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Rocambole habla de la cofradía y los redondos

Rocambole: “La Cofradía fue un proyecto para el amor; Los Redondos, no”






entrevista y articulo realizado por Franco Ruiz.

Ricardo Cohen (Rocambole) fue uno de los fundadores de la primera comunidad hippie de la Argentina, La Cofradía de la Flor Solar. Saltó a la fama por haber diseñado la gráfica del que para muchos es el mejor álbum del rock argentino, Oktubre (1986). Hoy, refugiado en su taller, situado en calle 9 entre 68 y 69, atendió a Pop Nervioso y afirmó que “La Cofradía quiso cambiar el mundo", y que fue un llamado de alerta sobre el egoísmo de la sociedad actual.

En 1964, Rocambole era un estudiante de la Escuela Superior de Bellas Artes (hoy, Facultad de Bellas Artes). Allí, se conoció con los estudiantes –en su mayoría oriundos de Entre Ríos- con los que luego formaría La Cofradía de la Flor Solar.

Las ideas principales de La Cofradía eran, según señaló Rocambole, la igualdad entre el hombre y la mujer; el cuidado de la ecología; y por último, el amor y la libertad en contra del egoísmo y el individualismo.

“Uno de los eslóganes nuestros era: «Sé todo lo libre que puedas ser». Quizás, por eso, nos comparaban con el Mayo Francés (1968), pero nosotros decíamos éstas cosas desde mucho antes, desde el `64”, precisó Rocambole.

“Las mujeres que vivían con nosotros no lavaban los platos”, alegó Rocambole. Y enseguida subrayó que todos los miembros de La Cofradía compartían las tareas de la casa, el trabajo y las ganancias.

“Se dio que no hubo una mujer que tocara un instrumento y que pueda ser parte de la banda musical, pero sí había chicas que cantaban, pintaban, hacían artesanías, y participaban de la fiesta igual que los hombres”, afirmó Rocambole.

“En 1966 ganamos el centro de estudiantes. Era una época muy efervescente, con mucho debate de ideas y un arco amplio de ideologías: tenías desde agrupaciones “foquistas” hasta gente ligada al “pop-art”, contó Rocambole.

Acto seguido, Rocambole añoró las largas charlas en los cafés que le daban vida a la calle 51 entre 7 y 8: “Estaba lleno de bares, como el Tirol-chopp, el Adriático, el Capitol, el Parlamento (éste todavía está) ...”.

Sin embargo, Rocambole se ufanó de que ellos lo hicieron antes. “Comenzamos, desde el centro de estudiantes, a empapelar las aulas con eslóganes raros, surrealistas, como: «Lo único constante es el cambio». Y las comparaciones con el Mayo Francés no tardaron en llegar.

“Las ideas y las gestas del Mayo Francés llegaron más tarde”, sostuvo Rocambole. “Lo mismo ocurrió con El Verano del Amor de San Francisco y el hippismo. Todo eso llegó después. Lo que sí había, era una suerte de sintonía generacional con todo eso, quizás, porque leíamos los mismo libros, como El ángel subterráneo, de Jack Kearouck”, explicó Rocambole.

“A mí me decían rebelde, beat, existencialista, iracundo, pero nunca hippie, eso vino después”, rememoró Rocambole.

Los cofrades trabajaban en la cooperativa del centro de estudiantes de la Escuela de Bellas Artes. Por esos años, el comedor universitario era el centro de reuniones de todos los estudiantes. Allí se hacían peñas, fiestas, y funcionaba como un centro de convergencia de diversos proyectos, artísticos y/ o políticos.

“Había estudiantes peruanos, venezolanos, de Panamá, Costa Rica, y de toda América Latina. Venían a estudiar a La Plata porque acá les daban unos tiquetes, y con eso comían, gratis, todo el año. Un estudiante del interior llegaba a La Plata, y esa misma noche, ya estaba cenando en el comedor universitario”, recordó Rocambole.

“Era frecuente ver a los compañeros, caminando por los pasillos de la facultad, con alguna naranja que le habían dado, de postre, en el comedor. El menú podía ser puchero, pero también podía ser unas buenas milanesas con puré, ravioles...”, afirmó Rocambole.

“Yo no comía en el comedor porque ya me ganaba la vida pintando afiches y carteles para obras de teatro, publicidades, etc. De todos modos iba seguido, porque ahí estaban mis amigos, y era el lugar obligado de fiestas, reuniones y asambleas. Recuerdo que una vez se presentó en el comedor una grupo de samba, de Brasil”, relató Rocambole.

“Por eso lo cerraron, porque era un lugar de encuentro de todos los estudiantes, más allá de su filiación política”, dedujo Rocambole.

En efecto: la dictadura de Juan Carlos Onganía se ensañó particularmente con la universidad pública (cabe añadir que durante ese gobierno ocurrió «La noche de los bastones largos»), y con el comedor universitario, que sufrió una cantidad considerable de atentados con bombas.

Según Rocambole, en los años `60, se vivía en la Escuela de Bellas Artes –hasta la llegada de la dictadura de Onganía– una suerte de “bohemia familiar”.

Es que la matrícula de estudiantes inscriptos era muy inferior a la actual. “Eramos pocos, algunos nos quedábamos toda la noche pintando, nadie nos decía nada, para los que no tenían un taller propio, era bárbaro, porque se quedaban trabajando en las aulas”, aseguró Rocambole.

El cierre del comedor universitario fue un hecho trágico para muchos estudiantes del interior y de otros países que no tenían donde comer.

“De repente echaron a los mejores profesores, nos quitaron las llaves de las aulas, y establecieron un régimen militar de cursadas. Ya no nos podíamos quedar a trabajar por las noches: terminaba la clase y nos cerraban las puertas”, lamentó Rocambole.

Sin embargo, según explicó Rocambole “toda esa ordalía, ese tormento, lejos de dividirlos, los juntó”.

Así fue que muchos estudiantes, ante el despido de profesores, decidieron desertar en masa. “Nos fuimos a vivir con todos los compañeros del centro de estudiantes a una casa que estaba situada en calle 13, frente al Club Atenas, que como estaba a punto de ser demolida, no nos cobraban el alquiler”, afirmó Rocambole.

“La primera propuesta que surgió en la casa fue crear un comedor universitario paralelo, porque el oficial estaba cerrado. Unas personas del gremio del Correo nos prestaron un lugar, y enseguida pusimos unos tablones, unos caballetes, y comenzamos a cocinar para 200 estudiantes, que no tenían donde comer”, recordó Rocambole.

“Habíamos conseguido unas ollas, inmensas, y con eso cocinábamos. Íbamos al Mercado Central de la calle 520, con un viejo jeep, prestado, a pedir las verduras y las frutas que no se habían vendido en los remates del día”, manifestó Rocambole.

“El comedor paralelo duró 3 meses, hasta que no lo pudimos sostener más”, confió Rocambole. Y agregó que además del comedor quisieron fundar una universidad paralela, con los profesores que los militares habían echado de la facultad.

“Muchos profesores fueron a la casa de 13, y dieron sus clases”, festejó Rocambole.

Luego, los cofrades se mudaron a la casa de 122 bis y 72 bis. “Allí podríamos haber armado una huerta, pero la verdad es que no sabíamos cómo hacerla, y era mucho trabajo. Había que estar todo el día trabajando y no podíamos desarrollar otras actividades que nos interesaban más, como el arte”, desmitificó Rocambole.

“No plantamos ni una papa”, bromeó Rocambole.


La Flor generacional

Según Rocambole, el nombre «La Cofradía de la Flor Solar» estaba flotando en el aire, como un motivo psicodélico de la época o un símbolo generacional (como el símbolo de la paz de los hippies).

“Había una escenógrafa que estaba montando una enorme flor solar en uno de los subsuelos de Bellas Artes, y a nosotros se nos ocurrió ponernos La Cofradía de la Flor Solar”, indicó Rocambole.

“También había una periodista de la revista Eco Contemporáneo (que dirigía el periodista y escritor Miguel Grinberg) que una vez vino a La Plata a hacer una nota y nos contó que ellos llamaban a la redacción de la revista «El reducto de la flor solar»”, recordó Rocambole.

Según señaló Rocambole, también había una librería platense que se llamaba La Cofradía de la Flor Solar (cuyo dueño era el filósofo León Iglesias), y hasta había un grupo de percusión que se hacían llamar “El espíritu de la Flor Solar”.


La vida en comunidad

Según Rocambole, fueron adquiriendo, con el paso del tiempo, y a partir de los errores, una mayor conciencia comunitaria. “La pregunta siempre era ¿cómo ganarnos la vida?”, confió Rocambole.

“Teníamos una mesa de serigrafías, y con eso hacíamos afiches, tarjetas, volantes, y recaudábamos algo de dinero. Después recibimos la visita de un artesano (Marlon Bilela) que nos enseñó a trabajar en cuero y metal, y así inauguramos la artesanía urbana, que hoy está a la vista de todos, en cualquier plaza de la ciudad. Nosotros fuimos los primeros”, aseguró Rocambole.

“Un día un miembro de La Cofradía inquirió: qué hacemos con la plata en nuestros bolsillos. ¿Por qué no hacemos un fondo común? Esa noche, hubo varios cofrades que abandonaron la casa. Fue una desilusión, porque nosotros siempre bregamos por la solidaridad, pero era todo tan libre, que hasta esos gestos de individualismo también estaban contemplados, y respetados”, afirmó Rocambole.

"Los cofrades que se enojaban con nosotros se iban a vivir a La Casa de la Luna, que era la casa de Poli", ironizó Rocambole.

“Recaudábamos el dinero de las actuaciones del grupo musical, las artesanías, las changas, y anotábamos todos los gastos en un cuaderno. Hubo momentos de organización casi fascista, donde funcionábamos con la prolijidad y el orden de una operación militar. Casi siempre esos «golpes de estado» venían después de épocas de mucho desorden, hasta que nos dábamos cuenta de que no podíamos estar dos meses comiendo polenta, que había que llevar un orden”, explicó Rocambole.

“Anotábamos en un cuaderno: a las 7.30 nos levantamos; a las 8.30 trabajamos en el taller de artesanías; a las 11 meditamos en grupo y hacemos ejercicios espirituales; a las 22 ensayo de la orquesta musical, etc.”, indicó Rocambole.

“A veces la tensión dentro de la casa era muy fuerte, había discusiones, y alguno se enloquecía por la misma presión de la convivencia, pero salíamos adelante”, confió Rocambole.

“Luego comenzamos a trabajar en decoración y diseño de interiores, justo agarramos la época en que comenzaban a abrir en La Plata los primeros boliches (nosotros les llamábamos confiterías bailables). Así fue que conseguimos muchos trabajos. En un boliche hicimos toda una decoración medieval, en metal y mármol, y quedó muy bonita”, contó Rocambole.

“Tratábamos de conseguir en esos boliches que decorábamos un lugar para que después pueda tocar la banda musical”, afirmó Rocambole.

Drogas

Según contó Rocambole los cofrades conocían las drogas, porque muchas veces eran llamados para hacer "cambios" (reemplazar a algún otro músico) en los cabarets platenses. "Pinchevsky y Kubero Díaz eran muy virtusos y enseguida se aprendían los temas, por eso los llamaban seguido para tocar tango en los cabarets y reemplazar a algún músico. Ahí conocieron la cocaína", afirmó Rocambole.

“Nosotros conocimos la marihuana a través de un hippie brasileño que nos visitó en la casa y nos regaló unas semillas. Nos explicó como plantarlas, y nosotros las plantamos en el jardín de la casa de 122. Cuando llegó la primavera vimos que empezaban a brotar unos tallitos, nos pusimos muy contentos... ¡Al fin íbamos a poder experimentar con la marihuana de los hippies!”, explicó Rocambole.

“Se había creado mucha expectativa entre los cofrades, hasta que nos dimos cuenta de que los brotes que habían nacido en el jardín eran idénticos a los de la casa del vecino, la plaza, etc., y que no era marihuana”, relató Rocambole.

“La droga, para nosotros, era un ritual, algo esporádico, espiritual, ligado a la música, el arte y la conciencia. Luego se puso de moda entre los psicoanalistas porteños usar LSD (ácido lisérgico) para que los pacientes puedan liberar más fácilmente el sub-conciente. Ahí sí, muchos cofrades probaron el LSD y tuvieron visiones fantasmagóricas”, contó Rocambole.

“Había un gran debate dentro de la casa en torno al uso de drogas: estaban los que estaban a favor de la droga, para experimentar, y los que estaban a favor de la experimentación pero, sin drogas. «Tampoco quemar por quemar», repetían los que se oponían al uso de drogas”, recordó Rocambole.

Rocambole contó que un día, revisando los cuadernos donde se anotaban todas las actividades de la casa, descubrió que los días que había visitas decaía considerablemente la producción de artesanías. Luego se dio cuenta que la producción decaía porque los visitantes traían «fumo».

“Hubo que restringir las visitas”, bromeó Rocambole.

Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota



"La gráfica de Oktubre es la que más me gusta, por todo lo que pasó después y la aceptación que tuvo en la gente. Cuando vi que había mochilas, banderas y remeras con la imagen que yo había diseñado, me emocioné mucho. Y... a quién no le gusta que se lo reconozca", soltó Rocambole.

Con respecto a si La Cofradía influenció a Los Redondos o no, Rocambole dijo que "el Indio siempre dijo que a él no lo influenció La Cofradía, y tiene razón, porque él no vivía en La Plata, pero por ahí a Fenton o a Skay, que eran habitués de nuestra casa y concurrían a los ensayos de la banda, sí los influenció".

"La experiencia de la autogestión la inciamos los cofrades y luego Los Redondos la retomaron", argumentó Rocambole.

En torno a la decisión que tomaron Los Redondos, cuando decidieron transformarse en una banda de rock, tradicional y estable, y alejarse del "circo" de intelectuales y bohemios platenses que le había dado vida al grupo, Rocambole sentenció: "Fue una decisión política que tomaron Poli y el Indio".

"Ahora a las traiciones se les llama decisiones políticas", deslizó Rocambole.

"La diferencia entre La Cofradía y Los Redondos es que La Cofradía fue un proyecto para el amor; Los Redondos, no. Eso explica, en parte, por qué La Cofradía sigue tocando y seguimos en contacto, siendo muy amigos, y Los Redondos, no.

Fuente:http://popnervioso.blogspot.com/2008/05/entrevista-con-rocambole.html
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