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Prometió no tener sexo hasta el día de la boda

Pareja peruana cree la castidad es posible

La actriz Fiorella Flores y el publicista Kurt Tomasevich hicieron una promesa cuando decidieron ser pareja: no tener intimidad hasta después de la boda, de acuerdo a su religión. Acá cuentan cómo es llevar una vida casta en pleno siglo XXI


La parte más difícil de dejar de tener relaciones sexuales por un voto de castidad es esa misma: ya no tener relaciones sexuales. Lo confiesa Fiorella Flores (33) con la honestidad sin filtro que la caracteriza, sin miedo al unfollow, desde el sofá de la casa de su novio. La actriz que este año aparecerá en tres películas peruanas (Utopía, El amor es así y Reina sin corona) abre los ojos enormes cuando surge la palabra castidad en la entrevista: prefiere no aplicarla a su caso porque le remite a Santa Rosa de Lima. Y también porque le suena a ‘bacinica’, dice, arrugando la nariz, o sea a algo anticuado, de otros tiempos. Nada comparable con la emoción que está experimentando desde hace casi dos años cuando, según su relato, conoció a su actual novio, el publicista Kurt Tomasevich, y decidieron de forma conjunta no tener sexo hasta llegar al matrimonio.

“Sé que puede parecer paradójico, porque tengo una hija de siete años, y porque obvio que he tenido parejas, pero no sé, de pronto sentí que estaba llevando una vida vacía, y ya no quería estar pasando mi cuerpo de un lado a otro. Quise ser consecuente con lo que creía, porque no lo había estado haciendo en muchos años y no me sentía bien”. Fiorella, como el lector habrá intuido, es cristiana, de una iglesia a la que define como “muy Coldplay”, por el frenesí con que llevan sus rituales y cantos colectivos. “Decidí ser fiel a lo que creía y me hacía sentir tranquila y me daba paz, así que un día empecé a rezar para encontrar a un hombre que, primero, tuviera temor de Dios, y que quisiera esperar hasta el matrimonio. Pensaba que nunca lo iba a encontrar, pero a veces ocurren cosas”.

Lo que ocurrió fue que, en la inauguración de la discoteca de un amigo, vio a un chico que le pareció atractivo, entre otras cosas porque llevaba un yeso en la pierna. Le pareció interesante, cruzaron miradas. Ni se hablaron, pero dos días después él le escribió.

Como la gente normalmente no lleva un cartel que diga “soy cristiano y quiero llevar una vida de castidad hasta el matrimonio”, estaba bastante insegura de si el hombre que le gustaba iba a compartir su aspiración de vida. No tuvo que esperar mucho: casi antes de que ella se sincerara, Tomasevich, de 31 años, le dijo de frente su verdad. Había llevado por años una vida “alejada de Cristo”, con excesos de todo tipo, y ahora, reencontrado con su religión, buscaba una mujer “que quiera esperar”. A veces ocurren cosas.

¿YO SÉ CUIDAR MI CUERPO?

En un mundo post Edad Media, donde una de las conquistas laicas es precisamente la naturalización del sexo, ellos a veces llegan a sentirse unos extraños entre sus círculos. “¿Mis amigos qué piensan de mí? Que estoy mal. Me dicen que cómo puedo ser el novio de Fiorella Flores y que no pase nada. ‘Seguro no te gustan las mujeres’. Todo el día me hacen bromas, pero no me incomodan porque sé lo que quiero”, afirma Tomasevich. A Fiorella sus amigas también le suelen decir que está loca, o si acaso Kurt no le gusta lo suficiente. Eso ni se discute, dice. Es más, ese es uno de los problemas. “A veces con Kurt hay un beso largo o una caricia, y se pone complicado todo, pero ahí tiene que quedar. Nos frenamos”, dice Fiorella. Tomasevich coincide: “Es complicado, pero lo era más al inicio, cuando estábamos recién conociéndonos y hay esa curiosidad natural. Incluso recuerdo que al inicio tratábamos de no quedarnos solos en la misma habitación. Con el tiempo se va calmando”. Ahora mismo, a cuatro meses de su boda, sienten que es tanto lo que han aguardado por la meta que hasta se disfruta la espera.

La castidad ciertamente no es una condición (los creyentes le llaman ‘virtud’) inencontrable en el Perú. En un país mayoritariamente religioso, con un 78% de católicos y un 17% de protestantes (cifras en discusión), no sería extraño que un porcentaje de dichas personas decida vivir de una forma más apegada a las normas que dicta su fe, entre las que está: ‘no cometerás actos impuros’. En Internet pueden encontrarse grupos religiosos que promueven la espera entre jóvenes, como la llamada Opción V, de cariz católico, con 97 mil seguidores en Facebook y más de un millón y medio de vistas en su canal de YouTube. Desde luego, el tema hoy está servido para el debate, cuando grupos conservadores buscan impulsar una agenda que saque la educación sexual de los colegios y que promueva la abstinencia, como se descubrió hace poco con textos escolares del Ministerio de Educación. En ellos se dejan de lado temas como el cuidado y la salud sexual y se promueve más bien la castidad, devolviendo al sexo su condición de tabú. Flores lo tiene claro en ese punto. “Con mi historia no estoy diciendo que hagan como yo”, aclara. “Estoy orgullosa de mí y quizá alguien se identifique, pero no quiere decir que yo tenga una verdad que valga para los demás. No quiero decirle a nadie que yo hago bien y lo que hace el resto está mal”, finaliza. Solo le faltó recordar a aquel que dijo “no juzguéis y no seréis juzgados”.



Los inconvenientes de llevar una vida de castidad

​Según el Dr. Elmer Huerta, las relaciones sexuales no son necesarias para tener una buena salud física (corazón, pulmones, cerebro, etc). “Las relaciones sexuales plenas son necesarias para una buena salud emocional, por lo que si una pareja decide voluntariamente dejar de tener relaciones sexuales, esa decisión es –para ellos– saludable”, indica.

En opinión del urólogo Alberto Tejada, director médico de la Clínica Andromed, una decisión así puede reportar un “saldo negativo”. “De la experiencia que he tenido en 30 años viendo estos temas, las parejas que han practicado la castidad por una cuestión religiosa, de sublimar el deseo, han tenido luego algunos inconvenientes para lograr una vida sexual normal. He visto problemas con el deseo y con cómo asumir una actividad sexual espontánea, porque han frenado demasiado el impulso, por ver el sexo como algo malo”.

Para Tejada, una vida sexual activa promueve el bienestar. “Produce serotonina, endorfinas que son positivas para controlar el estrés, mejora la testosterona y esa generación hormonal también promueve la salud: protección cardiovascular, etc. Una persona que no tiene sexo por frustración puede generar neurosis, pero eso no significa que alguien que no tiene relaciones se vaya a enfermar. Hay gente que se prepara profesionalmente para el celibato, como los monjes”.
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