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Post nómade: Gitanos

Post nómade: Gitanos


Se denomina pueblo gitano, pueblo rom o romaníes a una comunidad o etnia con un origen y características similares pero heterogéneas, presente en casi todos los estados europeos, en numerosos países americanos y en algunos africanos y asiáticos. En el caso de España puede usarse también el término calé para referirse a la persona, o caló para referirse a la variante lingüística propia. Es la mayor minoría étnica de la actual Unión Europea.


-Bandera gitana-


El término «gitano» es mayoritario en España y se recogen significados positivos, aunque también connotaciones peyorativas. Esta circunstancia ha originado en España una propuesta reciente para sustituir este término por romaní o simplemente "rom" (en romaní: hombre o marido). A nivel internacional existe también una propuesta común para utilizar rrom, tanto el nombre del pueblo como el idioma, si bien no hay todavía acuerdo acerca de la existencia o no del doble fonema «r-r» en las lenguas gitanas centroeuropeas.

Historia


Orígenes

La palabra «gitano» procede de «egiptano», porque en el siglo XV se pensaba que los gitanos procedían de Egipto. Cuando penetraron en Europa, muchos grupos de gitanos se presentaban a sí mismos como «nobles egipcianos»; así, en 1425, dos romaníes pidieron un salvoconducto al rey Juan II de Aragón, en el cual se hacían llamar «condes del Egipto Menor». La palabra «calé» parece proceder del indostaní «kâlâ», que significa «negro».

Dado que se pueden encontrar en multitud de estados de todo el mundo, existen una gran variedad de etnónimos. Los principales son los siguientes:

Zíngaros: Término derivado probablemente del griego Ατσίγγανος (literalmente intocable), nombre atribuido a una secta maniquea procedente de Frigia, aunque hay lingüistas que la consideran una falsa etimología. De este término provienen los derivados en alemán (Zigeuner), en húngaro (cigány), en italiano (zingaro) y en portugués (cigano). En francés se usa con doble ortografía (tzigane o tsigane). Los romaníes prefieren la forma sin z, porque esta letra recuerda al tatuaje empleado por los nazis en los campos de concentración para identificarlos, a pesar de lo cual es lo recomendado por la Academia Francesa.

Bohemios: Término utilizado en francés (bohémiens o boumians) por haber entrado los gitanos europeos en el siglo XV mediante un salvoconducto del rey de Bohemia.

Sin embargo, continúa siendo un desafío polémico para la antropología, la historia y la sociología a la hora de explicar sus orígenes, su evolución en el tiempo y sus estrategias de supervivencia en sociedades dentro de las cuales siempre son minoritarios.


-Movimiento gitano-


La opinión más extendida afirma, a partir de análisis genéticos y lingüísticos y a la vista de los documentos conservados, que proceden del Punjab, en cualquier caso de alguna zona comprendida entre India y Pakistán. Los datos lingüísticos apuntan a que los antepasados de los gitanos vivieron en el noroeste de la India, antes de migrar al occidente pasando por la costa sur del Mar Caspio. Se desconoce si con anterioridad habían migrado de otro lugar aún más remoto. También se desconocen las causas exactas de su migración hacia el oeste, que se produjo en torno al siglo XI. Tras una estancia al norte de Persia, se desplazaron, nuevamente, hasta Asia Menor, donde se asentaron durante el siglo XIV. La inestabilidad política provocó el primer éxodo fielmente documentado hacia el oeste y el sur: una rama del pueblo gitano se internó en la Europa Central y otra descendió hasta el norte de África. La entrada de los gitanos en Europa se documenta a partir de los primeros años del siglo XV. A fines de ese siglo, la ruta del sur y la del norte ya se habrían unido en algún punto del sur de Europa (en Francia o España).

Los gitanos en España

En España se cree que llegaron hacia 1415 dispersándose y viajando después por todo el país. Las relaciones entre la población local y los gitanos fueron en general buenas durante el siglo XV. Sin embargo, a partir de 1499, con la llegada al trono de los Reyes Católicos, la situación cambió radicalmente. Las autoridades les dieron a los gitanos un lapso de dos meses para que tomaran un domicilio fijo, adoptaran un oficio y abandonasen su forma de vestir y sus costumbres, so pena de expulsión o esclavitud. Un único y absoluto poder político, una única religión, una única lengua, una única cultura y por consiguiente una única manera de ser. Hasta tal punto esto es así que, incluso, las prácticas de esterilización de los nazis durante la Segunda Guerra Mundial con los gitanos del Este y del Centro de Europa ya las vaticinaron las Cortes de Castilla en 1594, con un mandato legítimo tendiente a separar a los «gitanos de las gitanas, a fin de obtener la extinción de la raza». En 1633 una pragmática negó a los gitanos el carácter de nación y prohibió incluso el uso del término gitano en España.

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La Gran Redada

La Gran Redada, también conocida como prisión general de Gitanos fue una persecución autorizada por el Rey de España, Fernando VI, y organizada en secreto por el Marqués de la Ensenada, que se inició de manera sincronizada en todo el territorio español el miércoles 30 de agosto de 1749, con el objetivo declarado de arrestar (y finalmente, extinguir) a todos los gitanos del reino.

Antecedentes

El acontecimiento, hoy casi olvidado y escasamente estudiado por los historiadores, resulta relativamente insólito, aún teniendo en cuenta que las tensas relaciones de la Corona y del poder en general con la comunidad gitana ya habían generado anteriormente episodios de discriminación o persecución relativamente importantes.

El hecho de que el nuncio Don Enríque Enríquez permitiera, mediante decreto, que fueran los obispos de cada diócesis los que decidieran en casos de asilo eclesiástico (y no él mismo, tal y como le había delegado el propio Papa) permitió un control más directo sobre la población por parte del Estado Absoluto. Al mismo tiempo, la reciente Guerra de Sucesión había provocado que los campos se llenaran de delincuentes, que se sumaron a la llegada y permanencia de tropas mercenarias que veían mermada su movilidad por causa de la inseguridad ciudadana, que se atribuyó a los gitanos.

Una normativa anterior, de 1717, había fijado la residencia forzosa de los gitanos en un número muy determinado de ciudades y poblaciones (un total de 75)con objeto de sedentarizarlos y asimilarlos. De hecho, en el momento de la organización y ejecución del plan, la capital (Madrid) estaba llena de gitanos en espera de reasentamiento (pues los procesos burocráticos eran lentos), lo que provocó las quejas del propio monarca, que ordenó apurar los trámites para expedir cuanto antes a los gitanos ambulantes a su destino y asegurar así su localización posterior. Eso permitió conocer con exactitud el paradero de 881 familias gitanas, siendo una de las claves de la eficacia de la operación.

Los planes fueron iniciados por Vázquez Tablada, y continuados y ejecutados por el Marqués de la Ensenada cuando aquél cayó en desgracia, si bien ideas parecidas habían sido ya sugeridas en décadas anteriores, sin llegar a materializarse.

El plan

La organización se llevó a cabo en secreto, y dentro del ámbito de la secretaría de Guerra. Esta institución del Estado Absolutista preparó minuciosas instrucciones para cada ciudad, que debían ser entregadas al corregidor por un oficial del ejército enviado al efecto. La orden era abrir esas instrucciones en un día determinado, estando presente el corregidor y el oficial, para lograr la simultaneidad de la operación. También se prepararon instrucciones específicas para cada oficial, que se haría cargo de las tropas que debían llevar a cabo el arresto. Ni el oficial ni las tropas conocían hasta el último momento el objetivo de su misión. Ambas órdenes iban introducidas en un sobre, al que se se añadió una copia del decreto del nuncio (antes mencionado) e instrucciones para los obispos de cada diócesis. Esos sobres se remitieron a los Capitanes Generales (previamente informados), que escogieron a las tropas en función de la ciudad a la que debían dirigirse.

Las instrucciones estipulaban que tras abrir los sobres se mantendría una breve reunión de coordinación del ejército y las fuerzas de orden público locales (alguaciles, etc). Se sabe que en Carmona, por ejemplo, se estudió la operación sobre el plano de la ciudad, cortando las calles para evitar una posible huida. Tras los arrestos, se cruzaron los datos de los detenidos con los del censo de la ciudad, y si interrogó a los detenidos sobre el paradero de los ausentes, que fueron arrestados mediante requisitoria a los pocos días.

Tras el arresto, los gitanos deberían ser separados en dos grupos: todos los hombres mayores de siete años en uno, y las mujeres y los menores de siete años en otro. A continuación, y según el plan, los primeros serían enviados a trabajos forzados en los arsenales de la Marina, y las segundas ingresadas en cárceles o fábricas. Los arsenales elegidos fueron los de Cartagena, La Coruña y el Ferrol, y más tarde las minas de Almadén, Cádiz y Alicante y algunas penitenciarías del norte de África. Para las mujeres y niños se escogieron las provincias de Málaga, Valencia y Zaragoza. Las mujeres tejerían, y los niños trabajarían en las fábricas, mientras los hombres trabajarían de los arsenales, necesitados de una intensa reforma para posibiitar la modernización de la flota española, toda vez que las galeras habían sido abolidas en 1748. La separación de las familias (con el evidente objetivo de impedir nuevos nacimientos) fue uno de los rasgos más crueles de la persecución.



-Representación idealizada de una gitana con su hijo en una obra del siglo XIX. Obra de William Adolphe Bouguereau-


El traslado sería inmediato, y no se detendría hasta llegar al destino, quedando todo enfermo bajo vigilancia militar mientras se recuperaba, para así no retrasar al grupo. La operación se financiaría con los bienes de los detenidos, que serían inmediatamente confiscados y subastados para pagar la manutención durante el traslado, el alquiler de carretas y barcos para el viaje y cualesquiera otros gastos que se produjeran. Las instrucciones, muy puntillosas en ese sentido, establecían que de no bastar ese dinero, el propio Rey correría con los gastos.

La puesta en práctica

La operación supuso la detención de entre 9.000 y 12.000 gitanos, lo que provocó problemas de ubicación que fueron solventados sobre la marcha. En cada lugar los hechos se desarrollaron de manera particular. En Sevilla, uno de los lugares más densamente poblados de gitanos de toda España (130 familias) se creó un cierto estado de alarma cuando se ordenó cerrar las puertas de la ciudad y los habitantes se enteraron de que el ejército rodeaba la población. La recogida de los gitanos dio lugar a disturbios que se saldaron con al menos tres fugitivos muertos. En otros lugares, los propios gitanos se presentaron ante los corregidores voluntariamente, creyéndose tal vez que acudían a resolver cualquier asunto relacionado con su reciente reasentamiento.

La meticulosa organización de los arrestos contrasta con la imprevisión y el caos en que se convirtió el traslado y el alojamiento, sobre todo en las etapas intermedias de los viajes. Se reunió a los gitanos en castillos y alcazabas, e incluso se vaciaron y cercaron barrios de algunas ciudades para alojar a los deportados (por ejemplo, en Málaga). Ya en su destino, las condiciones de hacinamiento resultaron ser especialmente terribles, pues por lo general incluían el uso de grilletes.

Según la documentación conservada, la actitud de los no gitanos fue variable. Desde la colaboración y la denuncia hasta la petición de misericordia al Rey por parte de ciudadanos respetables (en el caso de Sevilla), lo que es una muestra del variado grado de integración que tenía la población gitana de entonces.

La vaguedad de la definición de gitano

En las instrucciones enviadas no se mencionaba a los gitanos: la palabra estaba prohibida por pragmáticas anteriores, en virtud de los ideales unificadores de la Ilustración. La pragmática básicamente describía sus actividades. Eso permitiría a algunos corregidores ordenar que no se molestara a determinada familia por estar arraigados en el vecindario y tener oficio conocido. Así mismo, no se detuvo a las mujeres gitanas casadas con un no gitano (si bien hubo excepciones), apelándose al fuero del marido, lo que implicaba que los gitanos casados con no gitanas sí serían deportados junto con sus mujeres e hijos. Se dispuso la horca para los fugados, si bien parece que las autoridades locales se negaron a cumplir esa orden, en parte por las decisiones de revisión de casos que veremos a continuación, en parte por considerarla injustificada.


-Marqués de Ensenada-


Comienzan los recursos

El 7 de septiembre de 1749, ya muy avanzada la operación, tiene lugar una reunión del Marqués de la Ensenada con sus consejeros, en la que el Marqués declara:
falta lo principal, que es darles destino con que se impidan tantos daños y extinga si es posible esta generación.

En la reunión se baraja la deportación final a América, su dispersión por los presidios o su empleo en las obras públicas. Pese a esto, sin embargo, pronto lloverán los recursos y pleitos que desbaratarán parte del plan.

Como se ha dicho, no existía una noción clara y determinante de quién era gitano y quién no, de manera que muchos gitanos asentados desde hacía generaciones vieron revisados sus casos, en ocasiones por iniciativa propia, otras veces al ser defendidos por sus vecinos, y en la mayoría mediante procedimientos secretos, caso por caso, con el fin de comprobar su grado de integración.

Según Teresa San Román, en realidad lo que ocurrió fue que los consejeros del Rey descubrieron que los gitanos arrestados (los sedentarizados) eran los más valiosos para las economías locales, mientras que los, a sus ojos, más peligrosos, continuaban sueltos. En octubre el gobierno presenta una nueva orden con más especificaciones, tratando de hacer entender que estaba cogiéndose a los gitanos equivocados. Eso explicaría que todavía en 1751 y 1755 hubiera partidas de detenidos enviados a las cárceles, y al mismo tiempo se liberaban otros. En general, la confusión posterior fue total, pues se detiene a los gitanos en un sitio, y se les suelta en otros (por petición de los vecinos y procedimientos secretos). Esta situación habría provocado, según la autora, la ruptura traumática de los vínculos entre payos y gitanos, especialmente desde la perspectiva de éstos últimos, que vieron traicionados sus esfuerzos de integración.

El personal militar encargado de custodiar a los arrestados apremió tales procedimientos, pues en realidad los gitanos detenidos creaban quebraderos de cabeza a sus carceleros y apenas servían para los trabajos de los arsenales. Esto permitió la paulatina liberación de muchos presos, si bien en un ambiente de caos (donde la similitud de apellidos y nombres dio lugar a diversas confusiones). A eso se sumó el hecho de que los liberados debían recuperar sus bienes ahora subastados, lo que convirtió el proceso en un problema jurídico para muchas localidades. Por otro lado, la liberación de parte del contingente dividió a los gitanos en dos grupos: los buenos y los malos. Se desconoce la proporción existente entre uno y otro tipo.

Aquellos que quedaban presos se resignaron o se resistieron, y hubo intentos de evasión. A los cuatro años de internamiento, muchos gitanos volvieron a reclamar libertad, amparándose en que esa era la pena para los vagabundos, normalmente sin obtener por ello la libertad. Se sabe que 1754, cinco años después de la redada, había 470 mujeres sólo en valencia, y 281 hombres en Cartagena. Entre tanto, a las liberaciones le acompañaban nuevas detenciones.

Básicamente, el asunto se fue dilatando en Madrid, pese a las protestas de los militares que se quejaban del costo económico que suponía tener a su cargo los prisioneros, o de los vecinos y corregidores. Desde la corte se dieron instrucciones taxativas para que no se admitieran más recursos ni liberaciones. Pese a todo, algunos arsenales, por su cuenta, e irregularmente, pusieron en libertad a varios contingentes en 1762 y 1763. Estos sucesos, y el revuelo que causaría entre los mandos del ejército, provocarán el indulto final.

El indulto


-El rey Carlos III


En 1763 se notifica a los gitanos, por orden del Rey (en este caso, Carlos III), que van a ser puestos en libertad. Pero la compleja administración absolutista debía primero resolver el problema de su reubicación. Además, los consejeros del Rey decidieron que, junto al indulto, debería reformarse de nuevo toda la legislación sobre los gitanos. Esto supuso un atasco burocrático de dos años más, para desesperación de los gitanos presos (que no cesaron de reclamar la libertad[8] ) e inquietud de los militares, hasta tal punto que el Rey ordenó acelerar los trámites y dio órdenes de finalizar el asunto. El 6 de julio de 1765, dieciséis años después de la redada, la sercretaría de Marina emite orden de liberar a todos los presos, orden que hacia mediados de mes ya se habría cumplido en todo el reino. Se sabe sin embargo que todavía en 1783, treinta y cuatro años después de la redada, estaban siendo liberados algunos gitanos de Cádiz y el Ferrol.

Cuando en 1772 se someta a deliberación una nueva legislación sobre gitanos, en el preámbulo se mencionará la redada de 1749. Carlos III solicitará que sea retirada esa mención, pues "hace poco honor a la memoria de mi hermano (refiriéndose a Fernando VI)".
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Siglo XX

La discriminación legal hacia los gitanos, dado que la discriminación real perdura hasta la actualidad, puede observarse en pleno siglo XX, más precisamente en los artículos 4 y 5 del Reglamento de la Guardia Civil de 1943, donde se especifica que los gitanos debían ser vigilados de forma especial.

Migraciones a partir del siglo XVIII

La situación de persecución, junto a todas las leyes y prágmaticas que los discriminaban y su valorado sentido de libertad propio, acentuó el carácter itinerante de los gitanos. Durante los siglos siguientes, y especialmente durante el siglo XIX, se produjo una segunda migración masiva de gitanos hacia Europa y América, aprovechando las rutas europeas hacia el nuevo continente.

Los gitanos se vieron severamente perseguidos e incluso exterminados durante el siglo XX. La inestabilidad política y económica del este de Europa provocó, especialmente a fines del siglo, otra nueva movilización en masa de la comunidad gitana, todavía en curso, esta vez en dirección a la Europa central.

Cultura


Rasgos identitarios

Los gitanos han tenido desde antiguo un estilo de vida parcialmente nómada que les ha influido notablemente y desde un principio han destacado por una importante aportación característica en el arte y cultura populares, especialmente la música. Siguen celosamente sus costumbres, pero también se han adaptado y evolucionado en los distintos países donde se han asentado. Ello fue especialmente manifiesto en Andalucía, donde los gitanos hicieron suyos el canto y el baile flamencos, enriqueciéndolos y aportando infinidad de cantaores o bailaores a la cultura andaluza y española.
El gitano es lo más elemental, lo más profundo, lo más aristocrático de mi país, lo más representativo de su modo y el que guarda el ascua, la sangre y el alfabeto de la verdad andaluza universal.


El gitano es lo más elemental, lo más profundo, lo más aristocrático de mi país, lo más representativo de su modo y el que guarda el ascua, la sangre y el alfabeto de la verdad andaluza universal.
Federico García Lorca


Una muestra de férrea identidad común es el uso de la palabra payo, con la que designan a los que no son gitanos, en contraposición a los gitanos. Algunos gitanos usan ese apelativo, generalmente con connotaciones peyorativas. Su etimología, según la academia lingüística RAE, es “Pelayo” y no procede de la lengua gitana originaria.

Según Juan de Dios Ramírez Heredia, otro término extendido entre los gitanos para denominar a los no gitanos es “gadyè”. Su forma escrita centroeuropea es “gaže” o “gadjè”. De este término deriva “gachó”, palabra muy utilizada en España para referirse a un individuo cualquiera (equivalente a “fulano”) y "gachí" (para referirse a una mujer). “Gadyè” es el sustantivo masculino plural, “gadyò” es masculino singular y “gadyì” es femenino singular. En España, los gitanos también pueden referirse a los no gitanos como "busnó" y "lacró".


Gitanas con traje típico en Praga


Idioma romaní
Artículo principal: Romaní
Para información específica sobre la lengua de los gitanos españoles, véase Caló.

La lengua gitana es el romaní, un idioma indoeuropeo.

Un estudio del año 2003, publicado por la revista Nature sugiere que el romaní está relacionado con el cingalés, todavía hoy hablado en Sri Lanka. En la actualidad, sin embargo, la mayoría de los gitanos del mundo habla la lengua del territorio en que habita, adaptándola mediante el fenómeno llamado pidgin. Según algunas autoridades las lenguas gitanas se agrupan de la siguiente manera:

* grupo del Danubio representado por los kalderash, lovara y curara;
* grupo balcánico occidental que comprende a istrios, eslovenos, javates y arlija;
* grupo mesoamericano: representado principalmente por los león.
* grupo sinto: eftavagarja, kranarja, krasarja y eslovaco;
* grupos rom de Italia central y meridional;
* grupo británico: romaní galés (ya desaparecido) y anglo-romaní;
* grupo fínico;
* grupo greco-turco o greco-romaní.
* grupo ibérico: caló o hispano-romaní, que es una trasposición léxica del vocabulario romaní sobre la sintaxis y la gramática del español. Se habla en España, Portugal, Andorra y Gibraltar por la población Gitana. Erromintxela es el nombre que recibe el habla de los gitanos del País Vasco (buhameak o ijitoak). Es una variante del idioma romaní, con grandes influencias del euskera

Además, este idioma recoge en sí mismo el propio itinerario irregular de los gitanos durante los últimos mil años. Se pueden encontrar restos de vocabulario armenio (grast, caballo), persa (ambrol, pera; angustr, anillo), eslavo (ledome, congelado) y griego (drom, camino; kokalo, hueso), así como estructuras sintácticas de dialectos eslavos, del magiar, del rumano, del alemán o del español.

El nomadismo

Una de las causas que se relacionan con la exclusión e inadaptación de los gitanos es su tendencia a la itinerancia que, sin embargo, los modernos estudios gitanológicos han desmitificado ese punto. La profesora Teresa San Román ha estudiado las diferentes medidas legislativas promulgadas por las autoridades españolas y ha comprobado cómo existió desde el principio una contradicción interna en la lógica de esas disposiciones: “la tendencia a la asimilación durante el siglo XVII y la primera mitad del XVIII es creciente, pero se limitaban los lugares donde poder asentarse, se restringen los oficios…”. Los legalmente avecindados eran expulsados una y otra vez, y la lógica de sedentarización forzosa/expulsión se sucederá en todos los países y en todas las épocas.


-Una gitana al lado de una iglesia en Roma-


La socióloga María Helena Sánchez recuerda que los castigos hacia la comunidad gitana recaían tradicionalmente sobre las poblaciones sedentarizadas, lo que hacía poco atractivo el asentamiento. Al mismo tiempo, la restricción en el ejercicio de oficios conlleva el ejercicio de profesiones itinerantes y estacionales. El nomadismo, en cierta medida, no es una causa, sino una consecuencia de la persecución y la marginación.

Población


Son una comunidad muy diversificada, en el ámbito internacional, sin territorio propio definido, y en la práctica sin instituciones políticas o sociales propias hasta el último siglo. Idealmente, se conoce al país gitano como Romanestán, concepto o reclamación similar en cierto modo al de otros pueblos o etnias sin estado, como los kurdos y su Kurdistán o el del pueblo judío antes de la creación de Israel.

La lengua romaní tampoco presenta una homogeneidad o extensión que permita hablar de un único idioma transnacional gitano, pues las comunidades romaníes de los distintos estados suelen adoptar o adaptar la lengua dominante del territorio en que se encuentran. Los romaníes de todo el mundo presentan diferentes características antropométricas, culturales y sociales que dificultan su categorización bajo una sola familia étnica, por lo que a menudo es difícil o tedioso obtener datos fiables de un censo común.

Se estima que en todo el mundo viven entre 10 y 12 millones de gitanos, distribuidos hasta en cuatro continentes. Son la principal minoría étnica de la Unión Europea, previéndose un aumento en su importancia porcentual tanto por futuras ampliaciones anunciadas de países europeos del este (donde se concentra la mayor población de romaníes del continente), como por su estructura familiar (con altas tasas de natalidad).

Internacional

La población mundial de romaníes y su localización geográfica se desconoce con exactitud. La cifra más aceptada, procedente de datos agregados por países podría rondar los 12 millones de personas, de los cuales 10 se concentran en Europa. Algunas fuentes (muy escasas) suman un total de 40 millones, al agregar la supuesta población gitana de la India.


-Fiesta gitana con Posse, Bulgaria


Existen diversas causas que explican la falta de datos acerca de la cantidad exacta de gitanos. Algunos países carecen de un censo fiable de esta comunidad. También se achaca a su movilidad territorial, a la desconfianza hacia las instituciones, al deficiente y problemático planteamiento del recuento, a la simple desidia de la administración (por ejemplo, en el año 2003 todavía no existía un censo fiable de gitanos de La Rioja) o a las condiciones socioeconómicas de cada país, también con dificultades para censar a la población no gitana.

Es revelador que el último censo oficial completo de gitanos realizado a nivel estatal en España siga siendo de fines del siglo XVIII, en concreto del año 1783.

El país con mayor número de gitanos del mundo es Turquía, en donde vivirían 2-5 millones.

Argentina

Viven aproximadamente 300.000 gitanos, pertenecientes a diferentes grupos: kalderash, lovari.

Se dividen en dos grandes grupos: el grupo "Rom" y el grupo "Ludár", liderados por Juan Pablo Posse. Los gitanos del grupo Rom llaman "boiás" a los gitanos del grupo Ludár; y éstos llaman "burbéts" (desde gurbetçi - "forastero", en el idioma turco[42] ) a los gitanos del grupo Rom.

Chile

Son bilingües subordinados, el romanés es la lengua subordinante. En el plano fonético-fonológico, la entonación que caracteriza el habla gitana subyace a sus enunciados en español. La pronunciación de palabras como "iNglésia", iglesia, "ávto", auto o coche, etc., indica que el sistema fónico segmental del romanés interfiere de manera importante en el castellano hablado por los gitanos.

Otras dos características relevantes que presenta este bilingüismo son:

* a) La primera lengua que adquiere el niño es el romanés.
* b) Existe entre los gitanos una actitud positiva hacia su lengua. De hecho, hablan sólo romanés o Rom cuando interactúan entre ellos. El castellano lo utilizan cuando es imprescindible para comunicarse con algún "gajó" o algún gitano "boiás".

Así como se acuñó la expresión castellano mapuchizado para señalar las características peculiares del español hablado por los mapuches, también se habla de un español romaneizado.
Dentro del grupo Rom se pueden distinguir algunos subgrupos, los cuales tienen ciertos rasgos generalizadores, pero se encuentran fuertemente vinculados por costumbres y por sangre, por lo que es difícil establecer límites entre ellos. Algunos de estos subgrupos son los "káwicis", "koriánura", "invasórure", "cikaréstis", "badunícura", "khañárias", etc.
Los gitanos Rom de Chile llaman a los gitanos de Argentina "leási" (desde lǎieşi, otro nombre por el grupo romaní kalderash) y éstos a los gitanos de Chile "xoraxanés" o"xoraxái".

España

En España, por mandato constitucional, no se permite formalmente la discriminación por raza o etnia, por lo que en los censos locales no existe ninguna referencia a los gitanos como tales, lo que impide tener constancia del número exacto de gitanos a través de esa fuente de información. Tradicionalmente se han agrupado importantes comunidades de gitanos en España. Por comunidades autónomas, Andalucía cuenta con la mayor población de gitanos con cerca de 300.000, alrededor de un 5 por ciento del total de la población de la comunidad. Su relevancia allí es tal que en octubre de 1996, el Parlamento de Andalucía declaró el 22 de noviembre Día de los Gitanos de Andalucía. Ese día se conmemora su llegada en 1462 a Andalucía.

Tras ésta, son Cataluña, Madrid y la Comunidad Valenciana las comunidades donde se concentra la mayor parte de la población gitana.


-Familia Gitana-


La difícil inclusión social del pueblo gitano en España continúa siendo un problema endémico. Desde el inicio de la democracia española en 1978, los sucesivos gobiernos democráticos han venido adoptando diversas medidas integradoras con mayor o menor éxito, especialmente en las áreas de servicios sociales y de bienestar, intentando especialmente fomentar su integración y superar los problemas derivados de la pobreza y discriminación. Desde 1983, por ejemplo, el gobierno puso en marcha un programa especial para promocionar el derecho a la educación que incluía a las comunidades gitanas.

Algunos de ellos se han organizado en la Unión Romaní, una federación de asociaciones dedicada a la defensa de la comunidad gitana. Persigue el reconocimiento de la cultura y desarrollo social del pueblo gitano.

Grupos y subgrupos

Los propios romaníes se agrupan en diferentes divisiones, en función de diferencias territoriales, dialectales y culturales. Las cuatro grandes familias gitanas son:

1. Kalderash: propios de los Balcanes, y que nutrieron los grupos de emigrantes a Norteamérica y Sudamérica.
2. Calé, en el norte de África, la península Ibérica y el sur de Francia.
3. Manuches o Sintis, que se desplazan por las fronteras francoalemanas y especialmente por Alsacia.
4. Romanichels, en Inglaterra y Estados Unidos.
5. León, extendidos en el centro de México y asociados con algunos clanes de Europa occidental.

Cada una de estas familias puede subdividirse en dos o más subgrupos en virtud de su ocupación o el territorio de origen. Así, encontramos los siguientes términos: Machvaya (Machwaya), Lovari, Churari, Sinti, Rudari, Boyash, Ludar, Luri, Xoraxai, Ungaritza, Bashaldé, Ursari y Romungro.

Fuente 1
Fuente 2
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