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No hemos vendido nuestra casa, nos la han robado

No hemos vendido nuestra casa, nos la han robado



Fuad Yalayel y su familia están sentados en el patio de la entrada de un edificio de tres plantas construido hace tres a os en el barrio de Silwan, en Jerusalén este, la zona palestina de la ciudad, ocupada por Israel desde 1967.

Hay varias mujeres, hombres y niños. Su semblante es serio, a pesar de estar en un patio fresco a la sombra de un hermoso limonero. Tienen motivos para no sonreír.

La madrugada del martes entraron en su edificio varios colonos judíos que aseguraban que habían comprado la casa. No llegaron solos sino en el marco de una entrada masiva de decenas de colonos -familias enteras- organizada por la ONG Israel de derechas Elad. Los colonos se instalaron en 25 viviendas de siete edificios del barrio.

Han comprado seis de los siete edificios, el nuestro no. Es de mi hermana y su marido y no lo han vendido, se lo han robado. La tierra donde lo construyeron es de nuestra familia desde hace 200 años y nosotros estamos aquí, en Jerusalén, desde hace casi mil años. Esta parcela era de mi tío. Mi hermana y mi cuñado se la compraron hace 22 años, explica Fuad a Novosti, mientras su cuñado muestra el papel de compra del terreno con fecha de 1992.

No sabemos exactamente qué ha pasado, pero sospechamos que han falsificado documentos y han estampado una firma falsa. Hemos ido a los tribunales para denunciar que los colonos mienten, que no hemos vendido la casa, dice Fuad.

Mientras relata lo sucedido, un grupo de colonos están atrincherados en el interior de la casa. Las persianas están totalmente bajadas y no se les ve. Pero en una puerta lateral del edificio hay un grupo de hombres israelíes judíos con camisetas grises y pertrechados como guardias de seguridad de los colonos. Ninguno quiere hablar. En lo alto del bloque han colocado una bandera Israel.

Cuando 60 colonos entraron en el edificio a las 3 de la mañana llamamos a la policía, pero en lugar de echarlos a ellos, nos echaron a nosotros, vinieron aquí para protegerlos, dice Fuad, cuya hermana pensaba trasladarse a vivir a uno de estos pisos la semana que viene, después de la fiesta musulmana del Sacrificio, que empieza el 4 de octubre.

Estaban acabando las obras en la cocina, era lo único que faltaba para entrar a vivir en el piso, señala Fuad. Las otras dos plantas las tenían alquiladas a personas que esa noche no estaban.

Fuad cuenta que tres de los seis edificios vendidos legalmente a colonos, fueron comprados a sus propietarios palestinos por un clérigo musulmán conocido en la ciudad y este se los vendió posteriormente a los colonos por una gran suma de dinero. Este mismo clérigo se interesó por alquilar uno de los pisos del edificio de la hermana de Fuad, pero al final no lo hizo.

La familia Yalayel jura que nunca ha vendido su casa y cree que es víctima de un intento de apropiarse de su edificio y que los colonos que han entrado, lo han hecho aprovechando la llegada masiva de los que habían adquirido viviendas palestinas en el barrio. Ahora esperan con angustia el veredicto de la justicia israelí, que suele fallar a favor de los colonos.
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