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Sexo en rio2016

El clima mental, el sexual, en estas Olimpiadas ha estado que arde. En Río tenía que ser.

Una amiga confiesa que ve las competencias deportivas solo para “bucearse” los trabajados cuerpos de los jugadores, así en el fútbol como en las Olimpíadas. Algunos amigos dicen lo mismo. Y es que el alarde de energía física y el intenso entrenamiento al que esos cuerpos son sometidos producen resultados a la vista.
Sin embargo, hay que reconocer que en las competencias deportivas, a diferencia de los concursos de belleza femenina, ellos salen mejor parados que ellas. Simple: el cuerpo masculino que aprendimos a apreciar es atlético, de ancha espalda, musculoso, buenos muslos, fibroso, como el de la mayoría de los jugadores; cuando estas características físicas destacan en ellas, aunque pudieran ser atractivas para algunos, la cosa no es tan graciosa, por aquello de los cánones estéticos imperantes para cada sexo.
Rio de Janeiro, una ciudad que emana eros desde la arena de sus playas y el granzón de sus calles, ha sido marco perfecto para que deportista y público le rindan tributo a ese Dios griego, hecho Cupido por los romanos. Aquel paseo pausado con derroche de sensualidad de una de las más famosas modelos brasileñas, la noche inaugural, fue el abreboca de ese ingrediente erótico que todo juego físico tiene. Las garotas y garotos de carnaval esa noche no desfilaron pero estaban en las calles, dispuestas a dar inicio a la juerga.
Las competencias han dejado ver -como tiene que ser- la esbeltez de los cuerpos, lo rítmico de los movimientos, la sensualidad tanto de ellas como de ellos, que ponen a los espectadores y espectadoras a “pensar cosas”. De esto saben los managers de esos jugadores y las empresas de publicidad. Los torneos deportivos son excelentes campos para cazar talentos de buenos cuerpos; lo demás lo hacen los estilitas y el Photoshop. No en vano, jugador de fútbol que se precie termina modelando calzoncillos aunque casi ninguna de las competidoras deportivas llega a cantar victoria en aquel “team” de ángeles secretos, por lo dicho de los cánones.
Los juegos de Río también nos han dejado ver parte de lo que ha pasado en cambios de géneros o roles de sexo en el mundo. Por un lado, el símbolo sexual de estas Olimpíadas ha sido un hombre, el abanderado de Tonga o Tongo, pero la relevancia femenina en las competencias ha sido notable. Como un símbolo de estos juegos, los primeros oros en Río, tanto para un atleta del mundo como de Latinoamérica, lo ganaron mujeres. En la delegación venezolana son ellas las que han dado la cara por el país. Reflejo de lo que hacen y han logrado en otros planos sociales.
Asimismo, los abanderados de los derechos de las minorías sexuales han aprovechado estos juegos para hacer saber al mundo que no por ser gays, lesbias o trans compiten y hasta ganan, pero que allí están. Así lo vimos cuando una joven le declaró su amor a una atleta en pleno campo de juego y el público las ovacionó como que si el equipo hubiera metido un gol.
El clima mental, el sexual, en estas Olimpiadas ha estado que arde. En Río tenía que ser.
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