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Novorossia. La línea roja que los entreguistas no pueden

Es un hecho que no termina de funcionar lo del alto el fuego y que el intercambio de prisioneros tampoco está resultando nada sencillo. Sin embargo, más bien lo que está pasando es que la parte conciliadora en la dirección de las repúblicas ha chocado con la más que notoria resistencia de los comandantes de campo.


link: https://www.youtube.com/watch?v=BTEymeWWW68


La lógica de lo que está sucediendo es totalmente diáfana. En la ola de la rebelión, la élite de Lugansk y Donetsk, digamos que pusieron pies en polvorosa, y su lugar lo ha ocupado gente nueva. En Donetsk y Lugansk estamos asistiendo a un nuevo reparto de la propiedad, que en gran medida recuerda al que tuvo lugar al comienzo de los 90, solo que ahora se está produciendo de un modo mucho más rápido y radical: demasiada gente con armas en la mano, demasiada tentación para los hasta ayer lúmpenes y mafiositos de medio pelo, para quienes de no mediar el levantamiento, no hubiera habido la más mínima oportunidad. Lógicamente, hay fronteras en esa “mordida” de la propiedad. A la gente poderosa de verdad nadie les quita nada, se tienen que conformar con los segundos y terceros eslabones del negocio local.




Como resultado, se ha conformado ya un estrato, que tiene algo que perder; son ellos los partidarios de la paz o cuando menos de la tregua. Los comandantes que tienen enfrente hacen sus chanchullos de la guerra, pero solo de ella, por eso no llevan ninguna intención de acomodarse entre la flor y nata de Donetsk y Lugansk. Sin embargo la paz significará que el negocio se ha acabado y les harán saber, de un modo u otro, que no son bienvenidos. Eso si tomamos únicamente el aspecto mercantilista. Aparte de éste, existe por supuesto el componente ideológico: la gente se ha creído de verdad que pueden tener su Estado, sin nazis ni oligarcas. De momento esa fe es firme y no están dispuestos a que sus ideales se vean defraudados.

A juzgar por todo lo visto, Antiufeyef, la espada de castigo enviada desde Moscú, no ha podido erradicar por completo a los románticos y sustituirlos por los cínicos, dispuestos a venderlo todo, al por menor y al por mayor. Aunque desde luego si ha conseguido mucho de lo propuesto. Pero por lo demás, parece que no ha terminado de hacer buenas migas con nadie, y difícilmente vaya a durar mucho en el cargo [es el actual ministro de Seguridad de la RPD, como antes lo fue 22 años de la RM de Transnistria. N de la T]. Circulan informaciones que apuntan a que Moscú tampoco estaría del todo satisfecho con su labor, por llevar los asuntos de un modo demasiado independiente e impredecible.




En tales circunstancias, la tregua en su variante original de total capitulación no termina de calar: Los firmantes Zajárchenko y Plotnitski, así como demás negociadores del tipo Purguin, pueden acabar hechos pedacitos, si siguen insistiendo en la paz en su variante de los acuerdos de Minsk. Van a tener que recular un poco, lo que automáticamente crea problemas con Kiev, quien necesita a toda costa la sumisión en el Este hasta las elecciones. La popularidad de Poroshenko le permite por ahora mantener a su bloque electoral en los primeros lugares de la Rada, pero necesita unas posiciones más consolidadas.

A pesar de todo, la declaración de Zajárchenko representa por ahora algo así como una línea roja, que los entreguistas no pueden atravesar. Se les puede apretar las tuercas desde Moscú, claro está, pero entonces podría saltar todo por los aires completamente, los comandantes de campo se rebelarían y toda esa maniobra urdida con la suplantación de Strelkov y su gente del Donbass, perdería sentido. Habrá que resolver el problema de algún otro modo.
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