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Razones para abandonar los términos “patriarcado” y machismo

Razones para abandonar los términos “patriarcado” y “machismo” (con 10 ejemplos)

Uno de los comentarios más frecuentes que he recibido en el artículo “La discriminación masculina en 31 memes“, ha sido que el sufrimiento del varón se debe al patriarcado y al machismo, o a los valores machistas y patriarcales. En esta entrada explicaré por qué no considero apropiado utilizar dicha terminología, y por qué conceptos como “sistema de género” o “sexismo” son más correctos, además de conciliadores.

El argumento principal que voy a sustentar con fuentes y ejemplos es que tanto hombres como mujeres comparten los mismos valores a un nivel prácticamente idéntico y además la mujer juega un papel crucial en la transmisión de dichos valores a los hijos. Después abordaremos el tema del poder masculino, como ya lo hice en el apartado de “Contraargumentos” de la entrada anterior. Utilizar términos como machismo o patriarcado depositan toda la responsabilidad en el varón (o al menos, la mayor parte), y teniendo en cuenta los datos y ejemplos que voy a presentar, veremos que es a todas luces injusto.

Sin más dilación procedo a justificar por qué los valores de hombres y mujeres no son tan diferentes como para justificar los términos “patriarcado” o “machismo”.

EJEMPLO 1: INDIA

En esta tabla, extraída de un artículo de BBC sobre violencia doméstica en India, podemos ver los resultados de una encuesta donde se preguntó a hombres y mujeres del país si la violencia contra la mujer era justificable en determinados escenarios. Las mujeres superaron a los varones en respuestas afirmativas en todas las categorías.



EJEMPLO 2. ESPAÑA

Estas tablas provienen del estudio Percepción de la violencia de género por la adolescencia y la juventud (p. 49). En ella se preguntó a chicos y chicas sobre los comportamientos adecuados o no en las relaciones de pareja, y como podrán ver, los resultados fueron prácticamente idénticos.



EJEMPLO 3. ESTADOS UNIDOS

Aquí les muestro una encuesta de Gallup de 2011 sobre el aborto en Estados Unidos. Una vez más, comprobarán que los resultados son casi idénticos. Si bien las mujeres superan en cinco puntos a los hombres en la categoría “legal en cualquier circunstancia”, también los superan con la misma cantidad de puntos en la categoría “ilegal en cualquier circunstancia”.



EJEMPLO 4. OTRAS REGIONES

Estos gráficos pertenecen al estudio de Unicef Hidden in Plain Sight (p. 151). Muestran nuevamente que las mujeres justifican la violencia hacia la mujer en mayor proporción que los hombres en la mayor parte del mundo.




Esto no significa, obviamente, que la violencia en la pareja excluya al varón, como podemos ver en este otro gráfico del mismo documento (p. 144), donde de hecho los chicos documentan más incidentes de violencia a manos de sus parejas. Lo que ocurre es que rara vez se pregunta específicamente sobre lo justificable o no de ejercer la violencia contra el varón.



EJEMPLO 5. EL LUGAR DE LOS HOMBRES EN LA GUERRA

Fotografía: Manifestación de adhesión al pueblo madrileño, formada por mujeres valencianas, el 1 de noviembre de 1936. ARCHIVO ABC



Aquí podemos ver que no sólo los hombres consideraban que la guerra era su lugar, sino que las mujeres también apoyaban esta idea.

Como imagino que una sola fotografía no se va a considerar prueba suficiente, recomiendo leer el artículo “La incitadora: el papel de la mujer en la guerra y las deudas de sangre”, donde presento múltiples ejemplos sustentados con fuentes externas, además de estudios que muestran la preferencia femenina por el varón guerrero y otros artículos de interés.

EJEMPLO 6. MUJER Y RELIGIÓN

En su obra El sometimiento de la mujer John Stuart Mill señaló:

Las mujeres concurrieron poderosamente a difundir entre los conquistadores bárbaros la religión cristiana, religión mucho más favorable a la mujer que todas cuantas la habían precedido. Puede decirse que las mujeres de Edelberto y de Clodoveo fueron las iniciadoras de la conversión de los anglo-sajones y de los francos.

Si realmente el cristianismo era mejor que otras religiones para la mujer es un tema que no pertenece a esta discusión. Mi objetivo es señalar la contribución femenina en este sentido. También hubo episodios históricos donde las mujeres defendieron activamente la religión cristiana, como en el caso de la Guerra de los Cristeros (también tratada en esta página). Actualmente en Estados Unidos un 27% de los hombres se considera sin afiliación religiosa, frente a un 19% de las mujeres.

Vaya por delante que soy ateo, y es imposible determinar si este episodio de la Biblia ocurrió o no, pero desde luego muestra la percepción masculina del poder femenino y su influencia en la crianza de los hijos. En Nehemías 13:23-27 podemos leer:

23 Vi también en aquellos días a judíos que se habían casado con mujeres asdoditas, amonitas y moabitas. 24 De sus hijos, la mitad hablaban la lengua de Asdod, y ninguno de ellos podía hablar la lengua de Judá, sino la lengua de su propio pueblo. 25 Y contendí con ellos y los maldije, herí a algunos de ellos y les arranqué el cabello, y les hice jurar por Dios, diciendo: No daréis vuestras hijas a sus hijos; tampoco tomaréis de sus hijas para vuestros hijos ni para vosotros mismos. 26 ¿No pecó por esto Salomón, rey de Israel? Sin embargo, entre tantas naciones no hubo rey como él, y era amado por su Dios, y Dios le había hecho rey sobre todo Israel; pero aún a él le hicieron pecar las mujeres extranjeras.

Resumiendo, en tiempos de Nehemías parece que había judíos casados con mujeres extranjeras. Imagino que serían más de unos pocos, o el problema no habría sido recogido en la Biblia. Resulta interesante comprobar, sin embargo, que pese a la posición del padre como cabeza de familia en la tradición judía (y la autoridad que conlleva), sus esposas extranjeras tuvieron tal influencia que impusieran su lengua y su cultura a los hijos. El papel de la mujer en la transmisión de valores a la siguiente generación es de una indudable importancia.

EJEMPLO 8. HOMBRES Y SUFRAGIO FEMENINO

En esta foto de 1911 podemos ver a hombres desfilando en las calles de Nueva York para pedir el sufragio femenino.



La Liga Nacional de Hombres por el Sufragio Femenino tuvo hasta 20.000 miembros, aunque desde luego hubo muchos más partidarios fuera de ella. Cito del artículo perteneciente al Museo Nacional de Historia de la Mujer:

Entre la década de 1910 y 1920, los legisladores varones acordaron medidas para implementar el sufragio femenino en los Estados. Millones de votantes varones votaron para aprobar dichas medidas. Los sindicalistas en particular, eran con frecuencia partidarios del sufragio femenino.

Al mismo tiempo, la Asociación Nacional contra el Sufragio Femenino, contaba con unas 41.000 mujeres opuestas al voto femenino (p. 3), y se cree que pudo llegar hasta las 600.000, aunque esta última cifra parece un tanto exagerada.

EJEMPLO 9. VOTANTES DEL PARTIDO NAZI

Helen L. Boak en su artículo “Our Last Hope: Women’s Votes for Hitler” (Nuestra última esperanza: los votos de las mujeres para Hitler), publicado por la revista German Studies Review, explora el voto femenino a este partido. Sus investigaciones prueban que hubo más mujeres que dieron su voto a este grupo que hombres. Esto no era muy difícil puesto que había más mujeres que hombres en Alemania, pero cuando se observan los votos en proporción a la población, encontramos que el porcentaje de hombres y mujeres que votaron al partido nazi era muy similar (p. 296-297), con una ligera superioridad femenina.

Helen L. Boak explica la razón (el subrayado es mío):

Hemos visto que el partido nazi había ganado proporcionalmente más apoyo entre las mujeres que entre los hombres desde 1928 en adelante, no por un esfuerzo concertado de su parte ni por el carisma de su líder, ni por un elemento particular de su propaganda. Las mujeres escogieron votar al partido nazi por las mismas razones que los hombres escogieron votar por el partido: por propio interés, por la creencia de que el partido era el que mejor representaba su idea de cómo debería ser la sociedad alemana, incluso cuando podían no estar de acuerdo con el partido en temas particulares (p. 303).

Para bien o para mal (en este caso, para mal), hombres y mujeres no eran tan diferentes.

EJEMPLO 10. LOS ASESINATOS DE HONOR Y EL HOMBRE COMO EJECUTOR

Cuando hablamos de que el hombre es casi siempre el agresor, tendemos a perder de vista cómo muchas veces el hombre ejerce la violencia no necesariamente por iniciativa propia, sino como ejecutor de una orden o un código moral aprobado por la comunidad. Tenemos un ejemplo en la historia de los hombres keniatas circuncidados a la fuerza. Sus esposas exigieron que fueran cortados y los hombres de la comunidad ejecutaron esa atrocidad.

También dediqué un artículo a la instrumentalización de la violencia masculina por parte de la mujer en la Historia (tengo dos más pendientes), incluyendo la guerra. Sin ir más lejos, en el genocidio ruandés Pauline Nyiramasuhuko ordenó la violación de mujeres y niñas. Los hombres ejecutaron, pero la orden fue de una mujer.

Con esto no quiero que se me malinterprete: no estoy diciendo que toda violencia masculina tenga que ver con las mujeres. No faltan hombres que cometen actos violentos sin que nadie les apremie. Lo que intento decir aquí es que no perdamos de vista que el hombre muchas veces es el ejecutor, pero no iniciador de la violencia, porque ése ha sido su papel a lo largo de la Historia debido a su mayor fortaleza y al no experimentar el embarazo o la lactancia (físicamente hablando).

Pasando a un ejemplo más reciente, en India dos madres musulmanas se ayudaron entre sí para matar a sus respectivas hijas por haberse relacionado románticamente con hindúes (una tercera mujer les ayudó). Tras la condena dijeron:

Las matamos porque trajeron vergüenza a la familia. ¿Cómo podían haberse involucrado con Hindúes? Merecían morir. No sentimos remordimiento.

Si ellas salieron en las noticias por asesinar a sus hijas, es porque eran viudas y aparentemente sin hijos varones. De lo contrario, es más que probable que el marido o el hijo hubiera cometido el crimen, porque ése es “su papel”. Como no había un varón a mano, sin embargo, estas mujeres se involucraron personalmente como guardianas de la moral para restaurar el “honor” familiar.

Desde luego los musulmanes no son los únicos: en otra noticia encontramos a una chica hindú que murió asesinada por su madre y su abuela por “deshonrar” a la familia involucrándose con un hombre de otra casta.

En las enemistades femeninas también hubo mujeres que propagaron rumores de índole sexual sobre otras para que los hombres “hicieran algo”, como también ocurrió con la caza de brujas, sobre la que hablé en el pasado.

Los varones, por su parte, experimentan la contrapartida de los asesinatos de honor en las deudas de sangre, tema del que pueden informarse más siguiendo el hipervínculo.

Concluyendo, pensar que las mujeres desaprobaban al brazo ejecutor de la opresión masculina (y femenina) más que los hombres es una afirmación basada en la creencia de que las mujeres son naturalmente más bondadosas y justas que los hombres, algo que muchos no se atreven a decir abiertamente porque sería sexista, pero de lo que parecen estar convencidos de forma consciente o inconsciente.

SOBRE EL PODER MASCULINO

En este punto alguien argüirá que el hombre tiene más responsabilidad por haber estado en el poder con más frecuencia, pero no contamos con ejemplos históricos de que las mujeres reinantes o gobernantes hayan hecho las cosas de forma diferente. Al fin y al cabo se trata de los valores, no del sexo, y en lo primero se diferenciaban poco. De todas formas vuelvo a repetir del artículo anterior un punto que me parece fundamental en cuanto al poder masculino:

Recordemos que en 2004 un presidente tan beligerante como George Bush fue reelegido con un electorado mayoritariamente femenino. El poder del ciudadano de a pie para influir en la política de un país suele ser el mismo que el de la mujer: votar. En la mayoría de los países las mujeres superan la mitad de la población, y por ende tienden a ser mayoría en el electorado. Si hablamos ya de dictaduras, el hombre (o mujer) de a pie tiene incluso menos posibilidades de influir en la política.

En resumen: el hombre corriente no tiene más poder para cambiar la política de un país que la mujer corriente, y es injusto acusarlo de lo contrario.

CONCLUSIONES

Como pueden comprobar, mi rechazo por los términos “machismo” y “patriarcado” se encuentra justificada. Puede que no estén de acuerdo, pero espero que al menos comprendan que no se trata de una opinión que he tomado a la ligera. Por supuesto hay otros argumentos que también se podrían presentar, como por ejemplo el hecho de que la palabra “patriarcado” significa “el gobierno de los padres”, y en la mayoría de los países industrializados los hombres pierden rutinariamente la custodia de los hijos, además de que la figura del padre se encuentra bastante desprestigiada. Patriarcado puede ser un término útil para hablar de un sistema de organización familiar, pero ese tema lo dejo para una futura entrada.

En cualquier caso, si están de acuerdo conmigo en que hombres y mujeres por lo general comparten los mismos valores, ¿por qué emplear palabras que sólo apuntan hacia los hombres y terminan alienándolos cuando se podrían utilizar otras alternativas? Personalmente estoy convencido de que “sistema de género” (en lugar de patriarcado) y “sexismo” (en lugar de machismo) constituyen una elección más correcta, justa y conciliadora. La elección de palabras es importante, porque considero que quien usa términos que sólo señalan al varón como único responsable de los valores de género, ignora la contribución femenina al fenómeno, provocando que se minimice o descarte el sufrimiento masculino, pues al fin y al cabo estos valores de género “los crearon ellos, y sólo ellos”.

FUENTE Y CREDITOS: quiensebeneficiadetuhombria.wordpress.com
https://www.facebook.com/quiensebeneficiadetuhombriaweb
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2Comentarios
NeoZeruel

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YOELVERDUGO

como diria mi viejo ... "ASI NO VAS A COJER NUNCA"

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J-Fx

@YOELVERDUGO otra vez vos pibe? no te cansas de ser atendido?

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