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No juguemos con la tentación

Cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido. Entonces la concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte.
Santiago 1:14-15


El que quiere amar la vida y ver días buenos… apártese del mal, y haga el bien.
1 Pedro 3:10-11

                      No juguemos con la tentación



“No nos metas en tentación…”, piden cada día innumerables creyentes (Mateo 6:13), pero al mismo tiempo muchos de ellos se exponen con ligereza a las tentaciones.
Es cierto que éstas son mucho más difíciles de evitar debido a que en nuestra sociedad estamos rodeados de imágenes provocantes, explotadas más que nunca por la publicidad. Con el pretexto de que nos hemos liberado de los tabúes, de hipocresías y de complejos, hoy se exponen sin pudor en carteles, en la televisión, en internet, en sitios públicos… imágenes que constituyen una verdadera agresión permanente para los ojos y los sentidos.
«¡No tratemos de cohabitar pacíficamente con la tentación!, escribió un autor cristiano. Si mira con complacencia aquello que provoca en usted malos pensamientos, deseos que le dominan, está abriendo la puerta al pecado y se expone a caer en él. Si el puesto de periódicos y revistas o ciertas páginas de internet son la fuente de una curiosidad malsana, ¡aléjese de ellos! Si su relación con algunas personas le vuelven vulnerable, deje de frecuentarlas».
Si queremos contar con el socorro de Dios para resistir, es decir, para mantenernos puros en medio de un mundo perverso y malsano, siempre debemos ser conscientes de nuestra debilidad y del poder del diablo. Nunca olvidemos que detrás de la tentación siempre está el Tentador. ¡Huyamos de ella!

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