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San Fermin *Muere un corredor*

SAN FERMÍN | Cuarto encierro
Muere un corredor tras recibir una cornada en el cuello

El toro se llama 'Capuchino', está herrado con el número 106, es colorado y pertenece a la ganadería de Jandilla. Ya ha pasado a la historia negra de los 'sanfermines' al acabar con la vida de un corredor y como uno de los toros que más peligro ha creado en las calles de Pamplona, de principio a fin. Desde el inicio de la carrera, a toda velocidad, hasta cuando se ha convertido en un toro suelto con los habituales derrotes en la zona del vallado de Telefónica.

El corredor fallecido recibió una cornada en el cuello que finalmente ha sido mortal. Los servicios sanitarios que lo atendieron de emergencia intentaron reanimarlo con un masaje cardiaco en plena calle, cerca de la plaza. Rápidamente fue trasladado al Hospital de Navarra, donde fue operado de urgencia. El portavoz médico calificó su estado de "crítico", y una hora después del percance se informó del fallecimiento del corredor, del que aún se desconocen sus datos personales.

"Presentaba una herida en la zona supraclavicular izquierda, con trayecto ascendente afectando a pulmón izquierdo, aorta y cava. Ingresa en situación de paro cardiaca, pasa a quirófano y tras las maniobras de reanimación, el paciente ha fallecido", dijo un portavoz del hospital de Navarra.
Además de esta cogida, los servicios sanitarios dan un balance de otros tres heridos por asta de toro: uno con una herida en el abdomen en el tramo de Mercaderes y otros dos en Telefónica, dos de ellos con cornadas en un muslo.

En los 30 últimos años ha habido otras tres muertes, además de la de hoy: en 1980 y en 1995, dos norteamericanos; y en 2003, un veterano corredor navarro que falleció dos meses después de sufrir una caída en el encierro y quedar en coma. En total, los sanfermines se han cobrado la vida de 15 corredores desde 1922.
Peligro desde el comienzo

Jandilla es una de las ganaderías que más heridos por asta de toro han dejado en los últimos años en Pamplona y en este cuarto encierro de 2009 no han hecho una excepción.

'Capuchino' estaba decidido a ser el protagonista absoluto de la carrera desde que sonó el chupinazo. Enfiló la cuesta de Santo Domingo en primera posición y a partir de ahí decidió buscar los cuerpos de los corredores que se ponían delante de él. Por un lado, los corredores habituales de los primeros metros han disfrutado del peligro y la emoción que llevaba la carrera de un toro despuntado. Pero, por otro, los revolcones han sido inevitables. Primero uno, luego otro, las cogidas se sucedían. Al llegar a la plaza del Ayuntamiento, el colorao se ha llevado por delante a tres corredores de una tacada. No contento con eso, además ha rematado de forma angustiosa contra el vallado. Pero aquí no ha dejado heridos.

Ya rezagado, 'Capuchino' ha seguido su marcha hacia la Estafeta y en Mercaderes ha corneado a un mozo que se ha encontrado de repente en su trayectoria y ha recibido una cornada en el abdomen.

El paso por la curva de la Estafeta ha sido más violento que en los tres días anteriores: los toros han chocado contra el vallado y no se ha visto al 'loco de la curva' que se llevó el jueves toda la atención.

La calle de la Estafeta se ha convertido en un rosario de toros negros: dos por delante, otros dos unos metros detrás y otro suelto. Las carreras han sido muy ajustadas, intensas y peligrosas. La velocidad del encierro era aquí altísima. De hecho, la manada ha llegado a los toriles en menos de dos minutos.

Varios mozos han sido atropellados en esta larga recta, los pitones han ido pasando por las espaldas de los corredores y se han visto algunas de las carreras más espectaculares de este año.

Por detrás, el castaño se ha convertido en un toro suelto de libro: miradas a un lado y a otro, se desplazaba al paso y echaba miradas hacia atrás, recordando lo que dejaba a sus espaldas. Cuando el resto de la manada ya estaba en los corrales, 'Capuchino' seguía sembrando el pánico en los vallados del tramo de Telefónica. Especialmente en la barrera, donde ha dejado los dos corneados. Los mozos tiraban del astado -por cierto, el más pequeño de la corrida- pero éste prefería hacer carne con las astas entre las tablas.

Muy poco a poco, los mejores corredores han tirado del toro suelto hacia la plaza, arriesgando muchísimo, pero con acierto. Cuando entraba por la puerta de los toriles, el reloj marcaba cuatro minutos y 20 segundos desde el inicio de la carrera y dejaba la calle atronada por las sirenas de las ambulancias.

Fuente
http://www.elmundo.es/elmundo/2009/07/10/toros/1247205504.html
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