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Reto global el genocidio del Estado Islámico





Reto global el genocidio del Estado Islámico


Editorial






Ningún país debe permanecer ajeno a la barbarie desencadenada por las acciones terroristas del llamado Estado Islámico, un grupo sanguinario que ha puesto en jaque al planeta, y cuyo devastador estilo es un resumen de todos los errores históricos que se han cometido en las últimas décadas.


Esta inhumana ofensiva de terror tiene que ser enfrentada por una acción concertada de toda la Humanidad, cosa que no es posible con las actuales estructuras de poder en el seno de los organismos multilaterales llamados a liderar un proceso de esta naturaleza.



Amnistía Internacional, por ello, ha exigido una reforma del Consejo de Seguridad de la Organización de Naciones Unidas, a fin de evitar que sigan pesando los “intereses creados o conveniencias políticas” en la toma de decisiones con respecto a conflictos armados y de derechos humanos en distintos puntos del planeta.



Amnistía demanda que los cinco miembros más poderosos del Consejo -China, Rusia, Francia, Reino Unido y Estados Unidos-, renuncien al uso del veto en situaciones que conllevan atrocidades masivas.


Un objetivo al que sin duda se resistirán los países mencionados, pero que debería ser parte de un pronunciamiento de parte de todos los componentes de la ONU.



La tendencia de esas potencias a entrenar y armar grupos de combatientes, que en principio se enfrentan a gobiernos enemigos y prometen “liberar” a sus pueblos, pero que luego degeneran en sectas extremistas y peligrosas para sus pueblos y sus propios benefactores.



Una vez logrado el objetivo de desestabilizar un gobierno, las fuerzas del Estado Islámico, que cada vez cobran más fuerza en Siria, Libia, Mali, Irak y Afganistán, desatan el terror entre sus respectivas poblaciones y extienden sus tentáculos a través de las redes sociales, para reclutar adeptos y cometer atentados en países occidentales.



Esos gobiernos bajo asedio del Estado Islámico, debilitados por las guerras previas, se ven impotentes para combatir a las facciones integristas infiltradas en su territorio a base de formas desalmadas de terror.


Por ahora, son las milicias de origen kurdo, movilizadas por su conocimiento de las zonas más escarpadas, y auxiliadas por Estados Unidos, los países árabes y otras naciones, las que están llevando el peso del día a día en los combates contra el avance del Estado Islámico.



Pero ya desde algunos sectores se advierte que también esas milicias kurdas, que en su momento formaron parte de un catálogo internacional de organizaciones terroristas, podrían eventualmente desvincularse de los países que las apoyan y reivindicar sus propios intereses, complicando aún más la situación.


Décadas de guerras e intervenciones han dado al traste con el delicado equilibrio (a veces tribal) de esos países que sufren la embestida de hordas enloquecidas que torturan, ejecutan y, últimamente, destruyen patrimonio histórico, arrasando con museos y valiosos monumentos.


Nadie en el mundo debe que permanecer indiferente a los extremos de este horror, que ha obligado a muchos estados a pasar por alto las diferencias bilaterales, para concentrarse en la batalla colectiva contra las despiadados ataques de los yihadistas del Estado Islámico.



La decapitación de diplomáticos, periodistas y cooperantes, así como el secuestro masivo en cientos de aldeas, representa un tipo de ferocidad que se creía superada hace siglos.


En el fondo, también los mueve la lucha por el control de territorios de gran valor estratégico, ricos en hidrocarburos o, simplemente, de paso obligatorio para el comercio y la transportación internacionales.


Estar atentos al desarrollo de esos acontecimientos es necesario para poder comprender su influencia en los procesos económicos –como la fluctuación del precio del petróleo- o las decisiones políticas que se están tomando a nivel internacional y que, de una forma u otra, inciden en nuestra propia realidad.



Después de todo, decenas de puertorriqueños han derramado su sangre en los conflictos de Oriente Medio y, aún hoy, muchos hijos de esta tierra están destacados en lugares de alta peligrosidad.


Hay que cambiar en la ONU la forma de respuesta multilateral a estos genocidios, a estos crímenes contra la Humanidad.





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