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¿Podemos mezclar alcohol y antibióticos?




Se trata de una inquietud que perdura en el tiempo. Desde hace décadas, las madres repiten sin cesar que los antibióticos y el alcohol no deben mezclarse. Según la creencia popular, estos productos son incompatibles entre sí y su combinación puede ser muy peligrosa, o en el menor de los casos, anular por completo el efecto del tratamiento. ¿Te has preguntado qué hay de cierto en estas afirmaciones? ¿Será que realmente las bebidas alcohólicas anulan a los antibióticos?

A pesar de lo arraigadas que están estas creencias, la ciencia nos enseña que hay poca verdad en ellas. Lo cierto es que el alcohol aumenta el metabolismo hepático de estos fármacos y disminuye su concentración en sangre, por lo que su presencia en el lugar donde debe de hacer efecto es menor y también lo es su eficacia, pero no lo anula por completo. Sin embargo, la combinación con determinadas drogas podría hacerte pasar un muy mal rato... como veremos a continuación.


Qué pasa si combinamos alcohol con antibióticos






Una vez que ingerimos este tipo de fármacos, la droga puede seguir distintos caminos en nuestro organismo. Pueden ser metabolizados por el hígado o bien, pueden eliminarse a través de la orina y las heces. Según la ruta de excreción que sigan, permanecerán activos más o menos tiempo, lo cual determinará la frecuencia con que debe administrarse cada dosis.

Como ya mencionamos anteriormente, el alcohol no elimina el efecto de estas píldoras, aunque sí puede retrasar o acelerar su absorción y eliminación. Si bebes mucho, el antibiótico funciona más lentamente.

Esta reducción de efecto se puede dar en cierto tipo de antibióticos, llamados macrólidos y quinolonas, los cuales se usan para tratar infecciones de garganta, urinarias o respiratorias.


Mamá tenía razón: algunas mezclas sí pueden ser peligrosas






Aunque en algunos casos la combinación de alcohol y antibióticos pareciera no tener ningún efecto en nuestro cuerpo, existen excepciones que se aplican a algunas drogas que tratan males muy comunes.

Por ejemplo, si se mezcla alcohol con algunas cefalosporinas, antibióticos de amplio espectro utilizadas en el tratamiento de la septicemia, neumonía, meningitis, infecciones de la vía biliar, peritonitis e infecciones urinarias, aparecen una serie de síntomas, que se conocen como efecto antabús o efecto tipo disulfiram.

El etanol contenido en cualquier bebida alcohólica es degradado por el hígado para ser posteriormente eliminado, ya sea por los riñones en forma de agua o por los pulmones en forma de dióxido de carbono. En el interior de las células hepáticas, el etanol sufre una serie de cambios y se transforma en sustancias más sencillas.






Existen sustancias que al ser ingeridas consiguen alterar este proceso, lo cual impide que el etanol se degrade correctamente, formándose un producto derivado llamado acetaldehído, que no puede seguir degradándose y se acumula en el organismo.

El acetaldehído es un tóxico que provoca malestar general, mareos y vértigos, rubor facial, ojos rojos, palpitaciones, bajada de tensión, náuseas y vómitos. También pueden aparecer sudoración, visión borrosa y disminución del nivel de conciencia. Los medicamentos que provocan estos efectos son, principalmente, antibióticos, antimicóticos y antidiabéticos.
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