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¿Quién tiene la culpa de la estampida de los precios?

Opinión
Argentina

¿Quién tiene la culpa de la estampida de los precios?

Por: José Castillo (LA ARENA)



Los precios se dispararon. El gobierno dice que es por culpa del paro del campo. Pero las subas venían de antes. En los rubros donde hay 'precios oficiales', los productos están un 100% más caros. ¿Qué pasará con los 'techos salariales'?

¿Quién se acuerda que, la semana anterior al paro de los productores agropecuarios, se anunciaba pomposamente 'precios acordados' a los cortes populares de carne? Hoy el asado, cuyo precio 'acordado' era de 10 pesos, no se lo encuentra por menos de 20. La nalga para milanesa, 'pactada' a 14, se la vende a 21. Y así con cada uno de los cortes: no se consigue nada por debajo de los 20 pesos.

Sigue la novela del Indec

Pero parecería que el centro de preocupación oficial no es como frenar la inflación, sino como dibujarla. Ya con más de un año de intervención, el Indec nos tenía acostumbrados a sus 'dibujos' mensuales. Pero esta vez batieron todos los récords. Las consultoras privadas, las asociaciones de consumidores y, también, el trabajador común que va todos los días a comprar, podían asegurar que nos encontrábamos ante la estampida de precios más importante desde la devaluación del 2002. Hasta lo reconocía de hecho el propio gobierno, cuando le 'echaba la culpa' de esa alza al paro del campo.

Por eso el número dado a conocer resulta directamente ridículo: 1,1%. Pero lo peor es cuando miramos cómo 'cocinaron' ese valor. Para el Indec el kilo de asado cuesta 9,82 pesos, sólo 57 centavos más que en febrero. La papa, se 'consigue' a 94 centavos, 5 centavos arriba que en febrero. El precio de la fruta directamente bajó un 10%. Todo esto con relación a febrero. Pero si lo comparamos con un año atrás, nos dicen que las verduras en general hoy se deberían conseguir un 24,5% y las frutas un 6,5% más baratas que a principios de 2007.

Otro dato increíble: cualquiera que tuvo que comprarse ropa en marzo, habrá salido horrorizado con los aumentos que acompañaron a la excusa del 'cambio de temporada'. Para el Indec nada de eso existió: la indumentaria sólo aumentó un 0,2% y en conjunto está un 3,4% más barata que el año pasado.

Todo este dibujo, termina distorsionando totalmente los cálculos sobre la pobreza en la Argentina. Con sus números, para el gobierno la canasta de indigencia sólo subió un 1,3%, llegando a 455,58 pesos, y la canasta de pobreza un 1,18%, dando 982,38 pesos. Ese sería el 'piso' para no ser considerado pobre en la Argentina de hoy. Totalmente de fantasía.

La consultora Equis, que viene llevando desde hace más de un año el cálculo de una canasta básica alimentaria con encuestas propias registró aumentos de 5,93% durante la primer semana del paro del campo y del 9,08 en la tercer semana. El especialista Artemio López afirma que, con las subas de precios de marzo, hay 1.170.000 personas nuevas que cayeron bajo la línea de la pobreza.

La realidad es que la inflación de marzo fue de alrededor del 3% si la calculamos con la metodología histórica del Indec, que ya de por sí no era una canasta de consumo popular y subvaloraba bastante las alzas de los productos de consumo popular. Las organizaciones de defensa del consumidor denuncian alzas en esos rubros de un 30% promedio.

Y la realidad de las góndolas

En el Indec aducen que tuvieron que 'repetir' los números de febrero porque no encontraron los productos. Quienes sí los 'encontraron' son los consumidores. ¡Y con qué aumentos! Carne, pollo, harina y verduras subieron entre 30 y 50%. Las consultoras dicen que el rubro alimentos y bebidas subió en promedio un 9,2%, con productos básicos que crecieron hasta el 100%. El diario Crítica viene sacando semanalmente dos canastas: una básica (lo mínimo para no ser indigente) que ya llega a 799,27 pesos, habiendo subido un 9,08% sólo en la última semana. Y la otra canasta, que cubre lo que necesita un jefe de familia de cuatro miembros de clase media (que la llama 'canasta Crítica') le da 4.318,27 pesos, registrando un incremento semanal del 8,84%.

Pero el 'aporte' del gobierno no se limita a los números del Indec. También ayuda a que todo siga subiendo. Sucede que en medio de este alza generalizada de marzo-abril, autorizó aumentos a las petroleras, con la consecuencia que los precios de las naftas y el gasoil crecieron un 10%. Y también a Massalin Particulares, permitiéndose un aumento de los cigarrillos del 3,5% -que ya habían subido otro 3,8% a principios de año-. Se espera, obviamente, una autorización semejante para la otra tabacalera líder del mercado, Nobleza Piccardo.

¿Quién tiene la culpa?

Mucho se ha discutido sobre los motivos de la inflación. Pero ahora desde el oficialismo parece haberse encontrado un nuevo chivo expiatorio: todo es por culpa del paro del campo. Es más, se sostiene, 'si no fuera por las retenciones, los productos de los alimentos subirían más aún, y la inflación anual sería un 10% mayor', tal un informe profusamente difundido en estos días por el Ministerio de Economía. Hemos explicado en notas anteriores el carácter absolutamente relativo de las retenciones para garantizar que los precios de los productos exportables no alcancen valor internacional. Pero el hecho más significativo es que la inflación venía de antes, creciendo brutalmente mes a mes. ¿El paro del campo tiene la culpa de que los útiles escolares estén más del doble que el año pasado? ¿O de las subas en la ropa durante marzo? ¿O de la duplicación de los precios del turismo? Y durante el conflicto agrario ¿por qué faltaban incluso los bienes que los productores dejaban pasar por las rutas?

Lo hemos sostenido una y otra vez: los precios no se forman por 'el libre juego de la oferta y la demanda'. Esto no sucede en ningún país del mundo, pero mucho menos en la Argentina, donde existe una estructura oligopólica en que cada sector de la economía está controlado por una, dos, o a lo sumo tres grandes firmas.

En estos días se ha discutido mucho sobre las 'cadenas de valor', que van desde el productor primario hasta el consumidor final. ¿Quién tiene capacidad para definir márgenes de ganancia, acaparar productos, hacerlos desaparecer durante unos días de las góndolas, y luego volverlos a colocar 'sorpresivamente' con alzas considerables? ¿Dónde está el corazón de la famosa 'formación de precios'? Es evidente que 'aguas arriba de la cadena': en el acopiador, el frigorífico, la gran cadena de supermercados, y no en el productor primario. Veamos el ejemplo de la leche: si al tambero le pagan por litro de leche 0,80 centavos y luego el sachet en las góndolas vale casi 3 pesos ¿quién se quedó con la diferencia? La respuesta es obvia: los grandes 'jugadores' del complejo lácteo, que además son los que se quedan con la inmensa mayoría de los subsidios del gobierno que llegan como ayuda al sector.

Se achica el salario real

La conclusión es que todo sube como nunca: estamos ante la inflación más alta desde la devaluación del 2002. Y así se genera un gran interrogante sobre una de las políticas centrales que se había propuesto el gobierno para este año: el techo salarial del 19,5%. Muchos gremios, y los más alineados con el gobierno en primer lugar, se apresuraron a cerrar sus acuerdos paritarios a principios de marzo respetando estos valores. Ya en ese momento, como explicamos más arriba cuando comparamos la inflación 2007 con los números que ofrecen los técnicos desplazados del Indec, a los trabajadores se los obligó a 'comerse' entre dos y tres puntos anuales de inflación. Blanco sobre negro: su salario real del 2008 sería menor que el del 2007. Pero lo más grave aparece ahora: los aumentos de marzo están comiendo ya, en pocos días, todo el aumento del 2008. Estamos frente a un proyectado de inflación real para este año de entre el 20 y el 30%, con algunos expertos que se aventuran inclusive a más. ¿Qué va a pasar con los ingresos de los trabajadores? ¿Se van a reabrir las paritarias? ¿Habrá reajustes de emergencia? Esta discusión es nodal, porque recordemos que, para los sectores populares, la inflación es un problema no tanto por las 'señales' que ofrece a la inversión, como se trata de explicar desde los economistas de la ortodoxia, sino desde la lisa y llana sensación que se tiene en el bolsillo, cuando uno descubre que con la misma plata cada vez puede comprar menos.

Las medidas antiinflacionarias

Desde estas líneas siempre dijimos que una política de lucha contra la inflación debía contemplar el uso de todas las herramientas. Y no descartamos dentro de ellas la aplicación de la propia Ley de Abastecimiento. Pero lo que hoy se observa es que el Secretario de Comercio Guillermo Moreno, que se hace el 'patotero' con los pequeños productores, finalmente termina autorizando siempre las subas de los grandes monopolios. Nunca aplica la famosa Ley de Abastecimiento, que permite multar y clausurar a los que violan precios máximos o acaparan, pero aparece listo para amagar usarla contra el pequeño productor que protesta. En la Argentina hace un mes que discutimos la 'redistribución del ingreso' desde las retenciones, pero nadie dice una palabra sobre el IVA a los artículos de primera necesidad, una verdadera expropiación al bolsillo del trabajador. Y los famosos acuerdos de precios, que nunca fueron precios máximos con fuerza de ley, ya de tan 'sugeridos' que son, ni siquiera se los ve los primeros días por las góndolas. Las grandes empresas firman los acuerdos, pero ni disimulan colocándolos en pequeñas cantidades en las góndolas. Se desnuda que se trata de una 'política antiinflacionaria' que sólo busca resultados mediáticos, absolutamente ineficaz para atacar seriamente la carestía.

José Castillo es economista. Profesor de Economía Política y Sociología Política en la UBA. Miembro del EDI (Economistas de Izquierda).


http://www.argenpress.info/nota.asp?num=054298&Parte=0

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