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Roma y Cuba

Roma y Cuba


Poesía leida en el Hotel Inglaterra, en el
ponche-homenaje ofrecido al Padre Lobato
con motivo de haber sido nombrado
Camarero Secreto de Su Santidad.

Si aquí la voz a levantar me atrevo
al mismo tiempo que la copa elevo,
a mi no me culpéis, os lo suplico;
inculpad a mi musa chacharera,
que cuando lleva un alegrón cualquiera
no hay forma humana de taparle el pico.

Mas en esta ocasión hay una excusa
para mi pobre musa;
que es su júbilo inmenso, extraordinario;
y en cambio, un alegrón es alegría
que no pasa de un día
según enseña el docto diccionario.

Es júbilo eternal; y esto no es broma:
¡Como que vino de la eterna Roma!
Y bien sabéis que sólo el Vaticano
tiene poder y brío
para decirle al tiempo: ¡no! Lo mío
no lo toque jamás tu sucia mano

Vino de Roma y porque de ella vino,
ser inmortal cual ella es su destino.
Por eso es que mi musa , aunque veleta,
sufriría las penas del infierno
si en este ponche de sabor eterno
no lograse meter la cuchareta.

¿Cómo no iba a sufrir mi pobre musa?
¿Acaso es roja o rusa?
Católica, apostólica y romana
es y habrá de morir, como que es pobre;
ama a la santa Caridad del Cobre;
¡ por eso es tan cubana!

Por cubana y católica, me dijo,
a ese ponche me llevas; te lo exijo.
¿Cómo es que si de Roma han descendido
sobre un cubano tal, tales honores,
yo no le pueda tributar las flores
de mi homenaje cálido y sentido?

Y respondí: ¿qué más puede alegarse?
Si Roma y Cuba allí van a abrazarse,
tú no puedes faltar; irás conmigo;
y al mirarlas ahora en pugilato
por festejar a Monseñor Lobato,
por eso es que le digo:

Canta pues, musa mía;
lanza a los cuatro vientos tu alegría;
por Cuba y Roma, canta.
Canta y no temas molestar oidos;
que los ponches cual este, merecidos,
endulzan y refuerzan la garganta.

Y éste como ninguno, doblemente,
porque en él hay dos glorias juntamente.
Dos grandes glorias cada copa encierra:
la gloria de la Roma milenaria,
y la gloria sabrosa, extraordinaria
del azúcar sin par de nuestra tierra.

En cada copa hay comunión fraterna
entre la patria efímera y la eterna;
y ante este abrazo cuyo amor la Historia
no dudéis, Monseñor, que lo aquilate,
alzo la copa aquí por Moserrate,
para brindar con ella vuestra gloria.

José A. del Valle

22/9/1947
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