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Prostitución: ni trabajo, ni autónomo.

Sobre el Proyecto de Ley de regulación de la prostitución en la ciudad, de la legisladora porteña K María Rachid y AMMAR-CTA Yasky.

La Asociación de Mujeres Meretrices de la Argentina (AMMAR CTA-Yasky) junto a la diputada porteña K María Rachid presentaron el martes último (23/9/14) en la Legislatura porteña un proyecto de ley para regular la habilitación y funcionamiento de los establecimientos radicados en la Ciudad de Buenos Aires destinados a brindar “servicios sexuales”.

Este proyecto se enmarca en las iniciativas que impulsa AMMAR, desde su fundación en 1995, por el reconocimiento de los derechos de las “trabajadoras sexuales”: si la prostitución es trabajo y las prostitutas son trabajadoras, corresponde entonces agremiarlas, regular las condiciones de su ejercicio, y reconocerles derechos laborales.

Estas intentonas se enmarcan en la supuesta defensa de la “autonomía” y la “autoorganización” de las mujeres. Para estas dirigentes sindicales que dejaron “la calle” hace largo rato, las mujeres deciden por su propia voluntad y lejos de todo constreñimiento económico poner sus cuerpos a disposición del placer ajeno a cambio de una contraprestación monetaria. El problema son los fiolos, policías, fiscales, jueces, políticos y empresarios implicados en el negocio, que viven del “trabajo sexual” de las mujeres. Así pues, la regulación vendría a enfrentar los abusos policiales y políticos, contribuyendo a combatir las redes de prostitución y trata de mujeres con fines de explotación sexual. Sin embargo, esto no es más que una fachada.

Una ley de fiolas amparada por el poder político

Mucha menos prensa que el proyecto en cuestión han recibido denuncias como las de Sonia Sanchez sobre el proxenetismo en las filas dirigentes de AMMAR. Sánchez, hoy una referente en la lucha abolicionista, fue una de las organizadoras de AMMAR, retirándose de la organización por su negativa a avalar los proyectos de ley de legalización y regulación de la prostitución, con fuertes críticas a su dirigente, Elena Reynaga.

Hace poco menos de un año, pasaba casi inadvertida ente los medios la noticia del desbaratamiento de una red criminal que explotaba sexualmente a 31 víctimas de trata, en dos prostíbulos de la ciudad de Buenos Aires y otros seis en la localidad bonaerense de San Miguel. Entre los 17 detenidos con prisión preventiva, se encontraban 3 policías –uno de ellos jefe de la comisaría 1ª de San Miguel– que brindaban protección a la banda a cambio de coimas, y la titular de AMMAR seccional Capital, Claudia Brizuela, que otorgaba carnets de la organización para hacer pasar a las mujeres esclavizadas como “trabajadoras” independientes.

Llamativamente, este allanamiento sucedía al año de su enfrentamiento con Reynaga (AMMAR Nacional), a partir del cual Brizuela había armado su propia organización en la CTA de Micheli. También fue procesada la propietaria de seis de los burdeles, quien se presentaba como delegada de AMMAR, obligaba a las víctimas de trata a afiliarse al gremio –cobrándoles– y las hacía practicar simulacros de allanamiento para que dijeran que “trabajaban por su cuenta en cooperativas”. Captaban a las víctimas a través de avisos publicados en los diarios en los que solicitaban “señoritas” y las obligaban a hacer turnos de 12, 24 y 36 horas seguidas y llegaban a hacer hasta 18 “pases” por día. De lo que pagaban los clientes, les descontaban entre el 30 y el 70 por ciento (P12, 29/11/13).

La regulación del “trabajo sexual” autónomo, y la defensa de la “auto-organización” cooperativa de las prostitutas no son más que la fachada de un intento por encuadrar dentro de un marco de legalidad a las redes mafiosas que se benefician de este negocio alimentado a carne humana. Cabe recordar que en la Argentina, que suscribe a tratados internacionales que propugnan la abolición de la prostitución, el ejercicio de la misma, aunque ilegal, no está penado por la ley. Lo está en cambio explotación de la prostitución ajena. Así pues, la utilización política de la categoría de “autonomía” –que cuenta con insospechadas aliadas entre el feminismo académico- redunda en beneficio de los intereses de las redes de prostitución y trata que llegan hasta el vértice del Estado, puesto que requieren para su funcionamiento de la complicidad del poder político, judicial y policial.

Trata y prostitución: una salida

A las tan mentadas defensoras de la “autonomía femenina” pareciera perdérseles de vista la relación íntima entre pobreza y prostitución. En una Argentina donde avanzan las suspensiones y despidos; donde el salario básico se encuentra por debajo de la línea de pobreza; donde el trabajo precario es la regla, particularmente para las mujeres quienes de forma sistemática acceden a los trabajos más precarios y peor pagos; donde no existen casas de amparo ni planes de inserción para mujeres víctimas de trata y violencia; en fin, en la Argentina actual, hablar de autonomía y prostitución por voluntad propia no es más que una entelequia.

O lo sería, si no fuera puro cinismo: estas categorías son levantadas de forma nada ingenua por organizaciones kirchneristas, como pantalla que encubre la situación de violencia y marginación en la que se encuentran hoy miles de mujeres de los sectores más pobres y vulnerados de la sociedad. La prostitución no es sino el último eslabón en una cadena de violencia en la que caen, son empujadas, o lisamente secuestradas y engañadas, niñas y mujeres jóvenes. Situación que aquellos que detentan el poder político no hacen nada por revertir, como prueba la no de reglamentación de la tan mentada ley de trata, sancionada hace ya un año y medio.

Sin empleo genuino, sin salarios acordes a la canasta familiar, sin salud, vivienda y educación, sin igualdad de oportunidades y derechos para las mujeres, es decir, sin desbaratar al sistema capitalista, patriarcal, homofóbico y prostituyente, no hay autonomía posible. Es necesaria una organización independiente de las mujeres trabajadoras por la defensa de nuestras condiciones de vida y nuestras reivindicaciones; y en última instancia, como la alarmante escalada de femicidios pone a la luz, de nuestras vidas. Sólo en un mundo donde los derechos vitales y humanos básicos se encuentren satisfechos, podrá emerger una sexualidad liberada de sus ataduras actuales. Sólo allí podremos hablar, genuinamente, de “autonomía” y “libre elección”.

Ludmila
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