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Primer leyenda de la aviacion Argentina



Primer leyenda de la aviacion Argentina



Vicente Almonacid conocido como el Condor riojano fue el primer piloto de combate Argentino en lograr el titulo de heroe de aviacion al obtener 3 victorias durante la primer guerra mundial, primer ingeniero aeronautico argentino, creador de la aeroposta Argentina, de una serie de aparatos de vuelo adoptdos por los aliados y de la primer escuadrilla de aviones de combate paraguayos, quedando grabado su nombre en el arco del triunfo .


Vicente Almonacid primer As de combate Argentino


Vicente Almandos Almonacid nació el 24 de diciembre de 1882, en la localidad riojana de San Miguel de Anguinán.En la capital porteña, llevó a cabo sus estudios iniciales en el Colegio Nacional, prosiguiendo su formación profesional en la Escuela Naval Militar de Buenos Aires. logrando adquirir “el diploma de Guardia Marina.”
En esos años ingresa a la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, en donde va a adquirir valiosos conocimientos en aeronavegación.






Francia, la tierra donde pudo realizar su verdadero destino


Con sus conocimientos aprendidos en la Facultad, Almonacid emprendió la construcción de un aeroplano de su propia invención. El “aeromóvil”, probó su eficacia en El Palomar, aunque su desarrollo posterior no alcanzó a realizarse, ya que según se consideraba “ dudosa su industrialización en el país.”



Ante la imposibilidad de seguir desarrollando su proyecto aeronáutico, emprendió un viaje hacia París, la única ciudad en el mundo que le podría brindar una posibilidad de concretar sus sueños de volar.



Vicente Almandos Almonacid llegó, finalmente, hacia esa tan ansiada capital del mundo que era la París de la belle époque pocos meses antes de finalizar el año de 1913. Al poco tiempo tuvo su primera experiencia como piloto, en un hecho que no nos deja, aún hoy, de sorprender:
Como desconocía el idioma, los instructores franceses lo confundieron con un avezado piloto sudamericano. Como consecuencia lo impulsaron a comandar un complejo monomotor que estaba listo para despegar en pista.



Almonacid sólo había piloteado los sencillos aparatos de su invención con bastante temor y guiado por su intuición logró despegar. Ya en el aire, tuvo que ir probando el desconocido instrumental de vuelo, lo que provocaba en el aparato arriesgadas maniobras. Los franceses, que contemplaban asombrados los giros y contragiros y las veloces picadas del avión, creyeron que el piloto estaba haciendo una exhibición de acrobacia aérea. Finalmente, logró aterrizar. Para su confusión, los espectadores lo recibieron con un cerrado aplauso.



Luego de tan increíble debut, Almonacid pudo superar exitosamente su primera sesión de 1914, razón por la cual el Aero Club de Francia le otorgó, su certificado como piloto oficialmente reconocido por el gobierno francés.




Vientos de guerra marcan radicalmente su destino


A principios de agosto de 1914 El piloto argentino, en gratitud y admiración de la tierra que lo cobijaba, se enrola en la Legión Extranjera el 10 de agosto, eligiendo la aviación. Dos días más tarde ingresa como piloto y el 12 de septiembre obtiene el brevet militar, siendo destinado a la escuadrilla 35 estacionada en Poperinhe (Bélgica).



Incorporado como piloto de la recientemente creada fuerza aérea francesa, se le encargó la realización de vuelos de vigilancia sobre el cielo parisino.
En 1915 es destacado a una escuadrilla de combate, donde luego asciende a cabo por su victoria ante varios monoplanos ” Taube” alemanes. Su coraje bajo el fuego le gana el grado de sargento.



En 1916 organiza una escuadrilla que se hará célebre por sus hazañas y vuelos nocturnos sobre territorio alemán que estará equipada con aviones Farman, Breguet “Torpedo” y Sopwith “Camel”. Al terminar la guerra posee el grado de capitán, con las más altas condecoraciones francesas, entre las cuales la “Medaille Militaire” y “Croix de Guerre” Insignia de la Légion d’Honneur, Insignia de la Ligue Aéronautique francesa.




Su vuelo más emocionante relatado por el mismo



"Recibí la orden de bombardear una fábrica de gases asfixiantes a unos 150km de la frontera. Salí a las 4 de la mañana. De noche y puse un par de horas en hacer el viaje de ida, pues soplaba un viento norte bastante fuerte. Salvo la dificultad que me oponía el viento, no tuve ningún contratiempo a la ida.



Recién salía el sol cuando empecé a bombardear la fábrica que me habían designado. La séptima bomba causaba el efecto deseado, Casi se me vuelca el aparato, tan formidable fue la explosión. Bajé planeando para ver si había quedado aún algo por hacer y cuando estaba a poca altura pude observar que varios aeroplanos tomaban vuelo dispuestos a lanzarse en mi persecución.



Sin perder un minuto empecé a tomar altura en vuelos en espiral, pues además abajo las ametralladoras empezaban a funcionar. A unos 1500 mt me di cuenta que me encontraba rodeado de siete aviatiks que se proponían cortarme la retirada. Descendí de nuevo y puse el motor a toda velocidad, tomando ventaja sobre los aparatos alemanes. Cuando ya casi me encontraba en territorio francés, mi corazón latía con menos fuerza, pues me sentí ya casi seguro de mi salvación.



Por medio de una hábil maniobra logré atraerlos hacia la zona dominada por la artillería francesa, la cual comenzó un fuego incesante contra mis perseguidores, logrando descender dos de ellos y obligando a los otros a huir. Créame que cuando aterricé largué un respiro muy fuerte, pues aquel día sentí un poquito de miedo, pues vi la muerte muy cerca. Excuso de decirle que mi aparato estaba acribillado de balas. Esta acción me valió que me citasen en el Orden del Día y pocos días después recibía la medalla militar o sea la más alta recompensa.



Como técnico de aeronáutica, y en base a su experiencia como piloto, diseñó e implementó en los aviones galos una serie de artefactos bélicos que contribuyeron a darle más efectividad a las acciones llevadas a cabo por éstos contra posiciones del enemigo.
Uno es un lanzabombas, de un mecanismo sencillísimo, y otro un viseur para el mismo lanzabombas.


1925: Vicente Almandos Almonacid ,Sistema de navegación nocturno de aviones y guías para bombarderos.




El ansiado regreso a su tierra


Finalmente, en 1919 atravesó el Océano Atlántico escoltado por una escuadrilla de aviones franceses como jefe de división de la Misión Aeronáutica Francesa, arribando al país el seis de septiembre de dicho año.Un comité de recepción, preparó un recibimiento llamandolo el “Centinela de los Andes”; y dandole una calurosa bienvenida a lo largo de la Avenida de Mayo.




El cruse de los andes


Buscando legarle a su patria una acción digna de ser recordada a través del tiempo, decidió emprender el cruce de la Cordillera de los Andes, pero destacándose de sus antecesores en el hecho de que la travesía se realizaría de noche.



Al conocerse el propósito de la nueva empresa del ilustre riojano, muchos de sus comprovincianos emprendieron la tarea de recolectar los fondos para comparar el avión que pudiera hacer realidad su sueño. El gobierno francés, al notificarse del anhelo de Almonacid, decidió obsequiar el aparato para la concreción del viaje, sosteniendo que "los aviones franceses no se venden para el capitán Almonacid, se le regalan.



"Una noche de mayo de 1920 despega desde Mendoza y, guiado únicamente por el instrumental de vuelo, pone rumbo hacia las cumbres de Los Andes. logrando aterrizar en una playa cercana a Valparaíso, en plena oscuridad.


La Aeroposta Argentina


Vicente Almandos Almonacid sabiendo de la importancia de fomentar servicio de transporte aereo, obtuvo del gobierno argentino la concesión para la Compañía General Aeropostal del transporte del 25% de la carga postal entre Buenos Aires y Europa.”
Sólo recién el 13 de enero de 1929 la Aeroposta Argentina S.A. pudo iniciar sus operaciones de aeronavegación comercial, uniendo en sus primeros vuelos Buenos Aires con Asunción.




Las últimas aventuras del “Cóndor Riojano”

El conflicto entre Paraguay y Bolivia volvía a traer vientos de guerra sobre el continente y, como no podía esperarse otra cosa del riojano, pronto se comprometió a dar sus servicios al gobierno guaraní, con el que mantenía una estrecha relación en esos años. Fue así que en 1932 ofreció sus servicios para organizar la fuerza aérea de ese país, llegando inclusive a juntar fondos para la adquisición de aviones a partir de la venta de objetos particulares de un altísimo valor simbólico y material.



Al término de la contienda, en la que Paraguay logra recuperar el territorio en disputa, Vicente Almandos Almonacid es distinguido como “Mayor Honoris Causa” y comendador de la Orden Nacional del Mérito.




Segunda guerra mundial


Durante la SGM estando en Francia. El nazismo avanzaba sobre el suelo galo, y en esa invasión había muy pocas contemplaciones con edificaciones y poblados que se hallaran a su paso. Almonacid, que era cónsul argentino en Boulogne-Sur-Mer durante 1940, se las ingenió para proteger la histórica casa donde vivió sus últimos años el Gral. José de San Martín. Esta sería, finalmente, la última batalla de su vida, ya que concluida la guerra regresó al país y se entregó de lleno a disfrutar de su familia.

Radicado en Buenos Aires, vivió rodeado del afecto de sus seres queridos hasta el 16 de noviembre de 1953, cuando la enfermedad que le aquejaba pudo hacer lo que mil bombas y proyectiles nunca habían logrado concretar: acabar con la existencia física del legendario “Cóndor Riojano”.

Una vida de película




La valentía demostrada por los bravos y arrojados pilotos de la Fuerza Aérea Argentina durante el conflicto armado con Gran Bretaña por la soberanía de las Islas Malvinas e islas del Atlántico Sur merecieron, por parte de propios y extraños, el reconocimiento por la capacidad y el valor demostrado en condiciones de lucha por demás difíciles.

Monumento a Vicente Almandos Almonacid




Si se quiere, se podría decir que quienes se arrojaban a la acción frente a los poderosos navíos de una de las mayores potencias mundiales eran los descendientes de una tradición que había empezado un intrépido riojano en las fuerzas francesas durante la Primera Guerra Mundial;



sin saberlo, por supuesto, Vicente Almandos Almonacid daba inicio en 1914 a una tradición de grandes pilotos que la fuerza aérea militar, pública y privada de este país ha dado a lo largo de casi un siglo de existencia, la cual ha cosechado y sigue haciéndolo grandes muestras de reconocimiento por sus pares a nivel internacional.






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