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Operación Carne Picada



Los aliados acababan de expulsar a los nazis del norte de África y Sicilia sería el objetivo para la invasión aliada de Italia. De una forma u otra, los aliados tenían a los alemanes y hacerles creer que la invasión sería en otro lugar.

La solución consistía en hacer llegar a los nazis documentos que nunca esperaran obtener, y de modo que jamás pudiera hacerles sospechar. Era la Operación Carne Picada (Mincemeat).

Un correo diplomático volaría al norte de África con instrucciones escritas para los jefes aliados. Su avión se estrellaría, y él cuerpo junto a los documentos llegarían arrastrados por el mar a las costas españolas. A pesar de que el gobierno de Franco era aparentemente neutral, había suficientes agentes nazis en el país como para que cualquier documento aliado llegaría rápidamente a Berlín.



La Operación Mincemeat fue una operación de contraespionaje que hizo creer a las potencias del Eje que los Aliados intentarían desembarcar en Grecia o Cerdeña, lo que los obligó a reforzar estas posiciones y, reducir sus efectivos en Sicilia.

Obtener los documentos falsos era fácil. El general sir Archibald Nye, vicejefe del estado mayor general, escribió al general Alexander, comandante del 8º Ejército, revelando los planes para asaltar el cabo Araxos, en Grecia. Luego, el almirante, lord Louis Mountbatten, escribió al general Eisenhower, comandante supremo del norte de África, y a sir Andrew Cunningham, almirante de la flota, haciendo bromas acerca de las sardinas, para hacer pensar a los nazis en Cerdeña; en su carta, Mountbatten también presentaba al correo diplomático como un miembro de confianza de su estado mayor.



El verdadero problema era encontrar un correo diplomático muerto y hacerlo parecer creíble para los alemanes. Se decidió que el hombre debería tener unos treinta años y debería parecer que realmente había sido víctima de un accidente aéreo en el mar.

Para ello se localizó el cadáver de un hombre que había muerto de neumonía por exposición al frío. Rápidamente se emprendió la tarea de crear una nueva identidad para su hombre. Lo convirtieron en un marino y lo llamaron William Martin. Lo inscribieron como un comandante nacido en Cardiff en 1907 y le asignaron la cartilla de identidad nº 148228.



En la cartera tenía un billete de 5 libras y tres billetes de 1 libra. En los bolsillos del pantalón habían 5 chelines y 10 peniques de calderilla; un paquete de cigarrillos, una caja de cerillas, un lápiz, dos billetes de autobús usados y un manojo de llaves; un recibo de la cuenta por una noche en el club naval y militar en Piccadilly, y dos entradas de teatro. Una muchacha del ministerio de marina le escribió, dos cartas como si fuera su novia, junto con una instantánea de la chica y una cuenta de un anillo de compromiso por 53 libras. También, había una carta de su padre. El toque final era una carta del Banco Lloyds, en el que se le indicaba que tenía un saldo negativo de 79 libras, y una nota de una firma de abogados acusando recibo de sus instrucciones.

Al cuerpo del desconocido se le puso el uniforme y un chaleco salvavidas. Sus efectos personales fueron empacados y los documentos oficiales, dentro de una cartera, atados a una de sus muñecas. Finalmente desde Greenock,  partió el submarino Seraph hacia Malta.



El único que conocía el secreto era el capitán del submarino. Cuando subió a bordo el enorme bulto simulado como instrumentos ópticos, a la tripulación se le dijo que contenía una boya de control meteorológico que debía colocarse en el mar, en las costas de España, sin que los españoles se enteraran.

El Seraph emergió el 30 de abril, a las 4.30 de la mañana. Sacaron al mayor Martin y lo deslizaron suavemente hacia el agua, a una milla de distancia de la ría de Huelva. Junto al cuerpo lanzaron una lancha neumática y un remo para agregar evidencias de un accidente aéreo.



Un pescador informó del hallazgo esa misma mañana, y el cadáver fue entregado a la Armada Española. La noticias llegó rápidamente a la embajada británica en Madrid, junto a los efectos personales del mayor, pero sin la cartera, con sus documentos. El 13 de mayo devolvieron los documentos y el análisis posterior mostró que los sobres habían sido abiertos y que las cartas habían sido estudiadas por el alto mando alemán.

Las tropas del Eje distribuyeron sus fuerzas listas para sorprender a los invasores si se producía el desembarco. Cuando los aliados tomaron por asalto Sicilia se encontraron sólo con la oposición de una división italiana y dos alemanas, en buena parte gracias al hombre que nunca existió. El hombre que fue enterrado con todos los honores militares en Huelva, por la misma gente que le había ayudado, sin pretenderlo, a engañar a los nazis.






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