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¿Se puede provocar artificialmente la lluvia?

Vamos con una pregunta de Manuel M. recibida en el primer encuentro: ¿Es posible hacer lluvia artificial?

Buena pregunta Manuel. Los intentos de manipulación del clima de una determinada región no son nuevos. En nuestro país, pródigo en tormentas, gotas frías y temporales atlánticos, cantábricos y mediterráneos, se hacen ensayos desde hace años. Incluso la más alta autoridad en materia meteo, la OMM, decidió usar Villanubla, en Valladolid, como campo de pruebas en los años 80. Sin resultados favorables. Bien lo saben, además, los habitantes de zonas agrícolas cuando el cielo se vuelve negro y los nubarrones amenazan. Es entonces cuando las avionetas de “siembra de nubes” aparecen en los cielos. Llevan en su panza yoduro de plata, un compuesto químico que actúa a modo de núcleos de condensación, pequeñas partículas que hacen más fácil la condensación del vapor de agua existente en la nube. Se cree que, de esta forma, el granizo no se formará tan fácilmente, y los frutales o verduras de turno no se verán afectados. A falta de avionetas, caras y escandalosas, buenos son cohetes, que, sobre todo en el área levantina son muy usados. Suben y diseminan toda su carga de polvo platino.



Campo reseco. Fotografía: prozac1 / FreeDigitalPhotos.net

El yoduro de plata, y en general, la siembra de nubes, tiene sus seguidores y sus detractores. Además, se da la curiosa circunstancia de que vale tanto para provocar lluvia como para deshacer el granizo. Mediante la aportación de más núcleos de condensación se consiguen más gotitas y podemos hacer que la nube “llore”, precipite. En cuanto al granizo, y contrariamente a lo que podría pensarse, no caen más granizos, sino que las piedras de hielo se reducen de tamaño y pierden su peligrosidad. Un chollo vamos. Pero un chollo que no funciona siempre como se espera.

Las ecuaciones de la atmósfera son increíblemente complicadas, lo vimos recientemente, y muy sensibles a cualquier variación. Pero la escala de estas variaciones, por muy insignificantes que sean, es enorme. Para provocar una pequeña desviación en la humedad reinante se necesitan cientos de toneladas de vapor de agua que se desplazan en la atmósfera. Por muy poco que varíe la temperatura, lo hace en una zona de cientos de kilómetros cuadrados. Para influir en la meteorología de una zona concreta no es suficiente soltar unas docenas de kilos de este material secante. Puede ser, es cierto, que en determinadas circunstancias, la lluvia se produzca, o el granizo disminuya su tamaño. Pero las preguntas son: “¿Ha sido realmente debido a la intervención de este compuesto? ¿Habría llovido de igual forma? ¿Habría granizado igual?”

Hay numerosos ejemplos no sólo de la poca efectividad de la técnica, sino de algunos efectos secundarios indeseables. Y si no, que le pregunten al propietario de un apartamento en las afueras de Moscú. El 12 de Junio de 2008, dicho inmueble recibió el impacto de una piedra de yoduro de plata de ¡25 kilos! lanzada por las fuerzas aéreas rusas y que no se deshizo en la nube. Provocó un agujero de un metro de diámetro en el techo. Muy bien hecho, muy bien. Y ojo, chinos, americanos y argentinos, entre otros, también han jugado con las nubes, para que el sol brille. Y lo único que han logrado es que brille la falta de lógica y sensatez.

Nadie en su sano juicio científico puede asegurar que podemos cambiar el tiempo, ni siquiera a microescala. Nos enfrentamos con un gigantesco sistema de fluidos –agua y aire, básicamente- calentados por El Sol, el auténtico motor del clima terrestre. Es el único capaz de influir de una manera decisiva y firme en la temperie que percibimos. Aunque en los últimos cientos de años parece que la emisiones de CO2 de nuestra actividad industrial también parece que toma parte en esta influencia. Y esto sí es preocupante, ya que el cambio de clima a nivel global que puede producir no está bajo nuestro control, y no sabemos dónde puede llevarnos.
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