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Operacion "Bancarrota" (WW II)






Solomon Smolianoff, llamado "Solly Manitas de Oro", judío de origen ruso, en la primavera de 1940 pasaba sus tristes días en el campo de concentración de Sachsenhausen a la espera de la trágica suerte que los nazis habían decretado para todos los miembros de su raza. Había nacido unos cuarenta años antes en Poltava, Rusia, y había estudiado en la Academia de Arte de Petrogrado bajo la guía del profesor Iván Miassoyedoff, un artista de gran capacidad. Posteriormente, cuando Stalin inició su campaña antisemita, había huido al extranjero estableciéndose en Berlín. Fue precisamente en Berlín donde un día de 1930 Smolianoff se encontró casualmente con su ex profesor, también prófugo de la Unión Soviética por el mismo motivo. Los dos se abrazaron, evocaron juntos los alegres días vividos en la Academia Imperial de Petroburgo y terminaron poniéndose de acuerdo para explotar de alguna manera su capacidad de expertos grabadores.
"Para nosotros no existen más que dos posibilidades —había dicho a este respecto el austero profesor—: buscar trabajo en la Fábrica de Moneda, lo que será bastante difícil porque somos extranjeros, o bien ponernos a emitir nuestro propio papel-moneda".
Smolianoff aceptó con entusiasmo la segunda propuesta, y con ayuda de su experto profesor se transformó muy pronto en uno de los mejores falsificadores del mundo. Los billetes de su producción eran de tal perfección que sólo pocos expertos podían distinguir los. Y Solly, conocido ya en su ambiente como "Manitas de Oro", se dedicaba a pasarlos él mismo en las salas de juego de Baden Baden y Montecarlo.





La llegada de Hitler y las subsiguientes leyes raciales interrumpieron de golpe la actividad de los dos falsificadores judíos. El profesor Miassoyedoff, después de fabricarse por su cuenta un pasaporte en el que aparecía como Eugenio Zotow, marchó a Liechtenstein, donde se puso a ejercitar la honesta labor de diseñador de sellos. Solly "Manitas de Oro" no tuvo tiempo para huir y terminó en el campo de concentración de Sachsenhausen.
Entre tanto, en aquel período Hitler había comenzado a cultivar uno de sus sueños lúcidamente locos: arruinar la economía inglesa falsificando libras en gran escala y de modo perfecto, para crear así el pánico en el mundo financiero y obligar al Banco de Inglaterra a la bancarrota. En los proyectos de Hitler, además de la siembra de libras falsas en el mercado internacional, figuraba también el lanzamiento desde el aire sobre Inglaterra de una lluvia de millones de libras que provocarían el completo hundimiento económico del país, sometido ya al pesado esfuerzo de la guerra.
Hitler confió la realización de esta empresa a Reinhard Heydrich, jefe de la policía secreta. Hombre inteligente y preciso, Heydrich preparó con meticuloso cuidado y mediante estudios minuciosos la gran falsificación monetaria. La iniciativa pasó por dos o tres denominaciones secretas hasta que se concretó, y luego fue conocida bajo la etiqueta de "Operación Bernhard", del nombre del capitán de las SS Bernhard Kruger, al que Heydrich había confiado la ejecución del proyecto.





La actividad de los falsificadores oficiales alemanes había tenido en Europa un precedente clamoroso y fallido, realizado en Hungría poco después de la primera guerra mundial, por iniciativa de un grupo de personalidades políticas conjuradas, entre las que estaba el prín-
cipe Ludwig de Windischgrátz, ex ministro y ferviente patriota.
Para evitar las durísimas condiciones políticas y financieras impuestas por los tratados de paz a la nación húngara, los conjurados habían decidido fabricar falsos francos húngaros para venderlos en el exterior.
No se trataba, pues, de falsificar divisas extranjeras, sino sólo moneda nacional, y falsificarla por objetivos patrióticos.
El proyecto, antes de entrar en la fase ejecutiva, tuvo la aprobación secreta del gobierno húngaro vigente.
La imperfección de los billetes fabricados y algunas ingenuidades por parte de los emisarios al exterior llevaron pronto al descubrimiento de toda la organización. El gobierno húngaro se apresuró a lavarse las manos. El príncipe de Windischgritz, y con él otros conjurados menores, fueron procesados y pagaron por todos.
Antes de dar vía libre a la nueva operación, Heydrich quiso estudiar a fondo la infortunada empresa húngara, sacando utilísimo material de experiencia. Cuando finalmente consideró ultimada la fase de preparación, presentó el proyecto a Hitler que lo aprobó sin más y con mucho entusiasmo.
El capitán Kruger, al que había confiado Heydrich el delicado encargo, tenía treinta y ocho años y en el pasado había sido también un falsificador. Pero siendo de raza aria, en vez de acabar en Sachsenhausen con Smolianoff había hecho carrera en las SS. Kruger inició su labor con empeño. Las mejores papeleras alemanas fueron encargadas de estudiar el difícil procedimiento para fabricar papel afiligranado idéntico al usado para estampar las libras. Hicieron falta meses de trabajo para llegar a los primeros resultados, pero al fin una papelera fue capaz de suministrar a Kruger una considerable cantidad del precioso papel.
En este momento hacían falta los grabadores para preparar los clichés. Kruger habría podido servirse de los grabadores de la Moneda oficial, pero lo consideró demasiado peligroso en cuanto que sería difícil obligarles después a mantener el secreto. Prefirió recurrir a prisioneros, a los que se podía imponer el silencio con la fuerza.
Un día el capitán Kruger se presentó a Himmler, jefe de las SS. "Para llevar adelante la operación —le dijo—, tengo necesidad de emplear a falsificadores judíos. Entre ellos hay grabadores excelentes' Apenas oyó la palabra 'Judíos", Himmler arrugó la nariz.
"Lo que hace un judío —declaró fríamente— lo hace un ario seguramente mejor'
Pero Bernhard Kruger tuvo la audacia de insistir. "Esta es una especialidad particular —dijo—. No es una cuestión de raza. Y además —añadió con una sonrisa—, de estos judíos podré hacer lo que quiera. Terminado el trabajo, no andarán por ahí contándolo porque pienso eliminarlos
Frente a esta explicación, Himmler no encontró nada que objetar, y el capitán Kruger empezó a visitar los "Lager" en busca de falsificadores especialistas. Solomon Smolianoff fue naturalmente el primero en ser reclutado. En toda Europa, y quizá en el mundo, no había un falsificador mejor que él.
En conjunto Bernhard Kruger reclutó ciento cuarenta prisioneros, todos judios, que representaban la flor y nata de los falsificadores de Europa. Fueron llevados al campo especial de Sachsenhausen, preparado con tal fin. Estaban vigilados por SS que tenían orden de disparar a la vista contra cualquiera que se acercase a las alambradas. Nadie podía dejar el campo, ni los guardianes. Y a estos últimos les estaba prohibido hablar de lo que sucedía en el interior. Dos SS sorprendidos conversando entre ellos de la "Operación Bernhard" fueron fusilados.
Antes de iniciar el trabajo, Kruger quiso echar un discurso a sus prisioneros. Explicó lo que debían hacer y luego añadió: "Estáis todos condenados a muerte, pero si hacéis un buen trabajo os prometo que no os pasará nada. Entre tanto tendréis privilegios especiales: mejor comida, cigarrillos, periódicos y permiso para escuchar la radio
Los prisioneros sólo podían aceptar tales propuestas, y se pusieron al trabajo. El grupo fue dividido en varias secciones según su especialización. Solomon Smolianoff tuvo el encargo más importante: preparar el primer cliché, un billete de cincuenta libras. Los primeros resultados se alcanzaron en abril de 1943 cuando Solly "Manitas de Oro" invitó a Kruger a descubrir un billete de cincuenta libras falso mezclado con algunos auténticos. Kruger no logró descubrirlo, y no lo lograron tampoco algunos expertos consultados enseguida. Aquella misma tarde, triunfante, Bernhard Kruger visitó a Himmler para ponerle al corriente de su éxito. El billete era verdaderamente perfecto, y Kruger recibió la orden de iniciar la producción en serie. Este trabajo fue realizado en el laboratorio de FriedenthaI. La media de la producción era de doscientos mil billetes de cincuenta libras al mes.
A continuación Smolianoff realizó también los clichés para otros billetes, por lo que les fue posible a los alemanes empezar la producción de toda la serie. La difusión en el exterior de las falsas libras fue precedida por la emisión experimental de documentos falsos, obtenidos mediante el mismo proceso de imitación. Cuando se constató que el enemigo no distinguía los documentos falsos de los verdaderos, se pasó con recursos variados, muy hábiles y controlados, a la exportación de las falsas libras, llegando pronto a colocarlas audazmente en cifras colosales.
Heydrich tuvo la frialdad de recurrir a un expediente muy audaz que mostraba su astucia y su seguridad absoluta. Fue encontrado un banquero muy serio y acreditado en el exterior, el cual envió a un gran instituto bancario suizo un fajo de libras falsas, advirtiendo que sospechaba que fueran falsificadas y pidiendo un control de garantía. Las libras fueron examinadas atentamente y después el instituto suizo emitió una declaración de garantía sobre su absoluta autenticidad. Desde aquel momento millones de libras falsas fueron lanzadas al mercado internacional. Los billetes habían sido divididos en varias categorías, según su perfección. Los que resultaron mejores eran cambiados en países neutrales (sobre todo Suiza y España); los de ligeras imperfecciones eran utilizados para comprar material en los países ocupados o para pagar a los informadores extranjeros del servicio secreto alemán (el espía Cicerón, como veremos, fue pagado con esta moneda). Finalmente, los billetes menos perfectos pero aún comerciables eran almacenados en un depósito en espera de realizar el sueño hitleriano que preveía el lanzamiento de millones de libras sobre Inglaterra.
La "Operación Bernhard" marchaba tan bien que Himmler ordenó a Kruger producir también moneda americana. Pero entre tanto el curso de la guerra había tomado un rumbo feo para los alemanes. Kruger había obtenido autorización para trasladarse con su grupo a Redl-Zipf, en los Alpes austríacos, y había sido encargado, además de continuar produciendo libras falsas, de hacer preparar por sus expertos un buen número de pasaportes que serían necesarios para que los jerarcas nazis eludieran la captura.
Kruger se esmeró en todo, pero pensó en sí mismo y en su bella amiga Hilde Moller. El 2 de mayo de 1945, después de haber dado orden de destruir toda la maquinaria, quemar varios millones de libras en el almacén y enviar a la cámara de gas a todos sus "colaboradores judíos", Bernhard Kruger cargó a bordo de su auto a su amante y algunas maletas llenas de libras auténticas, dirigiéndose a Suiza. Desde entonces nadie lo vio más, a pesar de las intensas investigaciones de los servicios secretos aliados. Un íntimo colaborador de Kruger, el comandante de las SS Friedrich Schwendt, que tenía en depósito una cantidad de libras falsas dispuestas en el Castel Labers de Merano, se comportó de manera análoga, pero fue arrestado en Sudamérica en 1976 a consecuencia de un mandato de detención por homicidio dictado por la magistratura italiana. Así sucedieron las cosas: Friedrich Schwendt, para enviar el dinero de Merano a Trieste o a Génova, de donde tomaba luego los caminos de medio mundo, se servía de un istriano, Teófilo Kamber, que por lo que parece un día decidió tomar un fajo de esterlinas y desaparecer. Las SS lo encontraron, lo devolvieron a Merano y —según la reconstrucción hecha después de la guerra— lo entregaron directamente a Schwendt, que se lo llevó en coche a pocos kilómetros de la ciudad y lo ajustició de un disparo en la nuca. Su cadáver no se encontró hasta años después.
Es bastante obvio que este único homicidio que fue atribuido a Friedrich Schwendt tenía motivaciones diversas. Teófilo Kamber probablemente se había escapado, sí, pero no sólo con algún dinero. Probablemente con esos mismos paquetes de documentos que todavía hoy algunos continúan buscando en los calabozos enrejados y tapiados de Castel Labers.
Terminada la guerra, o en los meses de la primavera del 45, cuando las tropas alemanas perdían terreno en todos los frentes, camiones cargados de libras falsas y documentos salieron de Castel Labers hacia un destino que nadie ha descubierto. Quizá un lago alpino en el Tirol del Norte o en Baviera. Muchas libras quedaron ciertamente en Meranese y hasta hoy día aparece alguna. Hace varios años un viejo organista que reparaba el órgano de la iglesia de San Valentino en Merano, la iglesita romántica de los matrimonios íntimos, se encontró en las manos algunos millones. Estaban dentro de un tubo del órgano.



Banco de Inglaterra



Cuando los americanos llegaron al Alto Adigio, montañas de libras ardían aún en los hornos. Su llegada salvó también de la muerte a los ciento cuarenta falsificadores judíos que estaban ya para ser enviados a las cámaras de gas. Fue entonces, es decir, el 2 de mayo de 1945, cuando por los informes americanos los directivos del Banco de Inglaterra descubrieron la existencia de la "Operación Bernhard". Algunos funcionarios británicos llegados a Redl- Zipf quedaron asombrados ante las libras capturadas. Ni ellos podían discernir si eran verdaderas o no.
A pesar de los esfuerzos hechos por el Intelligence Service por mantener el secreto, la historia de las libras falsas dio pronto la vuelta al mundo. Para evitar la ruina, el Banco de Inglaterra se vio obligado a retirar todos los billetes en circulación y sustituirlos por otros nuevos. Pero, ¿cuál fue la suerte de Solomon Smolianoff, indirecto responsable de esta especie de cataclismo financiero? El pequeño hebreo de orejas grandes, naturalmente, no fue castigado por lo que le habían obligado a hacer los alemanes. Los aliados sólo le hicieron escoger una nueva patria, y él escogió Italia.
Establecido en Roma, en 1948 se vio otra vez implicado en una extraña historia de billetes de un dólar transformados en billetes de cien, pero luego se vio que el responsable no fue Solly "Manitas de Oro", sino su antiguo profesor, Iván Miassoyedoff, que operaba entre Vaduz y Como. Después Smolianoff se volvió a Roma, donde probablemente murió de vejez.
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