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Operación "Cicerón"

El nombre de Elyesa Bazna no dirá nada al lector porque el hombre que llevaba tal nombre ha pasado a la historia como el más perverso espía al servicio del Reich sólo con su seudónimo: Cicerón.
Al revés que casi todos sus colegas, "Cicerón" no era un espía profesional, no había seguido cursillos de adiestramiento especial ni había estudiado los trucos del oficio. Era, en suma, un autodidacta, un espía casual. Y su vocación al espionaje no había sido dictada por principios ideológicos, sino sólo por fines prácticos: el dinero. Probablemente, si en vez de ser ayuda de cámara del embajador británico en Ankara hubiese estado al servicio del embajador alemán, hubiera ido a vender su información a los ingleses. Pero "Cicerón" trabajaba para Sir Hughe Knatchbull-Hugessen, y el único comprador posible de su "mercancía" no podía ser más que el embajador alemán. Por tanto pasó al servicio de los alemanes con la misma indiferencia con que habría pasado, en situación inversa, al servicio de los aliados.
El aspirante a espía hizo su primera aparición en la embajada alemana de Ankara, cuyo titular era Von Papen, la noche del 26 de octubre de 1943. La guerra estaba tomando mal cariz para Alemania, y en la neutral capital turca los diplomáticos de las naciones beligerantes desarrollaban una lucha secreta sin excluir los golpes.



Elyesa Bazna




Aquella noche en la embajada alemana se encontraba sólo la señora Paula Jenke von Ribbentrop, mujer del primer secretario y hermana del ministro del Exterior alemán Von Ribbentrop. Le correspondió, pues, a ella el hablar con el extraño personaje. El hombre, que aparentaba unos cuarenta años, le dijo llamarse "Pierre" y ser portador de fabulosas propuestas para el gobierno alemán. Pedía hablar con alguien que pudiese tratar con él una importantísima transacción.

La señora Jenke escuchó al desconocido con aire perplejo. Sea en tiempo de paz o en tiempo de guerra las embajadas de todo el mundo son siempre meta de un gran número de maniáticos que ofrecen a la venta "importantísima" información. Paula von Ribbentrop pensó, pues, que también este misterioso "Pierre" era otro mitómano. Sin embargo, quedó impresionada por su seguridad y decidió ponerlo en contacto con el attache Moyzisch.
Fue una prudente decisión. Conversando con Moyzisch, "Pierre" reveló que era el ayuda de cámara del embajador británico y que era capaz de microfilmar todos los documentos secretos de la embajada a cambio de veinte mil libras. Las libras, precisó "Pierre", debían ser entregadas de una vez en el mismo momento de la entrega de los documentos y sin posibilidad de previo examen de éstos. "Tendrán que aceptar este riesgo' insistió el espía. "De lo contrario me volveré a otros clientes, no me importa si rusos o japoneses".
Algunas semanas después de aquel encuentro, el embajador alemán en Ankara, barón Franz von Papen, se presentó al ministro del Exterior turco Numan Menemencioglu, para formular una protesta formal en nombre de su gobierno. Papen dijo que a través de algunos ambientes neutrales, le había llegado un rumor alarmante. Por lo que había sabido, los angloamericanos proyectaban instalar en Turquía una estación de radar destinada a dirigir sus aviones en los ataques a los campos petrolíferos de Rumanía. Ya que todo esto correspondía perfectamente a la verdad, pero había sido rodeado de la máxima reserva en cuanto formaba parte de conversaciones secretísimas, Menemencioglu se quedó mudo y estupefacto, hasta el punto de que —al principio— no logró formular una respuesta. ¿Quién podía haber puesto a Papen al corriente de aquellos contactos entre turcos y aliados? El embajador alemán, impasible, prosiguió declarando que si los rumores en cuestión eran confirmados, había "serio peligro" de que el Tercer Reich reaccionase con duras represalias, como por ejemplo, "un bombardeo de Estambul". Después Papen, fríamente, se despidió. La misma noche la embajada de Su Majestad británica estaba al corriente de lo que los alemanes, misteriosamente, "sabían". A la mañana siguiente el Foreign Office, muy alarmado, telegrafiaba en clave a su representante diplomático en Ankara, Sir Hughe Knatchbull-Hugessen, lamentando que "Papen sepa más de lo que debería saber", pero dos días después también la copia de este telegrama estaba sobre la mesa del embajador alemán.
Se inició así, entrado el otoño de 1943, una de las más famosas aventuras de espionaje de la segunda guerra mundial. Pero vamos a conocer mejor al protagonista de esta historia.
Elyesa Bazna era un kavass o ayuda de cámara, hijo de un maestro de la religión islámica. Había nacido el 28 de julio de 1904 en Pristina, Yugoeslavia, una ciudad a 360 kilómetros al sur de Belgrado y que, a comienzos de siglo, pertenecía todavía al Imperio Otomano. En torno a 1915 su familia, expulsada con motivo de la persecución religiosa, se había trasladado a Constantinopla donde el padre de Elyesa, Hafiz Yasar, reducido a hacer de ojeador de caza en las reservas de Anatolia superior, fue muerto accidentalmente por el disparo de un cazador inglés. En 1943, viudo y padre de cuatro hijos, Elyesa Bazna, de cuarenta y siete años, era un hombre seco, robusto, de estatura media, con frente despejada sobre dos ojos oscurísimos y penetran¬tes, y espeso cabello negro peinado hacia atrás.
Como gran parte de los balcánicos, el kavass hablaba varias lenguas: turco croata, yugoeslavo, griego, francés un poco de alemán. Su profesión de ayuda de cámara en las casas elegan-tes de la colonia europea le había llevado a conocer, bastante bien, también el inglés, pero luego aparentará ignorarlo ante los agentes alemanes. Hasta entonces Bazna, el futuro "Cicerón", había llevada una vida bastante modesta, prestando primero sus servicios a un rico hombre de negocios alemán, Albert Jenke, y luego en la embajada yugoeslava y en la estadounidense. Así que al comienzo de 1943, sin trabajo, preocupado por los cuatro hijos a su cargo, Elyesa Bazna leyó casualmente en un periódico, que hojeaba distraídamente en el vestíbulo de un hotel, un anuncio por palabras con el que la embajada de Gran Bretaña en Ankara buscaba un chófer-mayordomo. El ayuda de cámara decidió presentarse. El palacio de la embajada inglesa está en la periferia de la ciudad, en la colina de la Concaya, en medio de un gran jardín tapiado.
Bazna es recibido por Douglas Busk (primer secretario del embajador Sir Hughe Knatchbull-Hugessen) y le pre¬senta sus referencias. Pero prudente¬mente calla haber prestado servicio en casa del industrial Jenke porque éste, casado con una hermana de Ribben¬trop, al estallar la guerra ha entrado en la diplomacia y ha sido asignado precisamente a la embajada de Alemania en Ankara. Después de un breve diálogo, Elyesa Bazna es contratado.
Nadie logró jamás precisar en qué momento y por qué este ayuda de cámara había decidido hacerse informador de los alemanes. La idea —como él mismo dirá más tarde— le había venido de pronto el mismo día de su entrada al servicio de Sir Hughe Knatchbull-Hugessen. Al llegar a la embajada inglesa había visto en el jardín el Chevrolet del secretario Busk, notando que en el asiento de atrás del auto había sido abandonada negligentemente una gran cartera abierta y llena de documentos.

La primera aparición dramática de "Cicerón" en la embajada alemana se remonta, pues, al 26 de octubre. Paula von Ribbentrop puso en seguida a "Pierre" en contacto con Moyzisch y éste no dejó escapar la ocasión. Quizá Moyzisch fue conquistado por el mismo cinismo de "Pierre" y por su sinceridad al declarar que lo que le interesaba era sólo el dinero, sin importarle de qué parte procediese. Por otra parte, los servicios secretos prefieren siempre los "espías por lucro" a los "espias ideológicos", porque estos últimos, actuando por pasión política, no saben casi nunca realizar su trabajo con la necesaria frialdad. Moyzisch trató, pues, de ganar tiempo. Dijo a "Pierre" que presentaría el caso a sus superiores y le fijó una cita telefónica para el 30 de octubre.
Al día siguiente, el agregado refirió a Von Papen los términos de la desconcertante conversación. El embajador, aunque manifestando sospechas de que se tratase de una maniobra del Intelligence Service, decidió no obstante presentar el caso a Berlín, pidiendo las necesarias instrucciones.



Sir Hughe Knatchbull-Hugessen




Comienza así la "Operación Cicerón". A la mañana siguiente, un telegrama cifrado sale de Ankara hacia el Ministerio de Asuntos Exteriores del Reich. Marcado "estrictamente confidencial", dice: "Un empleado de la embajada británica, que pretende ser el ayuda de cámara del embajador, se ha ofrecido a procurarnos fotografías de documentos originales secretísimos. Para la primera entrega, el 30 de octubre, se piden 20.000 libras en billetes de banco; después 15.000 libras por cada rollo subsiguiente de película. Digan si la propuesta puede ser aceptada. En caso afirmativo, la suma pedida deberá ser enviada por correo especial para que llegue aquí el 30 de octubre. El ayuda de cámara que se menciona estuvo hace algunos años al servicio de nuestro primer secretario. Aquí no podemos tener más referencias. Papen".
El 29 de octubre, fiesta nacional de Turquía, llega a Von Papen la respuesta de Berlín con un cable "personal y secretísimo": "Aceptad la oferta del ayuda de cámara inglés tomando todas las precauciones del caso. El correo especial estará en Ankara el día 30, antes del mediodía. Estamos a la espera de un informe inmediato tras la entrega de los documentos. Ribbentrop '
Puntualmente, el día siguiente a las 15 horas suena el teléfono en la oficina de Moyzisch. Es la voz inconfundible de Elyesa Bazna: 'Aquí Pierre. ¿Han recibido mis cartas?". Emocionado, el diplomático apenas consigue responderle que sí. "Bien —prosigue Pierre—. Iré a verle esta noche a las 10, en su jardín, junto con el envío. Au revoir'
A la hora establecida, en la noche oscura y ya fría de Ankara, Bazna se presenta a la cita. Moyzisch lo conduce a los locales de la embajada, en el Bulevar Ataturk, y lo hace entrar en su propio despacho. Después, de la caja fuerte saca el paquete del dinero y empieza a contar, bajo los ojos ávidos del ayuda de cámara, las veinte mil libras, muchas de las cuales son en realidad falsas ( fruto de la "Operación Bernhard" ), pero ni siquiera el agente alemán está al corriente y Cicerón no sospecha nada. Finalmente, Bazna alza la mano derecha y abre el puño: en la palma hay un carrete de película de 35 mm. "Esto es suyo —dice—. Deme el dinero".
Pero Moyzisch no se fía. "Un momento —contesta—. Usted ha visto el dinero. Ahora quiero controlar su mercancía ". Y después de haber encerrado a "Cicerón" con llave en su oficina, baja al sótano con la película y la revela en el estudio fotográfico de la embajada. Le basta un vistazo al primero de los cincuenta y dos documentos contenidos en el carrete para comprender que las 20.000 libras son un buen negocio. Sobre una de las hojas hay un sello que dice: "Most secret. From Foreign Office to British Embassy". Es una lista completa del material proporcionado por los Estados Unidos a la Unión Soviética a título de préstamo en los años 1942 y 1943, y un informe provisional del Foreign Office sobre los resultados del encuentro entre los ministros del Exterior Cordell HulI, Eden y Molotov celebrado en Moscú en aquel mismo mes de octubre.
Turbado por la emoción, Moyzisch vuelve a su despacho. "Cuando entré —escribirá en sus memorias—, el hombre estaba todavía sentado en la postura exacta en que lo había dejado. Sólo el cenicero lleno probaba que el tiempo transcurrido había sido bastante largo. No me parecía ni impaciente ni irritado. Me dijo simplemente: '-Y,bien?'. En vez de responderle, abrí la caja fuerte, tomé el fajo del dinero y se lo entregué... Mi visitante ocultó el fajo bajo su abrigo, que nunca se habia quitado, se metió el sombrero hasta los ojos y se subió el cuello... 'Au revoir, monsieur', me dijo".
La mañana del 31 de octubre, Von Papen pudo examinar los cincuenta y dos documentos revelados y ampliados, antes de transmitirlos al Ministerio del Exterior en Berlín. También él, al hojearlos, quedó profundamente impresionado y sorprendido.
Las fotos contenían noticias reservadas de incalculable valor político y militar. Hay mensajes reservados del ministro del Exterior británico, Eden, a su embajador en Turquía; un informe sobre la situación política turca; la lista de los agentes secretos británicos que operan en el país; una comunicación sobre la actividad de los agentes secretos aliados en la Francia ocupada, y hasta un informe secreto de la Conferencia de Casablanca entre Churchill y Roosevelt con los acuerdos relativos a la preparación de un desembarco en el continente europeo.
Desde Berlín, donde los documentos han suscitado gran interés, llegan pronto disposiciones a Von Papen para que intensifique la colaboración de "Cicerón" sin pararse en gastos.
Los encuentros entre "Ciceron" y Moyzisch ocurren siempre de noche, en el jardín de la embajada alemana o a bordo del auto del agregado alemán, y son brevísimos. Bazna es muy parco de palabras y de explicaciones, y extremadamente reservado cuando se trata de su vida privada. "Le doy estas noticias. ¿No le bastan?", dice con frecuencia a Moyzisch en respuesta a sus preguntas. Pero Ribbentrop y Kaltenbrunner, divididos por la rivalidad y el rencor, insisten para obtener mayor información aunque su ingenuidad llega al punto de enviar a Moyzisch toda una caja de libros de espionaje para que "se instruya", y una nota con el importe del dinero que está entregando a "Cicerón" y que, según ellos, Bazna debe firmar con nombre y apellido a título de recibo.
"Cicerón", en realidad, tiene un cómplice. O sea, una cómplice. Se trata de una guapa muchacha morena de nacionalidad turca que se llama Esra Düriye, tiene 23 años y está empleada como cocinera en la embajada inglesa. Ella y "Cicerón" se han enamorado y luego se casarán. Así que la muchacha, por amor, ha accedido a ayudarlo. En la embajada británica de Ankara, los alojamientos para el personal y las cocinas están en los subterráneos, y Bazna ha montado en su propia habitación sus dos cámaras fotográficas. Todas las noches, después de la cena, el embajador Knatchbull-Hugessen se retira a su habitación del primer piso llevándose una gruesa cartera llena de documentos tomados de la caja fuerte. Después de una hora de trabajo y de beber una tila, el diplomático se ador- mece. Entonces actúa "Cicerón". Sube en la oscuridad a la habitación del embajador, toma las hojas de la cartera, corre al subterráneo y comienza a fotografiarlas rápidamente. Con una mano las pone bajo la lámpara y con la otra oprime el interruptor de la máquina fotográfica. Situada en la puerta, Esra Düriye hace de "vigía", dispuesta a dar la alarma. Sucede a veces que la cartera del embajador no contiene nada de interesante. Entonces "Cicerón", con el pretexto de planchar la ropa del embajador, se la lleva al subterráneo y se apodera de las llaves de la caja fuerte. Otras veces, aprovechando que se encuentra en el despacho de Knatchbull-Hugessen, Bazna no vacila en fotografiar los documentos sobre el terreno, sin sacarlos de la oficina.



Franz von Papen




De este modo, por ejemplo, "Cicerón" —en las primeras dos semanas de diciembre de 1943— se apodera del que puede definirse como el documento más extraordinario de los que pasaron por sus manos. Se trata de una larga relación enviada el 26 de noviembre por Winston Churchill, que lleva arriba el sello azul de "Most secret” "secretísimo", y se titula: "Nombramiento de un comandante supremo de todas las operaciones contra Alemania". Más abajo está escrito: "Nota del Primer Ministro y Ministro de la Defensa'
En el párrafo número cuatro se dice entre otras cosas: "... Con base en este principio sería natural que el mando del sector mediterráneo sea confiado a un inglés y el del sector Overlord a un americano". En el párrafo número cinco se vuelve a repetir la misteriosa palabra "Overlord" "...Si no obstante, al no tener en cuenta la preponderancia de fuerzas en campaña, el mando supremo fuese confiado a un militar americano y éste se pronunciase por una concentración de los esfuerzos en la Operación Overlord...
¿Qué puede ser una operación militar por parte aliada que, por sus proporciones, es incluso superior al teatro mediterráneo, sino un desembarco en el continente?
Apenas recibido este precioso documento, tanto Ribbentrop como Kaltenbrunner quieren saber más: "¿Qué es Overlord? ¿Dónde tendrá lugar Overlord?". Y "Cicerón" les responde puntualmente al poco tiempo con otro excepcional documento que a su vez revela cómo Turquía, en respuesta a las decisiones tomadas en el convenio de Moscú por los ministros del Exterior aliados, está dispuesta a romper el pacto de amistad con Alemania y a alinearse al lado de los angloamericanos.
Es el telegrama n.° 875 enviado por sir Knatchbull-Hugessen el 20 de noviembre de 1943 al Foreign Office. "Menemencioglu me asegura que su gobierno estará dispuesto a participar (en el conflicto) apenas resulte evidente que los desembarcos en el oeste han triunfado; esto significa una quincena de días después de la invasión. Si no fuese posible llegar antes a un acuerdo, tal vez valdría la pena acceder a esta sugerencia. Esto nos permitiría por lo menos prolongar el estado de incertidumbre del enemigo. El ministro del Exterior se expresó de modo muy decidido y dijo que estaba dispuesto a discutir la cuestión con el primer ministro a fin de obtener su aprobación”.
En aquellos días, "Cicerón" logró transmitir los documentos más interesantes: un informe sobre el encuentro Roosevelt-Churchill-Chang Kai-chek (El Cairo, noviembre de 1943), concluido con la promesa americana de devolver Manchuria a China tras la derrota del Japón; otro informe sobre la conferencia del 2 de diciembre en Teherán entre Roosevelt, Churchill y Stalin, del que resulta que la invasión de Europa tendrá lugar al oeste, quizá en Francia, y no en los Balcanes, como siempre habría pedido el "premier" británico; y diez informes de reuniones de expertos aliados que revelan la actitud real de Turquía. Esta, aun proclamando su absoluta neutralidad, está concentrando varias divisiones en Tracia y recibe de los angloamericanos enormes cantidades de material bélico. Sin embargo, aun frente a estas noticias excepcionales, los jefes del Tercer Reich siguen bastante escépticos. Sospechan que "Cicerón" es un agente inglés y que los documentos que transmite son falsos para engañarlos.
Von Ribbentrop, que en un primer momento había elogiado el material proporcionado por el espía, se hizo luego su detractor por odio a Kaltenbrunner, jefe de los servicios secretos, el cual había logrado hacerse confiar el control de las noticias enviadas por "Cicerón". Pero también Kaltenbrunner, que a su vez odiaba a Von Papen, llegaba a minimizar la importancia de las informaciones para no dar lustre a la brillante operación realizada por su rival. Hasta el bombardeo de Sofia, sucedido el 15 de enero de 1944 y que provocó cuatro mil víctimas entre la población civil, no se hizo evidente la efectiva importancia de las informaciones proporcionadas por el espía, ni se confirmó su plena credibilidad. El ataque aéreo a la capital búlgara, el primero de una serie de represalias decididas por los aliados, había sido anunciado en uno de los telegramas cambiados entre Londres y Ankara, y "Cicerón" lo había fotografiado ya dos semanas antes, entregándolo en seguida a Moyzisch.
Después, con los primeros meses de 1944, la intensa actividad de Elyesa Bazna frenó de golpe, y finalmente cesó. Moyzisch pronto se dio cuenta de que se avecinaba esta crisis. "Cicerón", desde hacía cierto tiempo, daba signos de incertidumbre. Un día le entregó un carrete completamente en blanco y pretendió que le fuese igualmente pagado. "Temía ser descubierto -dijo- y he velado la pelicula". Otra vez Bazna trató de venderle por 10.000 libras la lista de los gastos mensuales de la embajada inglesa.
Es evidente que ya está cambiando algo y que en el campo aliado han surgido sospechas. ¿Qué ha sucedido? "Cicerón", en todo este tiempo, no se ha comportado con gran prudencia. Ha vendido a los alemanes unos 400 documentos y ha recibido 400.000 libras. Hasta 1945 no se descubrirá que el dinero es falso, cuando se haya servido ya de él para algunas inversiones, incluida la construcción de un hotel de 150 habitaciones. "Cicerón" se ha dedicado también a la buena vida, gastando tanto dinero como para infundir sospechas considerada su humilde profesión. Pero en realidad no ha sido el comportamiento del espía lo que ha dado la alarma, sino la decidida intervención de Von Papen cerca del ministro del Exterior turco.
Papen se justificará escribiendo en sus memorias que, dado que poseía buena información, debía utilizarla. Otros le acusarán de haber "quemado" al más grande espía alemán de la guerra por "la vanidad de una iniciativa diplomática personal que, además, no impidió a Turquía entrar en guerra contra Alemania ". Examinando el material histórico que hoy se posee y confrontando los testimonios, puede creerse que el contraespionaje aliado se había alarmado después de la protesta de Von Papen, que "sabía lo que no debía saber". El primer síntoma fue a mitad de diciembre la aparición en Ankara de una extraña muchacha, Elisabeth Kapp.
La joven, mediante recomendaciones, logra hacerse contratar como segunda secretaria de Moyzisch, y empieza a interesarse por el verdadero nombre de "Cicerón". Casi al mismo tiempo la policía política turca, ciertamente alarmada por el ministro Menemencioglu, sorprende un encuentro nocturno entre Bazna y Moyzisch. Es evidente que los turcos han podido localizar, si no al espía, sí al "canal" por el cual las noticias reservadas llegan a Von Papen.
Finalmente, en las primeras semanas de enero de 1944 llegan a Ankara, en un avión especial de Londres, cinco expertos de contraespionaje que controlan de arriba abajo todo el palacio del residente inglés y colocan en las diversas cajas fuertes mecanismos de alarma y sistemas antirrobo. Luego, inesperadamente, el hundimiento. El 6 de abril de 1944. Elisabeth Kapp desaparece misteriosamente y nadie logra encontrarla. Moyzisch, considerado responsable de la fuga, es acusado por el RSHA: la oficina de Kaltenbrunner le ordena volver inmediatamente a Alemania para una investigación. Desesperado, el diplomático busca una vez más a "Cicerón". "Una secretaria nuestra se ha pasado a los ingleses —le dice—. Quizá conoce su nombre...
Bazna escucha en silencio. Piensa un rato y se levanta. "Ahora debo irme", murmura.
"Por primera vez —escribirá en sus memorias Moyzisch—, alargué la mano a 'Cicerón' y él la estrechó con fuerza. Luego salió rápidamente de casa y desapareció en la oscuridad. Jamás volví a verle".
Pero Elisabeth Kapp no había logrado descubrir la identidad de "Cicerón". Bazna siguió tranquilamente al servicio de Knatchbull-Hugessen hasta mayo, y luego se despidió para disfrutar de sus 400.000 libras. Las pruebas que podían acusarlo —las películas entregadas durante cuatro meses y medio y conservadas en la caja fuerte de Von Papen— serán quemadas en agosto por Moyzisch. "Cicerón" logró así salvarse con todo el dinero. Pero no tuvo medio de disfrutar el beneficio de su actividad de espía. Poco después del final de la guerra descubrió que casi todas las libras en su poder eran falsas. Inmediatamente, "Cicerón", ya pobre, llegó a Munich y, con ayuda de un conocido abogado, demandó al gobierno federal. Pretendía ser resarcido por los daños causados por la "estafa urdida contra él por los servicios secretos del Tercer Reich". Su muerte, acaecida en 1972, extinguió la curiosa causa proces
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