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¿Qué es la criopreservación? ¿Cómo se realiza?










¿Seguirá siendo la misma una persona revivida cientos de años después de haber fallecido? ¿Se mantienen sus recuerdos? Estas son precisamente las grandes incógnitas de la criopreservación, un tema popularizado a partir del 1964, cuando Ettinger publicó un libro titulado The prospect of immortality, (El Manual de la inmortalidad). Ettinger proponía que los cuerpos de personas recientemente fallecidas o, en su defecto, sus cabezas, fuesen congelados en nitrógeno líquido a -196 ºC con el propósito de conservar los cerebros sanos hasta el momento en el que la tecnología hubiese adquirido un nivel de desarrollo tan avanzado que permitiese devolverlos a la vida. No obstante, aunque parezca un tema exclusivo de los libros ciencia ficción, la criopreservación es muy real.


¿Qué es la criopreservación?
La criopreservación consiste en conservar animales (incluidas las personas) muertos a temperaturas muy bajas. Este procedimiento se lleva a cabo, generalmente, en personas que mueren por enfermedades cuya cura todavía se desconoce. El objetivo es conservar el cuerpo del difunto hasta que la medicina encuentre dicha cura. En principio, en ese futuro científicamente más avanzado, la persona sería reanimada.


El término criónica o criopreservación fue acuñado por primera vez por un tal Karl Werner en 1965 cuando, en compañía de Curtis Henderson y Saul Kent, fundó la Cryonics Society of New York (Sociedad Criogénica de Nueva York).


La criogenia o criopreservación de personas o grandes animales no es reversible con la tecnología actual y, por ley, sólo puede llevarse a cabo en humanos después de que se produzca la muerte legal, con la expectativa de que en el futuro los primeros estados de la muerte clínica sean reversibles.





Se considera que una persona está legalmente muerta cuando cesan sus funciones corporales, incluidas la respiración y el latido cardíaco. Cuando el corazón deja de bombear y cesa el riego sanguíneo comienzan los daños isquémicos (por falta de oxígeno). La privación de oxígeno y nutrientes hace que células, tejidos y órganos comiencen a deteriorarse. Si se pretende criopreservar a una persona, se deben tomar las medidas correspondientes antes de que se inicie este proceso, es decir, no pueden pasar más de 60 segundos después de que la persona haya fallecido.


En algunos casos ha sido posible revivir a personas que habían permanecido un tiempo dado sin respiración, actividad cardíaca o cualquier otro signo visible de vida, así como mantener la actividad respiratoria y el flujo sanguíneo artificialmente. Así  que ha sido necesaria una mejor definición de la muerte y durante las últimas décadas surgió el concepto de muerte cerebral o muerte encefálica. Según este criterio, se puede declarar clínicamente muerta a una persona que ha perdido total e irreversiblemente sus funciones cerebrales, aunque permanezca con actividad cardíaca y ventilatoria artificial.


Cuando una persona ha perdido sus funciones cerebrales, es decir, cuando se ha producido muerte encefálica, ya no se puede criopreservar.


¿Cuál es el procedimiento?
Inmediatamente después de la muerte legal, se desciende la temperatura del difunto a 0 grados para ralentizar el deterioro de los tejidos. Luego se le coloca una bomba mecánica para impulsar la circulación sanguínea y se intuba para que el oxígeno llegue a los pulmones. Una vez restablecida la circulación y respiración, se le administran medicamentos anticoagulantes y se reduce la actividad metabólica del cerebro con un anestésico. Luego se sustituye parte del agua de las células y tejidos por una cantidad equivalente de crioprotector. Los crioprotectores están constituidos por moléculas pequeñas que penetran fácilmente en el interior de las células y  reducen el punto de congelación del agua. De esta forma se evita la formación de cristales de hielo que dañarían la estructura de las células.


Finalmente el cuerpo se introduce en cápsulas herméticas y se inyecta nitrógeno líquido a alta presión. La temperatura de la cápsula se mantiene a -196ºC. A esta temperatura, el cuerpo se mantiene en vida suspendida, un estado en el que cualquier actividad biológica, incluidas las reacciones bioquímicas que producirían la muerte de una célula, queda efectivamente detenida.





Actualmente la práctica criónica se limita a algunas compañías pioneras en EEUU y otra más reciente en Rusia. En Estados Unidos congelar una cabeza cuesta unos 12.000 dólares, y el “pak” completo (cabeza y cuerpo) unos 36.000 dólares. En total serían, aproximadamente, 48.000 dólares. Aunque, según los especialistas, el cerebro es el depósito principal de la memoria y la identidad personal y en principio únicamente sería necesario conservar el cerebro. Además creen que la preservación criónica es tan sumamente compleja que cualquier tecnología futura que sea capaz de reanimar el cuerpo también será capaz de regenerar tejidos, incluyendo la regeneración de un nuevo cuerpo alrededor del cerebro reparado.


El Instituto Europeo de Criopreservación (Iecrion) es una sociedad limitada que tiene como objetivo crear en España el primer centro de investigación de criogenización, así como el primer cementerio humano de cadáveres congelados. Esta empresa quiere dar el primer paso en la conservación de cadáveres congelados y el socio fundador de Iecrion, Francisco Roldán, sostiene que “dentro de cinco o seis años las ambulancias estarán equipadas para llevar a cabo el primer paso del protocolo de criopreservación, de la misma forma que ahora cuentan con mecanismos de reanimación que hace décadas eran impensables”.


¿Seguirá siendo la misma la persona revivida?
La memoria, la personalidad y la identidad se encuentran almacenadas en la estructura y la química cerebral. Según los partidarios de la criopreservación, si se administran crioprotectores antes del enfriamiento del cadáver, se pueden prevenir la mayoría de las lesiones producidas por la congelación, preservando las delicadas estructuras celulares del cerebro. De esta forma, en principio, la persona seguiría conservando su personalidad.


Aunque todavía no está muy claro que por el simple hecho de conservar los recuerdos la persona siga siendo la misma, puesto que todavía no se ha revivido a nadie; puede que en unas décadas lo sepamos, o no… no puede garantizarse al 100 % que algún día se podrá devolver la vida a las personas fallecidas y quien decide criopreservarse, debe aceptar que puede que permanezca bañado en nitrógeno líquido indefinidamente…


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