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OVNI - Caso Douglas

En 1963 ocurre el notable episodio, de gran complejidad (donde se asocian efectos EM, daños fisiológicos y entidades humanoides), que tuvo por protagonista al camionero Eugenio Douglas.

El 11 de octubre de 1963, a las 20:15 mientras conducía su camión, con destino a Venado Tuerto bajo una lluvia intermitente, divisa sobre el camino, a cierta distancia, una luz roja que supone se trate de un automóvil. De repente, de esa luz parte un fortísimo destello, también rojo, que le produce una fuerte y breve conmoción psicofísica; pierde por espacio de segundos la conciencia. Durante ese lapso, al no tener dominio sobre el camión éste se tumba en la banquina. Douglas recobra enseguida la conciencia, sin haber sufrido aparentemente ningún golpe. Intenta poner en marcha el motor, pero sin éxito. También comprueba que no hay electricidad (ni encendido ni luces). El conductor sale de su cabina para determinar los daños, comprobando el hundimiento del guardabarros delantero derecho y la avería del eje de esa rueda.

En esas circunstancias, el conductor observa una luz que avanza por el costado de la vía férrea que corre paralela al camino. Ya más cerca, a unos 60 m, distingue un “vehículo” del tamaño de un automóvil grande, con dos luces en su parte delantera, color blanco azuladas, intensas. El “vehículo” se detiene y Douglas puede distinguir su forma saliente hacia delante, con 2 o 3 ventanitas iluminadas; arriba en forma de domo y su longitud de aproximadamente 5 m. De él se abre una puerta frontal y descienden, vistas contra el fondo luminoso, dos entidades humanoides que siguen la dirección que traía el “vehículo”, caminando con rapidez y moviendo ágilmente sus brazos, Vestían “camperas cortas” del tipo policial y el testigo cree notar que calzan botas. Se apaga la luz y ya no puede ver nada más.

Minutos después, el testigo percibe al otra lado de la vía, en el mismo lugar donde había observado la escena anterior, una pequeña luz color blanco-violácea, que se desplazara a poco más de un metro de altura. Cruza la vía en dirección a Douglas, iluminando el terreno y llega muy próximo a él. Se escucha un leve sonido, como un crepitar. De la pequeña luz se irradian como rayos que el testigo siente como pinchazos ardientes en el lado izquierdo del rostro; y luego varios más en cara, manos y parte del cuerpo (incluso a través de las ropas). Asustado, trata de ocultarse detrás del camión, saca un revolver que llevaba en su cintura y hace un disparo contra la luz. Esta produce un chisporroteo y se aleja con un sonido chirriante. A cierta distancia enciende una luz grande y aparece un “vehículo” redondo; vuelve a dispararle y observa que este objeto, ahora con dos luces grandes, se eleva y pierde de vista rápidamente.

Aprovechando la desaparición del fenómeno luminoso, el camionero comienza a huir a campo traviesa, en medio de la oscuridad y con dificultades en su visión., tratando de guiarse por el terraplén de la vía. De repente, se da cuenta de la presencia cercana a él, de 3 o 4 seres de apariencia humana.

Al parecer estas entidades lo siguen, y esporádicamente siente el ardor facial que le produce una fuerte luz roja, debiéndose protegerse con la manta que llevaba. Douglas describe que las entidades humanoides son brillosos o reflectantes, pero no irradiantes o luminosas; tienen en la cabeza una especie de casco triangular como formado por hilos, que él asocia a una antena, y que parece cubrirle parte de la cara. Su talla es de 1,70-1,80 m; de la cintura para abajo nota una vestimenta algo suelta, como un pantalón abombachado y algo que parecen botas o polainas. En las varias veces que les dirige la palabra, no le contestan.

Luego de apagarse la luz roja irritante, oye un ruido como de locomotora diesel-eléctrica y se enciende una gran luminosidad blanca. Ve un gran objeto alargado, vertical, de forma ovoidal, con los extremos truncos –como una bordelesa- Debajo tiene unas especies de patas (3 o 5) y el color general es marrón; sus medidas aproximadas: 8-10 m de diámetro y 10-12 m de alto. Distingue también lo que parecían ser ventanillas, de 0,60-0,80 m, separadas cada metro. Enseguida el objeto se eleva velozmente y se aleja del lugar. Finalmente, fatigado, presa de gran excitación, Douglas puede llegar al pueblo de Monte Maíz: Serían en ese momento las 4 de la mañana, del 12 de octubre. Su vista aún está algo nublada y siente ardor en la cara y las manos. Acude a la estación de policía local, donde al día siguiente, le toman declaración y luego es revisado por el médico Dr. Dávalos, quien comprueba la presencia en la piel de lesiones producidas por elementos no determinados y daños temporarios en los ojos.

Desde el comienzo del incidente hasta el arribo de Douglas a Monte Maíz, habrían transcurrido casi 6 horas.

(Fuente: Díaz, Ángel. Informe sobre Caso: Monte Maíz, 11-12, octubre, 1963, 12 págs.)
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