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Simo Häyhä, el francotirador al que temían los soviéticos

Apodado como ‘la muerte blanca’, el más letal de los francotiradores de toda la Historia no ha sido de nacionalidad estadounidense, soviética, británica o alemana, sino finlandesa y logró su record durante la Guerra de Invierno en la II Guerra Mundial












A finales de 2014 se estrenaba el film dirigido por  Clint Eastwood "El francotirador", una película basada en la vida del marine Chris Kyle, quien está considerado el francotirador más letal de la historia militar estadounidense, consiguiendo ese logro durante su participación en la Guerra de Irak.


Pero a pesar de elogiar la figura de este experto tirador norteamericano a través de un interesante biopic, en los libros sobre los conflictos bélicos otro es el nombre que figura en el lugar de honor y que se lleva el mérito de ser el francotirador que más soldados enemigos mató en toda la Historia.





Simo Häyhä nació un 17 de diciembre de 1905 en un pueblo agrícola de la región de Rautjärvi, situada entre la frontera de Finlandia y Rusia. Su padre era el agricultor Juho Häyhä y su madre era Katrina os Vilkko.
Simo era el segundo de ocho hijos en una familia campesina de humilde condición económica, que vivía de la caza, la pesca, el cultivo de la tierra y la ganadería. De pequeño asistió a una escuela primaria en Miettilä; y ya más tarde, de adolescente, se interesó por actividades como el esquí, la cacería, el béisbol y el tiro deportivo, llegando a ser campeón en el distrito de Viipuri, en la región de Carelia.




El escenario militar en que operó Simo Häyhä


Fue durante la Segunda Guerra Mundial y aunque en ésta participaron ejércitos de países que tenían a los hombres más preparados y entrenados para aniquilar al enemigo, el protagonista del relato de hoy en Cuaderno de Historia no era de nacionalidad estadounidense, soviética, británica ni tan siquiera pertenecía a la Alemania nazi, sino que era de nacionalidad finlandesa y su nombre Simo Häyhä, aunque era conocido por el apodo de ‘la muerte blanca’.


La invasión soviética a Finlandia se produjo en invierno (con temperaturas de -20º a -40º), a fines de noviembre, y Simo entró a combatir como francotirador del Regimiento Jaeger 34, que habría de desempeñarse a lo largo del río Kolla, frente a un enemigo cuya superioridad numérica era a veces de 100 a 1, ya que Finlandia tan solo había conseguido reclutar unos 180000 hombres para hacer frente al inmenso ejército invasor.





Cuando la Unión Soviética se planteó la invasión de Finlandia nada les hacía presagiar que el ejército de este país llegaría a ponérselo tan difícil y que en realidad iba a ser, como se dice comúnmente en estos casos, un paseo triunfal en el que capitularían pocos días después de la incursión soviética.
Pero no fue así y los finlandeses plantaron cara a sus invasores un día tras otro a lo largo de los cien días que duró la conocida como Guerra de Irvierno y que tuvo lugar entre el 30 de noviembre de 1939 y el 12 de marzo de 1940. A pesar de que la potencia militar de la URSS era muy superior, el ejército invasor fue el que se llevó la peor parte con 126.875 muertos frente a los poco menos de veintiseis mil finlandeses.






(Para que hagan memoria esta fue la guerra donde hubo la famosa Masacre de Guerra de invierno)





Entre los soldados bien entrenados y que más letales fueron para los intereses soviéticos se encontraba Simo Häyhä, de 35 años de edad, quien había adquirido desde adolescente un control absoluto del manejo de las armas gracias a la afición a la caza de su progenitor, siendo capaz de acertar en un objetivo a cientos de metros y sin apenas apuntar.




540 es el número de enemigos soviéticos que abatió con su fusil M28 Pystykorva, el cual estaba desprovisto de mira telescópica ya que Häyhä estaba convencido de que ésta era más un inconveniente que una ayuda, pues muchas eran las ocasiones en las que la luz del sol se reflejaba en la lente de la mira y el destello podía delatar la posición del francotirador.  Fue ese el motivo por el que se acostumbró a localizar el objetivo a ojo.


Su corta estatura (medía poco más de metro y medio) también lo facultaba para esconderse en los rincones y huecos más insospechados, por lo que disponía de privilegiadas posiciones desde las que disparaba y acababa con sus enemigos.







Debido a que la guerra tuvo lugar durante los fríos meses de invierno, una de las cosas que más delataba la posiciones de los soldados era el vaho que exhalaban por sus bocas, motivo por el que con mucha frecuencia se la tapaba con algún paño o incluso se metía trozos de nieve con el fin de tener la boca fría.









A la caza de “La Muerte Blanca”
Cuando la fama de Simo creció entre los soldados soviéticos y éstos empezaron a verlo como una importante amenaza, le pusieron el apodo de “Belaya Smert” (Muerte Blanca); y los oficiales, que se tomaron con seriedad el asunto, montaron operaciones especialmente diseñadas para aniquilarlo.
Primero únicamente enviaron escuadrones para darle muerte, pero Simo se escondía bien e hizo perecer o claudicar a todos los escuadrones que fueron a cazarlo. Ante eso, los mandos soviéticos crearon un escuadrón especial de francotiradores especializados en aniquilar francotiradores, pero Simo los mató a todos…
Desesperados, los soviéticos llegaron a efectuar un ataque de artillería, en el cual el abrigo blanco de Simo fue rasgado por fragmentos de municiones enemigas, cosa que reveló su posición; pero, aún así, él sobrevivió…







Finalmente, los soviéticos se librarían de Simo un 6 de marzo de 1940. Los hechos fueron más o menos así:


Eran las 6:20 a.m. cuando Simo y los de su unidad recibieron la orden de atacar a unos soldados soviéticos que estaban apostados en un valle, negándose a abandonar sus puestos por orden de sus comandantes. En aquel enfrentamiento habían muerto unos 140 finlandeses para el mediodía, pero las bajas soviéticas eran mucho más cuantiosas y, a lo largo y ancho del terreno, los cadáveres yacían tiñendo de rojo la nieve. Los soviéticos estaban desesperados, ¿cómo podían perder tantos soldados?, ¿dónde se escondían los malditos francotiradores finlandeses? En ese afán por acabar con los escurridizos soldados finlandeses, los soldados soviéticos se veían correr de un lado a otro, y los proyectiles de artillería estallaban en numerosos sitios, haciendo saltar la nieve y los punzantes trozos de árboles despedazados. Para el momento en que un soviético gritó señalándole a su grupo la posición de la “Muerte Blanca”, Simo ya había arrasado con unos 40 soldados enemigos, superando con creces su record de otros días… Pero ahora las cosas estaban realmente complicadas: los soldados enemigos corrían hacia él, y en la zona apenas quedaban unos 14 finlandeses…
Simo estaba oculto detrás de una gran roca. No podía darse el lujo de asomar así nomás la cabeza o incluso el arma, pues las balas pasaban veloces a la derecha, a la izquierda, y también por arriba de la roca… Aún así, su habilidad era tan grande que, cuando disparaba, un soviético caía, con lo cual conseguía sembrar algo de miedo y evitar que el avance del enemigo se vuelva demasiado caudaloso. Afortunadamente, los soldados soviéticos que enfrentaba no tenían ametralladoras, pues de ser así fuera casi imposible defenderse. Por ello logró resistir heroicamente, hasta que, en una de esas ocasiones en que se asomó a disparar, una bala explosiva, disparada por un francotirador soviético según ciertas fuentes, le dio en la barbilla y le salió por la mejilla izquierda…








Un proyectil destrozó parte del rostro de Simo Häyhä (Wikimedia commons)




Ahora, Simo perdía sangre y necesitaba ayuda. Cualquiera habría muerto en tales circunstancias, pero él tuvo tanta habilidad y “cabeza fría” que incluso consiguió acabar con el soviético que le había disparado, y con otros más… Lógicamente habría llegado un punto en que perdería la consciencia y pasaría a ser “carne de cañón”, pero solo ocurrió lo primero porque, cuando apenas 3 finlandeses más resistían con él, llegaron refuerzos de rescate y lo sacaron. Según refirió uno de los soldados que lo salvaron, Simo “había perdido la mitad de la cara”…
Tras ser llevado al hospital, Simo permaneció inconsciente hasta el 13 de marzo, y en todo el mes no fue capaz de escuchar nada. Requirió 10 cirugías faciales, y tuvo que pasar algún tiempo para que reapareciese y se supiese que no había muerto, cosa esta que deseaba hacer creer la Prensa Soviética y algunos sectores informativos de la propia Finlandia.






Las armas del gran francotirador
Simo Häyhä usó únicamente dos armas. La primera, el rifle M/28, variación finlandesa del rifle soviético Mosin-Nagant. Con el M/28, Simo mató unos 542 soldados soviéticos. 







Su otra arma era la sub con el que oficialmente liquidó a 505 soldados rusos. Como arma de soporte usaba un Suomi M-31 SMG, un subfusil de menor alcance que su rifle, y con el que se piensa que habría matado aproximadamente unos 200 uniformados soviéticos, alcanzando un total de 742 muertes en la estadística más optimista (pues ciertas fuentes dicen que en realidad solo mató 505 soviéticos con el M/28).













Después de la guerra
Simo requirió varios años para recuperarse por completo después de haber sido herido en el rostro. Sin embargo, una vez que estuvo suficientemente bien, volvió a su viejo pasatiempo de cazador, pero también se dedicó a criar perros.
Su hogar, ya que los soviéticos se habían quedado con las tierras en que alguna vez habitó, pasó a ser la granja de su hermano Utulaan, en una zona poblada de Ruokolahden (al sureste de Finlandia, cerca de la actual frontera con Rusia), rodeada de bosques. Allí siguió viviendo en soltería (no se había casado ni se casaría), pero convertido en una celebridad con la cual el presidente finlandés Urho Kekkonen fue varias veces de caza.
También, tras la guerra Simo fue invitado a ser miembro honorario del Club de Oficiales de Reserva de Ruokolahden, habiendo formado, en tiempos de guerra, parte de la infantería ligera de Carelia.
Finalmente, y ya con la salud mermada por el paso del tiempo, Simo acabó sus días en Hamina, un hogar de ancianos veteranos de guerra. Falleció el 01 de abril del 2002, a la venerable edad de 97 años. Poco antes, en 1998 cuando un grupo de coleccionistas de armas fue a entrevistarlo, se le preguntó cómo había llegado a ser tan buen francotirador, y él simplemente respondió: “práctica”.




Simo de anciano, con todas sus medallas militares. Murió a los 97 años








De izquierda a derecha vemos a Simo: de joven, antes de la guerra, con su traje de servicio militar; de adulto, tras la guerra, condecorado; de viejo, ya inmortalizado en la memoria de su pueblo









espero les guste mi post, saludos y gracias
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