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Recesión económica sin crisis pero que será muy dura.

Un septiembre donde se consolida una marcada recesión que no será revertida hasta una nueva administración.


No han ocurrido hechos significativos durante septiembre que modifiquen el rumbo actual. La inflación proyectada para 2014 será de 40%, debido en su mayor parte por la emisión monetaria para cubrir los gastos de la administración que serán superiores los ingresos en más de $ 180.000 millones. Las 70 empresas que producen el 55% de alimentos, bebidas, textiles y exportaciones industriales no operarán a pérdida y por lo tanto no existen posibilidades reales de reducir la inflación. Por otra parte habrá una caída anual del PBI cercana al 3% especialmente debido al menor consumo en casi todas las actividades.

Esta administración probablemente llegará a entregar el gobierno sin una crisis profunda aunque con las cuentas públicas muy deterioradas, a menos que terminen de soplar los vientos de cola que hasta ahora solo muestran la caída del precio de los cereales por las buenas cosechas en el hemisferio norte.

Pero no debe dejar de considerarse que argentina consigue dólares exportando cereales y los destina a importar energía. Con una tonelada de soja en marzo comprábamos 6 barriles de petróleo. Hoy con una tonelada compramos menos de 4 barriles del mismo petróleo.
El precio de los granos ya no es el viento de cola y si EE.UU. e Inglaterra desatan un nuevo conflicto en oriente medio habrá muchos problemas la zona petrolera más importante y con una tonelada de soja se conseguirá aun menos petróleo.

Precios

Las mediciones de precios volvieron a mostrar incrementos, posicionando a la tasa de inflación en niveles de 40%. En Agosto, los precios al consumidor en el ámbito de la Ciudad de Buenos Aires aumentaron un 2,3% mensual de acuerdo a la estimación preliminar del IPCBA, con una leve aceleración respecto a la variación de julio (2,2%) y llevando el total anual a 40,1%.

Las estimaciones privadas de inflación del IPC Congreso, muestran en agosto un crecimiento de los precios de 2,65% mensual, con una aceleración respecto a julio (2,5%), y una variación interanual de 40,4%.

Ambas mediciones muestran para el acumulado del año un 28%, duplicando la variación registrada en 2013 y marcando una brecha muy improbable con las estimaciones oficiales, que afirman para el acumulado del año un crecimiento de los precios de 16,7%.




Recesión

Los incrementos en los precios siguen profundizando escenario recesivo. Según los últimos datos disponibles, los salarios nominales aumentaron en promedio un 35% anual en julio, muy por debajo de la inflación real. Se sigue acentuando así la erosión de los sueldos, que se presenta este año mucho más grave que en años anteriores.

En los últimos meses del año, las presiones cambiarias, y su traslado a precios, hará que los salarios reales sigan perdiendo terreno, bajando aun más el consumo y dando lugar a una creciente conflictividad laboral.

No se han observado señales de ajuste desde la administración en ejercicio; por el contrario se ha tratado de incentivar el consumo de bienes semidurables financiados sin intereses y se tratará de incorporar al sistema a un conjunto de jubilados sin aportes, cuya inclusión se producirá ya en el año 2015 por lo cual no tendrá efecto alguno.

Lo anterior indica clara e indudablemente una recesión importante, con un estancamiento mayor que el semestre anterior: insistimos en que el PBI cae este año 3% anual y con una inflación del 40% y una disminución de puestos de trabajo que se refleja en el cierre de las cuentas sueldo (30.000 en agosto) y un frente externo que no ayuda, la actividad económica entró en recesión prolongada porque es más larga que una cuestión cíclica y no hay posibilidades de reactivación hasta el cambio de la administración actual.

Si el nivel de actividad cae desde el tercer trimestre de 2011 y hasta ahora no se recuperó, no lo hará en el año que le queda a la actual administración y después habrá que ver qué sucede a partir de 2016, por cuanto le herencia es negativa.

La recesión será cada vez más visible por razones cualitativas que explican por qué la actividad no se incrementará en el corto y mediano plazo.



Motivos que llevan a la recesión

Esta recesión está causada por las decisiones de la administración actual, no ha sido provocada por problemas internacionales. La caída de la actividad es el reflejo del descontrol del gasto financiado con emisión monetaria, la falta de dólares y la restricción crediticia. Esto no lo ha provocado el mundo, ni conjuras desestabilizadoras sino la administración actual.

Esta recesión no reacciona ante ninguna de las múltiples y algo desordenadas acciones expansivas del gobierno. El impulso que pretenden conseguir desde la administración sobre el nivel de actividad es y será nula porque hay un volumen enorme de gasto en medio de una recesión. El gobierno repite una y otra vez la receta de planes para fomentar el consumo, la construcción de viviendas, la venta de autos, el crédito en cuotas, los subsidios, y muchos otros repartos de dinero. Eso no revertirá la declinación del PBI. Es nada más que emisión de moneda que transita directo a los precios y presiona aun más el tipo de cambio pero no reactiva el consumo.

Esa recesión tiene un impacto muy fuerte sobre el consumo privado. Hay una caída del salario real, suspensión del crédito a empresas e incertidumbre sobre la estabilidad laboral. Es la primera caída fuerte del consumo desde 2003. En la sensación pública y el balance mensual de las Pymes, es la más profunda recesión desde 2002.

Afortunadamente, no hay un desplome de exportaciones, pero la recesión es permanente y generalizada desde 2011 y durará al menos cuatro años, hasta 2015. Es simplemente el reflejo del deterioro interno. Por otra parte, ésta es una recesión sin inversiones de ningún tipo. No hay una situación desesperada pero si unos altos y bajos que sobresaltan al punto de alejar cualquier inversión que no sea especulativa.

Como porcentaje del PBI, la inversión total subió en 2011, bajó en 2012, subió en 2013 y baja en 2014. El año 2015 tendrá una baja sobre la baja. Esta recesión no empuja la inflación para abajo como ocurrió 2009. Esta vez, con retraso del PBI (3%) la tasa de inflación no baja sino sube. Terminará el año en torno a 40% anual. La recesión ya no alcanza para impedir el proceso de diez en diez años que registra nuestra economía.

Aun así, estamos muy lejos del crecimiento hiperinflacionario de los años ochenta. Eso no va a ocurrir.

Se ha creado un combo de descontrol fiscal financiado con emisión con un faltante de dólares no reversible con el control de cambios empeorado por la cesación de pagos de parte la deuda pública. En consecuencia no hay mas remedio que contraer las importaciones para que el faltante de dólares no sea un problema mayor, hay que absorber pesos y cortar el crédito para no tener que emitir peligrosamente y hacer aceptar la caída del salario real para que la inflación no se convierta en peligrosa.

No tiene sentido siquiera mencionar las leyes restrictivas y amenazantes como Leyes de Abastecimiento que nunca serán aplicadas y los acuerdos y controles de precios que resultan poco comprensibles cuando los precios pueden influenciarlos hacia arriba o abajo 70 empresas y la administración colabora emitiendo.



La caída del peso

La tensión cambiaria que genera una brecha de casi 80% es muy costosa para alguien, naturalmente el gobierno.

El fuerte salto en la brecha, es consecuencia de la escasez de divisas a causa de este escenario y de una administración que insiste en volver a impulsar el nivel de actividad por la vía del gasto público que crece mas del 40% en el año (56% en junio) y con recursos que se quedaron en el 30%.

Sin dólares para financiar importaciones, la capacidad de las medidas para tener efectos sobre el consumo interno es limitada pero los costos de la brecha cambiaria sobre la inflación son mayores a los que sufrió hasta ahora el Banco Central por cubrir la demanda de dólares oficiales para pagos de importaciones de bienes y servicios.

La insistencia en seguir gastando cada vez más es consistente con una emisión monetaria de $87.000 millones en los meses que quedan de 2014, que sólo puede ser amortiguada con dólares que ingresen, pero hoy la tasa que debería pagar Argentina para emitir deuda con una duración de 5 años ronda el 12% (según la Tir del Bonar 24). La relación deuda / PIB del que se parte es afortunadamente baja y los menores vencimientos de deuda en el mercado si no se sale del default técnico ni se arregla con los buitres, ayuda, pero requiere un Gobierno que enfrente los costos políticos de refinanciar al 12% vencimientos de deuda.

Si se recurre a swaps o acuerdos de pagos con otros bancos centrales: Basilea, China o el mismo Banco de Brasil, si se licitan anticipadamente las licencias del 4G y se consiguen eventuales financiaciones forzosas se pueden cubrir parte de las necesidades de dólares hasta fin de año pero sin chances de revertir la recesión.

Los vencimientos de deuda en 2015 exigen conseguir dólares si se pretende amortiguar un inevitable ajuste. La mayor parte de estos vencimientos son en octubre del 2105, por lo que si se manejan con prudencia las presiones de corto plazo, hay margen para para llegar a la otra orilla.

Al final del día, la escasez de dólares deriva en dos situaciones posibles. O el Gobierno administra la escasez moderando la emisión y ajustando el lado monetario lo que sea necesario para estabilizar la demanda de pesos con impactos más recesivos aun, o bien se baja de la pelea y retoma la búsqueda del crédito vía la negociación sin confrontación. Algo ligeramente improbable.


Especulaciones y el peso en caída no tan libre.

La brecha entre dólar paralelo superó la barrera del 75% y continúa su escalada alcista. En lo que va del año acumula un incremento del 50%, Es preocupante y necesario corregirlo.

La administración atribuye públicamente que la caída del peso tiene origen político. Afirman que la inestabilidad cambiaria es provocada por un complejo entramado de acciones conspirativas entre los fondos “buitres” y la complicidad de políticos de la oposición, sindicalistas, empresas, periodistas y otras personas malas.

Sería muy poco profesional subestimar la inteligencia de la administración actual y suponer que lo afirman seriamente.

Una explicación razonable surge de un simple análisis. Desde el año 2010 las reservas internacionales disminuyen a un ritmo de -13% por año US$ 52.000 millones a US$ 28.000 millones, el peso cayó a un ritmo del 40% por año ($4 a $15) y la emisión de dinero aumentó a un ritmo de 29% por año.

En Brasil, la emisión de dinero y las reservas crecieron al 10% anual. En Chile, la emisión monetaria creció al 12% y las reservas al 17% anual. En Uruguay, la emisión monetaria creció al 15% y las reservas al 24% anual.

En la región entonces, el crecimiento de la base monetaria fue más moderado y fue acompañado por aumentos de las reservas internacionales con la estabilidad cambiaria.

Entre 2010 y 2014, la devaluación en Brasil fue del 8% anual y en Chile y Uruguay del 4% anual. Nuestro Banco Central opera – a contramano de la región - en función de las necesidades de emisión monetaria que impone el gasto de gobierno.

La presión alcista sobre el dólar proviene de la abundancia de pesos y la alta inflación que aceleran la demanda de dólares por parte de los operadores y la población.

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