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San Andrés de Giles, Capital de la Malvinización. 1er premio

ENSAYO PREMIADO POR LA "SADE" FILIAL SAN RAFAEL DE MENDOZA; 2014 (Extracto)
Nunca estuve ni creo que estaré en nuestras Islas Malvinas…al menos, no en persona. Pero al escribir este Ensayo, y hacerlo a través de la lectura de documentos o testimonios de quienes si estuvieron en ellas, es como en realidad, haber estado…Entonces, es, como “volver a pasar” una y otra vez por la sinuosa y escabrosa superficie de un enigma que lleva muchos años y a pesar de todo, aún no está resuelto. Y no porque todavía quede mucho por descifrar acerca de la verdadera trama secreta de la guerra, sino porque otra vez quedamos tristes y azorados frente a la gran encrucijada que anida en nosotros mismos. Al no saber qué decir. No saber qué pensar. No saber que creer. No poder sacar una conclusión más o menos certera. Más o menos honesta. Más o menos verdadera. Más o menos creíble…
Hoy, como ayer, Malvinas continúa siendo para todos un tema complejo y controversial. De; incomodidad, resquemores o directamente prejuicios a partir de ideas confusas acerca de; “lo militar” y; “lo nacional”.
“Lo verdadero” y “lo falso”.
La elección de creer en; “lo argentino” o en; “lo inglés…”.
En el soldado que cuenta “su verdad”, o en el gobierno que nos envuelve y así nos confunde con la suya…Dos versiones….Dos sentimientos…. Y una sola y única verdad a la que aún hoy, ¡no llegamos!

Como se preguntara el escritor argentino: Licenciado Federico Lorenz en su libro “Fantasmas de Malvinas” (2008):
¿Se puede volver a un lugar en el que nunca se estuvo?
Acaso:
¿Es posible caminar nuevamente por esos senderos que jamás conocieron nuestros pies, pero que nuestros oídos, ojos, recuerdos y sueños transitaron tantas veces…?
La Historia ha hecho que muchos argentinos hayamos estado en las islas sin haber siquiera llegado al archipiélago, hasta que un azar, un plan, o un deseo realizado, nos lleva a aterrizar en Mount Pleasant, y a sentir cómo nos “sellan el pasaporte” como extranjeros, que es el “precio mínimo a pagar” para que las ráfagas de un “viento prohibido” nos azoten a la cara como en nuestra propia casa. Porque Malvinas; es la “mayor encrucijada argentina para convocar a las ánimas”. Y una tumba, nunca cerrada del todo como un fantasma inquieto. Nuestras preguntas continuas y respuestas vagas, no hacen más que acudir a la llamada de una historia que no termina de cerrarse. Viajar a las islas, ya sea en realidad o fantasía, significa desandar los pasos de nuestra propia historia: como en un flashback, pues, quien investiga o escribe por vez primera sobre nuestras Malvinas, en realidad, está como volviendo…
El pensar en las Malvinas, nos remite al pasado, a los suicidios y a la sufrida y cruenta dictadura militar. Así como a las banderas colgando y flameando con aires de libertad en los balcones de la Avenida de Mayo.
A las encomiendas enviadas con alimentos y bufandas de lana, tejidas por las manos amorosas de mujeres, henchidas de un patriotismo inmenso, que como nunca antes, se había sentido en nuestra Patria...

El pensar en las Malvinas, es vivir el heroísmo, tanto en palabras escritas en largas cartas -que no siempre llegaron a destino-, como en el sabor amargo del héroe abatido, o del sobreviviente que regresó, triste, desolado y no siempre “bien recibido”. Como descubierto y despojado del espeso y cerrado manto de niebla de Malvinas, que en sus tierras lo protegiera y sintiera como el valiente que fue a luchar por ellas sin dudarlo...

Malvinas: Islas con nombre de mujer, que como una madre, abrazará por siempre en su regazo a “su hijo pródigo”, sin preguntar nada, y “menos aún juzgarlo…”.

El pensar en las Malvinas, nos remite al recuerdo de los aislados pozos de zorro, las turbas, las trincheras lodosas y frías….las ropas mojadas, los borcegos rotos por donde se filtraba el gélido viento austral.
Así como a las torrentosas, copiosas e interminables lluvias. A las noches de enfrentamiento. O, a la larga espera a que llegaran los mismos, encapotados y furtivos, escondidos entre la espesa niebla y la noche…

El pensar en las Malvinas, nos remite a las cientos de cruces de las tumbas de los soldados de Darwin y al helado letrero del cementerio que nos dieron los ingleses, allá a lo lejos, y casi como “de lástima”- tras una profunda hondonada-, y que tiene un escrito que dice:

“SOLDADO ARGENTINO; SOLO CONOCIDO POR DIOS…”.

Sentir…, escribir… o pensar Malvinas, nos hace evocar el antiimperialismo, el despojo, las viejas imágenes de gauchos valientes y resistentes, de conci- liábulos nacionalistas -de mediados del siglo XX- y también, de sentimien-tos y causas aprendidas –bien o mal- en las escuelas.
Sea lo que sea lo que sintamos, lo más probable, es que cuando hablamos de nuestras Islas Malvinas, en lo que menos, o casi nada pensamos, es en los cerros rocosos, en sus costas arenosas, en su economía, sus pingüineras, sus casas de estilo inglés, o sus habitantes que no quieren ser argentinos…
Así…, durante ¡tantos años! hemos envenenado, enceguecido, y confundido nuestras almas. Sensación que se remonta al lejano 14 de Junio de 1982, en que finalmente se diera la triste “rendición incondicional”.
De ahí, y para adelante, se iniciaría en cada argentino ese sentimiento que si hubiera que definirlo con una sola palabra, no la encontraríamos en ningún diccionario. Porque sentir Malvinas, es sentir muchas cosas…y son tantas, que no alcanzaron 32 años para describirlo…
La guerra de los días de la batalla es tan cercana, que aún se guardan en los oídos aturdidos y los ojos de cada argentino que lo vivió de cerca o de lejos, los ruidos de las sirenas, oscuridades y apagones. La lluvia interminable. El barro y los suelos mojados por un agua que caía sin cesar…Y en especial, los dolores, pensando en aquellas escuadrillas y batallones de compatriotas argentinos, que se perdieron en la lucha para no retornar jamás...
Malvinas fue la guerra de la “modernidad argentina”. La guerra “fuera del país”, lejos de las grandes urbes, lejos de Buenos Aires. Y así continuará durante mucho tiempo. Seguirá siendo “la guerra inconclusa”, aunque unos papeles firmados entre militares y políticos, digan que ya está terminada. Viajar al archipiélago escribiendo, pensando o investigando sobre esos días, es como “volver a aquellas luchas”. A aquellas angustias y decisiones vividas en pozos de zorro, en cuchetas y en cabinas. A las ausencias irremediables transmitidas por una lista desde una radio lejana y llena de interferencias, porque parecía que lo que ella decía y lo que en realidad pasaba, no estaban en “igual sintonía”.
La “Guerra por Malvinas”, fue y es -por sobre todo-; una gran duda. Muchas preguntas con diferentes respuestas. Una incógnita trabada en un punto, con distintas hipótesis planteadas y aún no resueltas….Una extraña y rara mezcla de sabor a orgullo; dolor; impotencia; pena, rabia; y para algunos, incluso vergüenza…
A pesar de estos sentimientos encontrados, hay algo que definitivamente Malvinas no es: “una fantasía”, algo completamente “utópico e imaginario” o “un simple cuento”.
Porque Malvinas; ¡fue verdad…!
Malvinas; ¡Nos pasó!
Malvinas es; “un espejo para pensarnos”.
Malvinas es; “una marca genérica y registrada de un pasado reciente”.
Malvinas es; “un territorio bien nuestro, donde los límites geográficos, temporales y materiales se confunden en uno solo”.
Malvinas es; “un lugar argentino, donde las fronteras entre los vivos y los muertos, se diluyen en la niebla”.
Malvinas es: un pedazo de Argentina, que desconoce la frontera del pasado y del olvido. Un lugar que conjuga lo real y lo imaginario, arrastrándolos a un túnel en el tiempo, en el que las luchas parecieran no haber cesado, ya que siguen ocurriendo en el pensamiento y el corazón de cada argentino.
Parafraseando a Federico Lorenz:

“Hay algo en Darwin que es desolador.
Tal vez sea el viento.
Tal vez sea la bosta de oveja por todo el terreno, por momentos desparramada entre las cruces y las placas. Sin embargo, mientras comienzo a caminar entre las cruces, mientras leo algunos de los nombres, creo que lo que vuelve triste a ese lugar no es tanto la muerte como la voluntad de los isleños de ignorar su existencia escondiéndolo en una hondonada…
-Dicen que la condición que pusieron los pobladores de la zona para permitir que fuera construido allí, fue que las cruces no pudieran ser vistas desde su pequeña población-. Aguas de por medio, las tumbas argentinas están dentro de esa pequeña hondonada, fuera de la vista de los lugareños”.
En el cementerio Darwin de Malvinas, hay tumbas con blancas cruces -la mayoría sin nombres, o inventado-, que dan testimonio innegable, de que hace 32 años, uno grupo de valientes argentinos volvieron a las islas para “tratar de arrancarlas” del colonialista inglés, y sin lograrlo, dejaron su sangre y sus vidas en sus rocas, sus arenas y sus gritos, mezclados con los sonidos del viento, que hace años, permanece mudo, esperando “su vuelta”.

Como señalara el antropólogo Alejandro Grimson:
“la constatación de la persistencia de elementos en la larga duración, no implica imaginar supuestas esencias. Sin embargo, el gran espanto que provoca que la persistencia sea confundida con esencias no debe evitar esas constataciones”.

Hay algo seguro y persistente que vive como plantado en cada argentino; un “cenotafio” que está instalado dentro de cada corazón y espera ser cubierto por rocas, flores y arenas de esas tierras australes y nuestras. Elementos que esperan llenar nuestras almas vacías.
Por eso un día:
¡¡¡“MALVINAS VOLVEREMOS”!!!
Y ESTA VEZ…“SERÁ PARA SIEMPRE…”
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