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Por qué los judíos europeos son más inteligentes

¿Por qué los judíos europeos son más inteligentes?



Recordar que “el CI es controvertido por buenas razones, pero mide algo”, como ha hecho hace poco Richard Dawkins desde su cuenta de twitter, no debería ser una afirmación problemática.

Pero aún lo es, incluso entre el público con una cultura científica superior a la media o simplemente con más interés en los temas científicos. Aún se contesta la existencia de una inteligencia general desde el presunto desafío de las “inteligencias múltiples”, o de una “inteligencia emocional”, mientras que sigue esgrimiéndose la sospecha tradicional de que la medida de la inteligencia oculta sombríos intereses ideológicos.





Albert Einstein


Las dudas populares contrastan con el consenso de los investigadores en el campo de la psicometría, sin embargo. Para la mayoría de los expertos los test diseñados para medir la inteligencia general son, en general, fiables, precisos y tienen además un elevado poder predictivo en distintos aspectos sociales relevantes, desde el éxito o el fracaso escolar, hasta la criminalidad o la expectativa de vida.


Para Roberto Colom, uno de los investigadores españoles mejor posicionados en esta área de la psicologia, “no existe ningún otro factor psicológico que alcance el éxito predictivo de la capacidad intelectual”.




Un siglo de inteligencia general


El año pasado se cumplió un siglo desde que empezó a medirse el cociente intelectual. Casi desde el primer momento, tal y como explica el profesor Richard Lynn 1 en una reseña sobre este centenario, el descubrimiento de la inteligencia general adquirió dimensiones engorrosamente políticas, siendo en general bien recibida por los eugenistas y los intelectuales de la izquierda, pues se pensaba que proporcionaría una nuevo impulso a la educación basada más en la igualdad de oportunidades y el mérito personal que en la herencia de clase.


La opinión de la izquierda fue cambiando en la segunda mitad del siglo XX, sin embargo, debido a una variedad de causas, entre las que figuraba el descubrimiento de que la inteligencia general no estaba distribuída uniformemente en los grupos raciales humanos (sin que esto significara, entonces o ahora, que las diferencias fueran consideradas inmutables, “genéticamente determinadas”, o insensibles a los factores ambientales y socioeconómicos).


El descubrimiento de que la inteligencia no era insensible a la biodiversidad humana en todo caso parecía violar los presupuestos igualitaristas de la izquierda, convirtiendo la inteligencia general en una idea peligrosa para muchos.


Estos rifirafes ideológicos no deben oscurecer el carácter científico de esta área de la psicología, como explica extensamente un artículo de Roberto Colom (2000). Esta lectura es especialmente indicada para los que aún piensan que las críticas de Leon Kamin o Stephen Jay Gould, tan influyentes en España, tienen un peso relevante en el debate científico sobre la inteligencia, en especial si se desconocen sistemáticamente los puntos de vista alternativos.



El pueblo seleccionado


Aunque existen distintas hipótesis sobre su origen prístino, en general se considera que los judíos askenazis (“ashkenaz” es el nombre hebreo para “alemán”) son los judíos asentados en la Europa central y oriental, como una comunidad diferenciada, desde hace por lo menos 1200 años.


Se trata de una población judía diferente a otras, como los judíos sefarditas o los africanos, y esto estaría de acuerdo tanto con el registro histórico como con el análisis genético.


En la actualidad, los judíos askenazis poseen el mayor cociente intelectual conocido de cualquier grupo étnico, de unos 115 puntos de media (aproximadamente un punto de desviación standard con respecto a la media europea de 100, distancia suficiente para crear diferencias significativas en los extremos de la inteligencia) y están claramente sobrerepresentados en posiciones clave de la ciencia, la cultura y las artes.


Por mencionar un dato, los judíos acaparan 120 premios nobeles, un logro extraordinario teniendo en cuenta el tamaño relativo de su población.


Pueden venirnos a la mente los nombres de Albert Einstein, John Von Neumann, Richard Feynman, Julian Schwinger, Murray Gell-Mann y un largo etcétera
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Pero lo interesante, y quizás sorprendente para algunos, es que los judíos no siempre habrían sido tan “inteligentes” ni habrían estado siempre enamorados de la ciencia. De hecho, no hay ninguna indicación de que estuvieran particularmente interesados en la ciencia natural en los tiempos antiguos y clásicos. Todavía Maimónides sufrió un herem en 1204, prohibición que posteriormente se extendió a toda la sabiduría clásica, en continuación con una venerable tradición de ortodoxia hebrea que se remonta a los tiempos de los fallidos judíos helenizados.2


Para Gregory Cochran y Henry Harpending (2006, 2010), el éxito de los judíos europeos es un caso eminente de coevolución gen-cultural. No es la historia de un pueblo elegido providencialmente sino una historia darwiniana hecha de azar, accidentes culturales y consecuencias genéticas inesperadas: “Los judíos askenazis poseen una ventaja genética en la inteligencia que surgió de la selección natural para el éxito en ocupaciones de cuello blanco durante su travesía por la Europa del norte”.



Esta hipótesis descansaría a su vez en tres suposiciones:

1) La gente más próspera tiende a tener, como media, más hijos que los demás, 2) Los trabajos en los que se implicaron los judíos a partir del medioevo resultaron más exigentes desde el punto de vista de la inteligencia y 3) La inteligencia es un rasgo significativamente heredable.


Otro supuesto importante es el aislamiento genético relativo de la población (se estima que los askenazís son un 40% genéticamente europeos), necesaria para que la selección natural actúe creando diferencias, una condición que de hecho es consistente con el registro histórico de la endogamia judía.


No sabemos con certeza cuáles son con exactitud los pequeños cambios que hacen genéticamente más inteligentes a los judíos europeos, pero es probable que podamos averiguarlo sabiendo qué los hace más vulnerables a trastornos genéticos que los afectan desproporcionadamente, como la enfermedad de Tay-Sachs, la de Gaucher, las mutaciones BRCA1 y BRCA2 causantes de cánceres de pecho, o las enfermedades de Niemann-Pick y Canavan. Todos estos trastornos podrían ser la contrapartida de una inteligencia mejorada.


Para poner un ejemplo, según los datos del gobierno de Israel, un 1.35% de los trabajadores israelíes son ingenieros o científicos, mientras que el 15% de los pacientes de Gaucher son ingenieros o científicos.


Para Cochran y Harpending es probable que estos cambios genéticos tengan origen en presiones culturales que diferenciaron a la población europea del resto. Esto es consistente con el registro histórico, pues efectivamente sabemos que, a diferencia de los judíos asentados en otros lugares, los europeos apenas se dedicaron a la agricultura: “Dado que los musulmanes y los cristianos, especialmente los italianos, estaban teniendo cada vez más dificultades para hacer negocios, los mercaderes askenazis se implicaron cada vez más en el comercio local. Cuando las persecuciones se convirtieron en un serio problema y ya no existía seguridad para viajar a grandes distancias, los askenazis empezaron a especializarse crecientemente en una ocupación, las finanzas, dejadas abiertas debido a la prohibición cristiana de la usura. La mayoría de los askenazis parecen haber sido prestamistas para el año 1100, un patrón que continuó durante siglos”.


Más que de una voluntad original de los propios judíos para dedicarse al comercio y las finanzas, y después a la ciencia natural, el arquetipo del judío medieval podría haberse forjado, al fin y al cabo, como un subproducto de la enemistad cristiana hacia el comercio, a su vez sostenida en la autoridad de Aristóteles. Paradójicamente, la inteligencia de los judíos europeos podría ser un subproducto de las persecuciones, la ignorancia económica y el antisemitismo occidental, unido a circunstancias culturales locales que favorecieron el desarrollo de la inteligencia, principalmente la tradición literaria. Si en lugar de inspirarse en Aristóteles, los doctores escolásticos hubieran seguido a Pericles (“En nuestra ciudad entra por su importancia cualquier mercancía desde cualquier punto de la tierra”, citado por Tucídides), quizás la historia hubiera sido otra.



1 Richard Lynn también es autor del reciente The chosen people. A study of jewish intelligence and achievement.

2 La tradición de los judíos naturalistas helenizados, sobre todo como consecuencia de las conquistas de Alejandro, es poco conocida y quizás insuficientemente estudiada. Dos excepciones son Hecht, J.M. (2004). Doubt. A history. The great doubters and their legacy of innovation from Socrates to Jesus to Thomas Jefferson and Emily Dickinson. Harper one y Wine. S.D. (2012). A provocative people. A secular history of the jews. International Institute of Secular Humanistic Judaism.

Referencias:


Cochran, G. &; Harpending H. (2010). The 10000 year explosion. How civilization accelerated human evolution. Basic Books

Cochran, Gregory, Jason Hardy and Henry Harpending. (2006). “Natural History of Ashkenazi Intelligence.” Journal of Biosocial Science 38


Colom, R. (2000). Algunos “mitos” de la psicología. Entre la ciencia y la ideología. Psicothema.Vol. 12, no 1, pp. 1-14
Pinker, S. Jews, genes and intelligence



http://www.terceracultura.net/tc/?p=6520


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