde de Irán como el inicio de la primavera árabe.


¿Queda algo vivo de aquel movimiento?




-Es doloroso responder a esto porque yo formé parte de aquel movimiento.


Creo que la revolución fracasó y, aunque la mayoría de los activistas del movimiento que querían un cambio están todavía vivos, allí o por el resto del mundo, no estoy segura de que sean capaces de crear otro movimiento de rebelión contra el poder en el futuro.


La sociedad civil ha sido completamente destruida después de las elecciones de 2009 y llevará años reconstruirla.







-Está exiliada en Londres tras ser condenada a seis años de prisión y 74 latigazos. ¿De qué se le acusa?



-Fui arrestada dos veces.


La primera fue en marzo de 2007 y la segunda fue en una de las manifestaciones tras las elecciones de 2009.


Tras este incidente, el fiscal de Teherán emitió un comunicado en el que me acusaba a mí de ser la líder de la rama feminista de la revolución y de ser parte de un grupo que pretendía cambiar el Gobierno.


Eran unas acusaciones muy serias y decidí abandonar Irán.


El comunicado fue emitido un domingo y menos de 24 horas después yo ya me encontraba en Turquía, dejando todo atrás.


Tiempo después, y a raíz de la detención de 2007, fui sentenciada a seis años de prisión y 74 latigazos por lo que ellos llaman acciones contra la seguridad nacional.


Mi acto contra la seguridad nacional fue concentrarme ante la Corte Revolucionaria contra un juicio contra unas feministas.








-¿Es el islam incompatible con la igualdad entre hombres y mujeres?


-Lo que se conoce como islam no es algo homogéneo. Existe islam en un país como Túnez, donde hay leyes muy progresistas a favor de las mujeres, y existe en un país con unas normas completamente diferentes como es Irán.


El islam está afectado por costumbres, por culturas y por el pasado de cada pueblo por lo que no deberíamos simplificar y hablar de países islámicos. Ante esa pregunta, yo respondería que depende de qué islam estemos hablando.


Eso hay que clarificarlo antes y después hablamos de los derechos de las mujeres.


De lo que no hay dudas es de que el extremismo islámico va completamente contra la igualdad de las mujeres.







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