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Químicos prohibidos están destruyendo la capa de ozono





Científicos de los Países Bajos y el Reino Unido revelaron que las emisiones de una sustancia química, denominada como CFC-11, aumentaron un 25% desde el 2012 y no saben de donde proviene. Sospechan que alguien podría estar fabricando secretamente el contaminante, lo cual es una violación de un acuerdo internacional.

Cuando se formó un hoyo en la capa de ozono en el área de la Antártida, se puso en vigor el Protocolo de Montreal en 1989, en el cual los países del mundo pactaron reducir la producción y consumo de varios tipos de sustancias químicas que dañan la capa de ozono llamadas cloro fluoro carbonos. Tras la prohibición las emisiones disminuyeron y el tamaño del alarmante agujero se encogió poco a poco.

Para los científicos el descubrimiento de las emisiones en aumento fue sorprendente y angustiante. Hasta entonces la medida de la prohibición del CFC-11 se consideraba como gran logro ambiental a nivel global.

La ONU vigila el cumplimiento del Protocolo de Montreal. Oficialmente la producción de CFC-11 es nula o extremadamente baja, según los informes de las naciones. Durante más de 30 años se ha supervisado y resulta inquietante que alguien lo esté produciendo. Este hallazgo generará una investigación internacional para descubrir de donde proviene el producto químico.



Los científicos no se cierran a otras explicaciones para el aumento de emisiones de CFC-11, creen que existe una pequeña posibilidad de que sea una liberación involuntaria, y consideran que podrían influir dos factores: el cambio en los patrones atmosféricos que eliminan los contaminantes en la estratosfera o la demolición de edificios que contienen residuos antiguos de CFC-11.

Sin embargo, según las pruebas recolectadas existe evidencia contundente de que en realidad se está fabricando, aunque no saben exactamente quién o donde. Se calcula que el aumento ha sido acelerado, con alrededor de 13 mil millones de gramos por año en los últimos años.

Un laboratorio en Hawai mostró que el CFC-11 está mezclado con otros gases que son característicos de una fuente proveniente de algún lugar del este de Asia, pero los científicos no pudieron determinar el área.



El CFC-11, fue ampliamente usado como refrigerante, tiene gran persistencia y puede durar hasta 200 años una vez que se libera. Los científicos advierten que es un poderoso gas de efecto invernadero y que la reacción química de sus moléculas de cloro destruye la capa de ozono, a la cual durante muchos años se le ha dedicado recursos y esfuerzo para tratar de que se “recupere”.





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