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Política, carisma y religión



Carismática, pobre, severa, humilde, negra. Evangélica. Portadora de una mayúscula legitimidad. Encanta a las audiencias con su discurso suave. Su figura política y humana está atravesada por los milenarios secretos amazónicos. Por donde pasa, despierta simpatías. Compite con Lula por devastadores orígenes, plagados de malarias, hepatitis, una infancia de trabajo recolectando caucho y hambre. Su leyenda se agiganta porque carga con el orgullo de haber sido una de las fundadoras del Partido de los Trabajadores(PT) en el Acre, alejada región del Amazonas que es frontera con el Perú y Bolivia, y desde allí haber fundado en la región, junto al emblemático Chico Mendes, la Central Única de Trabajadores (CUT). La lucha por la defensa de la Amazonia y de los campesinos - “siringueros” (recolectores de caucho natural) contra el poder de los ruralistas emprendida por la CUT provocó el asesinato de Mendes en 1988. Su frágil salud, fruto de varias malarias, tres hepatitis y una contaminación por mercurio pesado limitan su alimentación y agigantan su pequeña figura física. Marina Silva es un resumen vivo del Brasil profundo, silencioso, que indaga por la fuerza de la vida ante la adversidad. La imagen simbólica de Marina Silva es superior a ella como candidata.

Se unió al PT en 1985 y transitó una rápida carrera política. Fue electa concejal, diputada provincial y senadora. Se graduó en Historia y es madre de cuatro hijos. En 2003, Lula la nombró ministra de Medio Ambiente. En 2008, en vísperas de que el gobierno votara un nuevo programa denominado Plan Amazonia Sustentable (PAS), presentó su renuncia al cargo. El PAS reunía diversas iniciativas, acciones y proyectos destinados a promover el desarrollo económico de la región amazónica, ampliar la infraestructura y proteger el medio ambiente. En juego estaba una definición estratégica de cómo el gobierno del PT iría a actuar en el futuro frente a la dicotomía Desarrollo Económico vs. Protección del Medio Ambiente. El PAS colocaba sobre la mesa una árida discusión nunca acabada y siempre renovada, que envuelve temas tan sensibles como la desforestación de la Amazonia, obras hidroeléctricas y centrales térmicas, los impactos ambientales del progreso económico a partir de la construcción de grandes carreteras en la región, la aprobación de la siembra con productos transgénicos y un nuevo Código Forestal (propuesta que propició en el Congreso brasileño debates bastantes similares a los que sucedieron en la Argentina cuando se votaron la ley de los glaciares y los limites a la minería a cielo abierto en la región cordillerana). Marina, fiel a sus orígenes, no concordó con el rumbo de los proyectos y renunció al cargo de ministra y al PT, y partió para la organización del Partido Verde. Su compromiso, por lo menos en lo discursivo, es con sus orígenes y con los dilemas del desarrollo económico en la región, con énfasis en la protección ambiental y el desarrollo sustentable.

Sacude la elección de 2010, cuando desde el Partido Verde obtiene casi 20 millones de votos y obliga a una segunda vuelta entre Dilma Rousseff y el candidato del PSDB, José Serra.

Uno de sus principales apoyos humanos y políticos proviene de uno de los fundadores de la Teología de la Liberación, el ex padre franciscano Leonardo Boff, que sostiene que “Marina encarna la nueva política”. Boff cita una frase de Max Horkheimer para explicar cómo entiende el compromiso político y militante de Marina: “Una política sin teología es puro negocio, teología significa aquí la conciencia de que el mundo no es la verdad absoluta, que no es el fin; teología es la esperanza de que todo no acabe en la injusticia que tanto marca el mundo, que la injusticia no tenga la última palabra”. Para Boff, la reciente experiencia capitalista hace imposible continuar con el tipo de crecimiento económico retrógrado que se propone la acumulación a costa de devastar la naturaleza y de profundizar las desigualdades sociales. Sostiene que hay que estigmatizar esa modernización conservadora y socialmente generadora de tantas víctimas en el campo y las ciudades.

Entretanto, en un plano más terrenal, la fórmula política y económica de Marina reúne las fuerzas más conservadoras del capitalismo brasileño. Vice en la chapa política de Eduardo Campos, candidato por el Partido Socialista Brasileño (PSB), terminó afiliándose a este partido por los atrasos burocráticos y trabas legales que provocaron que su nuevo partido político, “La Red de Sustentabilidad”, no obtuviera a tiempo el registro en la Justicia Electoral brasileña. Ese concepto de red, de network, es una propuesta que estaría más asociada a la modernidad emprendedora capitalista que a la práctica política emancipadora y transformadora. Para muchos asombra el tratamiento de partido político como “red”, lo que lleva a dudar sobre sus objetivos y limitaciones. El trágico accidente aéreo que le costó la vida al candidato Eduardo Campos puso nuevamente a Marina ante un destino ines­perado. La suma de decepcionados con la política tradicional del bipartidismo brasileño y la antigua clase media bastante castigada por el modelo económico implementado por el gobierno Dilma, que priorizó el asenso social de las clases más sufridas de la pirámide social, constituyen su base electoral. Para entender el rápido crecimiento de Marina en los últimos sondeos electorales que le dieron un 29% en la preferencia de voto para las elecciones presidenciales del 5 de octubre próximo, se sumaron a los desencantados económicos y políticos los sectores juveniles que afloraron a la escena pública en las extensas movilizaciones populares anti Copa en 2013. El PSB es un hibrido político que reúne candidatos emigrantes de la derecha y de la izquierda, que buscan más que nada una oportunidad electoral a una representación con consistencia ideológica y programática. El partido expresa un discurso moderno, pero con una praxis política más en sintonía con las recientes experiencias socialistas erráticas europeas de Zapatero y Hollande, donde el mercado siempre es el que tiene la primera y la última palabra. Maria Alice Setúbal, nieta del fundador del Banco Itaú, segundo banco privado de Brasil, y una de sus principales herederas y Guillermo Leal, su vice en 2010 y dueño de Natura, la multinacional de productos de belleza identificada con el cuidado al medio ambiente, especialmente en la Amazonia, que es donde está radicada su principal base de obtención de materias primas, son los dos principales pesos pesados financiadores de la campaña. Los ejes económicos de su programa fueron definidos por Eduardo Giannetti da Fonseca, miembro del consejo de economistas de la poderosa Fiesp (Federación de las Industrias del Estado de San Pablo), y por André Lara Resende, uno de los idealizadores del “Plano Real” del ex presidente Fernando Henrique Cardoso. Su programa económico propone un retorno a los archiconocidos ejes programáticos neoliberales, ya repetidos hasta el cansancio, superávits públicos gemelos (fiscal y comercial), menores metas de inflación (de 6,5 % a 4,5% anual) y cambio fluctuante, acompañados de una ley que promoverá la autonomía del Banco Central. Recordemos que los sectores bancario y financiero son los principales beneficiarios de las políticas implementadas por la autoridad monetaria. Para las visiones más ortodoxas de la economía, la inflación y el dólar se controlan utilizando una alta tasa de interés que retire dinero de circulación y reduzca el consumo. Sin dudas, el Banco Itaú sería uno de los mayores favorecidos por la aplicación de esta futura política monetaria, ya que los bancos privados son los grandes detentores de la deuda pública brasileña.

Más allá de los símbolos que apuntan a Marina como la candidata que captura la insatisfacción con la vieja política, sus apoyos no representan un cambio. Para la candidata de izquierda del PSOL (Partido Socialismo y Libertad), Luciana Genro, “Marina se parece más a una segunda vía del PSDB, una opción que la derecha está buscando en caso de que no consiga avanzar con la candidatura de Aecio Neves. La derecha convivió muy bien con Lula y Dilma, pero el PT ya no controla el movimiento de masas, como se vio en junio de 2013. Y ésta era la principal actitud que la derecha le exigía al PT. Ahora ellos prefieren eliminar los intermediarios y gobernar con sus propias manos, no quieren más tercerizar el poder con grupos oriundos de la clase trabajadora que gobernaban de acuerdo a los intereses del capital, Marina puede ser útil para el sistema dando una nueva cara a lo viejo de siempre”, concluyó Genro.

Curiosamente, la prensa anti PT saluda con énfasis los nuevos sondeos electorales, aunque todavía no considera a Marina una candidata totalmente confiable. Para Carlos Pagni, de La Nación, “Marina encarna mejor que nadie la vocación de cambio de la sociedad brasileña. Un cambio de contornos poco definidos. Como ella”. Juan Arias de El País, en una línea bastante similar, sostiene “Marina es difícil de encuadrar, es un personaje tan complejo, enigmático, poliédrico y al mismo tiempo con fuerte magnetismo y rigor ético que la hacen simpática ante los más jóvenes y los desencantados con la política. El lema que gobierna su vida proviene de los Evangelios, que según dice le piden “ser sencilla como una paloma y astuta como una serpiente”. Será cierto que en política es más lo segundo que lo primero, se pregunta Arias. Para la columnista de Clarín, Eleonora Gosman, el momento actual, “es un fenómeno que merece cautela”.

Marina agrada pero no convence al establishment, que apostaba sus fichas al candidato Aecio Neves. Resta acompañar el devenir del proceso electoral, que tuvo su inicio televisivo la semana pasada. Marina navega entre la falta de consistencia de sus propuestas genéricas, los apoyos partidarios propios y las nuevas adhesiones que su candidatura suscita. El PT y el PSDB instalan la duda: ¿Marina debe ser tratada como un fenómeno avasallador, un ícono de la ecología o una trampa verde? Esta nueva situación tomó de sorpresa al PT y al candidato Aecio Neves, que fue el más perjudicado con la emigración de votos para el fenómeno Marina. Es de suponer que el presidente Lula pasará a tener un papel más activo en la campaña de Dilma y el partido tendrá que replantearse su mística movilizadora y demostrar a la sociedad brasileña que la chispa partidaria todavía arde en pro de las transformaciones sociales y económicas. Para Aecio y el PSDB la situación es aún más dramática. Se supone que cuentan con el apoyo de la prensa y tv hegemónicas para realizar un esfuerzo extra de denuncias con el objetivo de romper la reciente alianza y encanto entre Marina y sus seguidores.

La TV Globo busca endosar un escándalo a Marina por la compra del avión en el que murió Eduardo Campos

Este escenario de cambios tan abruptos en las preferencias electorales no tardó en despertar al mayor formador de opinión del país, la TV Globo. En un reportaje similar al realizado con los otros candidatos a la presidencia, durante el principal noticiero nocturno del país que cuenta con una audiencia de más de 90 millones de teleespectadores, el último 27 de agosto, Marina fue acusada de cómplice de “testaferros” por haber utilizado el avión que mató al candidato Eduardo Campos. La TV Globo concluyó antes del relatorio final de la Policía Federal que el avión fue comprado por un amigo de Campos, el empresario Joao Carlos de Lyra, quien adquirió la aeronave Cessna a través de empresas fantasmas y sin condiciones financieras. El entrevistador buscó acorralar a Marina con repetidas preguntas acerca de si ella sabía sobre el origen del avión y cuál fue el mecanismo de su compra. La respuesta de Marina fue simple y lógica. Ella nada sabía sobre el procedimiento de esa supuesta compra e informó que se trataba de un préstamo del empresario al comité del partido y que el PSB iría posteriormente a pagar por su utilización. Fue desproporcional y de mala fe el tratamiento que recibió la candidata. Ella se comprometió a apurar la denuncia y ante la repetida indagación de si el hecho de haber viajado en ese avión la candidata no lo consideraba un accionar digno de “la vieja política” que ella tanto critica, Marina respondió que no le habían informado acerca de ninguna irregularidad sobre los propietarios de la aeronave. Pero la práctica de la denuncia amarilla avanzó. Para Clarín, en su edición digital nocturna del jueves 28 de agosto, el candidato Eduardo Campos era el testaferro del empresario y su socio en la compra del avión. No hay originalidad en las denuncias. No hay ninguna prueba de que el ex candidato Eduardo Campos participara en la adquisición de la aeronave. Se repiten denuncias vulgares para herir la candidatura de Marina Silva.

Las urgencias de Aecio marcan la cancha para los medios locales y sus repetidores asociados. Nada de lo que informa la Tv Globo es inocente.

Marina se acerca a Dilma y vencería en una segunda vuelta

Las recientes y diversas encuestas electorales en Brasil presentan resultados similares. Los sondeos efectuados por los tres principales institutos de opinión pública coinciden en sus resultados preliminares. El interés en este sondeo estaba dado porque se trataba de la primera encuesta donde aparecía la opción presidencial de la candidata Marina Silva en reemplazo del candidato del PSB Eduardo Campos, fallecido en un accidente aéreo el 13 de agosto pasado.

De acuerdo con las diversas encuestas estimuladas (la que les da a los entrevistados las opciones de nombre de los candidatos), los sondeos que fueron realizados entre los días 20 y 25 de agosto y que tienen un margen de error entre 2 y 3%, demuestran coincidencias absolutas en los resultados. Dilma ganaría el primer turno y sería vencida en el segundo. Dilma arranca con 34%, Marina la sigue con 29%, y el candidato del PSDB, Aecio Neves, presenta un 19% en la preferencia del electorado. O sea que Marina captó buena parte del electorado de Aecio, y de votos en blanco e indecisos. El sondeo apunta que hay un 7% que pretende votar en blanco y todavía existe un alto número de indecisos, el 8% del total de electores. La simulación de un segundo turno entre Dilma y Marina confirma los peores temores del PT, a partir de la consolidación de la candidatura de la ex ministra de Medio Ambiente. En esta eventual segunda vuelta, Dilma sería derrotada por 45% contra 36% de los votos válidos. Desde el inicio de la campaña electoral, la candidatura de Dilma está estancada oscilando en valores similares. Entretanto, el peor problema que enfrenta su candidatura radica en que permanece estable el porcentaje de electores con fuerte rechazo a su nombre (34%), mientras Marina presenta el menor rechazo entre los candidatos(10%), lo que indica posibilidades futuras de crecimiento en su base electoral.

Los números acaban con las observaciones de aquellos que veían en Marina una candidata de paso, circunstancial, sin peso propio para enfrentar las poderosas maquinas electorales del PT y el PSDB, en lo que dio a llamar el “tradicional” bipartidismo brasileño. En una elección donde abundan los lugares comunes, Dilma está posicionada como una persona autoritaria, intolerante, mandona, “La gerente” del nuevo desarrollismo brasileño, una tocadora de obras y proyectos que garanticen el crecimiento y la lucha contra la desigualdad. Marina se posicionó en el escenario opuesto, una persona reflexiva, amable, abierta a nuevas propuestas y cambios de rumbo, la mujer de origen humilde que lucha contra el sistema para acabar con las injusticias que impone el desarrollo, una “sheriff” de la naturaleza y una garantía del desarrollo sustentable, aunque nunca fue muy bien explicado en qué consiste este concepto. Marina lanza flores a izquierda y derecha, promete continuar con los programas sociales del PT e implantar las antiguas directrices del neoliberalismo del Plano Real. Ni Dilma es la gerente del proyecto ni Marina propone ninguna novedad.

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