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No somos iguales y No todo es cuestión de gustos

Pero tranquilos, esto no va de sexismo




El otro dia, hablando de todo ese rollo de la postura del crítico, hubo varios comentarios que me hicieron pensar en la visión que tiene el público acerca del trabajo que hacemos todos aquellos que nos dedicamos a opinar -porque sí, al fin y al cabo sólo es eso- acerca de tal o cual producto. Quedó claro que el trabajo de la crítica es interesante siempre y cuando sea meditada y no eleve ni sumerja en el barro a la obra sin más argumento que el 'es así y punto'. Entre tantos comentarios hubo uno que me llamó la atención.

El usuario Latzium hablaba de la inevitabilidad de esa pluralidad de gustos y terminaba con la siguiente reflexión: 'Para un crítico, el contenido de El Rubios o del 'mange' será objetivamente una mierda pinchada en un palo, pero para otras millones de personas será un contenido divertido y que merecen su tiempo. ¿Eso les convierte en seres inferiores? ¿En personas irrelevantes para la sociedad y que mejor tenerlos lejos? Yo por lo menos no lo creo así, lo que opino es que cada persona busca llenar sus gustos u vicios con contenidos personalizados para ellos mismos, sin importar en exceso si es considerado bueno o caca, ya que para el quizá un vídeo haciendo cosas 'curiosas' en un parque lleno de niños, pueda ser más entretenido o visible que un film de mafiosos italianos buscando montarse un imperio en territorio Americano, y aunque objetivamente pueda parecer estúpido, yo lo respeto'.

Dejando a un lado que si me encontrara a alguien haciendo cosas 'curiosas' en un parque repleto de niños lo más seguro es que le endiñara en la cabeza con un objeto cuya contundencia sería directamente proporcional a la curiosidad del acto cometido, comprendo perfectamente lo que Latzium quiere decir. Lo entiendo, le veo la lógica y me parece muy respetable, especialmente porque estamos hablando de un usuario cuyos aportes son bastante inteligentes y meditados. Sin embargo, si bien es cierto que cada uno puede tener los gustos que le de la gana y estos no lo definen como persona, hay que hacer una pequeña puntualización: Eso no implica que tengamos que tragar con determinados aspectos y hacer correcto el adagio del Todo Vale con el fin de ser políticamente correctos.

Porque no, lo siento, No Todo Vale.
Puedo discutir y debatir con Dayo por mil y un motivos -cada vez menos, la verdad-, pero es una persona a la que respeto sobremanera por su nivel cultural y por esa tendencia a mejorar día a día investigando, documentándose y aprendiendo. Me encanta 'gastar' mi tiempo y mis esfuerzos intercambiando puntos de vista con él porque sé que, después del debate, voy a salir enriquecido. Y no, no me refiero precisamente al sueldo de Mundogamers.

Ahora ponme enfrente a un tipo que le parece que el colmo de la risa es poner una bolsa de mierda ardiendo en la puerta de una casa y llamar al timbre, o que pasa las horas muertas viendo vídeos de accidentes de carretera, o que disfruta diseccionando gatitos... Y lo siento mucho, amigos, pero no perdería ni una milésima de segundo en mirarle siquiera a la cara. ¿Soy un clasista? Es posible, pero me revienta la estupidez mezquina, la miserabilidad espiritual y el malgastar la vida a la ligera sin intentar mejorar. Es cierto que ese tipo es libre en sus gustos -menos en lo de los gatitos, claro... Niños, no diseccionéis mascotas en casa-, que puede disfrutar como mejor le plazca y puede emplear su tiempo en lo que quiera, eso no lo discuto. Sin embargo, tambén yo soy libre de pasar de ese tío en toda mi prepotencia y vanidad.



Lo que vengo a decir es que, sí, el libro de los gustos está en blanco y nos podéis quitar los caballos pero no la libertad, pero eso no implica que todo esté a la misma altura. Eso significaría desvirtuar el esfuerzo, la dedicación y el mimo que muchos le dedican a su obra y a su propio desarrollo personal. La obsesión por equiparar todo y darle caramelitos a los envidiosos y los inútiles para que no estallen en llanto me supera.

Proezas desvirtuadas
Todos tenemos claro que alguien capaz de escalar el Everest demuestra una gran fuerza de espíritu, una resistencia sobrehumana y, ya puestos, un buen número de espónsores palmando pasta ante las cámaras. También tenemos claro que bajar a comprar el pan a la esquina no supone ningún reto y nadie se siente orgulloso de ello ni lo pone en su perfil de facebook. Compartimos una lógica común en este campo, y comprendemos que destaca atléticamente quien a base de esfuerzo y entrenamiento es capaz de llevar a cabo proezas que no están al alcance del común de los mortales.

Sin embargo, esta lógica compartida desaparece del todo cuando llevamos la comparativa al terreno intelectual. ¿Que tú eres un experto del humanismo literario? Pues yo me he leido Cincuenta Sombras de Gray en 'sólo' tres meses y comprendo perfectamente a la protagonista y ahora soy una experta en el bondage SM (que no, lo de SM no es por la editorial marianista, aunque da qué pensar). ¿Que estás doctorado y tienes un máster en arte precolombino panameño? Pues yo tengo mucho ojo para las cosas bonitas en las tiendas los chinos y he dejado el salón que da gusto verlo. ¿Qué tocas el clarinete en la filarmónica de Londres? Pues yo tengo todo lo de Don Omar en original y sé dibujar un clarinete porque me gusta Woody Allen, que como es feo debe ser un tío muy listo, ¿no?
Oh, y me dejo la mejor de todas:
¿Experto en historia y monarquías europeas? Pamplinas, lo suyo es estar al día de la vida de la Esteban, esa sí que es una reina.



Y podría seguir hasta el infinito.
Está claro que hace mucho que perdimos el norte y dejamos de comprender la amplia diferencia que existe entre arte, cultura, hobby y afición. Hay conocimientos que nos engrandecen como seres humanos, lecturas que nos llevan más allá, películas que son, en sí mismas, una puñetera joya, y juegos y cómics que nos invitan a un viaje -introspectivo o no- del que regresamos... 'cambiados'. Son estas obras -literarias, cinematográficas, musicales, pictóricas y, por supuesto, cómics y videojuegos-, las que forman parte de esa cultura que nos mejora como personas y que conllevan, en ocasiones, la tan discutida consideración de arte.

En otro lado tenemos los gustos y las aficiones, aquello que realizamos simplemente porque nos apetece. Es aquí donde cabe esa libertad de la que proverbialmente hablamos con lo del libro de los gustos. No pasa nada porque disfrutes viendo una y otra vez en youtube ese vídeo en el que un tipo se lleva un golpe en los huevos, pero si consideras que es el colmo de la tragicomedia frente a exponentes como la literatura de Scalzi, el humor directo de Eugenio o la parodia absurda de Gila, tienes un problema. No pasa nada por que te guste Cincuenta Sombras -bueno, un poco sí-, pero si consideras que es lo mejor que se ha escrito en años, tienes un problema. Y oye, genial si disfrutaste con la saga en cine de Crepúsculo, pero si me dices que es mil veces mejor que Los Pájaros, Ciudadano Kane o Metropolis... Tienes... Un... Problema. Si piensas que Dan Brown es el mejor autor del mundo y se enfrenta a la Iglesia para demostrar la verdad... en este caso, seguramente, me caigas mal. Oh, y tienes un problema.




Porque sí, está bien que cada uno tenga sus gustos, por eso existe un catálogo tan extenso de 'todo' para que cualquiera pueda disfrutar de su afición como bien le venga. Pero cuidado, eso no implica que dé igual el gusto y el material disfrutado. Al igual que un plusmarquista de salto es un atleta en comparación con una persona normal, el lector de Nietsche, el jugador de From Software y el cinéfilo de Kurosawa -mal que le joda a los japos- es un atleta intelectual respecto al que se limita a ver estos campos como una afición de entretenimiento ligero sin profundizar en ellos.

Existe un esfuerzo, un proceso intelectual interesante al enfrentarse a determinados productos. Tratar de desvirtuarlos en pro del 'todos somos iguales' es defender la estupidez como bandera, propagar la idiotez como la nueva epidemia del siglo XXI y malgastar los dones de nuestros privilegiados cerebros narcotizándolos con el equivalente ocioso de la comida rápida. Y os lo dice un eudemonista convencido.

Así que, por favor, basta ya de excusas y de complejos, de darle terrones de azúcar a los burros y pintarrajear la estampa de quienes van más allá para no sentirnos mediocres. Un pueblo que no piensa es un pueblo fácil de pisar, y cuando negamos la intelectualidad en pro del onanismo personal del 'soy la polla en vinagre' estamos haciéndole el juego al poder. Poco queda para que gritemos 'Vivan las caenas', y es una lástima en un momento en el que las 'estanterías' de internet están repletas de conocimientos y productos enriquecedores. Supongo que muchos pensarán que soy un clasista, un prepotente y un gilipollas, pero me parece bien...
...Al menos están pensando.

¡Nos leemos!
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