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Sexo animal

Sexo animal


(Por José M. Ponce) – Ùltimamente recibo muchas peticiones en Facebook para que firme um manifiesto a favor de la prohibición de la zoofilia.
Antes de seguir adelante debo decir que comparto plenamente el pensamento de Gertrud Stein cuando afirmaba: “cuanto más conozco a la gente, más quiero a mi perro”. Algunos de los mejores momentos de mi vida los he pasado en compañía de animales queridos. En los tiempos en los que yo era un director en activo, siempre contestaba igual a la recurrente pregunta sobre qué no haría yo en el porno. Zoofilia, contestaba, porque no me consta el consentimiento de todos los participantes. Incluso en temáticas tan escabrosas como el sadomasoquismo necesito que todo esté consensuado.

Hace años, cuando dirigía el FICEB, tuve que sofocar el motín de unos importantes expositores extranjeros escandalizados ante las proyecciones de películas de zoofilia que exhibían algunos expositores españoles. Les tranquilicé con el argumento de que en España la zoofilia en el porno era absolutamente legal y que nada podía hacer yo ante algo que la ley permitía. Aunque desconozco el contenido de las leyes destinadas a la protección de los animales, las supongo escasas e insuficientes y, probablemente, llenas de excepciones, a tenor del salvajismo y la crueldad de esas fiestas denominadas populares y hasta nacionales. Y debo añadir que suelo ser firmante habitual de las peticiones que solicitan acabar con esos espectáculos que tanto ensucian nuestra geografía. Y, a pesar de todos estos razonamientos, no me he decidido a firmar el manifiesto. Tengo mis razones.

La primera, y quizás la más importante, es que ante esa proposición aquellos que se empecinan en mantener la crueldad de las fiestas populares se apuntarían inmediatamente a esa prohibición, presumiendo así que defienden a los animales, pero respetan las costumbres ancestrales. Una prohibición en la que se mezclan animales y porno sería un ejercicio de higiene social a la que muchos meapilas se apuntarían de inmediato. Prohibir y reducir la libertad de la pornografía queda bien y nadie se atreve a dar la cara para discutirlo. No olvidemos que cuando se expulsó al FICEB de La Farga fue un grupo de izquierda (ERC) el que propuso la moción y que todos los partidos –incluido el PSOE que se beneficiaba de la situación- se apresuraron a aprobarla.

La segunda es que detrás de una prohibición suele venir otra y presentar estas proposiciones puede suponer entregarle balas al enemigo, ansioso siempre de recortar libertades. Vengo de una generación que hizo suyo el slogan de “prohibido prohibir” y todo aquello en lo que figura la dichosa palabra sigue produciéndome malestar general

Mi opinión es que este asunto debería enmarcarse en un proyecto real de ley que regule y proteja cualquier forma de maltrato a los animales. Aislarlo de las actividades verdaderamente crueles disfrazadas de arte o de tradición y de leyes que imponen una simple multa por maltratar a un animal indefenso puede ser un error y no creo que suponga un paso adelante en la defensa de los animales (No olvidemos que en España no se producen este tipo de películas). Para terminar, debo decir que soy consciente que este es un tema polémico y que puede herir la sensibilidad del lector. Por eso, quiero avisar a mis detractores que probablemente también estaré de acuerdo con ellos.