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Por que estoy a favor de la anarquia



POR QUÉ ESTOY A FAVOR DE LA ANARQUÍA
[Ricardo Fuego - 04.04.2006]

Introducción
Anarquía significa falta de gobierno, esto es: de la subordinación de unos individuos a otros. El gobierno es solamente un tipo de orden. Un tipo de orden establecido por y para una minoría sobre la mayoría, un orden basado en la autoridad de [email protected] sobre [email protected] Esto es así tanto cuando el gobierno es democrático (los gobernantes son electos) como cuando es dictatorial (los gobernantes no son electos). La anarquía se diferencia en que es un orden basado en la libertad en vez de la autoridad.
La anarquía, sociedad comunista, o como se la llame, es el sueño de muchas personas desde hace bastante tiempo. Este sueño o ideal expresado de tantas maneras tiene su base material en dos hechos: las consecuencias de la explotación del hombre por el hombre, y la posibilidad y necesidad histórica de superarla. Esto es lo que trataré en las próximas páginas.
Sólo falta aclarar para terminar esta introducción que mi posición sobre la anarquía es resultado de mi estudio autodidacta sobre el tema y de mi experiencia política desde que empecé a participar en las asambleas populares en el 2002. Pero también, y más importante, es algo consecuente con mis anhelos personales.


01.
Yo quiero ser libre para perseguir mi felicidad y mi autorrealización. También quiero lo mismo para [email protected] demás, ya que me parece mal desearlo sólo para mí mismo y además sé que la única manera de ser libre es vivir en una sociedad libre. Por lo tanto, quiero una sociedad donde cada individuo tenga todas las oportunidades para realizarse como ser humano.
Esto no es posible en el mundo actual porque existen muchos obstáculos a la libertad del ser humano. Son fáciles de nombrar porque nos los encontramos todos los días regimentando nuestras vidas: el dinero, el trabajo en las empresas (o el desempleo), el gobierno, la policía, la iglesia, la escuela, los ejércitos, las ideologías, la economía. Incluso en la familia y en las amistades encontramos opresión en la forma de prejuicios, violencia (aunque sea sólo verbal) y autoritarismo. Básicamente, los obstáculos a nuestra libertad son todas las relaciones sociales de explotación y de opresión, donde la voluntad de unos individuos es sometida a la de otros para su provecho.
Para que nuestra libertad sea posible, es necesaria nuestra emancipación de las relaciones sociales autoritarias. Esa emancipación, esa revolución, sólo puede tomar forma en nuestra autoliberación individual y colectiva. Todo lo que nos oprime socialmente son creaciones del ser humano, no son “cosas naturales”. Por lo tanto podemos cambiar y debemos cambiar a las actuales relaciones sociales, porque fueron creadas por seres humanos y [email protected] somos [email protected] que las reproducimos todos los días.


02.
La libertad no existe en esta sociedad. Solemos identificar la libertad con la capacidad de movimiento o de trabajar para quien se quiera o decir lo que queramos. Pero eso no es la libertad. La libertad es la capacidad de actuar conforme a nuestras necesidades y deseos. No las necesidades y deseos que nos quieren imponer desde la cultura y los mass media, sino las necesidades y los deseos reales, aquellos determinados conscientemente por [email protected] [email protected], aquellos que nos definen como seres humanos.
Una sociedad donde alguien puede venir y confinarte en una cárcel no es una sociedad libre, estés o no [email protected] Una sociedad donde obligatoriamente tenés que trabajar para conseguir tus medios de vida no es libre, porque te obliga a renunciar a la administración autónoma de tu tiempo para invertirlo en un trabajo que no te gusta –al menos en la gran mayoría de los casos- y para producir cosas que el ser humano no necesita . Una sociedad donde constantemente te dicen qué hacer y boicotean cada oportunidad de pensamiento propio desde la familia, la escuela, los medios de comunicación y la cultura, no es una sociedad libre porque sólo aprendés a obedecer y no a decidir por vos [email protected], aprendés a encajar en el grupo y no a ser un individuo genuino.
La libertad no es una cosa que alguien te puede dar o quitar, la libertad depende de cómo te relaciones con vos [email protected] y con el mundo. Vos podrás decir: “pero si me meten en una cárcel me sacan la libertad y cuando me sacan de la cárcel me la devuelven”. Eso es falso, lo que te hacen es limitar tu capacidad de movimiento y tus derechos civiles. Obvio que es preferible conservar ese mínimo de “libertad” que no tenerla, pero esa no es la verdadera libertad, porque en la sociedad externa a la cárcel también somos [email protected], [email protected], [email protected], y [email protected] a cumplir reglas que [email protected] no hicimos y nos impiden hacer las cosas que queremos .
Nuestra concepción de la libertad como cosa, como un bien o mercancía, es parte de nuestra falta de ella. Es mentira que un ser humano pueda ser “liberado” por otro. La libertad es una relación con vos [email protected] y con el mundo, y aunque alguien te pueda ayudar a hacerlo, la única persona que puede cambiar esa relación sos vos. Obviamente un individuo no puede autoliberarse por completo mientras los que tiene alrededor no lo hacen. Pero sí podés empezar a cambiar tu relación con vos [email protected] y con [email protected] demás, un poquito todos los días.
Como los individuos aislados no existen, ya que vivimos en sociedad y todo individuo es un ser social, un individuo sólo puede ser libre si los demás lo son. Por lo que el cambio de una sociedad autoritaria a una sociedad libre sólo puede partir del individuo, en el esfuerzo del individuo por cambiar su relación consigo mismo y con los demás. Y eso no tiene por qué empezar en un horizonte lejano, sino aquí y ahora.


03.
Nuestra autoliberación debe ser total porque la opresión sobre [email protected] también es total.
La actual estructura familiar está relacionada con la actual forma de propiedad. [email protected] [email protected] son propiedad de los padres y deben [email protected] “porque soy tu padre/madre”, “porque yo te doy de comer”, “porque yo lo digo”.
El sistema educativo no está concebido para formar personas que actúen y piensen por sí mismas, sino para fabricar productores, burócratas, policías, polí[email protected] y todos los roles en que la actual sociedad nos quiere hacer encajar (en vez de “trabajo de [email protected]” decimos “soy [email protected]”) para que no seamos individuos genuinos sino otra pieza en la maquinaria .
La dominación estatal de los gobiernos está relacionada con la opresión espiritual de las iglesias. El buen ciudadano obedece las leyes del Estado y a sus representantes públicos y el buen cristiano/judío/musulmán obedece las leyes de Dios y a sus “representantes terrenales”.
Nuestra relación con [email protected] demás y con [email protected] [email protected] suele tomar formas deshumanizantes, como si fuéramos cosas, mercancías, propiedad, basura, máquinas, artículos de consumo. Incluso en las relaciones afectivas solemos tratar a la persona que amamos como objeto de amor, no como sujeto de amor; concebimos el amor como posesión, y no como entrega; lo concebimos como derecho de propiedad, y no como relación entre iguales.
Por todo esto es que la autoliberación de los seres humanos no se limita al cambio de la estructura económica y/o política de la sociedad, sino a nuestra autoemancipación en todo sentido: espiritual, emocional, afectiva, intelectual y material. Por supuesto, el cambio de la estructura económica y política de la sociedad es fundamental, pero es sólo un medio y no un fin en sí mismo, esos cambios deben tomarse como reformas sociales necesarias, y nada más. El fin de la revolución es la libertad de los seres humanos. En la medida en que tomamos conciencia de la presencia del sistema en nuestras vidas cotidianas y dirigimos nuestra actividad material y mental a cambiarlo, estamos empezando a autoliberarnos.


04.
Si observamos la historia del ser humano, veremos que fue la economía, y no nuestra voluntad consciente como individuos y como especie, la fuerza determinante en todas nuestras transformaciones sociales. Los avances económicos y tecno-científicos nos dieron la posibilidad de emanciparnos parcialmente de la naturaleza pero debido a su independencia de nuestra voluntad, generaron nuevas cadenas sociales que antes no existían: la división de la sociedad en clases sociales y la creación de la dominación de clase. La opresión que ejercía sobre [email protected] la naturaleza disminuyó a favor del aumento de la opresión que ejercemos sobre [email protected] [email protected] socialmente.
En el estadio primitivo (el 99% de nuestra existencia) debíamos producir nuestros medios de vida para el consumo inmediato, ya que los medios de producción no estaban desarrollados para la abundancia. Aun así, se destinaba muy pocas horas a la semana en la caza y la recolección y el resto del tiempo se dedicaba a cultivarse, aprender, experimentar, divertirse. O sea: a vivir.
Hoy, a pesar de que los medios de producción están muchísimo más desarrollados (se producen alimentos para el doble de la población mundial), necesitamos desperdiciar en el trabajo 8 horas diarias o más de nuestras vidas para poder tener el dinero que nos permita comprar nuestros medios de vida. Los avances tecnológicos deberían resultar en un aumento del tiempo libre y de nuestra calidad de vida, pero no es así . De hecho, cada avance tecnológico en la industria siempre resultó en el aumento de la pobreza mediante el desempleo y la rebaja de salarios. A medida que aumentaba la riqueza social, ésta se concentraba cada vez más en un polo y la pobreza se extendía más profundamente a cada vez más gente en el otro polo. La paradoja de la economía actual es que, cuanto más riqueza social se produce, más se extiende la pobreza. El hecho conocido de que "[email protected] ricos se hacen más [email protected] y [email protected] pobres se hacen más pobres" no es una desviación de la economía capitalista, sino su resultado natural.
Es mentira que "pobres siempre hubo". La pobreza sólo existe cuando la riqueza se concentra en pocas manos, y la concentración de la riqueza en pocas manos es una característica exclusiva de la sociedad de clases, de la civilización. La civilización inventó la pobreza porque la economía se encuentra autonomizada de la voluntad de las personas y domina nuestras vidas. Los animales y las tribus que viven en lugares tan inhóspitos como el desierto o el polo norte no conocen la muerte por desnutrición habiendo los medios para impedirlo. La existencia simultánea de la desnutrición de millares de personas y la superabundancia de alimentos es una de las “maravillas” de la civilización. Antes la muerte de hambre sólo era posible por la carencia de alimentos. En cambio en la civilización actual un ser humano puede morirse de hambre aunque la comida a su alrededor abunde, simplemente por la carencia de un papelito o un pequeño círculo de metal. La pobreza de hoy, entonces, no existe por la falta de riqueza social, sino por su superconcentración, que es resultado de su apropiación privada.
Es mentira que los recursos son siempre escasos para la población. Ese es otro invento del sistema. Claro, si vivimos en una metrópolis es fácil de creerse el cuento de la escasez de los recursos. Con la concentración de gente que hay en una metrópolis, viviendo en edificios de varios pisos para ahorrar superficie, cuando salimos a la calle ya sea para ir al trabajo y vemos a un mundo de gente caminando, apurada, y sabemos que jamás vamos a conocer ni a la centésima parte de las personas con las que nos cruzamos, es fácil pensar en que existe un problema llamado superpoblación. Pero no todo el planeta es como las metrópolis, hay muchas extensiones de tierra donde no vive ni una persona o viven muy pocas. Si agarramos un mapa mundial que indique la densidad de la población lo comprobaremos. Lo que existe, entonces, es superconcentración de la población, no superpoblación. Nuestro planeta puede albergar al doble de la población actual y, como dije antes, hoy se produce alimento para el doble de la población mundial . Lo que falta en un lado es porque sobra en el otro. Sobran extensiones de tierra para que la gente se distribuya mejor, pero aun así la gente se superconcentra en las ciudades. ¿Cuál es la razón de esto? La economía y su control sobre nuestras vidas.
Las ciudades en las que vivimos están construidas según la voluntad de la economía, no la nuestra. Sus calles están diseñadas para el tránsito de automóviles. La economía divide a las ciudades en áreas residenciales, áreas de consumo y áreas de producción. A su vez el campo está subordinado a la ciudad, el campo se ha convertido en otra rama de la industria. Las corporaciones capitalistas tienden a monopolizar la tierra y lo que se cultiva en ella, el pequeño campesino ha sido desplazado por la industrialización de la agricultura y la ganadería, y cuando ya no puede mantener su campo debido a la competencia debe ir a las ciudades a trabajar de proletario. La industrialización del campo revolucionó la producción agropecuaria, pero en vez de aportar más alimento para [email protected] con menor esfuerzo, favoreció la concentración de la tierra y de sus productos en pocas manos y explusó a miles de campesinos o pueblerinos a las grandes ciudades. La formación de las villas miserias en las ciudades es producto de esta tendencia económica. [email protected] ignorantes (o [email protected]) que explican la pobreza como culpa de [email protected] pobres y dicen "¿por qué [email protected] [email protected] no se van al campo a cultivar la tierra, en vez de pedir?" no tienen en cuenta que [email protected] [email protected] no vinieron a las ciudades por gusto, y que además la tierra del país está en manos de corporaciones económicas o magnates.
En fin. ¿Puede considerarse a la civilización como un avance en todo sentido? No, solamente en algunos aspectos. En otros, tales como la relación con la naturaleza e incluso con [email protected] [email protected], se ha retrocedido mucho. Se avanzó tremendamente en la producción de los medios de vida, pero la propiedad privada condena a millones al hambre y a la miseria como nunca pasó antes en la historia, ni en las peores épocas de hambruna. La población creció muchísimo, pero en vez de distribuirse libremente se superconcentró en ciudades donde vivimos como sardinas. La expectativa de vida, la cantidad media de duración de la vida, ha crecido en cantidad, pero la vida decreció en calidad, porque si antes se vivía 40 años trabajando 10 horas por semana, hoy se vive 70 años trabajando 10 horas por día y con un montón de stress.
Es hora de acabar con la civilización, de superarla, de tomar de ella lo que nos puede servir para una existencia libre y digna y de destruir lo que la obstaculiza. La civilización ha sido algo muy pero muy reciente en la historia de la humanidad, apenas unos miles de años. Pero ya es suficiente. Su mismo desarrollo superacelerado independiente de nuestra voluntad, destruyendo al planeta y convirtiéndolo en un infierno, es el que nos empuja como individuos y como especie a tomar el control de nuestras vidas y construir una sociedad que supere a la civilizada.


05.
Para ser libres, no podemos seguir bajo la esclavitud de la economía autonomizada.
La eliminación de la independencia de la economía y su dominación sobre nuestras vidas es una reforma social necesaria para ser libres. La economía es independiente de nuestras vidas porque las productoras y los productores estamos [email protected] de los medios sociales de producción mediante la propiedad privada de los mismos. El producto de nuestro trabajo y nuestro trabajo mismo se nos presenta como algo ajeno a nosotros por su carácter alienado de nuestra voluntad y necesidades. Esto se debe a las relaciones sociales en las que producimos estos bienes. En el capitalismo la producción de los bienes es un acto social, pero su apropiación es un acto privado. Como [email protected], el producto de nuestro trabajo no nos sirve a [email protected], lo único que nos interesa es la mejor venta posible de nuestra fuerza de trabajo para poder costear nuestros medios de vida y consumir. Estamos [email protected] en una eterna trampa de producción y consumo alienados, porque aparte de obligarnos a trabajar un montón de horas para poder comer nos bombardean psicológicamente todo el tiempo para que consumamos bienes que no necesitamos. El consumo por el consumo mismo se convierte en otra motivación (de índole totalmente egoísta) para el trabajo y de paso nos sume en la mediocridad intelectual, emocional y espiritual de la cual el sistema se alimenta. Tanto explotadores/as como [email protected] están en este juego.
Para que la economía sea manejada por [email protected] y no al revés, es necesario terminar con esa separación entre productores y medios de producción, acabar con la propiedad privada de los medios de producción y la explotación y alienación del trabajo que ella significa. Los productores debemos autogestionar los medios sociales de producción. O sea, las tierras, las unidades de producción y las herramientas que sirvan para producir nuestros medios de vida . Debemos eliminar todos los sectores de la economía destinados únicamente a reproducir la dominación de unas personas sobre otras. La apropiación y gestión por la comunidad de una granja, una editorial o una fábrica de pantalones es socialmente progresiva, la apropiación y gestión por la comunidad de una fábrica de misiles o de una empresa de publicidad no.
Sólo emancipando al trabajo de las actuales relaciones sociales de explotación, el producto de nuestro trabajo y el trabajo mismo dejarán de estar alienados, la actividad productiva será una parte de nuestra vida y no una negación de ellas; una forma de expresión y de contribución a la comunidad, y no una forma de asegurar nuestra supervivencia individual/familiar y de hacer rico a otro. Produciremos para vivir, en vez de vivir para producir. Consumiremos para vivir, en vez de vivir para consumir.
Para ser libres, no podemos seguir bajo la opresión del poder político autonomizado.
Junto con la civilización, vino el Estado. El Estado es una relación social mediada por instituciones que aseguran el monopolio del poder político (la fuerza y la legitimación de esa fuerza) en manos de una minoría. El Estado aparece junto con las clases sociales y sirve como herramienta de dominación de una clase sobre las otras. Generalmente quienes tienen el poder económico, tienen el poder político. La dominación estatal sirve para asegurar la explotación económica. Si la independencia de la economía de nuestras vidas es perjudicial para nuestra libertad, la independencia del poder político y su monopolio por una minoría también. Por lo tanto, así como tenemos que acabar con la propiedad privada de los medios de producción, tenemos que acabar con el Estado. Esto significa la destrucción de todas las instituciones estatales (parlamento, poder ejecutivo y judicial, policía, servicios de inteligencia, ejército permanente) y la simultánea construcción de nuevas instituciones de democracia directa en las que participe toda la comunidad mediante un sistema de delegados rotativos, revocables en todo momento, y con mandato de base . Obviamente esto no es viable en las grandes ciudades de millones de personas, sino en subdivisiones más pequeñas, del orden de miles de personas. La democracia directa implica el fin de toda delegación permanente y por lo tanto de la división del trabajo y los roles tales como lo conocemos. Significa la reapropiación de los asuntos públicos por parte de la comunidad.
La existencia de roles especializados en la función pública se debe a la actual división social del trabajo y no es para nada un “hecho natural”. Mientras existan estos roles especializados, existirá el Estado. La policía existe no sólo porque el status quo necesita que un cuerpo de personas armadas defienda sus intereses por sobre los de la mayoría, sino porque como sociedad delegamos en ese cuerpo la seguridad de nuestras personas. Lo mismo pasa con [email protected] polí[email protected], existen porque delegamos en [email protected] los asuntos públicos. Delegamos, delegamos, y delegamos. Para eso pagamos impuestos, ¿no? Delegamos porque trabajamos tantas horas al día que ya no nos quedan ganas de nada, sólo de descansar y tratar de “pasar el tiempo” hasta que tengamos que volver al trabajo.
Pero si gestionáramos la economía de tal manera en que trabajemos sólo el tiempo necesario para producir nuestros medios de vida, si tuviéramos realmente el control de nuestras vidas, todos esos roles tan enaltecidos por la ideología dominante no tendrían razón de ser, pues su función social, despojada de los aspectos únicamente útiles a la dominación de clase, sería reapropiada por la comunidad en su conjunto. Si [email protected] nos ocupamos de la seguridad, ¿para qué necesitamos policías? Si [email protected] nos ocupamos de la defensa de la comunidad, ¿para qué necesitamos ejército permanente? Si [email protected] nos ocupamos de los asuntos públicos, ¿para qué necesitamos polí[email protected] y [email protected]? Si nos autoorganizáramos como comunidad y nos dividiéramos el trabajo libre y conscientemente, los roles especializados desaparecerían, con un aumento de la responsabilidad del individuo hacia la comunidad pero también con un aumento de su libertad.
Para ser libres, no podemos seguir separando el pensamiento de la acción.
La divisón social del trabajo manual e intelectual de la civilización esclavista emancipó a parte de la población de la actividad física. De esta manera aparecen la filosofía, la ciencia, y las disciplinas del intelecto. Los antiguos griegos son un ejemplo de esto.
El pensamiento abstracto creó nuevas formas de interpretar al mundo y expandió nuestra capacidad de pensar, pero a cambio de separar nuestra mente de la vida (que es siempre concreta), muchas veces con el fin de legitimar lo actual como el devenir natural de nuestra esencia humana. La especialización nos hizo capaces de profundizar en ciertos aspectos de la realidad pero a costa de perder una visión integral de la misma. Nos sumerjimos en la parte y nos olvidamos de la totalidad, nos elevamos a lo abstracto y no volvemos a lo concreto.
La integración consciente del pensamiento con la acción también es necesaria si queremos que las herramientas creadas por [email protected] se sometan a nuestra voluntad y no al revés. La ciencia y la razón deben ser utilizadas para iluminar la vida, no para gobernarla. No deben ser patrimonios de especialistas ni pueden ser consideradas como sujetos. Son creaciones de la humanidad y deben servir a los fines de la humanidad, no a fines propios. La reapropiación de la ciencia y la razón por las personas eliminará toda independencia de la ciencia y la razón sobre la voluntad de las personas, juntamente con su monopolio autoritario por parte de castas (comunidad científica, intelectualidad, intelligentsia).
Otro motivo para contrarrestar la división social del trabajo manual e intelectual es el autoritarismo que se genera con la división entre [email protected] que piensan y [email protected] que ejecutan lo pensado por [email protected] La actual producción, que separa a [email protected] productores de los medios de producción, también separa a quienes producen de la dirección de la producción, siendo esta última tarea la ejecutada por los propietarios o personal especializado (supervisores, gerentes, burócratas, etc.). No podemos ser individuos plenos si nos dedicamos a actuar sin pensar o a pensar sin actuar.
Para ser libres, no podemos seguir bajo la mutilación de nuestro espíritu por las religiones.
El animismo y las religiones primitivas que idolatraban a la naturaleza tenían su base en el desconocimiento científico de los fenómenos naturales, pero no eran incompatibles con una existencia sana. En cambio las religiones civilizadas han introducido el pecado, el miedo y la culpa que mutilan nuestras vidas.
La religión actual establece un dualismo falso del mundo entre lo terrenal y lo divino, emancipa lo divino de lo terrenal, lo trascendental de lo cotidiano, y subordina lo último a lo primero, nuestra existencia material a nuestra existencia espiritual, resultando en la mutilación de nuestro ser, material y espiritual a la vez. En la religión civilizada, debemos adaptar nuestras vidas a las reglas de una divinidad exterior y superior a cada [email protected] de [email protected] Los “representantes terrenales” de la divinidad nos dicen cómo interpretar de acuerdo a sus intereses (bien materiales, por cierto) a las reglas divinas, de manera que resulte en una existencia autoflagelada, antinatural, y, sobre todo, temerosa y enemiga de todo lo que signifique libertad y placer.
Si el Universo, como hemos comprobado científicamente, está formado de materia, eso implica que cada cosa está indisolublemente relacionada con las demás, cada parte está relacionada con la totalidad. Cada [email protected] de [email protected] es parte del Universo, del Todo. Por lo tanto no puede existir una divinidad apartada de [email protected], no podemos concebir a lo divino como algo que está afuera o encima nuestro, sino como algo que está alrededor y adentro nuestro. La idea de Dios como un ser sobrenatural, omnisciente y eterno es falsa, o todos somos Dios o nadie lo es. Una espiritualidad no alienada no puede basarse en un culto de lo divino separado de lo terrenal, cuando en realidad lo terrenal y lo divino forman una unidad indivisible. Una espiritualidad no alienada no puede estar en conflicto permanente con los demás aspectos de la vida.


06.
Para entender en forma integral cómo liberarnos, también debemos entender cómo no liberarnos. Hay caminos verdaderos y caminos falsos a la liberación. Los caminos falsos son los basados en la revolución burguesa, en la toma del poder. Las revoluciones burguesas, desde la francesa hasta la rusa, la china y la cubana, sólo sirvieron para cambiar de dominadores, y no para acabar con la dominación. Por eso la revolución de la que hablo no puede tomar sus mismas formas.
Esto es así porque hay una estrecha relación entre fines y medios: los medios determinan al fin. Los medios de la revolución no pueden ser los mismos que los de la reacción. Los medios de una revolución contra la sociedad de clases no pueden ser los mismos que los de una revolución por una nueva sociedad de clases.
La concepción y la práctica tradicional de la militancia revolucionaria es el resultado de la utilización de medios no revolucionarios para la revolución. La militancia como un trabajo en el cual el/la “[email protected]” debe convencer a [email protected] demás de que abracen una “ideología revolucionaria” o el programa político de una “organización revolucionaria”, es un medio contrario a la autoemancipación de las personas principalmente por dos razones.
1. Porque reproduce relaciones sociales autoritarias entre los militantes (que vendrían a ser “especialistas” de la revolución o cambio social) y las demás personas, ya que según la visión militante todo depende de que “[email protected] que saben” sean [email protected] por [email protected] que no. En vez de compartir y extender el conocimiento, se lo deforma y mistifica para que sus portadores ganen autoridad moral e ideológica. En vez de enriquecer las ideas mediante el debate entre iguales, se las hace monolíticas recurriendo a citas pseudorreligiosas. En vez de promover el libre pensamiento, se promueve la admiración de ciertos textos sagrados y la crítica se trata como herejía. En vez de ayudar a que las personas se autoemancipen contribuyendo a que actúen y piensen por sí mismas, el militante las quiere convencer de que sólo siguiendo a la dirección revolucionaria y/o asumiendo el credo revolucionario van a lograr su salvación. En vez de construir relaciones de autonomía individual y colectiva que choquen contra las relaciones autoritarias actuales, se reproducen esas relaciones autoritarias pero cambiando a un jefe por otro, una autoridad por otra, una ideología por otra, un altar por otro.
2. Porque es un obstáculo a la propia autoliberacion personal de [email protected] militantes, ya que su actividad especializada para “ganar” a [email protected] a su programa/ideología/organización implica el sacrificio voluntario de su tiempo y fuerza vital para este fin, con tendencia a caer en el rol de los profetas, predicadores, ascetas y mártires que deben negar su yo por “la causa”. De esta manera quien es militante sufre el doble que quien no lo es, ya que aparte de subordinar su voluntad en el trabajo debe hacerlo en el partido, aparte de trabajar para su patrón debe trabajar para el comité central. Poco importa si la subordinación de la voluntad es forzosa o voluntaria, es un camino que se aleja y no que se acerca a la libertad.
Una actividad verdaderamente revolucionaria requiere el abandono y la superación del activismo revolucionario, de la militancia tradicional. El rol de el/la militante o activista [email protected] es otro rol totalmente aceptado por la sociedad, porque es compatible con la actual división social del trabajo. El/La militante se enrola a sí [email protected] para enrolar a [email protected] demás. Su principal motivación (y su principal herramienta de enrolamiento) es la culpa, no las ganas de vivir. La militancia es la especialización de unos individuos en el cambio social, por lo que contribuye a que el cambio social sea una especialidad más (a ser delegada en [email protected] especialistas) y no un asunto de todos los seres humanos. Paradógicamente, esta misma situación a la que el/la militante contribuye [email protected] convence de que las personas necesitan su liderazgo para ser libres.
No podemos autoliberarnos negando nuestras vidas por una “causa” externa a ella misma. Menos podemos contribuir a la autoliberación de los demás imponiéndoles (aunque sea mediante métodos democráticos) esa “causa”, como un peso a compartir. Si queremos eliminar toda relación social de explotación y dominación entre los seres humanos nuestros medios deben ser consecuentes con ese fin, y no podemos reproducir bajo otra forma las mismas relaciones autoritarias que existen en la sociedad. Porque al final, la “organización revolucionaria” termina convirtiéndose en otra unidad de producción/escuela/iglesia donde tenemos que obedecer al patrón/maestro/sacerdote. Asi como nadie puede ser liberado por [email protected], nadie lucha realmente por su libertad si se limita a obedecer a [email protected] y/o a seguir a una ideología, sino actúa y no piensa por sí [email protected]


07.
La autoliberación individual y colectiva van de la mano. No existe una sin la otra. No podemos ser individuos libres en una sociedad que no lo es, ni podemos construir una sociedad libre con individuos que no lo sean. Por eso nuestra contribución a la autoliberación de [email protected] demás sólo puede ser un momento de nuestra propia autoliberación, no algo apartado y contrario a ésta. Mi objetivo es vivir mi vida lo mejor posible, plenamente, realizarme como ser humano. Mi contribución a esta revolución social, a este cambio necesario para lograr el mundo que quiero, no puede ser algo contradictorio con mi autorrealización como individuo sino una parte integral de ella.
Mi interés en este cambio es algo que me motiva a formarme intelectual, emocional y espiritualmente como un ser humano completo. Si abandono toda esta autoformación para dedicarme a convencer a [email protected] a que abracen programas o ideologías revolucionarias apartadas de sus vidas reales, estaré contribuyendo a la alienacion general, a ser predecible para el sistema, a perfeccionar su opresión sobre las personas incluyéndome a mí mismo. Prefiero contribuir a mi propia autonomía y a la de [email protected] demás, en vez de erigirme como su jefe y pretender [email protected] No sólo por [email protected] demás, sino por mí.
De la única manera en que puedo contribuir a la autoliberación colectiva es mediante mi autoliberación individual. Si me dedico a vivir mi vida lo más humanamente posible, relacionándome con [email protected] demás y conmigo mismo de manera no alienante ni autoritaria ni egocéntrica, mi propia vida cotidiana (y no una actividad aparte de ella) será un acto revolucionario, subversivo, anti-sistema.
Empezar hoy y aquí la revolución significa la contribución consciente de cada [email protected] a su autoliberación individual, nuestra autoconstitución en individuos plenos. Obviamente, la esclavitud sólo dejará de existir con la libertad de [email protected], y esto implica una transformación a nivel social. Yo no puedo ser libre en una sociedad que no lo es. Pero puedo empezar a ser libre, puedo empezar a autoliberarme en ciertos aspectos de mi vida cotidiana y a contribuir a la autoliberación de [email protected] demás compartiendo mis experiencias y reflexiones, acompañando y siendo acompañado por quienes quieren lo mismo que yo. Luchar por la libertad es al mismo tiempo empezar a vivirla, sentirla. Un esclavo que lucha por su libertad ya está empezando a dejar de ser esclavo. No hay mejor propaganda que el ejemplo práctico. Lo que es necesario no es la imposición ideológica de cierto programa político, sino la extensión por contagio de la lucha por la libertad, de la fraternidad y la solidaridad entre [email protected] [email protected], de la vida plena y por lo tanto en oposición permanente con este sistema de mierda.
El proceso de autoliberación social empieza de manera individual, luego puede pasar a ser grupal, y eventualmente puede pasar a ser un fenómeno general. Para que la sociedad sea libre, es necesario que los individuos mismos se encarguen de luchar por su propia libertad, lo cual necesariamente lleva a un tipo de asociación distinta a la que conocemos en nuestra vida cotidiana. Porque no es un asociación basada en afinidad de sangre (familiar), jurídica (civil), ideológica (partidos), ni en intereses privados compartidos (sindicatos). Es una asociación basada en la comunidad de lucha por la libertad, una asociación basada en la solidaridad entre iguales, entre seres humanos plenos. La manera en que nos asociemos hoy para luchar por nuestra libertad debe estar en función de la comunidad que queremos construir.
En este proceso lo importante no es la cantidad, sino la calidad. Porque no se trata de armar un programa revolucionario que debe ser seguido por las masas, sino de que las personas dejen de ser masas, y se autoconstituyan en individuos plenos. El camino a la libertad es el ejercicio de la libertad, y no la adhesión a una ideología de la libertad. Por lo tanto lo que más importa no es el crecimiento de la organización revolucionaria (que sólo puede serlo por su práctica, no por sus postulados), sino el autodesarrollo revolucionario de sus [email protected]


08.
Para autoliberarme voy a mantener siempre mis pensamientos en relación con mis acciones, ya que la independencia del pensamiento de la acción es una de las causas de la existencia alienada. Cuando adoptamos –aun sin saberlo– un sistema de pensamiento ajeno a nuestras vidas y tratamos de hacer encajar nuestras acciones en ese esquema mental, estamos negando nuestra propia autonomía como individuos, nuestra libertad de pensamiento y acción. Este sistema de pensamiento puede bien ser una ideología política, una religión, una filosofía o el tan famoso “sentido común”, que no es más que la ideología dominante hecha costumbre.
El carácter ideológico de nuestro pensamiento se ve generalmente manifestado en nuestras creencias morales y en todo aquello que consideramos natural en las personas y en la sociedad. Cosas como “el individualismo forma parte de la naturaleza humana”, “las personas no pueden vivir sin gobierno, necesitan que alguien les diga qué hacer”, “mi libertad termina donde empieza la del otro, sino es libertinaje”, o “no se puede andar por la vida haciendo lo que se quiere, tiene que haber un límite”. La mayoría de estos pensamientos son cosas que nos inculcaron desde niñ@s (en la familia y/o en la escuela) a fuerza de repetición. La mayoría no resiste la crítica, ni bien profundizamos se revelan ilógicas e irracionales. Pero si somos capaces de relacionar estas creencias con la actual estructura de la sociedad veremos que sí tienen su propia lógica y racionalidad: son mecanismos de opresión altamente perfeccionados, porque son utilizados por las propias víctimas, porque funcionan casi automáticamente, por costumbre. Reconocer los prejuicios que tenemos incorporados como “sentido común” es parte de nuestra autoliberación. Para darnos cuenta del verdadero carácter del sentido común tenemos que pensar, ¿a quién favorece?, ¿cuál es su utilidad práctica?, ¿cuál es su razón de ser en la sociedad? Tomemos como ejemplo a la frase “mi libertad termina donde empieza la del otro”. Empecemos por analizarla lógicamente. Esto dice que si mi libertad no es limitada, puede violar la libertad del otro. Pero, ¿es esto posible? ¿Por qué mi libertad puede ser dañina para el otro? ¿Puedo ser libre si limito la libertad del otro? ¿Es libre el carcelero, el explotador, el violador, el asesino, el golpeador? ¿La libertad individual es compatible con la violación de la libertad del otro? Aquí es cuando sospechamos de la fidelidad de este razonamiento, que antes nos parecía tan esencial, simple y perfecto.
Pero analicémoslo ahora según el contexto social. Si la libertad de cada uno debe terminar donde empieza la del otro, si debe ser limitada para no violar la del otro, entonces necesariamente tiene que haber algo que vigile que no nos excedamos de ese límite: tiene que haber gobierno, leyes, policía, cárceles. Aquí ya encontramos la utilidad práctica de este pensamiento, y su beneficiario no es “el ciudadano”, sino los que tienen el poder.
Pero una libertad que es regulada desde afuera, desde una autoridad pública independiente de mi voluntad, ¿es realmente libertad? No, es una parodia de libertad. La verdadera libertad es aquella que se autorregula. O sea, que es regulada libremente por cada [email protected] Lo que hace esta sociedad es concedernos derechos (“ustedes pueden hacer tales cosas de esta manera”), y esto no es libertad. La libertad no puede ser concedida, la libertad debe ser por hecho y no por derecho. Si sos libre porque alguien te lo permite, es porque no sos libre.
Por lo tanto, la razón de ser de la frase “mi libertad termina donde empieza la del otro” es que tengamos un concepto falso de la libertad, para que pensemos que somos libres cuando no lo somos, y para que seamos [email protected] [email protected] quienes nos encarguemos de asegurar que esto siga así.
¿Cuál es la verdad, entonces? Lo que yo opino es que nadie puede ser libre en una sociedad que no lo es, sólo podemos ser libres en una sociedad libre. O sea, yo sólo puedo ser libre si [email protected] demás lo son. Entonces, mi libertad no termina donde empieza la del otro, sino que se complementa con la del otro. Si yo violo la libertad del otro, también violo la mía. En cambio si yo veo la libertad del otro como complemento de la mía, entiendo que la libertad de los demás garantiza la mía.


09.
En la vida de una persona, la adolescencia es un periodo decisivo en el cual sólo hay dos opciones posibles: o la superamos, o nos quedamos en ella y retrocedemos. Si la superamos nos convertirmos en [email protected], en dueñ@s de nuestro destino y responsables de nuestras acciones; esto es: en individuos totales, plenos, libres. Si no, nos quedamos en el eterno limbo, en la edad del pavo, poniendo excusas, lamentándonos de nuestro destino cruel (que es producto de nuestra acción tanto como de nuestra inacción), dejando que el sistema piense por [email protected] y, como “venganza”, como manifestación de nuestra pequeñez e impotencia, maldiciendo y aislando a quienes no sean como [email protected], tratando con esa combinación tan mediocre de escepticismo, cinismo, ironía y hostilidad a toda alternativa a lo actual que requiera de nuestro compromiso.
Ser [email protected] es asumir que nuestro ser es un producto de nuestras acciones y no las de [email protected], es nuestra responsabilidad y la de nadie más. Nuestra posición en el mundo depende de nuestras relaciones con él y no de cosas que tengamos o no tengamos (trabajo, estudio, pareja, hijos, casa, auto, etc.). [email protected] somos [email protected] que hacemos a la historia y no es “La Historia” la que nos hace a [email protected] Ser [email protected] es dejar de usar excusas para explicar porque no hacemos ni somos lo que queremos ser. Subterfugios como el de “la naturaleza humana”, “la voluntad de Dios”, “la edad”, son sólo eso: subterfugios, cantinelas, cuentos. Actitudes como “el mundo es así” o “la vida es así” son excusas para no reconocer que el mundo y la vida es lo que [email protected] hacemos de ellos, es evadirnos de nuestra responsabilidad, actuar infantilmente.
La libertad viene de la mano de la responsabilidad, porque quien pone la responsabilidad de sus acciones fuera de sí, renuncia a su libertad. Quien identifica la responsabilidad según la ideología dominante (con el estudio y el trabajo para ganarse el pan/ser alguien/mantener a mi familia o con el “deber ciudadano” de votar en las elecciones o pagar los impuestos) no actúa como una persona realmente responsable, porque actúa por costumbre, sin cuestionarse ni a sí [email protected] ni a la sociedad en la que vive.
La adolescencia perpetua sólo termina en decadencia. Lo mismo vale tanto para una persona como para una especie. Si tomamos a la civilización capitalista como el fin de nuestra existencia, el tramo final de nuestro recorrido, nuestra culminación como especie; y no apenas una etapa a superar, al igual que la adolescencia, seguiremos en ella mucho más de lo que nos corresponde, hasta que las contradicciones entre lo que podemos y debemos ser y lo que somos sean tan grandes que ya no puedan resolverse en forma de superación, sino en forma de caída, de descomposición.
La costumbre es una de las fuerzas sociales más poderosas de la historia. “Es más fácil destruir un átomo que superar un prejuicio”, decía Einstein. Ser libres significa superar nuestras costumbres autoritarias (tanto del lado del amo como del esclavo). Ser [email protected] significa superar nuestras costumbres infantiles.


Resumiendo
Quiero una sociedad donde cada individuo tenga todas las oportunidades para realizarse como ser humano. La falta de libertad que sufrimos en esta sociedad impide esto. Las actuales relaciones sociales son autoritarias, contrarias a la libertad. Para ser libres, debemos cambiar las relaciones sociales, cambiar la manera en que nos relacionamos con [email protected] [email protected] y con [email protected] demás.
Para autoliberarnos, debemos destruir toda la estructura social que nos oprime económica y políticamente y reemplazarla por una sociedad sin explotación ni gobierno, donde el orden social sea el resultado y no la negación de la libertad individual. Para terminar con la explotación económica y la dominación política, debemos establecer la gestión común de la economía y de los asuntos públicos de la comunidad, lo cual requiere de la abolición del Estado y de la propiedad privada de los medios de producción. El cambio social sólo existe a través del cambio de los individuos. Si por el momento no podemos iniciar una transformación social a nivel masivo, sí podemos hacerlo a nivel individual y grupal, cambiando nuestra manera de pensar y de actuar en nuestra vida personal y contribuyendo a que [email protected] demás hagan lo mismo. Quien quiere cambiar todo excepto a sí [email protected], no es revolucionario.
Como la opresión es total, la lucha contra la misma también debe serlo. Pero esa opresión no tiene un carácter puramente “objetivo” sobre [email protected], la opresión social se reproduce en nuestra vida cotidiana. Esto quiere decir que la lucha por la libertad abarca todos los aspectos de nuestras vidas y no es un asunto puramente político y/o económico. De manera que la actividad especializada a la transformación de las estructuras políticas y económicas resulta en la reproducción de la alienación y de relaciones autoritarias (por ej.: cambiar un gobierno capitalista por un gobierno socialista).
La lucha por una sociedad libre no puede ser contradictoria con la lucha por la libertad de los individuos. La lucha por la libertad sólo puede tomar la forma de autoliberación, y el aspecto colectivo de esa lucha debe ser un momento del proceso individual y no algo apartado de y contradictorio con éste.
Para nuestra autoliberación individual y colectiva, debemos integrar conscientemente pensamiento y acción. Ni actuar sin pensar ni subordinar nuestra acción a un pensamiento independizado de ella. Ni estupidez ni intelectualismo.
La adolescencia es el periodo donde ya no se es niñ@ pero tampoco se es [email protected] Nuestro desarrollo físico y la acumulación de experiencia vivencial nos empuja a trascendernos y a realizarnos más allá de los límites de la niñez. Pero ser [email protected] no significa ser “mayores” o “grandes”, sino ser individuos plenos, independientes y responsables de nuestras propias acciones. Esto es resultado de un autodesarrollo mental y espiritual que no es consecuencia automática de nuestro desarrollo físico y la acumulación de experiencia de vida, sino de nuestra voluntad consciente. Si bien nuestro crecimiento y experiencia fortalecen las tendencias a nuestra constitución en [email protected], también existen tendencias contrarias a las primeras (por ejemplo, nuestras costumbres de la niñez o nuestra costumbre a ser tratados como niñ@s) que para ser superadas exijen un salto cualitativo a nivel psíquico, una aplicación consciente de esfuerzo mental y espiritual de nuestra parte para transformarnos y autodeterminarnos. En resumen, ser [email protected] requiere no sólo de nuestro crecimiento físico y acumulación de experiencia, sino de nuestra voluntad.

La humanidad se encuentra en una época igual de conflictiva que la adolescencia, porque ya creó los medios para independizarse parcialmente de los “caprichos” de la naturaleza pero todavia no ha aprendido a vivir consigo misma, a ser libre e independiente. Se ha liberado de su existencia animal pero todavia no ha aprendido a vivir de forma humana. El Estado, las ideologías, la religión, la codicia, las guerras, todas las taras de la sociedad de clases mantienen a la humanidad en la inmadurez y al mismo tiempo la empujan a la madurez. La contradicción eventualmente se resolverá en la autosuperación o en la caída en la decadencia. De [email protected] depende.


Fin
Como de niñ@s nos refugiábamos en alguien para que nos protegiera, hoy nos refugiamos en la posesión de cosas, la obediencia al gobierno y en un ilusorio sentido de comunidad, para quedarnos en una zona cómoda y segura.
La verdad es que no somos libres porque tenemos miedo. Nos enseñaron que la vida es un conjunto de tareas a cumplir (tener un título, conseguir trabajo, casarse, tener [email protected], comprar cosas, etc.) y no nuestra realización como individuos. Nos enseñaron que hacer lo que se quiere es “libertinaje” y nos dieron un concepto falso de libertad, que aceptamos fácilmente porque a nuestro alrededor casi nadie lo cuestiona. Nos enseñaron que “ser [email protected]” era cumplir con las reglas y las leyes de la sociedad, reglas y leyes que [email protected] no creamos y ni siquiera nos cuestionamos de dónde salieron. Somos [email protected] como idiotas que, como no sabemos la diferencia entre el bien y el mal, necesitan ser [email protected], [email protected], [email protected], [email protected], [email protected] en fila, [email protected] y, cuando nos “portamos mal”, [email protected]
El gobierno existe porque nos negamos a tomar parte activa en los asuntos públicos y los delegamos en una capa especializada que, como toda capa especializada, tiene intereses propios. ¿Podemos [email protected] de que les den más importancia a sus intereses que a los del ciudadano? La culpa no es del chancho, sino del que le da de comer. En realidad la corrupción y el abuso de poder de “[email protected]” “representantes” nos representan correctamente, pues lo que [email protected] hacen es lo que [email protected] dejamos que hagan, con nuestra pasividad e indiferencia ante los asuntos públicos y nuestra adhesión (con confianza o sin ella) al sistema representativo.
Para dejar de ser [email protected] como idiotas, en primer lugar debemos dejar de serlo. En la antigüedad griega, se le llamaba idiota al ciudadano que no se interesaba por los asuntos públicos de la polis. Actualmente, esta actitud se conoce como el apoliticismo. Pero ese apoliticismo en falso, porque quien no toma ninguna posición, está tomando una posición. La neutralidad total no existe. El neutral ante la injusticia y la explotación, está del lado de la injusticia y la explotación.
Dejar de ser idiota tiene sus peligros. Ser consecuente con una participación social fuera y contra las instituciones estatales significa enfrentarse a [email protected] [email protected] del status quo y a sus [email protected] No hay otra alternativa si queremos ser libres, son [email protected] o [email protected]
El último miedo a vencer es el vacío social que puede causarte ser [email protected] con vos [email protected] y hacer lo que querés. Esto es normal, es algo que viene con la libertad. Lo que estás haciendo no es crear un nuevo temor, sino enfrentar al temor del que antes huías. [email protected] que más le teman a la libertad serán [email protected] más hostiles para con quienes luchen por la ella.
Si después de lo anterior pensás “todo muy lindo, pero lo que proponés jamás funcionaría porque la gente es así o asá” estás olvidando que:
1) Vos sos parte de la gente, asi que lo que decís de la gente lo decís de vos [email protected]
2) Si [email protected] pensamos “para qué cambiar si la gente no va a cambiar” entonces nadie va a cambiar: será la profecía autocumplida. Eso sí, tendremos el reconfortante consuelo de que “teníamos razón sobre la gente”.
En todo aspecto de la vida hay dos opciones: o se es libre y por lo tanto sincero con [email protected] mismo o se busca la comodidad y el autoengaño. Solamente eligiendo lo primero se vive, eligiendo lo segundo, se dura.





Tanto este texto como el siguiente escrito fueron tomados de la web de
C.I.C.A. (Círculo Internacional de Comunistas Anti-bolcheviques)
http://www.geocities.com/cica_web
[email protected]
Cómo NO luchar:
- Como activista o militante [email protected], sacrificando la liberación propia por "la causa", dedicando a la revolución un horario separado al resto de nuestras vidas (como si la revolución fuera un trabajo), subordinándonos a un jefe/ dirección/ programa, luchando por gente que no lucha por sí misma y por lo tanto terminando en dirigirlas, adoctrinando, mistificando el "especialismo" en la revolución social y/o la ideología/teoría de la misma y por lo tanto abogando por la autoridad (sea jerárquica, ideológica y/o moral) de [email protected] activistas sobre [email protected] demás
- Separando lo que pensamos de lo que hacemos, el pensamiento de la acción, la teoría de la práctica. La ideología de la liberación es enemiga de la liberación
- Siendo patriota de una ideología/ bandera/ tradición/ corriente/ organización/ programa/ dirección/ clase pretendidamente revolucionaria. Esto impide pensar y actuar libremente, y reproduce un montón de actitudes burguesas de chauvinismo y reacciones conservadoras para nada revolucionarias

Cómo luchar:
- Teniendo siempre en cuenta nuestro objetivo final (la anarquía a nivel mundial) y nuestros objetivos intermedios colectivos y personales, interrelacionando de manera consciente nuestra acción y nuestro pensamiento en pos del objetivo.
- De manera integral. La lucha "exterior" por una sociedad libre debe ser una con nuestra lucha "interior" por combatir a la vieja sociedad dentro nuestro. Nuestro aporte a la autoliberación colectiva debe ser un momento de nuestra autoliberación individual, sacrificar una en pos de la otra es no llevar a cabo ninguna.
- Con creatividad, con placer, con felicidad. tenemos dos objetivos o un objetivo con dos aspectos: aportar nuestra contribución a la destrucción de este orden social y vivir nuestras vidas lo mejor posible. En el momento en que estas dos cosas se convierten en algo separado y antagónico, estamos haciendo las cosas mal.
- Si la opresión y dominación es total, la autoliberación también debe serlo. No basta con superar las actuales relaciones sociales en sus aspectos económicos y políticos. los aspectos espirituales, afectivos, familiares, de pareja, etc. también son un momento de nuestra lucha por autoliberarnos, ya que todas esas relaciones tambien son parte de nuestra vida. quien considera a esto último como un "plus", algo secundario respecto a "la colectivización de los medios de producción y la abolición del Estado", reproduce las conductas alienantes del activismo
- En fin: viviendo la anarquía en la medida que podamos. El ejemplo práctico es superior al convencimiento teórico.

Más bien, ya no se trata de cómo luchar y cómo no luchar. se trata de cómo VIVIR. este sistema es deshumanizante. lo verdaderamente subversivo no es tal o cual método de lucha, sino ser lo más humanos posible.

Fuente: Mariposas del Caos
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