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Niños asesinos...

¿Qué se esconde detrás de la cara infantil de ese niño? Nadie se imaginaba que a su corta edad pudiese cometer tales atrocidades


Piedad Martínez del Águila




La famila numerosa Martínez del Águila era otra familia numerosa más, humilde, obrera y murciana. Hasta aquí no llamaría la atención si no fuera porque a finales de 1965 se empezó a hablar de ella en los periódicos. Y de las extrañas muertes de los cuatro hijos pequeños.

Una vez realojados de un poblado de chabolas, vivían en el bajo de un edificio del Carril de la Farola, en la capital murciana. El padre, Andrés Martínez del Águila, trabajaba de obrero de la construcción, le ayuda su hijo mayor, José Antonio de 16 años. El segundo hijo, Manuel, de 14, trabaja de chapista. La tercera, Piedad, con 12 años, cuida de sus hermanos pequeños, realiza las labores de la casa y en los ratos libres pule piezas de motocicletas en la casa. Jesús de 10, Manolita de 8 y Cristina de 6, también ayudan puliendo, y los cuatro últimos, los más pequeñitos y desvalidos: Andresito, Fuensanta, Mariano y Mari Carmen, no hacían nada. La madre, Antonia Pérez Díaz, que estaba embarazada de siete meses, se dedicaba a la cocina.

El día 4 de diciembre de 1965, fallecía misteriosamente la más pequeña de la familia, María del Carmen Martínez, de nueve meses de edad. Avisado el médico “del Seguro”, como se llamaba antes a la Seguridad Social, se presentó en la casa y diagnosticó muerte por meningitis. Hasta aquí todo normal, qué numerosa familia de clase humilde no perdía un hijo por meningitis. Además, no era la primera muerte infantil de la familia, cinco años atrás murió un bebé de dos meses.Pero cinco días después, el 9 de diciembre de 1965, muere el que ahora es el hermano más pequeño, Mariano Martínez, de dos años. También se echa la culpa a la meningitis. Cuando cinco días más tarde fallece el siguiente niño en orden de menor a mayor, Fuensanta Martínez, de 4 años. Aquí es cuando la gente empieza a sospechar algo. Las tres muertes consecutivas de cinco en cinco días y de orden ascendente en edad de los más pequeños, no parecen casuales. Los vecinos se inquietan, tal vez la familia tenga una enfermedad contagiosa de cinco días de incubación, o un extraño virus que salte de hermano muerto en hermano muerto. El caso es que empiezan a evitarles, y las autoridades tienen que intervenir.

El médico del Seguro ya duda que la tercera niña muerta tuviera meningitis, y empieza a dudar que fuera la causa de la muerte de los dos primeros. Lo que queda de familia Martínez del Águila, que sigue siendo numerosa, es ingresada en una habitación del Hospital Provincial de Murcia. Primero se piensa en una extraña enfermedad que sólo afecte a esta familia, o una intolerancia alimenticia (no iban desencaminados con esta hipótesis) y se somete a todos los miembros de la familia a pruebas. No se encuentra nada y se les da el alta para que pasen las Navidades en casa, el día 4 de enero de 1966, muere el cuarto hermano, al que le tocaba por ser el menor, Andrés, de 5 años.

Las vísceras de Andrés y Fuensanta se envían a Madrid para analizar por el Instituto Nacional de la Salud, no se encuentra la presencia de ningún virus, por lo que se remiten al Instituto de Toxicología y los restos de los niños al Anatómico Forense. Ahora buscan un tóxico letal. Finalmente se dictamina que los cuatro niños fueron envenenados. Ahora la duda es ¿por quién?.

Los primeros sospechosos son los padres. El 14 de enero se decretó su prisión provisional. Debido al avanzado estado de gestación de Antonia, se la mantuvo retenida en la sala de maternidad del Hospital Provincial San Juan de Dios. Al padre, le internaron en el Centro Psiquiátrico de El Palmar, para hacer una evaluación de su estado mental. Los niños no estaban detenidos, pero al ser menores no podían quedarse solos en casa, de manera que los dejaron con los padres, las niñas con la madre y los niños con el padre, aunque podían salir libremente a la calle. No se si es una impresión mía, pero si sospechas que unos padres han matado a cuatro de sus hijos… ¿los sigues dejando con ellos?. ¿O se trataba de una estrategia para saber qué ocurría de verdad en aquella casa?.

Parece que la policía ya sospechaba de la hermana mayor, Piedad, ya que era ella la que cuidaba de sus hermanos pequeños y la que estaba con ellos en el momento de la muerte de los cuatro. Se sospechaba que los cuatro habían muerto después de ingerir algún tipo de veneno de uso casero, y los cuatros murieron después de que ella les diera de comer. Pero cuando empezaron a sospechar de la niña, ésta acusó a su madre, diciendo que fue ella la que obligó a matar sus hermanos. La implicación del padre no estaba clara, pero continuo en prisión preventiva. Antonia y Piedad pasaron a ser las principales sospechosas.

El 25 de enero se decretó la orden de prisión de Piedad, que al ser menor de edad, fue recluida en el monasterio para jóvenes descarriadas de las Oblatas de Murcia, por orden del Tribunal Tutelar de Menores. El veneno utilizado resulto ser una mezcla de cianuro potásico y cloro, que provocaba una muerte fulminante, de hecho, cualquiera de los dos venenos, usados por separado, habrían matado inmediatamente a los niños. Fue Piedad la que lo administró en la leche de los pequeños, que murieron en menos de media hora. El cianuro mata en apenas dos minutos. (En la Universidad de Murcia sacrificaron a 21 cobayas y algún perro para determinar el poder mortífero de la mezcla).

La conclusión, Piedad, agobiada por tener que ser el ama de casa cuando todavía era una niña, a la que además encantaba pasarse el día jugando, envenenó a los pequeños, más indefensos y además, los más molestos y que más tiempo la quitaban. Utilizó el cloro presente en unas pastillas que utilizaba para limpiar metales, disolviéndolas en la leche, y el cianuro presente en un matarratas, que fueron los únicos tóxicos que encontraron en la casa del Carril de la Farola.

La presencia de venenos letales en los productos de uso doméstico, es algo normal, pero que una niña de 12 años con los estudios básicos y sin información lo sepa, resulta curioso. Se dice que uno de los Inspectores de la Brigada de Investigación Criminal que investigaba el caso, enseñó a Piedad una de las pastillas con cloruro potásico, la niña la reconoció y reconoció que la usaba para limpiar las partes metálicas de las motos. Bromeando, el Inspector “jugaba” a echar la pastilla en el vaso de leche que tenía la niña, y ella, primero riendo y luego enfadada, se lo impedía, diciendo que esa pastilla podía hacer mucho daño.

De Piedad poco más se sabe, su pista se pierde en Centro de Las Oblatas de Murcia, para chicas descarriadas. Allí dicen que se dedicó a hacer calceta. Quien la conocía decía de ella que era dulce, alegre y con muchas ganas de ser una niña y disfrutar jugando.

Los padres fueron puestos en libertad. Pero ésta no fue la primera vez que esta familia salía en los periódicos. En 1978, el mayor de los hermanos, José Antonio, fue uno de los cinco presos fugados de la prisión de Murcia. Se encontraba allí por el asesinato y robo de un taxista.

Obligar a los niños a crecer antes de tiempo, a veces no crea gente responsable, sino niños que siguen rompiendo juguetes. En este caso, otros niños.


Mary Flora Bell




Mary Flora Bell (n. 26 de mayo de 1957 en Newcastle-upon-Tyne, Inglaterra, Reino Unido) fue encarcelada en diciembre de 1968 , culpable del asesinato de dos niños; Martin Brown (de cuatro años de edad) y Brian Howe (de tres años de edad). Bell tenía once años cuando fue encarcelada por los asesinatos.

La madre de Bell, Betty, era una prostituta, quien de vez en cuando se ausentaba de la casa, viajando a Glasgow por motivos de trabajo. Mary fue su primera hija, que nació cuando Betty tenía 16 años. No se sabe bien quién fue el padre biológico de Mary, aunque ella creyó gran parte de su vida que fue Billy Bell, un criminal arrestado por robo a mano armada, quien se había casado con Betty tiempo después del nacimiento de Mary. Personas no pertenecientes al circulo familiar, señalaron que Betty intentó en más de una vez, asesinar a Mary y hacerlo aparentar como un accidente, en los primeros años de vida de la pequeña. También, la misma Mary señaló que fue víctima de abuso sexual por parte de su madre más de una vez, diciendo que ella la obligaba a participar en actos sexuales con niños de cinco años de edad.

Mary Bell fue encarcelada por estrangular a un niño pequeño llamado Martin Brown el 25 de mayo de 1968, el día anterior a cumplir sus 11 años de edad. Por lo que se sabe, estaba sola al momento del asesinato. Entre ese momento y el segundo asesinato, ella y su amiga Norma Bell (quien no tenía relación familiar con ella) irrumpieron en una guardería en Scotswood, destrozando el lugar y dejando una nota responsabilizándose del asesinato de Brown. La Policía de Newcastle desestimó este incidente diciendo que era sólo una broma.

El 31 de julio de 1968 las dos tuvieron parte nuevamente en un asesinato, y nuevamente por estrangulación, de Brian Howe de tres años de edad. Los informes de la Policía concluyeron que Mary Bell volvió al lugar del crimen con una navaja para escribir una "N" en el estómago del niño, y luego, con esa misma navaja pero con otra mano, formó la "M". Mary Bell también usó un par de tijeras para cortar partes del cabello de Brian Howe además de sus genitales. Las niñas eran muy jóvenes y sus testimonios se contradijeron mucho, por lo que nunca se supo con claridad lo que sucedió. En principio la muerte de Martin Brown fue declarada como accidente, ya que no había pruebas de nada extraño. Sin embargo, la muerte fue vinculada con el asesinato de Brian Howe y finalmente en agosto las dos niñas fueron detenidas y acusadas de dos cargos de asesinato en segundo grado.

El 17 de diciembre de 1968, Mary Bell fue absuelta del cargo de asesinato pero fue condenada por "asesinato en segundo grado debido a su falta de responsabilidad", el jurado tomó esta decisión después de escuchar los resultados psiquiátricos de la niña, que decían que tenía los clásicos síntomas de una psicopatía. Fue sentenciada a la llamada pena "at Her Majesty's Pleasure", es decir, una sentencia a prisión indefinida. Norma fue absuelta de ambos cargos.

Desde el momento en que fue presa, Mary fue centro de atención de la prensa británica y de la revista alemana Stern. La madre de la niña, vendió en varias oportunidades historias acerca de ella y concedió muchas entrevistas a la prensa sobre Mary, escribiendo historias y diciendo que eran de la niña. Mary volvió a los titulares de la prensa de nuevo ,cuando en septiembre de 1979, escapó brevemente de la custodia de la prisión.

Bell fue liberada en 1980 y se le otorgó un nuevo nombre y se le garantizó el anonimato para poder empezar una nueva vida junto con su hija, quien nacería en 1984. Esta hija no supo del pasado de su madre hasta que los periodistas encontraron la localidad donde vivían, y tuvieron que salir de allí con sábanas sobre sus cabezas. Originalmente, la identidad de esta hija fue protegida hasta que ella cumplió los 18 años. Sin embargo, el 21 de mayo de 2003 Bell ganó una batalla legal en la Corte Suprema para lograr mantener su anonimato y el de su hija por el resto de sus vidas.


Sandra Ketchum y Holly Harvey




"Matar, llaves, dinero, joyas". Una nueva lista se convierte en prueba de la premeditación de una metódica criminal.

La lista estaba escrita en el brazo de Holly Harvey, de 15 años, que se olvidó de ducharse después de matar presuntamente a sus abuelos en Atlanta. Al parecer, los progenitores le habían prohibido consumir drogas y ver a su amante lesbiana, Sandy Ketchum, de 16.

El 2 de agosto de 2004 por la noche Sandy y Holly acuchillaron a sus abuelos, Carl y Sarah Collier, en el dormitorio. Carl consiguió huir de la habitación, pero la nieta había cortado el teléfono y le persiguió con un cuchillo hasta rematarlo en la cocina. Ambos cuerpos presentaban más de 15 puñaladas. Al margen de su lista, Holly también dejó un poema con la inapropiada frase "todo lo que quiero hacer es matar".

Las chicas huyeron en el vehículo de los abuelos, y la policía las detuvo esa misma noche en casa de unos amigos. Las siguieron gracias a las llamadas telefónicas que realizaron durante la huida, en las que comunicaban a sus amigos que se encontraban en la carretera 16 con dirección a la costa de Georgia.

La policía ha calificado a Holly como fría, cruel, engreída y manipuladora. Según el teniente Bruce Jordan, Holly es la persona más insensible y fría que ha entrevistado. La nieta se rió en la cara de cada uno de los 25 agentes que fueron a detenerla.


Natsumi Tsuji




Natsumi Tsuji o como se la conoció posteriormente alrededor del mundo como Nevada Chan o Nevada Tan, tenia 11 años cuando asesino con un cutter a una de sus compañeras de escuela, la historia nos sitúa en una escuela de Sasebo en Nagasaki, Japón, Natsumi era una estudiante sobresaliente, buena en deportes, apasionada de las películas y de Internet.

Nevada Tan, vio una película llamada “Battle Royale” y su vida cambio, comenzó a empeorar en los estudios, su comportamiento fue cada vez mas asocial, la película llego a marcarla de tal manera que incluso llego a crear su propia pagina web, con sus dibujos macabros pronto se hizo famosa en el mundo del guro, un movimiento amante de los dibujos gore y violentos. Satomi Mitarai, de doce años, le dijo en una pelea que era más popular que ella. Luego, Satomi publicó en Internet ( en la pagina de Natsumi) donde le decía en broma que ella era “fea y gorda,”. Natsumi comenzó entonces a derrumbarse. Abandonó el equipo de baloncesto por orden de su madre para dar prioridad a los estudios. Tras reintegrarse, volvió a salirse por su voluntad y sus calificaciones comenzaron a bajar., desde aquel día Natsumi comenzó a derrumbarse,

Natsumi llevo a Satomi a una aula vacía donde le vendo los ojos con la excusa de que era un juego y acto seguido la degolló con un cutter. Después de asesinar a Satomi, Natsumi bajo a su aula donde el resto de estudiantes horrorizados vieron las ropas de Natsumi llenas de sangre y el cutter en el bolsillo del suéter, en este suéter ponía la palabra Nevada, desde aquel día se la conoció como Nevada Chan.

Una vez llego la policía Natsumi confeso su crimen y pregunto “He hecho algo malo, ¿cierto? Lo siento, lo siento mucho”, una vez realizado el juicio se le impuso una condena de 9 años en la penitenciaria de Sasebo, en la cárcel la visitaron psicólogos y psiquiatras todos determinaron que Natsumi estaba perfectamente sana, Natsumi Tsuji fue condenada a 9 años de prisión ...

La ley japonesa prohibió que se diera a conocer el nombre de Natsumi, por ser menor de edad así que en el juicio, el cual fue un circo, se refirieron a ella y a Satomi como "chica a" y "chica b" respectivamente, solo se sabia la edad de la asesina y el crimen estremeció a Japon por completo, un reportero de Fuji Tv, supuestamente por un descuido dijo al aire el verdadero nombre de Nevada Chan, y así fue como, a nivel mundial se supo de su identidad. Al día de hoy todos la conocen como nevada chan, la cual el día de hoy permanece en la prisión con 16 años de edad .

Chany Herrera Satin





"Soy como soy, y a quien le moleste muerte con él", proclamaba Chany Herrera Santin, la asesina confesa de Cristina Martín, la joven de la localidad toledana de Seseña.

La personalidad de la menor, que ya está internada en un centro ,se convierte en protagonista mediática cada día. Los últimos datos engordan las informaciones que apuntan a un perfil macabro y violento.

"Gótica, especial, maja, cubanita y sádica". Así es como ella pidió a sus conocidos que la describieran, según publica 'El Mundo'. Supuestamente el gran error de Cristina Martín fue agregar en el Tuenti al novio de Chany.

Las imágenes de corte macabro que durante estos días han saltado a luz sobre los gustos de Chany Herrera Santin son "frecuentes", según algunos compañeros del instituto de la menor, cuyas palabras preferidas eran “matar, morir y te quiero”. También odiaba a los pijos y a quien se atreviera a quitarle a su chico.

Otros la califican como una chica consentida y mimada. "Cuando fui a su casa le gritaba a su madre si no le apetecía algo de comer", comenta una compañera de clase.

Las investigaciones en torno al caso de Seseña continúan. Ahora la Guardia Civil estudia la posibilidad de que hubiera habido algún testigo durante la pelea o alguna otra persona que conociera lo ocurrido. Por su parte, el fiscal responsable apunta que "de momento solo hay una persona implicada, pero esto no quiere decir que no pueda haber más".


Jordan Anthony Brown




Un niño de 11 años de Pensilvania ha asesinado a la compañera sentimental de su padre, que estaba embarazada de 8 meses, a causa de los celos que sentía de su futuro hermanito, según ha informado la policía y los familiares de la víctima. La mujer, Kenzie Houk, tenía 26 años y estaba previsto que diera a luz de aquí a dos semanas.

De acuerdo con la familia, el chico, Jordan Anthony Brown, disparó a Houk cuando ésta se encontraba en su cama el pasado viernes a primera hora de la mañana. El pequeño utilizó su propia pistola, de un modelo infantil, y a continuación tomó como cada día el autobús para ir escuela acompañando a la hija de la mujer asesinada, de 8 años. El padre, identificado como Chris Brown, estaba trabajando.

"Es trágico. Estaban a punto de casarse. El chico estaba celoso", ha explicado al 'New York Daily News' un familiar que ha preferido guardar su anonimato. "Chris estaba dedicando mucha atención a Kenzie y al futuro bebe, y el niño se sentía muy mal".

La familia vivía en una granja situada en un pueblo llamado Wampum. La policía del condado ha informado de que el niño será procesado por homicidio, tanto de la madre, como del feto. En Pensilvania no existe una edad mínima para que un niño pueda ser juzgado como un adulto.

La noticia llega sólo un día después de que un niño de Arizona de 9 años se declarara culpable de haber asesinado a su padre y a un amigo de este. La edad mínima para que una persona sea juzgada como un adulto varía de estado a estado, y suele ser el juez quien tiene la última palabra para decidir si debe proceder a un juicio ordinario.

La coincidencia de ambas trágicas noticias en el tiempo ha reabierto el debate en el país sobre el uso de las armas, así como el de aumentar la edad mínima con la que un menor puede ser juzgado como si fuera un adulto.

Robert Thompson y Jon Venables




El 12 de febrero de 1993, Denise Bulger salió como cualquier otro día, al Centro Comercial Strand en Merseyside (Liverpool), junto a su hijo James de casi 3 años. Fue mientras compraba en la carnicería, a poco más de las 3:30 de la tarde, cuando perdió de vista a su pequeño. Este sería el comienzo de uno de los horrores más grandes ocurridos en Inglaterra en los últimos años.

Robert Thompson y Jon Venables, nacieron en Liverpool, Gran Bretaña, en 1983, a sus cortos 10 años de edad ya tenían un historial problemático en la escuela. Ambos provenían de familias disfuncionales. Eran chicos que siempre reprobaban en el colegio, con dramas de alcoholismo, violencia familiar y divorcios en sus casas. Robert Thompson era un niño que había aprendido a desconectarse emocionalmente por los traumas que había sufrido desde pequeño, sobre todo el abandono de su padre, que les dejó cuando tenía seis años, y la violencia que había visto en casa antes y después de eso.

La vida de Jon Venables no era muy diferente a la de Robert. Además de los problemas en casa, ambos sufrían el acoso escolar de sus compañeros. Fue por todo esto que se hicieron tan amigos.

Aquel 12 de febrero, Robert y Jon faltaron a la escuela con el claro objetivo de ir al Centro Comercial y secuestrar a un niño. Días antes habían intentado robarse a un pequeño pero la madre de éste, lo evitó y el asunto no pasó a mayores. Aquel día lo intentarían de nuevo.

Una anciana recordó que ese día los chicos se burlaron de ella por caminar encorvada. Una empleada afirmó que los echó de la oficina hipotecaria donde trabajaba, después de que entraran gritando y revolvieran los folletos de información. Uno de ellos fue visto también en la librería del centro comercial, hojeando un cómic; cuando la dependienta le preguntó si quería algo, "tiró el cómic y salió huyendo".

Las cámaras de vigilancia del centro comercial registraban todo, paso a paso, con la hora sobrepuesta a las imágenes. Una documentación en video del itinerario fatal de esa mañana invernal:

3:38 pm: el pequeño James estaba junto a la puerta de la tienda, esperando a que su madre terminara de comprar en la carnicería.
3:39 pm: Thompson y Venables se acercan al niño y le tienden la mano. El niño, curioso y amigable, no lo pensó dos veces.
3:40 pm: Denise salía de la tienda y buscaba a James.
3:41 pm: James reaparecía en otra cámara; caminaba por la galería principal del centro en de dos niños mayores que él.
3:42 pm: James compañía se acercaba a la puerta del recinto, dando la mano a uno de sus acompañantes.
3:43 pm: el trío abandonaba el centro comercial. Esa fue la última imagen de James Bulger con vida.

La madre lanzó la alarma de inmediato, pero ya era tarde; James se había alejado con sus torturadores y asesinos por una salida secundaria, como mostraron luego las cámaras del circuito cerrado de televisión.

Las últimas horas de James Bulger consistieron en una larga y terrorífica caminata desde el Centro Comercial hasta un descampado junto a una vía férrea, cerca de un río. En el trayecto, treinta y ocho testigos los vieron pasar. Fueron cuatro kilómetros de marcha agotadora, durante los cuales James Bulger lloró casi ininterrumpidamente. Varios testigos recordaban a James lloroso y con magulladuras en la cara.

Una mujer dijo haber visto cómo los otros dos niños tomaban a James de las manos, uno a cada lado, y lo balanceaban hacia delante y detrás "subiéndole hasta la altura de sus cabezas". El niño parecía muy asustado, explicaría tiempo después. Pero nadie intervino. Todos los testigos, las treinta y ocho personas que cruzaron su camino, admitieron ver a los chicos "maltratando" a James Bulger durante el trayecto, pero ninguno intervino ni lo defendió. Pensaron que se trataba de un hermano menor.

Esto apenas era el comienzo de una larga agonía para el pequeño James. Cuando llegaron a la vía férrea del paraje de Walton, Robert Thompson y Jon Venables no mostraron piedad alguna. Primero arrojaron pintura en los ojos de James. Luego le arrojaron ladrillos encima al pequeño y lo golpearon repetidas veces con una barra de metal. Thompson le dio una patada tan fuerte en la cara que le dejó la huella marcada en la piel. Le rompieron las manos y los dedos pisoteándoselos. De allí le quitaron los pantalones y los pañales y lo torturaron con baterías eléctricas, mismas que terminaron introduciéndole por el recto como parte del abuso sexual que cometieron contra él. Se pararon luego sobre el niño y le brincaron encima de su estómago y pecho. Después lo patearon en el vientre hasta reventarlo. Ya muerto, colocaron el cadáver sobre las vías férreas, para que el tren lo destrozara y simular un accidente. Se alejaron riendo y burlándose de algunos detalles y regresaron a sus casa como si nada.

El secuestro desató una cacería humana sin precedentes: Scotland Yard movilizó a cientos de agentes por toda Gran Bretaña. El cadáver del niño fue hallado el 16 de febrero, tras cuatro días de búsqueda nacional: el tren lo había cortado en dos.

Los investigadores examinaron las cintas de los videos de seguridad una y otra vez antes de darse cuenta de lo que había ocurrido en realidad y lo que observaron los dejó atónitos: James había sido sacado por otros dos niños. Al principio se pensó que se trataba de dos chicos enviados por el verdadero secuestrador, pero la realidad de lo ocurrido horrorizó a la opinión pública.

Robert Thompson y Jon Venables fueron arrestados en una intensa movilización policíaca. Por decisión expresa del gobierno, fueron juzgados como adultos. Durante el juicio, los dos acusados asistieron impasibles a la reconstrucción efectuada por el fiscal en los juzgados de Preston, a unos treinta kilómetros del solar donde James fue muerto a golpes y pedradas. El jurado examinó las imágenes grabadas por la cámara de seguridad del Centro Comercial Strand, donde los dos acusados secuestraron al pequeño. Con la hora sobreimpresa en las imágenes, resultó sencillo ordenar la secuencia de los hechos.

En el juicio, los niños asesinos no tuvieron la menor oportunidad de defenderse: la prensa y la opinión pública siempre los trató como adultos. Jon Venables se mostró desconectado de lo que se decía en la sala, concentrado en sus zapatos o jugando con las manos.

A raíz de este terrible crimen, los demás niños británicos perdieron su libertad, su derecho a hacer mandados, a jugar a la pelota en su barrio con sus amigos o simplemente andar en bicicleta en la vereda, su derecho a la infancia. La filosofía de que los niños no estaban seguros en ninguna parte se impuso. No se podía dejar a los hijos con nadie a cargo. Miles de mujeres abandonaron sus empleos para ocuparse solamente de sus pequeños ante el síndrome y el miedo al secuestro. Nada volvió a ser como antes.

Varios psicólogos de la defensa sostuvieron que los asesinos pensaban que sólo era un juego. Pero ese argumento no sirvió de nada: al final, fueron condenados a estar presos hasta cumplir la mayoría de edad.

Jon Venables y Robert Thompson pasaron ocho años y cuatro meses en prisión. Aunque en la cárcel estuvieron separados, las vidas de Jon Venables y Robert Thompson no fueron muy diferentes. Ambos estuvieron rodeados de fortísimas medidas de seguridad y de una legión de especialistas. El gobierno británico gastó en su rehabilitación tres millones de libras esterlinas (cuatro millones de dólares). A pesar de que los niños se pasaron la responsabilidad por la muerte de Bulger, ambos terminaron por asumir su culpabilidad.

En 2001, una comisión independiente dirigida por el Ministerio del Interior decidió, tras cuatro días de debate, que los dos muchachos estaban rehabilitados. El Ministro del Interior, David Blunkett, comunicó la decisión de la Comisión, presidida por un juez de la Alta Corte, con una respuesta escrita a una interrogación parlamentaria. Subrayó que "nadie podrá jamás olvidar el caso de James y el dolor de su familia. El asesinato del niño James Bulger fue un suceso terrible para su familia y para toda la nación, pero no sería de interés público perseguir a los responsables ahora que la junta de libertad bajo palabra ha decidido que ya no es necesario para la seguridad del público que estén confinados", afirmó.

Pero en Gran Bretaña, donde nadie pudo olvidar la historia de la sádica ejecución del pequeño James Bulger, la noticia provocó furia. La ferocidad de la acción de los niños homicidas asombró al mundo.

Las vidas de Venables y Thompson recomenzó en alguna ciudad del norte de Inglaterra, donde su acento de Liverpool pasaría desapercibido. Se les ubicó en un centro urbano por aquello del anonimato de las ciudades y, por supuesto, ambos tienen sus domicilios en localidades diferentes. Dada la combinación fatal que forman, nunca jamás, podrán encontrarse.

El 3 de marzo de 2010, Jon Venables, ya de veintisiete años, fue encarcelado de nuevo. Violó su
libertad condicional, y aunque se intentó mantener en secreto las causas del nuevo arresto, con los días, se supo en todos los medios lo que lo había devuelto a la cárcel. Jon Venables se había dedicado a consumir alcohol y drogas, a poner en riesgo su identidad, y lo más grave: coleccionaba pornografía infantil. Su computadora estaba llena de este tipo de materiales. Denise Fergus, madre de James Bulger, declaró tras conocer la noticia del encarcelamiento que Venables "ha vuelto al lugar en el que debería estar: entre rejas".

De Robert Thompson no se sabe mucho, actualmente vive en alguna ciudad del norte de Inglaterra con una nueva identidad. Durante su estancia en la prisión, le costó trabajo superar el bachillerato elemental, pero desarrolló habilidades artísticas. Varios de sus cuadros aun se pueden apreciar en la sala de visitas de la prisión.

Cayetano Santos Godino




Cayetano Santos Godino fue mucho más que él mismo y una serie de crímenes inexplicables a cuatro chicos de entre 3 y 6 años a los que golpeó, prendió fuego o ahorcó con un cordón que usaba como cinto. Fue el asesino serial más estudiado de la criminología argentina. Y el mito a una pregunta sin respuesta: ¿supo lo que hacía cuando mataba?"Las condiciones de la personalidad lo definen como un imbécil", informaron los forenses Negri y Lucero. "Se está ante un caso de degeneración por el abandono social del que ha sido víctima, y por lo tanto no es responsable de sus crímenes", dijo el profesor Nelson.Los dos jueces que investigaron su caso lo absolvieron por inimputable. Pero la Cámara del Crimen revocó ese fallo y lo condenó a perpetua. Muchos pedían la pena de muerte. Pero era un chico de 16 años, con 27 cicatrices en la cabeza por los golpes de su padre. Las discusiones ardían. ¿Había que mandarlo a la cárcel o a un hospital psiquiátrico?Llegó al penal de Ushuaia en 1923 y salió en 1944, muerto. Nadie jamás lo visitó. Por vergüenza, su familia se había vuelto a Italia.

Un día de 1906 el empleado municipal Fiore Godino entró en la comisaría décima, de la calle Urquiza 550, a los gritos y clamó ayuda para controlar a su propio hijo, Cayetano Santos Godino, de sólo 9 años.

-¡Señor Comisario, yo no puedo con él! Es imposible dominarlo. Rompe a pedradas los vidrios de los vecinos, les pega a los niños del barrio... y si lo encierro en casa es peor, se pone como loco. El otro día encontré una caja de zapatos, había matado a los canarios del jardín y les había arrancado los ojos y las plumas y me los dejó en la caja, al lado de mi cama..

El comisario fue a buscar a Cayetano al conventillo de la calle 24 de noviembre 623, donde vivían entonces los Godino, y se lo envió al juez. Tras una reprimenda fue devuelto a sus padres. Como no mejoraba, en 1908 lo encerraron en un reformatorio de Marcos Paz. Iba a pasar allí tres aos, pero no sirvió para nada.

Cayetano Santos Godino comenzó a matar y a quemar en un raid criminal como la ciudad jamás había visto. Buenos Aires celebrarba con grandes fastos el centenario de la patria, la ciudad era una fiesta, pero algunos comensales no habían sido invitados. Entre ellos, Cayetano Santos Godino, que quedó en la historia criminal argentina- y en la mitología negra de Buenos Aires- como “el petiso orejudo”.

Fiore Godino y Lucía Rufo, dos campesinos sardos, habían llegado en 1884 a Buenos Aires. Eran analfabetos y huían de la pobreza de Italia, pero también de una tragedia personal: el hijo primogénito, también Cayetano, había muerto de una afeccióncardíaca a los diez meses de vida. Después los Godino tuvieron una hija, Josefa, con la que emprendieron la travesía en barco hacia la Argentina. Ya en Buenos Aires les nacieron nueve hijos más. Al último que vio la luz en 1896 en el conventillo de Dean Funes 1158 lo bautizaron Cayetano, como al muertito.

La vida de los Godino no fue fácil, no sólo porque l’América ya estaba hecha, sino por las desventuras de Fiore. El padre de Cayetano era sifilítico y alcohólico, aunque se las arreglaba para ir tirando, hasta que finalmente consiguió un trabajo de farolero (encendía el fuego en los faroles de alumbrado público de aquella época). Cayetano era un chico frágil, enfermó de enteritis a los pocos años y creció raquítico. Peor les fue a algunos de sus hermanos, como Antonio, que era epiléptico. Cuando Fiore llegaba a casa -las dos piezas del conventillo donde la familia habitaba- les propinaba feroces palizas a Lucía y a sus hijos. Cayetano fue a varias escuelas, pero duraba poco. Lo expulsaron seis veces y nadie le enseñó a leer. Cuando fue revisado por los médicos, éstos contaron 27 cicatrices en la cabeza provocadas por las palizas del padre y de su hermano Antonio.

A los siete años, Cayetano era tan bajo y menudo que parecía de cuatro. Lo llamaban “el Oreja” o “el Petiso Orejudo” porque sus apéndices auditivos eran grandes y apantallados. A los ocho años cometió su primera fechoría: tomó de la mano a un niño de 21 meses y lo llevó a un baldío donde comenzó a pegarle en la cabeza con una piedra. Al pequeño Miguel de Paoli lo salvó el vigilante de la esquina, que llevó al agresor a la comisaría. EL padre tuvo que ir a buscarlo. ¿Quién podía pensar que en ése incidente comenzaba la carrera el mayor asesino serial y pirómano nunca conocido en América del Sur?

No se sabe qué sucedió durante los tres años que Cayetano pasó en el reformatorio de Marcos Paz, salvo que varias veces intentó fugarse. Pero a fines de 1911 mandaron a Cayetano a casa para que pasara Navidad en familia.

LA NIÑA EN LLAMAS
El año siguiente, 1912, iba a ser un año lleno de acontecimientos en la Argentina y en el mundo. Se hundió el Titanic en el Atlántico Norte y en algunos cabarets de Buenos Aires comenzó a actuar un dúo de tangueros: el cantor Carlos Gardel y su guitarrista José Razzano. Pero para muchos porteños aquel 1912 quedó en la memoria como un año atroz porque fue cuando un fantasma recorrió Buenos Aires dejando una huella de sangre... El 25 de enero de 1912 se encontró en una casa vacía de Pavón 1541, elcadáver de Arturo Laurora, de 13 años, golpeado y estrangulado.

A las 6 de la tarde del 7 de marzo de 1912, una niña de 5 años llamada Reina Bonita Valdinicoff, hija de inmigrantes judíos que vivían en la avenida Entre Ríos 522, miraba la vidriera de una zapatería. De pronto, sin que nadie atinara a darse cuenta cómo, el vestido blanco de Reina, lleno de volados y puntillas, comenzó a arder. Alguien le había tirado un fósforo. A pesar de los desgarradores gritos de la niña en llamas, y de que un policía se tiró sobre ella para apagar el fuego con su cuerpo, no pudo salvarse. Reina Bonita, con quemaduras múltiples, murió 16 días más tarde. La tragedia se ensañó con la familia Vainicoff: el abuelo, al ver que su nieta ardía, cruzó la avenida Entre Ríos sin mirar y lo mató un auto.

El 16 de julio de ese mismo año, Cayetano incendió un corralón en Garay al 3100. En septiembre, mientras trabajaba de mandadero en unos almacenes del barrio, acuchilló a un caballo en los establos de Chiclana al 3300. Dos días después prendió fuego a la estación de tranvías de la compañía Anglo. El 8 de noviembre, y en un descuido de sus padres, despareció el niño Roberto Carmelo Russo, de dos años y medio que jugaba con su hermanito mayor en la vereda de Carlos Calvo al 3800. Minutos más tarde, un vigilante rescató a Roberto Carmelo en un baldío. Lo habían maniatado y juinto a él estaba un muchacho menudo y de orejas apantalladas. Cayetano alegó que acababa de descubrir a Robertito y que estaba desatándolo.

Durante ese mes de noviembre, otros extraños sucesos conmovieron al barrio. Alguien incendión un galpón de azulejos, y una niña de tres años, Carmen Ghittoni, fue golpeada en un baldío de Chiclana y Dean Funes. El vigilante llegó corriendio y vió al agresor cuando huía. Cuatro días después, Carolina Neolener, de cinco años, sufrió un ataque similar en el umbral de su casa. Pero todo se iba a precipitar el día de la tragedia, el martes 3 de diciembre de 1912.

Esa mañana, la señora María Giordano, abrió la puerta de calle y le dijo a su hijo Jesualdo que permaneciera jugando en la vereda, sin cruzar la calle. Fue lo último que le dijo, cuando volvió a verlo su hijo estaba muerto.

La tarde del 3 de diciembre Jesualdo fue hallado muerto en un basural conocido como la quinta Moreno, donde antes funcionaba el horno de ladrillos de la fábrica La Americana. Lo habían estrangulado con 13 vueltas de un piolín que se le hundió en el cuello. Como no terminaba de morir, el homicida le perforó la sien con un clavo de cuatro pulgadas, al que golpeó con una piedra hasta que la punta le salió por el otro parietal. Luego tapó el cuerpito con unas chapas de cinc y se fue tranquilamente a su casa.

El horroroso crimen de Jesualdo Giordano hizo explotar la ciudad. El conventillo de Progreso 2585 donde vivían los Giordano se colmó de vecinos indignados. Según la crónica del diario La Prensa, la policía sabía perfectamente quién era el asesino: sospechaban hace tiempo de Godino pero no tenían pruebas. Quizás no se animaban a proclamar que un niño fuese el autor de esos crímenes que la opinión pública adjudicaba a siniestras organizaciones criminales como la Mano Negra, dedicada a secuestrar chicos.

El “Oreja”, con inconsciencia, parecía provocar al mundo. Durante la reconstrucción del crimen de Jesualdo Giordano, Godino fue visto entre la gente que llenaba el baldío de la quinta Moreno. También fue al velorio y algunos dijeron que hasta se mostró compungido al acercarse al féretro blanco y tocarle la cabecita al muerto. Se sabe que se compró un ejemplar del diario y se hizo leer la crónica de los hechos porque era analfabeto. Luego recortó la noticia y se la guardó.

Los vecinos que declararon ante la policía coincidieron: poco antes del hecho, ahbían visto pasar a Jesualdo de la mano con Godino. EL “Oreja” fue detenido la noche del 5 de diciembre. Los diarios revelaron detalles de la confesión del “Petiso”, que habló durante varias horas.

El proceso a Godino se prolongó por dos años, durante los cuales el “petiso” fue recluido en el Hospicio de las Mercedes. Las más importantes figuras de la psiquiatría criminal concurrían para examinar al reo y comprobar cómo era aquel ser al que la prensa calificaba de “fiera humana”. Muchas voces reclamaron que se lo condenara a la pena capital, que entonces estaba en vigencia para delitos como el homicidio, aunque no podía aplicarse a menores. Para esa altura, Godino tenía 15 años.

Godino fue procesado por tres homicidios (los de los niños Arturo Laurora, Reina Bonita Vainicoff y Jesualdo Giordano) y once agresiones. El proceso nunca esclareció si cometió otros crímenes más. Se dijo con insistencia que el “oreja” había matado a otros niños, por ejemplo la pequeña María Rosa Face, una nena perdida que nunca apareció ni viva ni muerta.. También al niño Lautaro Marchi, que no figura en el expediente criminal.

No había mucho que discutir en el proceso a Godino,a sesino y pirómano confeso. Para el doctor Domingo Cabred, célebre analista y director del Hospicio, Cayetano era un imbécil o bien un loco moral.: su degeneración provenía de la falta de afectos, la limitación de su inteligencia y su impulsividad mórbida. “Tiene conciencia y memoria del impulso destructor”, sostenían los dictámenes, pero era “un degenerado hereditario” y eso explicaba su sadismo.

Godino era examinado como un cobayo, en el diagnóstico se destacaban sus características físicas: la escasa talla (medía 1,51 metros), la cabeza pequeña (microsomía), la extensión de sus brazos (abiertos alcanzaban 1.85 metros), sus orejas desmesuradas y en asa, su miseria física y la desmesura de su órgano sexual. Todo conducía a una conclusión: estaba predestinado al crimen.

El doctor Cabred sostuvo este diálogo con el “Petiso Orejudo”:

- ¿Es usted un muchacho desgraciado o feliz?
- Feliz.
- ¿No siente remordimientos por lo que usted ha hecho?
- No entiendo.
- ¿Piensa que será castigado por sus delitos?
- He oído que me condenarán a 20 años de cárcel y que si no fuera menor me pegarían un tiro.
- ¿Por qué incendiaba las casas?
- Porque me gusta ver trabajar a los bomberos. Cuando ellos llegaban yo les colaboraba acercándoles baldes con agua.
- ¿Y robar le gusta?
- He probado pero no me gusta.

¿Qué pasaba por la mente de Godino cuando cometía los crímenes? Según sus propias palabras, una fuerza ingobernable lo dominaba, el dolor le partía el cráneo y ese sufrimiento sólo se aliviaba golpeando, matando. Sin embargo, todos los exámenes médicos descartaron que padeciera epilepsia.

Godino fue condenado a reclusión perpetua en 1914, y fue destinado a la Penitenciaría Nacional de la calle Las Heras, donde podía ser aislado en una celda. Allí pasó varios años, aprendió a leer y a ecribir, a sumar y restar. En 1923 se inauguró en Ushuaia un presidio de máxima seguridad, que se llamó “la cárcel del fin del mundo”. Godino, severamente custodiado y engrillado, fue trasladado a ella.

LOS GATITOS MUERTOS
En 1933, José María Soiza Reilly, periodista y escritor muy popular, entrevistó a Cayetano Santos Godino en la celda que ocupaba, la número 90. Por esa entrevista, publicada en la revista Caras&Caretas, el público se enteró que Godino había matado a dos gatitos que eran las mascotas de los presos y que por ello le habían propinado una feroz paliza. También contaba que en una de las primeras operaciones de cirugía estética que se habían hecho en el país, le habían achatado las orejas., esas orejas aladas que según algunos eran la causa de su maldad. La operación fue auspiciada por el gobierno, que envió un equipo médico y un fotógrafo a Ushuaia.

Cayetano Santos Godino nunca recuperó la libertad. Según el certificado de defunción, “el Petiso Orejudo” falleció el 15 de noviembre de 1944 por una hemorragia interna causada por una gastritis avanzada, pero también se dijo que fue por una paliza propinada por los otros presos. Cuenta la leyenda que, cuando el penal fue clausurado, los huesos de nuestro primer asesino serial no pudieron ser hallados en el camposanto del lugar. En cambio, la esposa del último director, tenía un pisapapeles con el fémur de Cayetano Santos Godino.


Cristian Fernández




Cristian nació como el fruto de una violación hecha a una niña de 11 años que la absurda ley de Florida no dejó abortar. Era de esperarse que un niño nacido en tales condiciones terminase por malos caminos, y eso se vio cuando, a los dos años, Cristian salió en los noticieros después de que unos policías lo encontraran sucio y desnudo, caminando de madrugada en las calles de Miami. La razón de eso era que el niño se había escapado de un hotel porque su abuela, a cuyo cargo estaba, llevaba días encerrada en la habitación, dedicada por entero al consumo de drogas…

Tras saberse la razón de su fuga, él y su madre de 14 años, Biannela Marie Susana, pasaron a depender de los servicios sociales de Florida. Pero aún así las cosas no mejoraron mucho, ya que a los tres años Cristian fue expulsado de la guardería por bajarle los pantalones a un compañero, agarrarlo a la fuerza y simular el acto sexual… Insólito para una criatura de tres años, aunque no si se tiene en cuenta que anteriormente, según se investigó, Cristian había sido sexualmente abusado por un primo suyo…

Por otra parte, Cristian se mostraba agresivo y había matado a un gato solo por arañarle, así que el Departamento de Menores lo sometió a un tratamiento para corregir su comportamiento “antisocial y con tendencias criminales”, consiguiendo que funcione al menos temporalmente.

Mientras, antes de que Cristian cumpliese los seis años, su madre se casó con Luis Alfonso Galarrago Blanc, y convivió con él casi cinco años hasta que un día (14 de marzo del 2011), Biannela dejó a David Galarraga de 2 años en casa, solo con su hermano Cristian. Aprovechando que nadie lo veía, Cristian mató a golpes a su hermanito de dos años y, cuando Luis Alfonso regresó, no podía creer lo que veía: su hijo asesinado por su hijastro. Furioso, Galarraga Blanc le da una brutal paliza a Cristian, toma una pistola, y se suicida delante de Biannela, de los hijos que había tenido con ella, y del propio Cristian.

Biannela fue acusada de comportamiento negligente y Cristian de asesinato en primer grado. Ahora es posible que lo condenen a cadena perpetua si lo juzgan como adulto, aunque la opinión pública quiere que se lo juzgue como menor y hasta ha habido una iniciativa en la que se han recogido más de 190000 firmas. Por lo pronto Cristian continúa tras los barrotes, esperando su sentencia definitiva.


Mitchell Johnson y Andrew Golden




Mitchell nació un 11 de agosto de 1984 en Spring Valley, Minnesota (en USA). Andrew, su primo, nació un 25 de mayo de 1986 en Jonesboro, Arkansas (en USA).

Jonesboro se caracteriza por ser una ciudad industrial rodeada de actividad agrícola, por albergar a la Universidad Estatal de Arkansas y por ser, en líneas generales, una ciudad habitada por familias conservadoras y religiosas. Sin embargo, lo último no ha bastado para que las armas y la cacería sean algo muy habitual, al punto de que desde niños los hombres aprenden a disparar. Este fue el caso de Andrew Golden, quien desde temprana edad se vio influenciado por la pasión que su abuelo sentía por la cacería, una pasión tan grande que le había llevado a construir, en un barranco cerca de su casa, un mirador desde el cual se podía ver a los ciervos y dispararles fácilmente… Según declaró tiempo después, a su nieto (Andrew) le habían empezado a comprar armas automáticas “desde el primer día de nacido”, y la cacería de su primer pato fue algo que lo enorgulleció profundamente.

Sin embargo, bajo la exposición temprana a la cacería se estaba gestando una insensibilización hacia la muerte, y tiempo después se habría de ver…

Junto a su primo Mitchell, Andrew veía películas de acción por las tardes, comía golosinas y fantaseaba con un futuro de antihéroe semejante al de aquellos que veía en las películas. Un día, mientras veían Rambo, Mitchell le confesó que deseaba vengarse de Candace Porter, una compañera de escuela que lo había rechazado sentimentalmente. Andrew, que tampoco era un chico popular o alguien hábil con las chicas, vio en la causa de Mitchell una forma de realizar, aunque sea indirectamente, su propia sed de venganza. Así, desde ese día tomaron la costumbre de ver una película de acción y, con el ejemplo del film, ensayar después, con sus trajes de camuflaje, alguna estrategia de guerra.

No obstante no se quedaron en la fantasía, y poco después fijaron una fecha para la operación, crearon una lista de objetivos y de personas que matarían, y anotaron todo lo que requerirían para tener éxito en la misión.

Era un lunes 23 de marzo de 1998 cuando Mitchell apareció, cuchillo en mano, en la clase de Candace Porter. Según Amber McBroome, alumna presente en el momento, ocurrió lo siguiente: “Candace le repitió a Mitchell que no quería salir con él, y él la amenazó con un cuchillo. La profesora, la señora Wright, intervino, y Mitchell apuntó el arma contra ella”.

No se sabe bien si después de eso suspendieron o no a Mitchell, pero Jennifer Nightingale, una compañera de clase de Candace Porter, habló con Mitchell poco antes de que éste y su primo realizaran la masacre. Cuenta lo siguiente: “Me dijo que no nos veríamos más, porque dejaría la ciudad. Pero que antes o después de vengaría: ninguna chica podía despreciarlo y quedar impune”

El martes 24 de marzo de 1998, Mitchell faltó a la escuela convenciendo a su madre de que le dolía el estómago. Luego de que ésta lo dejara, él se reunió con su primo y ambos dieron inicio a lo que sería la más cruenta cacería de sus vidas, una cacería en la que no matarían patos o venados, sino humanos que, a juicio de ellos, merecían ser perforados por el plomo…

Lo primero que hicieron fue ir con sigilo a la casa de Doug Golden, el abuelo de Andrew. Ahí les aguardaba un hermoso arsenal, un menú armamentístico del que podrían tomar alguna que otra belleza para liquidar al enemigo. Al parecer no había nadie o casi nadie, porque rompieron el vidrio de la puerta de entrada, Andrew metió el brazo para abrir la puerta, y guió a Mitchell a través de aquella casa de ladrillo rojo a la que conocía como la palma de su mano.

Tomaron cartuchos de encima del refrigerador, eligieron armas de las paredes. Un Remington 30-06 para cazar ciervos estaba entre las diez armas que tomaron; según dijo el abuelo de Andrew del Remington 30-60, éste era tan bueno que “con un rifle que tiene esa visión, no hay que ser muy inteligente para disparar”. Todo eso, junto a bolsas para dormir, víveres, uniformes de camuflaje, botas, cuchillos, una ballesta, un machete y mallas de cazador, fue metido en el coche Dodge gris 91 que Mitchell (él sabía conducir) robó de su casa…

Poco antes de las ocho de la mañana, Mitchell estacionó el Dodge en los bosques de alrededor de la escuela, aproximadamente a medio kilómetro de la misma. Ya al mediodía, Andrew Golden (él había asistido a clases, era parte del plan) pidió permiso para ir al baño y jaló la alarma de incendios, consiguiendo que el alumnado entre en proceso de evacuación mientras él corrió hacia una parte de la zona boscosa que rodeaba la escuela. Ahí se reunió con su primo (que estaba en su posición táctica), se puso el uniforme, tomó las armas y ocupó su posición. El arsenal que manejaban era brutal: Andrew tenía unos 91 cartuchos útiles repartidos en los bolsillos de su chaqueta, un rifle calibre 30 y tres pistolas; Mitchell tenía el poderoso Remington 30-60, cuatro pistolas, dos cuchillos y un número de cartuchos casi igual al de Andrew.

El tiempo fue excelentemente calculado y también los movimientos de evacuación, de modo que en el momento previsto una avalancha de alumnos apareció corriendo en dirección hacia la zona del bosque en que ellos se hallaban. Lejos de perder la compostura, estos niños asesinos actuaron como verdaderos expertos y, mientras aguardaban la salida de las personas-objetivos, iban disparando únicamente a las mujeres. Gritos, detonaciones, caos, desorden; sangre, vísceras saliéndose de cuerpos muertos o agonizantes, gente arrastrándose y pidiendo auxilio. Cinco muertos (todos de sexo femenino) y once heridos fue el saldo de la sangrienta operación de venganza, el número de blancos destruidos durante lo que para esos trastornados niños era una misión parecida a la de sus personajes de cine y videojuegos…

En cuanto al objetivo principal de la misión, Candace Porter, las cosas salieron mal (para ellos…) debido al inesperado acto de heroísmo de Shannon Wright, una maestra de escuela con 32 años de edad y un embarazo que no dudó en arriesgar, ya que rápidamente cubrió con su cuerpo a la pequeña Candace Porter de doce años, salvándola pero recibiendo unas balas que no estaban destinadas a ella.

Momentos después de iniciada la masacre, la Policía llegó y los niños dejaron de disparar y se entregaron sin resistencia. Inicialmente creyeron que la masacre fue principalmente hecha por un adulto (que supuestamente habría escapado) y que los dos niños solo habían ayudado, pero se quedaron desconcertados cuando constataron que en realidad esos dos pequeños habían tenido la frialdad, la crueldad y la habilidad para realizar con éxito una matanza de esas proporciones. Debieron tener en cuenta las amenazas de los niños. Por ejemplo, posteriormente a la masacre, la alumna y sobreviviente Kara Tate recuerda de Andrew: “Siempre decía que arreglaría las cuentas con todos y que mataría a mucha gente. No pensé que hablara en serio. Andrew tenía un fusil para cazar ciervos y presumía de ser un tirador experto. Cuando alguien lo hacía enojar, amenazaba con dispararle.”

En cuanto a la condena, dictada en agosto de 1998, esta fue que ambos debían permanecer en prisión hasta alcanzar los 21 años de edad.


Jesse Pomeroy




Pomeroy era un niño retraído y solitario. Nadie lo recordaba sonriendo o jugando, pero si por sus repentinos y extraños ataques nerviosos, por lo que siempre fue víctima de las burlas de los otros niños del barrio donde vivía

Jesse Harding Pomeroy, llamado el niño psicópata es uno de los primeros casos registrados de asesinos menores de edad del cual se tienen noticias. Nació en Massachussets, Estados Unidos, el 29 de noviembre del año 1859 y fue el segundo hijo de Thomas y Ruth Ann Pomeroy.
Su padre era alcohólico y con frecuencia golpeaba a su esposa e hijos. Jesse recibió descomunales palizas y ante la impotencia de verse atacado por su progenitor y tal vez como mecanismo de defensa, se convirtió en una especie de criatura sadomasoquista.

Al pasar de los años, Jesse comenzó a crecer y su rostro iba adquiriendo un aspecto terrible. Deformaciones de la nariz, inflamación constante de párpados y pómulos le otorgaban un aspecto casi irreal. Siempre pálido y ensimismado, era una suerte de espectro. Su cuerpo era demasiado grande para su edad.

Se cuenta que sus hermanos tenían por costumbre adoptar mascotas, pero a partir de cierto momento todas desaparecían, pues Jesse las despedazaba para después dejarlas en los portales de las casas, en el buzón del correo, colgados ante las ventanas o clavados en las puertas.

En una suerte de trágica evolución, Jesse decidió descargar sus locuras contra nuevas presas, eligiendo a niños más pequeños que él. Su primera víctima fue William Paine, en diciembre de 1871, que fue encontrado por dos hombres que caminaban por un apartado camino y escucharon unos gemidos que provenían de una cabaña abandonada, en la que hallaron a un niño de cuatro años colgado por las manos al techo. El pequeño no supo quién lo había atacado.

El siguiente fue Tracy Hayden de siete años, quien en febrero de 1872, resultó con los ojos morados, los dientes partidos, la nariz rota y el torso cubierto de heridas. Tras este episodio, la policía solo pudo enterarse que el atacante era un muchachito de cabello castaño.

Luego, en abril de 1872, Pomeroy atacó al niño de ocho años Robert Maier. La policía comenzó a interrogar numerosos adolescentes de cabello castaño. Los medios comenzaron a mostrarse nerviosos y los padres advertían a sus hijos que no podían hablar con extraños en la calle. El siguiente golpe fue en julio contra un niño de siete años y esta vez la policía ofreció una recompensa de 500 dólares a quien ayudara en la captura del sádico bribón, como era llamado el adolescente que atormentaba los niños de Boston.

Mientras, la madre de Jesse decidió que su familia se mudara al sur de Boston. Allí Pomeroy continúo atacando a otros niños, entre los que se encontraban Joseph Kennedy, a quien a la vez que aporreaba lo obligaba a recitar oraciones religiosas plagadas de obscenidades y Robert Gould, que señaló que el atacante era un adolescente de cabellos castaños y un ojo totalmente blanco.

A fines de 1872 la policía efectuaba visitas a las escuelas de Boston con la esperanza de encontrar al sádico bribón, pues creían que pronto se convertiría en un temible homicida. Un día de septiembre visitaron la escuela de Pomeroy y aunque el niño Kennedy no lo identificó en ese momento, si lo hizo más tarde y Jesee fue arrestado.

La sentencia fue el ingreso a un reformatorio juvenil hasta que cumpliera 18 años. El reformatorio juvenil Westborough se convirtió en el siguiente hogar de Jesse Pomeroy y tras 15 meses de encierro el comité de libertad condicional aprobó su salida. Lamentablemente, el temible Jesse volvió al ataque.

El 18 de marzo de 1874 atacó a la niña Katie Curran, quien había ido a la tienda de la madre de Pomeroy a comprar un cuaderno. El sádico la llevó a un sótano donde la degolló brutalmente y así la sed de sangre de Jesse comenzó a aumentar, buscando nuevas víctimas.

Cuando se contabilizaban en tres el número de víctimas, vino a la mente de las autoridades aquel chico despiadado que gustaba de torturar niños y que había sido puesto en libertad. Inmediatamente, la policía fue a su casa y lo detuvo. Los investigadores encontraron evidencias en su contra y el chico confesó, “lo siento, yo lo hice… por favor no le digan a mi mamá!…”.

Jesse Pomeroy fue sentenciado a la horca, sin embargo, ninguna autoridad se atrevió a firmar la sentencia, pues era muy difícil ejecutar a un chico de 14 años. Finalmente, el gobernador Alexander Rice, decidió que era imposible aplicarle la pena capital, por lo que le impuso una cadena perpetua que debía ser cumplida en solitario. Era algo así como enterrar vivo al sádico bribón.

En 1917 su castigo fue disminuido y se le permitió integrarse a la población general de la prisión.
En 1929 fue llevado a un hospicio de la policía donde pasó los dos últimos años de su vida plagado de enfermedades y en franca agonía. Su deseo final fue ser cremado y que sus cenizas fueran esparcidas a los cuatro vientos. Jamás mostró remordimiento alguno por sus víctimas y falleció el 29 de septiembre de 1932.

Morgan Geyser y Anissa Weier




Al parecer, ellas tenían que comprobar algo que encontraron en un sitio web macabro. Y por ello, dos niñas presuntamente llevaron a una tercera niña a una zona boscosa en Milwaukee, Estados Unidos, y la acuchillaron 19 veces, dijo la policía del estado de Wisconsin.

Las sospechosas supuestamente dejaron a la víctima gatear para buscar que alguien la rescatara. Las tres niñas, de 12 años, eran amigas, de acuerdo con una denuncia penal.

Un ciclista encontró a la niña herida el sábado, acostada en una acera de la ciudad de Waukesha, dijo el jefe de policía, Russell Jack. Este lunes, la menor permanecía hospitalizada, en condición estable.

Las chicas querían impresionar a un tal Slenderman, según la denuncia. Una de ellas encontró ese nombre en un sitio web conocido como Creepypasta Wiki, donde hay historias de terror.

Slenderman supuestamente es el líder del sitio y, para entrar a su reino, los usuarios deben matar a alguien, dijo una de las sospechosas a la policía.

El personaje de ficción Slenderman es un fenómeno de internet que a menudo aparece en las historias de terror, vídeos e imágenes.

Las dos menores fueron arrestadas horas después de que la víctima fuera descubierta el sábado, y estaban detenidas por cargos preliminares de tentativa de homicidio intencional en primer grado.

Ambas recibieron cargos como adultas y comparecieron ante una corte este lunes. La fianza fue fijada para cada una en 500,000 dólares, de acuerdo con el fiscal de distrito del Condado de Waukesha, Brad Schimel.

Las sospechosas asisten a la misma escuela secundaria de la víctima y habían tenido una fiesta de pijamas en casa de una de las dos presuntas agresoras la noche del viernes, dijo Jack.

"Ambas sospechosas tenían una fascinación por un personaje ficticio que a menudo publica" en páginas web que hablan de historias de muerte y horror, dijo el jefe de la policía en una conferencia de prensa.

De acuerdo con la denuncia penal, las sospechosas planearon el ataque desde febrero.

Pensaron matar a la víctima colocando cinta adhesiva sobre su boca mientras dormía y apuñalarla en el cuello, se lee en la denuncia.

A continuación, el plan era matarla en un baño con desagüe para poder limpiar más fácilmente, indica.

Finalmente, las chicas decidieron hacerlo en un parque mientras jugaban escondidillas, dice la denuncia.

Y agrega: “Cuando se fueron al parque... (la víctima) se paseaba delante de ellas y Geyser alzó el l
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