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seguro esto les pasa a muchos

Dejar para después lo que puedes hacer ahora

A todos nos afecta, en mayor o menor medida. Es un trastorno del comportamiento, sí, decir trastorno, desorden implica que por donde se lo mire tiene rasgos negativos porque, dicen, conlleva la pérdida de tiempo. ¿De qué hablo? De la procrastinación: la acción de posponer de forma sistemática actividades que tenemos que hacer con el fin de hacer otras que nos parezcan más agradables.

La palabra viene del latín procrastinare, término que se compone del prefijo pro- (adelante) y crastinus (relacionado con el mañana).

La cosa es más o menos así: estoy aburrido, voy a mirar televisión, ahora voy a chatear, no, mejor me pongo a estudiar, pero no! Prefiero conectarme a Internet, o mejor me pongo a hacer toda esa lista de pendientes que escribí en mi libreta o busco alguna buena película para mirar… es imposible terminar cualquier tipo de tarea.




Los especialistas identifican dos tipos de procastinación: la que afecta a cuestiones cotidianas y la que afecta a los objetivos y proyectos fundamentales de la propia vida. Hay muchos factores que indicen para que una persona procrostine más que otra, que sea eventual o crónico. Entre las más evidentes y fáciles de detectar están: el perfeccionismo, personas que tienen miedo de hacer cosas y que no les salgan como desean, el miedo al fracaso, el exceso de autoconfianza que lleva a que una persona postergue actividades importantes y realice otras más relajante confiando en que podrá resolver lo urgente en poco tiempo.

El procrastinador sabe lo que debería estar haciendo y aun así lo posterga, sea por falta de motivación, indecisión o la dificultad de lo que estemos realizando. Este hábito es un síntoma cada vez más comuún, por ejemplo, en los Estados Unidos, el 70% de los universitarios son procrastinadores.

No todo es como parece

Técnicas como escribir una lista de las tareas del día e intentar cumplirlas a rajatabla, y hacer varios trabajos a la vez para no aburrirse son algunas de las alternativas que se barajan a la hora de evitar ser un procrastinador.

Sin embargo y frente a esta mirada negativa, hay quienes la ven como algo bueno, positivo y de lo que se puede sacar provecho.

Por ejemplo, Paul Graham un destacado programador y ensayista norteamericano sostiene que "hay un número infinito de cosas que podrías estar haciendo. Pero independientemente de en qué estés trabajando, no estás trabajando en todo lo demás. La cuestión no es cómo evitar la procrastinación, sino cómo hacerla bien".

A su vez, John Maeda es un diseñador y científico muy famoso, que cree que "la procrastinación es un factor fundamental en el proceso creativo. Cuando el costo de la procrastinación aumenta, la probabilidad de que emergan nuevos pensamientos se incrementa también. El pensamiento que nunca pensaste que ibas a necesitar, suele ser el que tiene el mayor peso cuando miramos las cosas en perspectiva”.

Por último, John Perry, profesor de Filosofía de Stanford, desarrolló una teoría que pretende hacer a las personas procrastinantes útiles a la sociedad. Es procrastinante aquel que deja todo a medias, es decir que a través de una estructura este tipo de personas pueden hacer las tareas que deseen mediante una distribución equitativa teniendo en cuenta diversos factores, como la dificultad que se encuentra en realizarlas y el tiempo que se va a emplear en realizarlas por completo.

La clave, según él, consiste en dejar al principio de la lista las cosas que menos tiempo duren en llevarse a cabo y que sean más importantes dejando el resto para otro día.



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