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Recomendaciones para evitar imágenes desenfocadas


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Recomendaciones para evitar imágenes desenfocadas



Las imágenes desenfocadas son un problema bastante molesto del que muchos fotógrafos suelen ser víctimas. ¿Cómo solucionarlo?

De entrada, enfocar con una cámara es algo bastante sencillo. Solo basta con presionar el botón de disparo hasta la mitad, esperar la confirmación sonora o visual y apretar completamente para obtener la foto. Sin embargo, son muchas las ocasiones en las que ese enfoque no se comporta exactamente como deseamos y acabamos teniendo imágenes desenfocadas. ¿Cómo podemos evitarlo?

Muchas cámaras sin espejo alcanzan un nivel que nada debe envidiar al de una réflex


Es cierto que los sistemas de enfoque están evolucionando cada vez más y que éstos ya son capaces de adaptarse a casi cualquier situación. Incluso el sistema híbrido de muchas cámaras sin espejo alcanzan un nivel que nada debe envidiar al de una réflex. Ahora podemos añadir puntos de seguimientos para obtener un objeto continuamente en foco, enfocar en situaciones de luz muy escasa o simplemente dejarlo en automático y dejar que la cámara elija entre los numerosas zonas de enfoque que son capaces de detectar.

No obstante, todavía encontramos situaciones en las que incluso es más recomendable emplear el enfoque manual por encima del automático, como puede ser en la macrofotografía, las fotos nocturnas o cuando existen dos planos de enfoque (como una verja y un fondo) y la cámara detecta el que no nos interesa. Además de eso, también existen momentos en los que pretendemos usar el autofocus y éste no funciona como es debido a pesar de que tenemos condiciones apropiadas para ello.

En muchas ocasiones dependerá de las limitaciones que la propia cámara posea al respecto, pero sí que podemos dar algunas recomendaciones generales que podemos aplicar independientemente de cual sea nuestro dispositivo.


Vigila los ajustes




Normalmente solemos tener 3 modos de enfoque: único, continuo y manual. Mientras que con el primero mantenemos el foco cada vez que presionamos a la mitad el botón de disparo, con el segundo el enfoque se modifica en función de las variaciones de distancia con respecto al motivo. El más usado por los fotógrafos suele ser el modo único, ya que permite guardar el enfoque para posteriormente buscar el encuadre más apropiado. El continuo suele ser una opción más vinculada al video o para rápidos motivos propios de la fotografía deportiva.

Por otro lado, además de lo anterior también tenemos que elegir la zona de enfoque. Aquí no seleccionamos cómo funciona el motor, sino el punto de la imagen sobre el que la cámara va a incidir para enfocar. En este caso suelen ser comunes los modos de punto único, zona automática y punto flexible.

El primero es quizá el más usado, ya que solo debemos situar al objeto en el punto central para inmediatamente tenerlo enfocado. En este sentido, la zona automática suele ser algo más aleatoria, ya que es la cámara quien detecta qué es el objeto de interés en nuestra toma. Por último, el punto flexible es como el punto único, solo que en esta ocasión no se encuentra relegado a la zona central, sino que podemos elegir entre diferentes puntos de la imagen.


Busca un punto luminoso



Buscar el punto más luminoso del objeto que vamos a fotografiar es la mayor garantía que podemos tener para no tenerlo desenfocado. Por ejemplo, si vamos a hacer un retrato suele ser habitual centrarnos en los ojos o en algún reflejo de luz que incida sobre la cara. Eso sí, ese punto luminoso debe estar sobre la zona que estamos interesados o a la misma distancia, por lo que si hacemos un retrato no es recomendado elegir zonas como la nariz o los labios.


Cuidado con la velocidad
de obturación y la apertura



Es obvio, pero el riesgo de obtener imágenes desenfocadas aumenta cuanto más baja sea la velocidad de obturación y cuanto más alta sea la apertura. Por esa misma razón hay que ser precavidos cuando nos vemos forzados a utilizar dichos valores, o de lo contrario podríamos llevarnos una sorpresa cuando posteriormente comprobemos las imágenes. Al aumentar el diafragma también incrementamos la profundidad de campo, por lo que será más fácil obtener una zona nítida. Sin embargo, en ocasiones eso puede ser algo imposible debido a las condiciones lumínicas.

¿Están las dioptrías bien ajustadas?



Es el apartado más tonto, pero precisamente por ello también el que solemos obviar. De nada sirve que intentemos evitar obtener imágenes desenfocadas si el visor de la cámara está engañando a nuestro ojo. No suele ser muy habitual revisar las dioptrías cuando nos dejan una cámara, motivo por el que también incrementamos el riesgo de tener una fotografía fuera de foco.




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