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Si quieres que tu pareja te preste atención, se hace así

Cuando la relación estaba prácticamente acabada, la estrategia de Kate Benson salvó su matrimonio hasta el punto de que sus amigos y conocidos aseguran que es una pareja nueva. Así lo consiguió




“Cuando mi esposa Kate me dio un ultimátum fue un 'shock' profundo. Nunca lo vi venir. Una hora antes, había estado en el trabajo pensando que tenía una buena vida, y de pronto mi mundo se caía a pedazos”, relata en 'The Daily Mail' Harry Benson, quien se quedó boquiabierto cuando su mujer cambió el 'qué tal en el trabajo' habitual por un “eres un hombre bueno y te quiero, pero no somos los amigos que necesitaríamos ser y, a menos que cambie la situación nuestro matrimonio acabará en un año y nos divorciaremos”.

Un clásico de las películas de sobremesa y de muchas relaciones que nos tocan o han tocado de cerca: resulta que su matrimonio estaba en serios problemas y Harry no tenía ni idea de por qué. Ya. Pese a su ignorancia ante las causas de la decadencia de su relación sentimental, el miedo a perder a sus hijos “y la vida cómoda que había construido para mi familia”, añade pletórico de sentimientos, le hicieron espabilar pronto para evitar el catastrófico divorcio.

Pese a la sinceridad y preocupación de su mujer por recuperar la relación romántica que tuvieron y volver a sentirse cerca de su ahora frío y cerrado esposo, el cambio radical de actitud de Harry poco tenía que ver con el amor, más bien el objetivo era mantener su estatus vital: “Mi prioridad no era Kate, era yo”.




Reconquistando a una desconocida

Tras el susto inicial, Harry diseñó una estrategia de reconquista. Para ello se ayudó de consejos de amigos y conocidos a los que preguntó qué tipo de cosas le gustaban a Kate –desde luego, ante tal grado de cariño y compañerismo lo extraño es que le sorprendiese escuchar la palabra divorcio de boca de su desconocida esposa– para seducir de nuevo a la que podría ser la dueña exclusiva de su casa y estirpe.

“Todo lo que sabía era que Kate era una cocinera que había editado una revista de recetas antes de que naciesen nuestras dos hijas”, explica Harry con palabras similares a las que usó al pedir ayuda a las personas cercanas a la pareja, quienes quedaron estupefactos ante la frialdad, la desgana y la ignorancia con la que su amigo hablaba de la mujer a la que pretendía recuperar. No dudaron, le recomendaron un buen consejero matrimonial y la carrera de Harry por volver a percibir los encantos de su amada mujer más allá de sus impactantes técnicas culinarias pasó de cero a cien en poco tiempo.

Aquella carta me dio ganas de conocerla. Suena ridículo después de tantos años juntos, pero yo apenas sabía lo que hacía o le gustaba


“El cambio no fue instantáneo pero fue la decisión de Kate la que lo animó. Por primera vez empecé a acariciar y adorar a mi esposa y nuestra relación desesperadamente infeliz se convirtió en una alegre y floreciente”, tanto es así que el próximo verano celebrarán su 30 aniversario de bodas.

Traumas destrozamatrimonios

“Gran parte de lo que somos está formado por nuestro entorno familiar. Mis padres, sin duda, me amaban, pero la combinación de un papá que venía a casa cuando yo tenía tres años y una mamá que me envió a un internado a los siete años resultó tóxico para mí. Esto hizo que me cerrase y me convirtiese en una persona introvertida e independiente”, relata Harry.

Infancia marcada por patrones de comportamiento que repitió al llegar a la juventud. Al poco de conocer a Kate se metió en la Marina, lo que supuso que pasase mucho tiempo fuera de la ciudad. Pese a sus continuas ausencias, dos años después se casaron. Su mujer aceptó desde el primero momento la importancia de su carrera profesional por lo que no opuso resistencia cuando tuvieron que mudarse a Asia a vivir. Allí tuvieron a sus hijas Rosie y Polly.


Las parejas se pueden volver tan independientes que la indiferencia marca su día a día. (Corbis)

Las misiones de Harry no cesaron e iba poco a casa. Con el cansancio y el estrés como parapeto, los encuentros familiares no se caracterizaban precisamente por el cariño y el roce, y con el paso del tiempo se fueron distanciando cada vez más. “Una vez estábamos hablando del tema con mi consejero y Kate se echó a llorar. En aquel momento todavía no había reconocido que la reacción apropiada era abrazarla. En cambio, me quedé allí sentado, mudo y helado”, narra.

A los pocos días se encontró una carta sobre la almohada en la que Kate le explicaba con pelos y señales cómo era la vida como esposa de Harry Benson. Pros, como los viajes, la casa, el coche y las comodidades del estilo de vida que llevaban; y contras, como que no le ayudase en la crianza de los hijos ni en el mantenimiento de la casa. La carta de Kate terminaba con una nota de desesperación: “Lo que realmente necesito de nuestro matrimonio no es un compañero de trabajo sino un amigo. ¿Lo conseguiré? Quién sabe ¿Acaso le importará a alguien?”


Parece que los hombres no se comportan tan mal como antes, y yo soy la prueba de que se puede acabar incluso con el más testarudo de los malos hábitos

“Su pregunta era retórica pero la respuesta estaba implícita: no me importaba. Aquellas últimas palabras me golpearon hasta la médula”, y fue entonces cuando corrió a arrodillarse delante de su mujer, suplicar su perdón y asegurarle de que iba a cambiar. “Aquella carta me dio ganas de conocerla. Suena ridículo después de tantos años juntos, pero yo apenas sabía lo que hacía o le gustaba. Nos fuimos de fin de semana y aprendí a escuchar cosas desde la perspectiva de Kate”.

El tratamiento hizo efecto y pronto Harry ayudaba en casa, acariciaba a su esposa y mantenía atentas y cálidas conversaciones. “Tomar iniciativa con las tareas familiares y ser proactivo me hacía sentir como si estuviera cuidando de ella”, comenta el renovado padre de familia. “Hoy, después de casi 30 años juntos, nuestro matrimonio está irreconocible desde aquel terrible día de la confrontación. Ahora tenemos una relación fuerte: llena de risas, sanas peleas ocasionales y, sobre todo, amor”.


Salvando matrimonios

Harry se metió tanto en el papel de marido reconciliador que se entregó a la causa para tratar de ayudar a otros hombres. Así, en el año 1994 fundó Marriage Foundation, una organización creada con el objetivo de dar apoyo a matrimonios con problemas. Y parece que no le ha ido nada mal.

“El cambio radical de nuestro matrimonio se hace eco de una tendencia nacional en Gran Bretaña. Según una reciente investigación que llevé a cabo yo mismo como el director de mi fundación, se ha dado una fuerte caída en el número de mujeres que piden el divorcio: apenas el 4,2% quiere terminar su matrimonio en los difíciles primeros cinco años, el nivel más bajo desde 1973, y casi la mitad desde aquel 7,9% registrado en 1986 cuando se alcanzó el pico de rupturas matrimoniales en el país”, explica orgulloso el investigador.

En opinión del experto, el cambio radical de estas cifras se debe a que hoy en día los hombres tienen un comportamiento mucho más emocional de implicación en la pareja y la vida familiar que décadas atrás: “Como las presiones sociales y familiares para casarse han disminuido, menos hombres cometen 'deslices' en la vida matrimonial. Los que se casan lo hacen con un compromiso mucho más claro y esto se traduce en que hay menos esposas desilusionadas pidiendo el divorcio en los primeros años de casados”.

Entender el matrimonio como una elección y no como un compromiso ha cambiado la actitud de cientos de varones con sus esposas, opina Harry. “Desde que comprendí la importancia de la intimidad emocional, he enseñado a miles de parejas a tener relaciones fuertes y felices. Parece que los hombres no se comportan tan mal como lo hacían antes, y yo soy la prueba de que se puede acabar incluso con el más testarudo de los malos hábitos”, asegura el renovado padre de familia y fiel esposo.


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