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Relato de Sabado a la Noche

Relato de un sábado a la noche



Sábado a la noche. Juancho ya había quedado con Cristian para que todos los pibes se juntaran en su casa. En lo de Cristian estaba re piola juntarse. Juancho sabia que ahí se podía hacer tranqui la previa, por que la vieja de Cris no jodia, se iba a su pieza, cerraba la puerta, ponía el tele alto y no importaba que el quincho estallara con los gritos de la enfiestada juventud.
Juancho salió del baño y se puso el calzoncillo de la suerte, pues se anticipaba a pensar que iba a ser una “buena noche”, por que ella también salía. Se perfumo. Se probo un par de remeras. Se peino una y otra vez. Espero ansioso que Milton lo pase a buscar para ir a lo de Cris.
Llego Milton, subió al auto y se hicieron un par de paradas estratégicas. La primera, en la YPF de la esquina, ahí se compraban los puchos y el infaltable hielo. La segunda, en un kiosquito donde el vino y el fernet eran un poquito mas caros que en los demás lugares, pero a esa hora, el precio no importaba, lo importante era conseguirlos.
Llegaron con la música a full en el auto de Milton, fumando un par de cigarros, avisando su arribo a lo de Cris. En un toque se acerco la muchachada y les ayudaron con el hielo y las botellas, que aunque no eran muchas se cuidaban como si fuesen porcelana china.
Y empezó la previa.
Como en todo grupo, estaban los que tomaban tranqui, por gusto, como decían ellos y estaban también los desaforados, que en diez minutos estaban chupados, rompiendo algún vaso, bailando desinhibidos como locos, tarareando cualquier canción, riendo de todo. Los jodones. Los que le ponen animo a la fiesta.
Uno a uno fueron cayendo los cadáveres y en una hora y media de previa ya no importaba si al fernet le ponían ¾ d coca, ½ de coca o ya ni siquiera importaba ponerle coca. Lo importante era que no quedara nada. La frase, la misma de siempre : “Hasta que no tomemos todo no nos vamos”.
Algunos con excusas poco creíbles, como algún hermano por buscar, o el trabajo temprano por la mañana, empezaron a ausentarse. Quedaron los de siempre, o casi siempre. Juancho, Milton, Cristian y Martín. Limpiaron un poco, no mucho, por que aunque las intenciones eran buenas, siempre terminaban ensuciando aun mas. ¿Limpiar en ese estado? No. “En este estado hay que buscar mujeres” dijo Cris. Los cuatro, borrachos, saltaban en círculos, abrazados gritando “Molino!, Molino!”. Y hacia allá fueron.
La ida al boliche siempre consistía en una seguidilla de infracciones de transito. No existían los colores del semáforo, mejor dicho, no existían los semáforos. La velocidad nunca era tan alta, pero nunca era tan baja. Frenaban donde querían, ya sea para piropear alguna mina, mear un árbol o tirar botellas vacías; por que la mama de Cris no decía nada de las jodas en el quincho, pero a las botellas había que llevárselas.
Llegaron al boliche, estacionaron el auto ahí donde a veces safaban de pagarle al del estacionamiento y corrieron a la puerta, saludando a conocidos, deteniéndose de forma brusca ante el paso de alguna mujer despampanante (aunque en ese estado, casi toda mujer era despampanante). Pagaron como de costumbre, menos Martín que conocía al de la puerta y paso gratis.
Una vez adentro, Milton se instalo en la barra con un grupo de amigos del cole, Martín hacia sociales con todos y Juancho y Cris fueron a la Azul. Esa noche se dieron el gusto y se tomaron un New Age con Speed. No importaba la plata mientras haya en la billetera. Total hoy no había gasto en taxi, por que Milton los tiraba hasta sus casas de onda.
Pasaron las horas, los temas, los vasos, las mujeres, los amigos, los enemigos.
Tipo seis y media Milton empezó a reclutar a sus amigos. Ya no le daba mas el bocho y no veía la hora de estar con la cabeza en la almohada. Lo encontró primero a Cris, como siempre, estaba tirado solo en un reservado. Después se les unió Martín que estaba saltando, como poseído, en el medio de la Roja. Finalmente encontraron a Juancho, que como él lo había presentido, estaba hecho un nudo con ella. Los muchachos entre cargadas y risas lograron despegarlo de la bella dama sonrojada.
Una vez afuera las anécdotas de la noche no se hicieron esperar, y la caída de Cris tampoco. Piso el cordón con un pie y el otro se trabo al intentar seguirlo. Y como buen chupado, se pego un buen palo. Todos rieron. Él se enojo por que sus amigos se reían, pero como siempre terminaron los cuatro abrazados como múltiples siameses.
Llegaron al auto y medio dormida se escucho la voz de Cristian decir: “Anda tranqui chabon que el sábado pasado casi nos la damos contra el 47 del negro”. “Callate chupado, todo bien, si tenes algún drama maneja vos!!” contesto de mal humor Milton. Juancho controlo a la multitud y el auto arranco. Dejaron a Martín literalmente en la puerta de su casa, gracias a Milton que acostumbraba subir medio auto a la vereda, y salieron para lo de Cris. En el auto iban, Milton al volante, Juancho de copiloto y Cris durmiendo atrás.
Milton se quejo de Cris, que siempre bardeaba como manejaba y al muy desagradecido siempre lo llevaba. Juancho, un poquito mas cuerdo, rió y dijo que eran cosas de chupados, que estaba todo bien. Pero Milton seguía enojado y dirigiéndose a Juancho dijo: “Mira amigo, ¿ves? Al auto lo piso a fondo, pero manejo bien, mira... mira...” El auto iba muy rápido y cada esquina era un nuevo desafío. Pronto, la cara de Juancho cambio la sonrisa por el semblante serio y el vértigo paso a tornarse miedo.
Faltaban cinco cuadras para lo de Cris, Juancho nervioso insistía en que Milton se tranquilizase un poco. Milton eufórico repetía y afirmaba que no iba a pasar nada, a él le daban el auto desde los quince.
Y el destino eligió. Eligió enseñar con actos. Y en la esquina siguiente, al doblar abierto, el auto se estrello de frente con un container. Milton aun no sabe por que traía el cinturón puesto, simplemente se golpeo la cabeza, el brazo derecho y ambas piernas. Cristian se quebró la muñeca con el impacto. Y Juancho? Juancho quedo tirado inmediatamente después del container. Con la cabeza cubierta de sangre. Con la cara raspada. Con alcohol en la sangre. Sin otra lesión. Sin cinturón. Sin vida.








Este texto, fue escrito por un miembro del Grupo Alerta de Villa Carlos Paz como parte de unas charlas que se dan en los colegios sobre el alcohol al volante.
Cualquier similitud del texto con la realidad es simple coinsidencia. El texto se armo simulando una noche común en Villa Carlos Paz. Los que son de ahi, en varias partes seguramente se sentiran identificados.



Fuente: http://www.foroalerta.com.ar/
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