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Musulmanes matan a musulmanes en nombre del Islam



Los musulmanes matan a musulmanes en nombre del Islam







Los “musulmanes matan a otros musulmanes”.

Esta afirmación podría ser de una analista occidental, sin embargo la realizó uno de los principales ideólogos yihadistas que cuestionó la proclamación de un “califato” entre Irak y Siria por grupo sunita ultrarradical del Estado Islámico de Irak y el Levante (EIIL), y advirtió contra un creciente baño de sangre.




“¿Pueden todos los musulmanes (…) hallar refugio en este califato? ¿O se trata de un sable afilado contra todos los opositores?”, escribió en Facebook y en las páginas yihadistas Isam Barqawi, alias Abu Mohamed al Makdesi.


Los yihadistas del Estado Islámico (EI), el nuevo nombre del Estado Islámico de Irak y el Levante, proclamó hace una semana un “califato” en los territorios conquistados entre Alepo, en el norte de Siria, y la provincia de Diyala, en el este de Irak.


Su líder, el califa Abu Bakr al Bagdadi, pidió a los musulmanes de todo el mundo que le juren lealtad.



El califato es un régimen heredado de tiempos del profeta Mahoma que fue abandonado hace casi un siglo.


Makdesi fue liberado el 16 de junio tras haber purgado una pena de cárcel por haber reclutado combatientes para los talibanes. “Refórmense, arrepiéntanse y dejen de matar a musulmanes y de desvirtuar la religión”, declaró, y condenó a los “musulmanes que matan a otros musulmanes”, dijo este líder dirigiéndose al EI.







Guerras sectarias

Lo cierto que esto no es nuevo. Probablemente, nunca conozcamos el número preciso de musulmanes muertos a manos de los fundamentalistas islamistas. No obstante, hasta las cifras más bajas, presentan un panorama de horror.


El Islam es una religión que ha jugado un importantísimo papel en la historia de la humanidad. Pero la realidad es que millones de musulmanes y árabes resultaron muertos y masacrados a manos de sus propios hermanos. Hoy se vive un nuevo capítulo de la vieja puja sectaria entre suníes y chiíes.



Un informe del Congreso estadounidense, basado en documentos de Inteligencia, concluye que el EI es un grupo terrorista bien financiado y bien organizado con metas definidas para tomar territorios y matar a los que considera no creyentes.


“Ya tiene muchos cientos de yihadistas con pasaportes occidentales”, según uno de los analistas citados en el informe.


“Esos yihadistas con experiencia en combate finalmente regresarán a sus países de origen para llevar a cabo la yihad utilizando las formas violentas aprendidas en Siria e Irak.


Ahora que el EI controla una vasta franja de Medio Oriente, los yihadistas occidentales tienen una plataforma de formación y financiación, así como un Estado que patrocinará sus actividades”.



Para el arabista Serafín Fanjul los orígenes del islam que dieron lugar al nacimiento de sus dos corrientes principales, enfrentadas a muerte, como estamos viendo hoy en día en Siria o Irak, es esencial para comprender los fenómenos de violencia sectaria en el seno del mundo árabe.



“Las crónicas históricas y, por supuesto, las obras de controversia religiosa están repletas de alusiones a la persecución desembozada de las minorías ‘heterodoxas’, en especial en los primeros siglos del islam, cuando el afianzamiento de la fe corría parejo con la consolidación del poder político y sociocultural que iba a dominar en el futuro. (…)


Los chiíes se esparcieron por el Golfo, la costa siria y el norte de África, constituyendo pequeñas comunidades, con frecuencia clandestinas, que hubieron de refugiarse en la ‘taqiyya’ o ‘kitmán’ (ocultación de sus creencias y sentimientos religiosos) a fin de no ser muertos en el acto. Algunos, escindidos del tronco principal de descendientes de Ali, alcanzaron éxito y llegaron a establecer poderes políticos de cierta importancia, como los alauíes de Siria o los fatimíes de Túnez-Egipto, ejerciendo, a su vez, persecuciones esporádicas contra la Sunna mayoritaria.



En todo caso, la repugnancia que muestran los escritores sunníes hacia los ‘arfad’ (“los que rechazan”) es infinita y de ella hacen gala, con naturalidad. De ahí los nulos remordimientos, por ejemplo, de los terroristas que en Irak prodigan atentados a ciegas contra mercados, procesiones o cualquier concentración de gentes chiíes, a base de coches-bomba, ataques con morteros o, ahora, ejecuciones en masa”, sostiene el experto.






El mito de la Edad de Oro

Según, Abdurrahman Wahid, un ilustre predicador y guía de decenas de millones de discípulos, que fue brevemente, de 1999 a 2001, presidente de Indonesia., entre los musulmanes, solo los árabes sufren una especie de mal histórico: el mito de la Edad de Oro. Los árabes, explicaba, viven de la nostalgia de su gran época, la del profeta y los califas que le sucedieron.


El único programa de los movimientos islamistas más extremistas, como Al Qaeda o el, es el regreso a esa Edad de Oro y la restauración del Califato.



En cambio, añadía el ex presidente, para los musulmanes no árabes, el pasado solo devuelve a la ignorancia (antes de la Revelación de Mahoma) y a la pobreza.


Para un musulmán árabe, la Edad de Oro se sitúa en el pasado y para un no árabe, en el futuro.



Esta es la razón por la cual la Indonesia musulmana progresa, mientras que Siria, Irak o Egipto, árabes y musulmanes, retroceden.


A este mito de la Edad de Oro se le suma en gran parte del mundo árabe lo que los economistas llaman “la maldición de los recursos naturales”. En el norte iraquí y el noreste sirio, los yacimientos petrolíferos son parte también de esta lucha fraticida.







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