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¿ Quedarnos sentados ... o hacernos cargo ?



¿ Quedarnos sentados ...


o hacernos cargo ?











Aún en estos tiempos y por estos lugares, mucha gente cree que cuidar el ambiente es un lujo y no una necesidad. Muchas personas aún creen que hablar del ambiente es hablar simplemente de la belleza del paisaje o de la supervivencia de especies en peligro de extinción. Muchas personas aún creen que el ambiente no es una prioridad de todos sino la preocupación de algunos que ya han resuelto sus necesidades básicas. Esos mismos piensan que la protección del ambiente en este país es un objetivo secundario ante la necesidad imperiosa de producir alimentos para exportar y crecer económicamente. Ellos piensan que producir alimentos, extraer madera y petróleo, etc son actividades inevitablemente incompatibles con el cuidado del ambiente.









Todas estas creencias son claramente falsas y la gente de Tartagal está lamentablemente en una inmejorable posición para entender las razones de su falsedad. Digo lamentablemente porque debieron sufrir una catástrofe de enorme magnitud en la que se perdieron muchas vidas para que salgan a la luz las razones por las cuales cuidar el ambiente es una necesidad. Regular y controlar la tala indiscriminada de los madereros en los cerros y los desmontes voraces de los sojeros y ganaderos en los llanos no era una tarea secundaria a la luz de la posibilidad cierta de un alud en un año de lluvias intensas.







En el caso del alud fue una catástrofe la que nos abrió los ojos ante el peligro de descuidar el ambiente y relegarlo a un segundo plano, pero existen muchos otros problemas igual o más graves (aunque menos catastróficos, de ahí su invisibilidad) que muestran inequívocamente el papel fundamental que juega el ambienta en nuestra salud y bienestar.







Los golpes de calor, las enfermedades con vectores insectos (dengue, mal de chagas), la desnutrición infantil, las migraciones a las cuidades y la marginalidad, etc son todas consecuencias del mal manejo de nuestros recursos naturales, las cuales en la mayoría de los casos afectan a los sectores más vulnerables de la sociedad, es decir, a la población con escasos recursos que vive en zonas rurales o periurbanas.







Ahora bien, las consecuencias del descuido y la desidia son evidentes, pero ¿qué sabemos de las causas de los problemas ambientales? En nuestro país y especialmente en el NOA, la mayor parte del manejo de las tierras está en manos de unos pocos grandes terratenientes de diversos orígenes: salteños, “sureños” y “gringos”. Y como la tierra es nuestro medio ambiente, llegamos a la conclusión de que estos inversores privados son quienes manejan NUESTRO ambiente al usar SUS tierras. El objetivo de estos inversores privados es básicamente maximizar las ganancias en el corto plazo tal como lo dicta la lógica capitalista, aunque esto signifique afectar negativamente a las tierras y las personas que están fuera de su propiedad. Esta postura se explica por una profunda falta de motivación e incentivos que estimulen la incorporación de estos efectos “secundarios” en sus balanzas de costos y beneficios. La razón última es tan simple como reveladora: sí los inversores privados incluyeran los costos ambientales y sociales de sus actividades productivas en sus cálculos, la rentabilidad de sus negocios no sería tan grande como lo es, por lo tanto, no lo hacen.








Entonces, podemos decir que este desinterés irresponsable de los empresarios que manejan los recursos naturales de la provincia estimulados sólo por fines económicos es una de las principales causas del deterioro ambiental y social. Pero, ¿cuál es el rol del Estado en todo este asunto? Idealmente, un gobierno democrático es el encargado de defender los bienes comunes de la sociedad, entre ellos, el medio ambiente. Sin embargo, en la realidad, el destino del medio ambiente depende de las decisiones individuales de unos pocos propietarios de grandes extensiones de tierra. Ante esta situación, la acción del Estado debería estar dirigida a corregir esas decisiones privadas de manera de torcer el rumbo hacia la degradación ambiental. Esta acción implica por un lado la creación de políticas que promuevan la adopción de prácticas productivas que no degraden el ambiente, lo cual en el largo plazo es beneficioso para el productor al permitir la regeneración de los recursos como el suelo, agua, pasturas naturales, etc. Por otro lado, esas políticas deberían castigar, o al menos no premiar, a aquellos productores que no incorporan criterios de sustentabilidad en sus planteos productivos. Es decir, debería existir un sistema que sancione a aquellos que priorizan su beneficio individual por sobre el bien común, de manera de frenar el avance conjunto de la degradación ambiental y la desigualdad social.








Hoy, a pesar de importantes avances por parte del Estado provincial y nacional como la Ley de Bosques y el Plan de Ordenamiento Territorial, el Estado no cumple efectivamente con su función de regular las actividades privadas que determinan el estado del medio ambiente debido a una madurez institucional que trasciende todos los ámbitos y niveles del Estado. Esperemos que sea una cuestión de tiempo y que en un futuro no muy lejano alcancemos la madurez necesaria para hacer frente a los problemas ambientales.







Pero, ¿qué podemos hacer para acelerar esa maduración y que ese futuro no sea muy lejano ni demasiado tarde? En este punto, podemos tomar dos caminos.

Podemos quedarnos sentados mirando cómo se enriquecen las empresas madereras, agrícolas, ganaderas, petroleras, etc. a expensas de nuestra salud, la de nuestros vecinos, hijos y nietos, mientras el Estado lucha contra su propia debilidad e incapacidad. O podemos hacernos cargo del poder y responsabilidad que tenemos cada uno de nosotros, como individuos, familias, comunidades, para todos los días ser conscientes de que todas nuestras decisiones, pequeñas o grandes, afectan el medio ambiente del cual depende nuestra existencia. Deberíamos saberlo mejor que nadie que este es el camino correcto, ya que vivimos en carne propia las consecuencias del descuido y la desidia. Deberíamos saber mejor que nadie que cuando el vaso rebalsa no le podemos echar la culpa a la última gota sino a todas las gotas y chorros que lentamente llenaron el vaso hasta dejarlo a punto de rebalsar.

Hoy, estamos tomando como normales actividades que están llevando a la sociedad al borde del colapso ambiental. Depende de cada uno de nosotros frenar este avance ciego hacia el abismo y revertir esta situación mientras sea posible. Si hacemos el esfuerzo hoy, quizás mañana el mundo será más habitable para todos, o al menos, será menos cruel para los que menos tienen.




http://nortedelbermejo.com.ar//eco-noticias/d-a-del-ambiente.-quedarnos-sentados-o-hacernos.html

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