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¿Qué ha hecho la Unión Europea este verano para proteger a l

¿Qué ha hecho la Unión Europea este verano para proteger a la población de Gaza?


Presentación de los problemas de salud mental de los niños de Gaza en la dimensión de la ayuda humanitaria a la Franja de Gaza, ofrecida por el Dr. Christophe Oberlin ante el Parlamento Europeo, Bruselas, el 15 de octubre de 2014, durante la celebración de la Conferencia “Los niños en las zonas de conflicto”.

Introducción

Puede que les resulte extraño escuchar a un cirujano hablar de salud mental. Pero, como médicos, no debiéramos separar el bienestar mental del físico. Es muy probable que Vds. sepan que la OMS, en su definición de salud, formulada en 1978 en Alma Ata, declaró que la salud abarca el “bienestar físico, mental y social”. Uno no puede pensar en mejorar la salud en Palestina, y especialmente en Gaza, sin considerar los aspectos físico (yo, como cirujano), mental (el motivo de mi charla) y social (¡su materia como políticos!). Voy a referirme a de todos y cada uno de ellos.

Respecto a la salud mental de los niños, debo mencionar a un destacado psiquiatra palestino con quien me reuní en 2001 durante mi primera estancia en Gaza: Iyad Al-Sarraj. Es bien conocido por sus estudios sobre los efectos de los traumas de la guerra en la salud mental de los niños. En aquel momento me dijo: “Tras un estudio que incluyó a 3.000 niños de Gaza, hemos encontrado que el 40% de ellos había visto el cuerpo de alguien asesinado por el ejército israelí”. (¿Hay alguna diferencia en estos momentos tras el feroz ataque del pasado verano contra los civiles?)

Así pues, ¿cuáles son las consecuencias de la guerra en el cerebro de un niño?

Los hechos

Las consecuencias de ese tipo de estrés son los mismos en Gaza que en cualquier otro lugar del mundo: tristeza, depresión, trastornos del sueño, pesadillas, enuresis (mojar la cama), ataques de rabia, dificultades de aprendizaje en la escuela. No les voy a dar estadísticas, porque las estadísticas no tienen nombre ni rostro. Hatem Abu Zaideh, un neuropsicólogo palestino, ha publicado estudios muy buenos sobre esta situación.

Como he viajado tres veces al año a la Franja de Gaza durante los últimos trece años, voy a ofrecerles algunos breves relatos de mi propia experiencia sobre el terreno respecto a los pacientes que he tratado junto con mi amiga psiquiatra la Dra. Maryvonne Bargues.

Cuando voy a Gaza, el primer día llevo a cabo una amplia consulta: de 50 a 100 pacientes. En una ocasión vi a Ahmed, que tenía ocho años y sufría una parálisis total de ambos miembros superiores. Sus hombros y codos estaban completamente paralizados. Sólo sus manos se movían, colgantes. No podía vestirse, lavarse ni comer solo. Le examiné cuidadosamente y no pude diagnosticarle enfermedad alguna. Le expliqué a su padre que lamentablemente no podía indicar ningún tratamiento. Después examiné a su padre: había permanecido meses en las cárceles israelíes, donde era torturado cada día, suspendiéndole por las muñecas durante largos períodos y golpeándole en muchas ocasiones. Estaba tetrapléjico (parálisis de los cuatro miembros) debido a daños irreversibles en la médula. Sobre todo, era incapaz de mover los hombros o los codos. Por eso el niño, en su sufrimiento, había desarrollado una simulación del problema de su padre…

Yihad tiene 14 años. Es sonámbulo desde hace cuatro años. Pero un sonámbulo muy poco común: cada noche se despierta, coge un objeto pesado y lo arrastra hasta la puerta tratando de sacarlo fuera para atacar a los soldados y se pone a correr frente a los tanques que ve en sus sueños. Cada noche sus padres intentan despertarle y arrancarle de esa pesadilla, sin éxito; bloquean la puerta con un viejo sofá. Al día siguiente, Yihad no recuerda nada de la noche, es un alumno tranquilo. Pero cuando hablas con él, su conversación se refiere siempre a los asesinatos masivos perpetrados a su alrededor. Un amigo de su padre murió a causa de una bala pérdida cuando dormía. En un año, cuatro de sus amigos murieron, uno a uno. Su tío está preso. Yihad está teniendo premoniciones sobre la vida de su padre. Y cada noche se convierte en guerrero.

Pero, como Hatem Abu Zaydeh me explicó, esos niños no tienen otra opción que la de desarrollar estrategias de escape: en la familia, en el grupo, en la sociedad. He visto niños de entre seis y diez años jugando sobre el tejado de una casa. Habían construido casas en miniatura con cajas de cartón arrugado. Estaban jugando a “israelíes y palestinos” como nosotros solíamos jugar a “indios y cowboys”. Sorprendentemente, los niños preferían ser los israelíes porque, al final del juego, ¡liberaban toda su energía destruyendo completamente las casas de cartón!

Algunos niños escapan de la pesadilla abrazando la religión.

Otros escapan metiéndose en la resistencia, la lucha y la violencia. Tuve una larga charla con Musa. Su madre le dijo que a su abuelo lo habían matado los israelíes cuando trabajaba como guarda de un colegio. Su tío estaba preso y, cuando era un niño pequeño, Musa oyó relatos de cómo le habían torturado. Musa había visto niños con los miembros rotos tras la orden dada por Rabin de “romperles los huesos”. Me explicó que había visto a soldados israelíes empujando a un hombre en la calle para hacerle besar el ano de un burro. Después, cuando se hizo adulto, Musa decidió, sin decirle nada a nadie, que tenía que comprometerse con la lucha. En aquel tiempo, justo antes de la primera Intifada, no se disponía de armas en la Franja de Gaza. Por eso, Musa se compró una navaja suiza (una navaja de bolsillo). Fue al mercado el sábado. En aquellos días los israelíes solían ir a comprar a los mercados de la Franja de Gaza. Y Musa mató a un israelí. Huyó, cerró su navaja y se volvió tranquilamente al colegio sin decir una palabra sobre lo sucedido a sus amigos o a su familia. Nadie fue consciente de lo que había hecho. Y lo hizo de nuevo en cuatro ocasiones a lo largo de un año.

Discusión

Así pues, estamos pensando en proporcionar la llamada ayuda humanitaria a los gazatíes, especialmente a los niños. Pero debo decirles que ese tipo de ayuda puede también provocar un cierto grado de ira entre la gente a la que intentan ayudar. Tras bombardear a las familias, ahí llegan los “humanitarios”. Toman fotos, provocando cierto tipo de reacciones: “¡No estamos en un zoo!”. Algunos enfocan a los niños. ¿Por qué separar los problemas psicológicos de los niños de los de sus padres? ¿Se siente un niño menos humillado por la imposibilidad de sus padres de protegerles que los mismos padres? ¿Está un niño menos afectado por la situación de desempleo de su padre que éste?

Al leer el relato de un testigo de la situación de los niños como consecuencia de la Nakba en Gaza, un funcionario de las Naciones Unidas escribió:

“Fuimos a ver a los refugiados, miles de hombres y mujeres manifestando su sufrimiento con un estado de ánimo de total de desesperación bajo el cielo gris invernal. Niños a cientos, la mayoría de ellos medio desnudos –sin zapatos, temblando- trasmitiendo la profundidad de su desamparo mediante gestos que eran más elocuentes que las palabras. Los padres nos enseñaban el campamento, nos enseñaban los agujeros en el terreno –profundos, como pozos- donde los niños estaban viviendo en total oscuridad, amontonados unos sobre otros sobre la roca helada”. ¿Es la situación realmente diferente sesenta años después?

Conclusión

¿Qué hemos hecho en el Parlamento Europeo este verano para proteger a la población de Gaza? ¿Qué ha hecho la Representante de la UE para Asuntos Exteriores, Catherine Ashton, para parar el baño de sangre? ¿Qué ha hecho el Consejo de Ministros de Asuntos Exteriores? ¿Qué presiones ha ejercido la Comisión? ¿Se les ha pasado por la mente romper el acuerdo económico especial entre la Unión Europea e Israel?

Vds. no han hecho nada y son responsables de haber creado, por vez primera en la larga historia de Palestina, balseros palestinos.

Al seguir dócilmente como perritos a la administración estadounidense y declarar que el primer partido político de Palestina que ganó las últimas elecciones libres era una “organización terrorista”, la conducta de la Unión Europea es racista, antidemocrática y terrorista. Todos Vds. están implicados en lo que ha sucedido.

Quiero denunciar la esquizofrenia de la Unión Europea que, por un lado, aporta dinero para pagar a los funcionarios palestinos, mientras que por el otro autoriza a Israel a perpetrar crímenes de guerra masivos. Serán responsables de la próxima guerra. Los niños de Gaza no son mendigos. No piden ayuda humanitaria. Piden justicia.


Christophe Oberlin nació en 1952. Es cirujano y profesor de anatomía, cirugía y microcirugía de la mano en la Universidad de Denis Diderot de París. Lleva treinta años participando en la enseñanza y la ayuda humanitaria en diferentes países. Desde 2001 encabeza tres veces al año delegaciones quirúrgicas a la Franja de Gaza. Se encontraba en Gaza durante la guerra del invierno 2008-2009. Su última estancia fue en junio de 2014, cuando el cierre de la frontera de Gaza tras el golpe de Estado en Egipto empeoró considerablemente los efectos del asedio israelí al territorio. Su experiencia de trece años en Gaza le ha permitido publicar varios libros como testigo: “Survive in Gaza”, “Gaza Chronicles”, “The Valley of Flowers, Marj el Zuhur”. Su último libro “The way to the Court – The Israeli leaders in front of the International Criminal Court” que apareció publicado el pasado lunes 20 de octubre.
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