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Sigue siendo una pesadilla comprar en el exterior

AUNQUE LA LEY HABILITA, LA COMPRA DE PRODUCTOS EN EL EXTERIOR ES UNA LOTERÍA. FORMULARIOS, PAGO DE IMPUESTOS Y LARGAS FILAS SON LA NORMA. UNA PESADILLA BUROCRÁTICA QUE NO COMPLICA, TODAVÍA, A LOS JUGADORES NACIONALES.




Es difícil llegar a una conclusión sobre si el sistema de puerta a puerta para personas jurídicas —el que habilita la resolución 23436/96— funciona bien o no. Los casos son inconsistentes: a algunos les llegó el pedido perfecto en su casa, a la semana de haberlo tramitado llenando los formularios correspondientes, previo pago de tasas y tributos; otros cuentan experiencias de meses sin conocer el destino de la parcela, aun cuando el tracker que ponen en origen muestra que el paquete ya llegó al país. Las colas en el correo de Retiro —donde la Dirección General de Aduanas(DGA), conocida como AFIP-Aduana, tiene un asiento para nacionalizar los paquetes que son retenidos— siguen siendo largas obligando a los consumidores a armarse de paciencia.
El sistema se flexibilizó, sí, pero eso no significa que hoy sea sencillo hacer una compra en el exterior: no volvieron, al menos por el momento, los días de las compras masivas en AliExpress que saturaban las sucursales del correo. “El 15 de mayo compré un SSD a Amazon España con premium delivery así iba directo a mi hogar y no tenía que hacer demasiados trámites, porque de eso se encargaba el courier. Tenía que llegarme el 29 de ese mes y terminó llegándome el 19. Me salió 41 por ciento menos de lo que se vende acá. Chochísimo”, cuenta Matías, un ingeniero que quiso probar el sistema con una compra menor. “Compré dos libros. Me llegaron sin dramas. Un lío burocrático pero seguí las instrucciones y llegaron”, acota Diego, crítico de cine.
No todas las experiencias son tan positivas, sin embargo. “Un amigo me mandó un CD usado desde Miami y fue imposible retirarlo. Me pedían hasta mis huellas digitales en AFIP”, dice Graciela, de profesión periodista. “Me llegaron tres paquetes de 12”, ilustra Mariano, un Community Manager que hizo un reclamo frente a Defensa del Consumidor por los pedidos faltantes. La sensación es que el sistema todavía es una lotería — puede llegar, puede que no— y que todavía está presente cierta arbitrariedad para distinguir entre los paquetes que pasan al régimen del puerta a puerta y cuáles son retenidos por AFIP-Aduana.
Cierto síndrome postraumático en los consumidores no ayuda: después de haber perdido dinero y tiempo con el sistema anterior, que obligaba a algunos a depender de despachantes para poder nacionalizar una remera,son pocos los que quieren arriesgarse. “Los que pensaban, antes de que saliera la nueva norma, que la importación hormiga iba a significar una avalancha de productos importados invadiendo el sistema, se equivocaron. Habilitar el puerta a puerta fue un gesto. Como está planteado el sistema, es casi imposible que suceda, porque hay muchos pasos burocráticos que hay que seguir y que condicionan. Las limitaciones de peso y de cantidad de paquetes por año también inciden en la decisión final, por ejemplo.


Lo que logró el gobierno fue que ese 11 por ciento que se animó a comprar con el puerta a puerta empiece a tributar porque AFIP se queda con 50 por ciento sobre el excedente de franquicia, que hoy es baja, de US$ 25. La verdad es que una apertura total, un procedimiento más flexible, no sería conveniente en un contexto en el que las ventas minoristas vienen a la baja”, reflexiona Damián Di Pace, jefe de la consultora Focus Group, que hace un relevamiento del estado del e-Commerce local.
.$193 MILLONES La cantidad de dinero recaudada por AFIP por tributos del puerta a puerta.
5 DÍAS Lo que debería tardar AFIP en el proceso de nacionalizar envíos.
Este año, pr primera vez, agregaron al cuestionario una pestaña sobre el puerta a puerta: los resultados muestran que, todavía, hay cierta resistencia a probar el sistema. Entre 8 y 11 por ciento de los que usualmente compran en e-Commerce, lo hicieron al exterior utilizando el puerta a puerta. Para Gustavo Sambucetti, consultor en e-Commerce y presidente de la Cámara Argentina de Comercio Electrónico, el temor en la industria prehabilitación del sistema era palpable y terminó siendo un alivio que los primeros números no hayan sido tan alentadores.“Había mucho miedo de que se caiga el mercado local. Pero, finalmente, no fue tanto lo que se importó.
Los pedidos que se hicieron mostraron ciertas ineficiencias en el sistema. Además: de lo que se importó, la mitad se rechazó por no cumplir con la regulación o quedó boyando en el proceso por no pagar impuestos y tasas. El gobierno tuvo un gesto de apertura pero protegiendo, de alguna manera, a la industria local. De hecho, los aranceles son similares a los que tiene un importador mayorista.”
Para algunos, la quita de las restricciones para ingresar textiles y electrónicos fue lo suficientemente significativa como para dinamizar su negocio. Para los couriers, por ejemplo, fue una buena noticia. “Nos trajo un aumento de 20 por ciento de nuestra facturación. Procesamos 2.000 envíos por mes, básicamente de productos de China y los Estados Unidos”, reconoce Ricardo Saco, director de Operaciones de DHL Express.


Un sistema perfectible
El número total de pedidos es esquivo: según una fuente de AFIP-Aduana, hubo 833.000 nacionalizaciones bajo el sistema de puerta a puerta (561.000 fueron a domicilio y 272.000 tuvieron que ir a buscarse al correo) en los últimos 12 meses. Sin embargo, fuentes del Correo Argentino hablan de números más amplios: serían 9.000 paquetes los que ingresan al país por día, de los cuales solo 3.700 son liberados bajo el régimen de puerta a puerta y son efectivamente entregados en los domicilios. Esta estadística marcaría que la cantidad de pedidos es más cercana a los tres millones que al millón que araña según los datos del fisco.
La diferencia entre los números se explica por un tira y afloja entre los diferentes jugadores estatales. Mientras que Correo Argentino contabiliza todos los paquetes que recibe, AFIP-Aduana solo cuenta los que efectivamente se nacionalizaron: por ejemplo, los 500.000 envíos que fueron devueltos a origen por ser abandonados por quienes hicieron alguna gestión no son consignados en la estadística del ente de recaudación. Quienes pagan impuestos sí: hoy la franquicia para traer pedidos desde el exterior es de US$ 25 por año, que se pueden usar solo la primera vez (si el monto es menor, no se suma al próximo pedido) y sobre el excedente, se debe tributar un 50 por ciento. Esto significó, en los últimos 12 meses, ingresos al país por $ 195 millones, “una cifra nada despreciable”, confió a INFOTECHNOLOGY una fuente de AFIP-Aduana.
En la operatoria diaria es que aparecen los problemas. Los dos entes tienen obligaciones diferentes de cara a la ley y al consumidor. Mientras que a AFIP le toca nacionalizar los productos —decidir cuáles pasan al puerta a puerta, por su peso (menos de 20 kilos) o su valor (menos de US$ 200) y cuáles deben retirarse previa inspección de un agente— y cobrar un tributo que marca la ley aduanera, Correo Argentino se encarga de mandar los telegramas y del depósito y distribución de los paquetes una vez que fueron nacionalizados.

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La mala señalización que existe en las oficinas del correo lleva a los consumidores que van a buscar sus paquetes, telegrama en mano, a pensar que se trata de un mismo engranaje. Pero no. “Cuando los envíos ingresan, separamos las cartas y mandamos los paquetes a inspección de Aduana pero si pasan o no al puerta a puerta es decisión 100 por ciento del agente. Existe mucha arbitrariedad ahí. Si alguien pide un libro, que debería tener luz verde porque está exento según la ley, el agente puede retenerlo igual para inspeccionar”, se ataja una fuente de Correo Argentino.
Lo que sí cobran es una tasa administrativa, que también hay que pagar para que liberen el paquete: son $ 120 que muchos no tienen en cuenta a la hora de pedir un par de medias por internet y que resultan en un alto porcentaje de abandono en las oficinas. Claro que siempre se puede optar por un courier: la diferencia, se sabe, son los costos. “Nos eligen porque los envíos tardan menos y es muy difícil que se pierdan”, reconoce, sobre esto, Saco de DHL. Desde AFIP marcan que el nuevo sistema —que hace que los compradores llenen un formulario del tipo declaración jurada listando los contenidos y generen un Volante Electrónico de Pago (VEP)— retira esas posibles arbitrariedades del sistema.
“Los paquetes llegan con un track number pero no están a nombre de ninguna persona. AFIP lo que busca es que esa persona se identifique y se apropie de la mercadería. Esa es la ley aduanera y muchos no están familiarizados con ella. Lo cierto es que en 2015 no existía este sistema y no había manera de saber qué entraba y qué no. Las declaraciones juradas tienen que ser electrónicas y transparentes para evitar, justamente, la interacción con el funcionario”, destaca una fuente del ente recaudador. La necesidad de quitar limitaciones al sistema hizo que los distintos organismos estén pocos preparados para la operatoria: como en toda modernización de procesos estatales, la resistencia está dada por los hábitos de las personas que trabajan en él. Por caso, se tuvieron que salir a habilitar nuevos espacios para AFIP dentro de las plantas de tratamiento del correo, lo que significó modificaciones edilicias.

Aún así, destacan que la demanda no sobrepasó el sistema.
“Sabíamos que eventualmente iba a llegar. Tuvimos que prepararnos. AFIP-Aduana tiene cinco días para liberar pedidos pero, muchas veces, se exceden esos tiempos. Entonces se acumulan los pedidos porque no salen a buen ritmo. El problema de la falta de espacio lo tuvimos que ir resolviendo sobre la marcha”, confiesan desde Correo Argentino. En otras palabras: el sistema no es lo suficientemente amigable y, por eso, las colas soviéticas siguen siendo una constante en los edificios oficiales.
“Lamentablemente, para una persona que no maneja bien el tema informático los trámites son engorrosos. Además, si el aduanero desconfía, hay que ir a la oficina del correo. Una persona que vive en Pilar tiene que viajar hasta Retiro…”, reconocen desde Correo Argentino. Un nuevo sistema que permita aligerar la liberación de paquetes desde Buenos Aires podría mejorar la distribución en el interior: hoy, un camión de AFIP viaja a las ciudades con asientos en las provincias y recién ahí se inicia el proceso de nacionalización de mercaderías. “Como cualquier régimen nuevo, hay que acomodarse”, dicen en AFIP. Mientras, hecha la ley, hecha la trampa: los argentinos encontraron sustitutos para China más cerca de casa. “El hecho de que muchos elijan ir a Chile o Paraguay para hacerse de productos marca que el sistema todavía tiene dificultades”, analiza Di Pace. “
Internet tiene que agilizar los tiempos pero se prefiere viajar a tener que esperar 60 días y llenar muchos formularios. El puerta a puerta no es una importación hormiga, es como ocurría en las épocas pre-Guillermo Moreno, sino más bien como una compra al menudeo. Esto beneficia, de rebote, a los players locales: muchos prefieren comprar por e-Shops sabiendo que, si bien no son tan baratos como en China, tienen mejores precios que el shopping, con el agregado de que lo entregan a las 48 horas.” “Dadas estas condiciones no sé si conviene comprar afuera. Pero la situación podría darse vuelta si las cosas cambian”, dice Sambucetti, de la CACE. Saco, de DHL Express, marca un camino. Dice que estos números magros de importación podrían revertirse cuando las plataformas de e-Commerce más populares empiecen a agregar a la Argentina entre los mercados a los que hacen envíos, una maniobra que couriers como FedEx, TNT o UPS —todos con operaciones locales— miran con entusiasmo. “Hoy todavía sucede que algunas páginas no abrieron la canilla para entregas al país. Como todavía el régimen es de pocos envíos al año, tardan en habilitarlo porque el volumen sigue siendo poco. Amazon Europa empezó hace poco y aumentaron muchos los pedidos. Lo mismo va a pasar en otros mercados que hoy no están entregando.”
Si bien el sistema actualmente no representa una amenaza para los players de e-Commerce tradicionales, de lograrse la modernización que impulsan los organismos estatales y de ampliarse la demanda de productos en el exterior gracias a nuevas facilidades, puede haber más cajas de Amazon bajo el felpudo de la puerta que telegramas de Correo Argentino.
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