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El gobierno de Brasil empezó a desmilitarizar los pasos fronterizos con Argentina. Hace unos años Brasil fue noticia por el envió de gran cantidad de efectivos del Ejército para custodiar y combatir el delito en la frontera. Pero pasó el tiempo y de a poco los militares empezaron a replegarse.

Una de las principales causas era no poder pagar los costos adicionales de mantener a los hombres en la frontera. Así, desde hace casi un año, no hay agentes del Ejército en la frontera y sólo están en algunos pasos.

Los brasileños que vienen a hacer compras a Argentina, movilizados por el cambio favorable, saben de esa falta de agentes y utilizan esa información para llevar de todo. Ingresan por Alba Posse y luego de hacer las compras en los grandes supermercados de Oberá y Posadas regresan a su país por Panambí. Es que en el puerto de Veracruz (Brasil) no hay agentes de las fuerzas federales y sólo hay algunos “prefeitos”, que están más abocados a hacer los trámites migratorios, que a realizar controles. La misma situación se vive en los pasos menores que dan a Misiones.

Los narcos y cigarrilleros también tienen esa información. Hoy es más negocio llevar cigarrillos y marihuana a Brasil, que a Buenos Aires. Una carga con 50 gruesas cuesta en Paraguay 2.000 pesos y esa misma se vende en Brasil a 5000 pesos.

Para cruzar la provincia una de las opciones es llevar la carga fraccionada en motos. Un pasero puede hacer varios viajes y ganar hasta 2000 pesos por día.

Relatos y anécdotas de frontera
Las anécdotas de pasos ilegales se cuentan por miles en la costa del río Uruguay, donde los habitantes de ambos lados vive una cultura de lo ilegal.

En este informe se reflejarán algunas que muestran lo permeable que es la frontera con Brasil. La pesca no había sido exitosa. La desembocadura del arroyo Torto en el río Uruguay siempre había dado buenos ejemplares pero ese sábado no salió nada, ni siquiera una mojarra para justificar el viaje desde Oberá.

La decisión de los novatos pescadores había sido no volver con las manos vacías y ante eso, surgió la idea de recorrer la ruta costera 2 buscando mejores ubicaciones, desde la ruta provincial 103 en el municipio de Alba Posse, hasta la 105 en Panambí.

Las bajadas de lancha entre el monte y a orillas del río eran muchas, fueron recorridas una por una pero la mala racha continuaba. “Muchos gajos trajo la crecida, por eso engancha” dijo un canoero y sugirió un lugar mejor, situado algunos kilómetros antes de llegar al puente del Arroyo Del Medio. Se trataba del destacamento de Gendarmería en Barra Bonita, un paso fronterizo habilitado con Brasil. “Vayan hasta la Escuela 294, la que construyó la Ford, siguen 100 metros y está el destacamento. Tienen un puerto ahí, pidan permiso y prueben, siempre sale en esa parte”, dijo.

Los pescadores siguieron las coordenadas y no se les hizo difícil llegar. La escuela se veía desde la ruta y al entrar, los recibieron un grupo de ocho hombres que en plena tarde comían asado y tomaban cerveza en la galería techada. En acento portuñol indicaron que el puesto de control fronterizo estaba un poco más adelante, que para llegar debían utilizar un camino lateral. Llegaron al fin.

Los amigos golpearon insistentemente la mano pero, aunque estaba todo abierto, nadie salió a recibirlos. Estuvieron alrededor de cinco minutos esperando a ser atendidos y a su vez, controlando ese deseo de acercarse al río para tirar los anzuelos. En un momento, tantos golpes de manos despertaron a alguien. Se asomó un hombre, corte militar y sin remera, vestía solamente un short azul de fútbol y ojotas. Exhibía algunos tatuajes en su pecho y brazo.

“¿Sí?” -preguntó- y la explicación de la visita llegó al instante. “Buscamos un lugar para pescar, nos dijeron que le pidamos permiso para hacerlo acá, que siempre la pesca es buena”. El hombre, que tenía que ser gendarme pero por la pinta más parecía un turista, entró y al rato salió negando la posibilidad. “No, acá no, no se quién les dijo que se pesca bien acá pero no puedo dejarles, es muy peligroso. Hay mucho tráfico y estoy solo, si pasa algo ni señal tengo”.

La confesión del uniformado sin uniforme dejó al desnudo la realidad de la frontera. Los amigos siguieron su camino, el gendarme continuó su siesta y los traficantes pisaron por una vez más el territorio argentino.



Asado igual
Otro caso. Cuatro amigos volvían en auto de las playas de Brasil y en Alba Posse otro amigo los esperaba con un asado.
La ruta brasileña estaba cargada y llegaron tarde para cruzar por la balsa de Porto Maua. El festejo parecía arruinado ya que no podían cruzar con el auto. Desde Alba Posse el amigo, que ya había prendido el fuego, les dijo que no se hagan problema, ya tenía la solución.

El albaposeño llamó a un amigo canoero y los fueron a buscar en plena noche. Los misioneros guardaron el auto en un hotel de Maua y cruzaron el Uruguay en canoa para comer el asado.

Al otro día las cuatro personas volvieron a cruzar al Brasil de forma ilegal, buscaron el auto, y volvieron a la Argentina por el paso habilitado, sin que nadie les haga un solo problema.

La costera 2, sin ningún control
La ruta provincial 2 Juan Pablo II es la primera vía con la que se cruzan los que realizan pases ilegales de Brasil a Paraguay.
En toda su extensión, desde Concepción de la Sierra, hasta El Soberbio, no hay un solo control de tránsito de ninguna fuerza, ya sea nacional o provincial. Los pasos fronterizos ilegales se multiplican y son muy utilizados por los narcotraficantes y cigarrilleros que van desde la costa del Paraná a Brasil.

Durante el viaje que realizó El Territorio, el miércoles 18, el equipo de periodistas no se cruzó con una sola patrulla, ni de Policía de la Provincia, Prefectura o Gendarmería. La única presencia de una fuerza es una camioneta S10 de la Policía de Misiones en la intersección con la ruta provincial 103, cerca de 9 de Julio. Pero a las 11.30 cuando el equipo estuvo en el lugar no había ningún efectivo de la fuerza provincial. “La camioneta está en ese lugar desde hace meses, ni siquiera anda, ni batería tiene, la pusieron ahí para decir que hay alguien, pero todos acá sabemos que nunca hay nadie”, explicaron los colonos de la zona.

En El Soberbio, luego de esperar un año, hace una semana llegó una nueva camioneta. Eso ocurrió luego del robo del banco, donde murió un efectivo policial. “Tuvieron que matar a alguien para que nos escuchen”, repiten en la comisaría.
Los habitantes y colonos de la zona están con miedo de que vuelva a ocurrir lo mismo, ya que todos saben que hay pocos efectivos policiales en la zona.

La comisaría tiene 25 efectivos y debe cubrir 3500 kilómetros de caminos terrados y una población de 35 mil habitantes.

Tiene 2 Chevrolet S10, una Toyota y un Chevrolet Corsa. De los 25 policías, dos oficiales toman denuncias. Un oficial está a cargo de toda la zona de Paraíso y Monteagudo. El resto están divididos en tres guardias de cinco personas. Además hay 6 agentes en la Comisaria de la Mujer.

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