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Secesión el camino a la libertad



Serán minoría aquellas personas que se opongan a la producción privada de zapatos o conciertos de rock. Empero, casi todo el mundo considera que hay ciertos bienes o servicios que no pueden estar basados en una coordinación puramente voluntaria.

Bienes de carácter cultural como la música clásica o el estado del bienestar y en particular el poder legislativo junto con el cumplimiento de la ley deberían ser garantizados por instituciones basadas en la compulsión y la coerción según la creencia popular, como de hecho así sucede en los estados actuales.

Según el pensamiento laissez-faire esta idea no se justifica porque el sector privado es capaz de producir mejor que el público en todos los campos, incluyendo la seguridad y la defensa. Los individuos y su coordinación voluntaria no son solamente capaces de producir todos los bienes y servicios que los gobiernos y otras organizaciones estatales ofrecen sino que además son capaces de alcanzar mejores resultados que estas instituciones.

Una de las proposiciones de esta escuela de pensamiento es que las organizaciones gubernamentales para la seguridad y la defensa deberían ser abolidas o reformadas de tal manera que puedan ser operadas de manera privada.

Estas reformas deberían ser implementadas, al menos teóricamente, a través de las propias organizaciones gubernamentales. Este proceso deber guiarse por el conocido camino de las privatizaciones, desnacionalizaciones, descolonizaciones y un largo etcétera[2]. Si esto no ocurriese, otra posibilidad podría ser la de abolir dicho control gubernamental sin la implicación de las anteriormente mencionadas organizaciones. Esta corriente ha ido ganando la atención de economistas y otros estudiosos de las ciencias sociales y se han aproximado a ella bajo el concepto de “secesión”[3].

Lo cierto es que la mayoría de estos trabajos son deslavazados y no discuten la secesión desde el estudio de la ciencia económica.

Las siguientes líneas pretenden aclarar ciertos puntos a este respecto. En concreto, analizaremos cómo debería procederse a una secesión de manera satisfactoria y demostraremos que la condición y el estado de reposo a alcanzar tienen una naturaleza más ideológica que militar. Nuestro estudio contribuye así mismo a la economía de la defensa, un campo que ha quedado algo relegado en la teoría económica y por lo tanto la secesión no ha sido tratada en profundidad.
Definición de secesión

La secesión es generalmente entendida como la separación unilateral de una de las partes de la unidad con la que ésta guardaba una relación. Por consiguiente, la secesión frente a un estado es la separación de una persona o de un grupo de personas de este estado que actúa como unidad y con la que guardaban una vinculación hegemónica.

En cualquier caso, definir la entidad de la cual los secesionistas huyen como “la unidad” no es útil, al mismo tiempo que desafía al sentido común. Consideremos por un momento el caso de un inquilino, llamémosle Smith, que rehúsa pagar su alquiler. Aunque Smith es parte de una comunidad más amplia de propietarios e inquilinos, uno no diría que la acción tomada por Smith se trate de una secesión. Sino más bien de la ruptura de un contrato. Igualmente se podría decir sobre las divisiones empresariales dentro de una firma comercial. Aquí tampoco cabría interpretar tal acto como de secesión, sino más bien de finalización del contrato.

No es útil clasificar las rupturas de contratos como secesiones porque nos avocaría a una definición demasiado amplia. Nuestra intención es distinguir entre las desvinculaciones sociales “buenas” porque traen consigo la acción puramente privada de aquellas quiebras en las instituciones sociales que son “malas” como el robo, el fraude, los asesinatos o imperfecciones contractuales. Por lo tanto deberíamos encontrar una definición que aúne el sentido común, la semántica y el propósito de nuestro análisis.

Usaremos por tanto el término secesión para referirnos a la rotura de lo que Mises denominaba vínculos hegemónicos, diferenciándolo entonces de la ruptura de una vinculación contractual; ya que según señala el propio Mises:

Hay dos tipos de cooperación social: cooperación por cuenta contractual que implica una coordinación voluntaria y por otro lado cooperación bajo compulsión o hegemonía… En el ámbito contractual los individuos de una sociedad intercambian ciertos bienes y servicios de una cierta calidad. Aceptando el sometimiento bajo un poder hegemónico el individuo no aporta ni recibe nada que sea totalmente definitivo. Se embebe en un sistema en el que ha de contribuir de manera indefinida a cambio de recibir lo que el planificador considere otorgarle[5].

Uno podría ahondar más en la diferencia entre lazos contractuales y hegemónicos intentando comprender mejor de qué manera este “planificador” misiano adquiere la propiedad. Lo cierto es que sólo hay dos maneras de agenciarse una propiedad que ya tiene un legítimo dueño: Bien ésta es enajenada con el consentimiento del presente tenedor. Una segunda variante por la que dicha propiedad es arrebata contra su voluntad, violando los derechos de propiedad, Tertium non datur. En palabras del sociólogo alemán Franz Oppenheimer; o bien uno utiliza los medios económicos para apropiarse de la cosa o utiliza los políticos. Un individuo al consentir la transferencia de su propiedad lo hace de manera definitiva. Mientras que todas aquellas transferencias que no respeten su voluntad serán por lo tanto indefinidas.

Cuando la violación de los derechos de propiedad la realiza una persona “común” ésta es despreciada por la sociedad. Las acciones de asesinos o ladrones son vistas como algo incompatible con la vida en sociedad. En contraste cuando el “planificador” ejerce tal violación de la propiedad privada nadie se escandaliza –al menos la gran mayoría- y ven tal situación compatible con las relaciones sociales. Por consiguiente, los habitantes de un territorio al no repudiar estas prácticas cuando se dirigen contra terceros y al no oponerse cuando son efectuadas contra ellos mismos, están legitimando dichas tropelías. Ésta es la naturaleza de los vínculos hegemónicos entre el director-planificador y sus sujetos.

Ahora, si la secesión es la ruptura unilateral de unos vínculos hegemónicos por parte de sus sujetos, esto puede significar dos cosas: (A) los sujetos han dejado de apoyar la violación de la propiedad por parte del dirigente, por ejemplo, mediante insumisión fiscal o simplemente dejando de servir al gobernador. (B) Empiezan a resistirse cuando el director-planificador intenta violar sus derechos o los de un tercero.

La secesión es una subclase especial de reforma política. No es el dirigente el que lleva a cabo la reforma modificando las vinculaciones políticas existentes sino que es iniciada y promocionada por los propios gobernados, que unilateralmente deciden abolir dichos lazos.

De una manera más precisa, los secesionistas abolen el aspecto hegemónico de las existentes instituciones. Por ejemplo, en el área de la producción de la defensa la secesión no implica necesariamente que una fuerza policial o militar que ya existe tenga que ser disuelta. La policía o el ejército pueden continuar mientras que operen mediante acuerdos voluntarios con el resto de la sociedad. No habría pues más reclutamiento y su financiación no se cargaría contra erario público.
La secesión como una continuación.

La secesión no es un todo o nada. Sino que cubre un amplio abanico de desvinculaciones con los vínculos hegemónicos. Puede aplicarse a una parte de los lazos hegemónicos y puede darse en ciertas “islas” geográficamente separadas antes que en todo un territorio conectado.

En algunos casos históricos prolongaciones estatales se separaron de la unidad geográfica original. Por ejemplo, cuando los EEUU consiguieron la secesión de Gran Bretaña en 1776, la Confederación Sureña de los propios EEUU o países como Estonia, Lituania, Ucrania o Armenia de la Unión Soviética a principios de 1990.

En contraste, en otros lugares y tiempos, la secesión se limitó a generar “islas” bien diferenciadas unas de otras pero que seguían manteniendo esos lazos hegemónicos. Como así fue el caso de los cantones suizos en 1291, que por siglos no formaron un territorio integrado. Igualmente sucedió con las ciudades de Hansa, que durante sus mejores días eran “libres”, esto es que no estaban sujetas a los impuestos imperiales. Así mismo durante la Alta Edad Media varias ciudades –especialmente en el norte de Italia pero también en Flandes y en el sur de Alemania- se separaron durante algún tiempo del Sacro Imperio Romano. En la mayoría de los casos eran correctamente gestionadas por patriarcas o se convirtieron en repúblicas.

La continuidad de la dispersión geográfica de regímenes políticos está mejor ilustrada con casos actuales como el de Baarle, un pueblo belga en Países Bajos. Curiosamente, este enclave no mantiene una homogeneidad política en sí misma, puesto que igualmente tiene enclaves holandeses ¡que a su vez contienen otros belgas! Algunas calles se rigen por leyes belgas y otras por holandesas. Incluso casas de una misma calle pueden pertenecer a países diferentes.

Otra buena ilustración para las posibilidades de la secesión geográfica es la desintegración del Imperio Franco sobre el año 800, que estableció el orden feudal tan característico de la Edad Media. Como consecuencia, los emperadores alemanes se quedaron únicamente con cuantas “islas” apenas unas fortificaciones imperiales (Pfalzen) y monasterios.

Más que una excepción, los lazos hegemónicos con islas rodeadas por otros territorios fueron en realidad una constante durante siglos en la civilización occidental.

Por herencia, matrimonio, compra y también por secesiones la aristocracia se fue haciendo de territorios dispersados por toda Europa. Igualmente sucedía con docenas de ciudades “libres” y en ciudades donde el emperador no era capaz de gobernar. Este tipo de situaciones eran particularmente comunes en Alemania hasta la Guerra de los Treinta Años.

Las posesiones coloniales de las potencias Europeas por todo el mundo son otro ejemplo de territorios desconectados geográficamente pero con vínculos hegemónicos comunes. Por supuesto que fue mediante la secesión que estos países lograron su independencia después de la Segunda Guerra Mundial.

Finalmente, como hemos mencionado más arriba la secesión no significa que haya que romper todos los vínculos hegemónicos entre el gobernador y sus sujetos. Aquí también nos enfrentamos a una evolución o maduración de la misma. La secesión podría referirse al sólo hecho que los sujetos demanden impuestos más bajos o se nieguen a participar en el ejército del gobernante. Puede entenderse también que los individuos no acepten ni toleren que haya privilegios monopolísticos para ciertos grupos.

Así mismo la relación entre los gobiernos y sus distintos individuos no tiene necesariamente que ser homogénea como ha quedado demostrado a lo largo de la historia. Por ejemplo, tanto en el centro y en el este de Europa los Judíos sufrieron pero también se beneficiaron de su particular situación, que les proporcionó una moderada soberanía territorial. Los famosos “guetos” lejos de ser instituciones de pura opresión, como habitualmente son presentados, eran también pequeñas islas de libertad sobre las leyes que limitaban al resto de ciudadanos. (Los guetos judíos estaban exentos de aquella jurisdicción que no fuese judía y de algunos tipos de impuestos)[9]

Sirvan como ejemplos los diplomáticos o los militares que se rigen por normas distintas al resto de la población, sin ser menos cierto que la ley marcial es en algunos casos más severa al mismo tiempo que puede serlo más laxa en otros[10].NT Lo cierto es que la mayoría de estas situaciones no surgieron a partir de secesiones. De cualquier modo y para el caso que nos ataña, estos ejemplos nos sirven para comprender que dichos que puede haber una discriminación dentro del mismo marco legal.

Las únicas limitaciones existentes para la dispersión geográfica de regímenes “políticos” son las complicaciones que surgirían de la delimitación de la propiedad privada.

En teoría cada propietario – y en particular los terratenientes- podrían elegir instaurar un nuevo conjunto de normas que los usuarios de sus propiedades tuviesen que respetar.

Nótese que en este contexto el solo hecho de oponerse al gobierno aunque suponga obedecerle únicamente por prudencia ya significaría “secesión originaria”. Dado que mi cerebro forma indudablemente parte de mi propiedad el gobierno no tendrá por tanto control de mis pensamientos, por lo que su capacidad para controlar mi pensamiento se reduce.

Si la causa última de un movimiento secesionista es la liberación de un territorio que forma parte en otro, establecer un fuerte sentimiento secesionista entre la población es el primer paso. Estas “islas” son habitualmente dependientes del intercambio de bienes y servicios con otros territorios. Los secesionistas están forzados a abolir aranceles y adoptar el libre mercado porque además al hacer tal cosa estarán mostrando las bondades de la cooperación voluntaria y los beneficios que ésta implica.

Aplicar dichos principios de libertad y prosperar es la mejor carta de presentación para animar a otras “islas” a adoptar este modelo y reducir así las diferencias políticas entre los territorios[12].
Beneficios de la secesión.

Antes de detenernos en los pormenores de cómo materializar los deseos secesionistas, debemos resaltar las dos ventajas principales de hacer una reforma política por medio de la secesión.

Primero, por su propia naturaleza la secesión no transforma sino que elimina los vínculos hegemónicos que unen a la parte con el todo. Cualquier otro tipo de reforma política mantiene esta relación y simplemente modifica en qué manera el gobernador usa su poder.

Organizaciones nucleares del estado como son las fuerzas armadas, la policía o los tribunales mantienen su monopolio y todos sus competidores son declarados ilegales. Por lo tanto, en el mejor de los casos, las meras reformas sólo alivian la carga que éstos suponen. Personas con una mentalidad más abierta remplazarán a aquellas con una visón más dictatorial y burocrática. Regímenes más aceptables (la democracia en nuestros días) reemplazan a aquellas formas de organización política que no se adaptan a las tendencias del momento (las monarquías). En cualquier caso cuando el fervor del momento haya pasado nada se opone a la expansión del monopolio del estado en otras áreas como el estado del bienestar, la cultura, la economía, etc…[13] Es más, en muchos casos las reformas emprendidas en pleno apogeo revolucionario acaban por ser bastante descafeinadas para cuando quieren ser implantadas.

En el peor de los casos y desgraciadamente éstos suelen ser mayoría, las reformas terminan por crear nuevos vínculos hegemónicos mediante agencias que acaparan mayor control (centralización). Para terminar con los privilegios de la aristocracia los liberales clásicos se apoyaron primero en el rey y después se sirvieron de las democracias centralizadas en aras de defenderse de fueros regidos por monarcas o aristócratas. Más que reducir el poder político, la realidad es que éste cambiaba de manos y se centralizaba. Creando incluso instituciones más poderosas de las que se intentaban eliminar. El éxito cortoplacista de los liberales clásicos trajo en realidad mayores obligaciones en el largo plazo y alguna de ellas nos ha tocado pagarla en el siglo XX.

Ésta es la razón por la que el liberalismo clásico ha fallado[15]. No hay que desvincular el esporádico éxito del liberalismo clásico con la plaga totalitarista sufrida durante el siglo pasado. El problema radica en que las reformas liberales no fueron adoptadas de manera espontánea y voluntaria por las distintas entidades locales sino que fueron impuestas. Es cierto que esta “técnica” fue muy efectiva para implementar el programa liberal de una sola vez en un país controlado por un estado democrático centralizado. Sin tal aproximación esta transición hubiese sido gradual, lo que hubiese permitido que algunas islas en esta ocasión del Ancien Régime habrían perdurado durante un largo periodo de tiempo. Lo cierto es que esto como cualquier otro propósito bien intencionado puede ser un arma de doble filo y que eventualmente mute contra la vida, la libertad y la propiedad.

Se puede buscar una analogía con las leyes del ciclo económico. Aquellas inversiones que no son soportadas por el ahorro tienden a mal invertirse y crean burbujas que antes o después terminan por conducir a un proceso de contracción económica. La imposición de la libertad no genera verdadera libertad sino que tras un breve periodo de sueños liberales lo que nos atormentará será una pesadilla totalitaria.

Lo cierto es que ni en Europa ni en los Estados Unidos el liberalismo clásico ha sido incapaz de salvaguardar la propiedad privada y la libertad individual durante más de un par de décadas. Contrasta esta situación con lo que sucedía en la Edad Media donde la religión Cristiana delimitada las obligaciones y derechos de aquellas personas llamadas al Reino de los Cielos. Generalmente la gran mayoría de los autores han señalado que la población se consagraba al sometimiento del Ordenamiento Divino. Sin embargo, son menos aquellos quienes señalan que también lo estaba la capacidad de actuación de los gobernantes. La Cristiandad limitaba las intenciones y ansias de la aristocracia lo que ayudaba a garantizar la libertad de los individuos. En Europa el liberalismo clásico jamás se arraigó entre la población. Su rápido florecimiento se marchitó a finales del SXIX desembocando en los conocidos esquemas socialistas del Comunismo, Fascismo y Nacional Socialismo. En EEUU la fallida Guerra de Secesión dio paso a un estado del bienestar con gran gasto militar, tendencia que se ha mantenido creciente desde entonces. Es cierto que el gobierno americano no puede ser aún comparado con el peso que tenían los Nacional Socialistas en Alemania o los Bolcheviques en lo referido a poder interno. Pero en términos absolutos se ha convertido en el mayor y más poderoso gobierno que la historia ha conocido y esta supremacía es especialmente notable en política exterior y en los conflictos bélicos[20].

A toro pasado la pregunta no es tanto –como muchos libertarios del siglo XX han asumido- por qué los felices años del liberalismo clásico se desvanecieron para encaminarse a una época de control gubernamental sin precedentes, sino que el interrogante es cómo pudo tan siquiera florecer el liberalismo clásico de manera efímera. Probablemente la respuesta es el tiempo que le lleva a las democracias centralizadas consolidarse. Las nuevas tendencias democráticas tienen que penetrar en las cabezas de los individuos, la nueva etapa política (nacional) tiene poco a poco que ir incorporándose a la conciencia de las personas.

Claramente, la secesión evita los problemas en el largo plazo que genera la “imposición de la libertad.” Deberá pasar algún tiempo para que las condiciones propicias de una secesión se den. Y por aquel entonces ya serán varias las sombras (lacra de ilustración) que se ciernan sobre la secesión. Pero en cualquier caso, al menos estas reformas alcanzarán su objetivo genuino pero esta vez sin las semillas para su propia destrucción.

Una segunda ventaja de la secesión es que no sólo protege la propiedad privada sino que además se basa en ella. Donde el gobierno es por su naturaleza una organización coercitiva en el que imperan los “medios políticos” la secesión es un proceso totalmente armonioso que respeta la propiedad privada bajo los “medios económicos.” Por lo tanto se congratula con uno de los requisitos básicos de la reforma libertaria que es el no violar la propiedad privada en una revolución. Como resultado el nuevo orden es más pacífico y viable que cualquier otro impuesto mediante reformas típicas, al dejar el esqueleto político anterior intacto[22].
Condiciones para la secesión: La ley de Boétie.

La secesión no nos conduce a una guerra necesariamente. De cualquier modo el gobierno tiene obviamente un interés en mantener sus vínculos hegemónicos de los que se beneficia. Por consiguiente intentará resistirse contra tal situación utilizando la fuerza; los secesionistas deberán encontrar la manera de superar dicha oposición forzosa.

El principal escollo técnico para los secesionistas es la mayor cantidad de recursos y armamento a disposición del gobierno. Es más, el gobierno controla todos los cuerpos encargados de la seguridad y la defensa. De primeras el gobierno disfruta del monopolio militar[23].

Dicho lo anterior, estos problemas iniciales pueden ser superados a lo largo del tiempo. Organizaciones criminales y paramilitares (por ejemplo el IRA, la Fracción del Ejército Rojo, la Acción Directa o la OLP antes de embeberse en la Autoridad Palestina) consiguieron armarse en el mercado negro con relativa facilidad. Gobiernos extranjeros tienden a apoyar este tipo de movimientos. Por lo tanto la existencia de estas organizaciones paramilitares demuestra que es posible construir tales estructuras, sobre todo si son apoyadas por un tercero. Estos actores que forman, aconsejan y apoyan siempre acaban apareciendo a lo largo del tiempo[24].

Es cierto que los secesionistas no pueden construir un complejo industrial en su territorio por lo que tienen que utilizar armamento ligero (pistolas, fusiles, ametralladoras, granadas, etc.) No podrán aprovecharse de la fuerza aérea ni de carros de combate. Ni mucho menos de una armada o de bases militares con hospitales y otras facilidades.

En cualquier caso, el armamento pesado y las grandes infraestructuras militares son ventajosos cuando se enfrentan ejércitos regulares. Pero dicha superioridad se difumina cuando los enemigos prefieren jugar de manera diferente. Ejemplos notables de esta situación son la guerra de Vietnam y la US Army, el Afganistán soviético, la operación de Naciones Unidas en Somalia o el primer intento de invasión ruso en Chechenia allá por 1994-96. Las guerrillas de Hezbollah han desplazado al moderno y sofisticado ejército israelí del sur del Líbano, el cual había estado ocupado durante veinte años. Este caso ilustra que las insurrecciones secesionistas no tienen que ser necesariamente un fracaso por motivos de equipamiento y organización.

La inferioridad numérica tampoco ha de ser un problema. Es cierto que los secesionistas serán una minoría de la población. Pero éste es el sino de todo grupo políticos, incluso para los miembros del poder establecido en relación al total de sus votantes. El gobierno no puede gestionar el control de cada persona en cada instante. El gobierno puede funcionar cuando los ciudadanos en su mayoría aceptan comportarse conforme a unas reglas, lo que permite al gobierno centrarse sólo en aquellos que no las cumplen.

Ésta es una de las leyes principales de la política: los vínculos hegemónicos se mantienen porque la mayoría los acepta. Es a esto lo llamaremos la ley de Boétie. Pues en el SXVI el filósofo francés Etienne de la Boétie fue quien sucintamente introdujo dicha teoría, al explicar que son los propios habitantes los que aceptan ser sometidos desde el momento que cesan en el empeño de poner fin a su servidumbre[27].

De primeras no es el gobernador quien hace de los ciudadanos sirvientes sino que las propias personas se prestan a ser controladas. El gobierno pasa entonces a ser un agente activo y la población uno pasivo. Empero, el sujeto es el agente fundamental de la sociedad que además tiene una virtud: gozar de la libertad de elección. Por consiguiente pueden elegir aceptar esos vínculos hegemónicos de la misma manera que pueden decidir rechazarlos.

¿Por qué los ciudadanos eligen sometimiento? Porque en su opinión es lo correcto o lo mejor que se puede hacer dadas las circunstancias. Las ideas y las opiniones que justifican los vínculos hegemónicos son por lo tanto la causa última donde se apoya el poder político. Por este motivo los dirigentes extranjeros que no tienen legitimidad a ojos de la población que gobiernan busquen apoyarse en cabecillas locales que por tradición sí cuentan con ese beneplácito entre esas gentes. Por ejemplo, los Romanos gobernaban a los judíos mediante reyes judíos y el Imperio Británico lo hacía en la India sirviéndose de gobernantes locales. Es por esta razón que los estados modernos se esmeran en tener la educación bajo su control.

Así, es preferible que un gobierno base los vínculos hegemónicos en la virtud de las ideologías que hacerlo por la fuerza bruta. Por lo tanto podemos apreciar que el factor fundamental para el éxito de una secesión no es de naturaleza técnica. Como toda transformación de la sociedad, la secesión tiene que venir dada por un cambio previo en la esfera espiritual de los individuos. Los verdaderos cimientos en los que se sostienen los vínculos hegemónicos son las ideologías que a ojos de la población legitiman las acciones del gobierno. Por consiguiente las secesiones con visos de prosperar requieren de una previa transformación del mayoritario sentir político.
Condicionantes para la secesión: Genocidio y Expulsión

Por el momento hemos visto que una condición necesaria para el éxito de una secesión es que una mayoría (y lo que esto significa puede cambiar dependiendo de las circunstancias y del momento) repudie los vínculos hegemónicos que hasta la fecha habían aceptado.

Esto no significa ni mucho menos que la supremacía ideológica asegure el éxito de la secesión emprendida. Si los gobernantes actuales son capaces de movilizar suficientes fuerzas como para terminar o expulsar a la población rebelde entonces los secesionistas también estarán sentenciados.

Ambas técnicas han sido frecuentemente aplicadas para frenar la insurgencia. El genocidio ya fue infligido en el intento de secesión de la Vendeé, donde la República Francesa arrasó unos 100 caseríos y pueblos. En el SXX era también la solución preferida por los regímenes comunistas para resolver sus problemas con secesionistas. Palmarios ejemplos son la exterminación soviética de los gulags y el exterminio de los Jemeres Rojos en Camboya. Ejemplos modernos de expulsiones o “relocalizaciones” como medio para evitar secesiones son el caso de Filipinas (1901-02), y las antiguas provincias del este de Alemania (partes hoy de Rusia, Polonia y República Checa) de donde la población germana fue expulsada después de los ajustes de la II Guerra Mundial. Ahora mismo los planes para la expulsión de los palestinos por parte de Israel está ampliamente tratado en la prensa.

Aunque el gobernador pudiese tener a su disposición las fuerzas necesarias para causar un genocidio o expulsión puede que elija no utilizarlas. Aparte de los escrúpulos personales esto podría acarrear el repudio del resto de la población leal. Además debido a la división del trabajo un genocidio tendría graves consecuencias económicas para el propio dirigente.
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