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Soldado de la Wehrmacht honrado en Holanda

El 6 de octubre de 1944, un grupo de soldados alemanes se encuentra en una granja de Goirle, una localidad Holandesa. Entre ellos se encuentra un joven Kanonier llamado Karl-Heinz Rosch, quien justo tres días antes había cumplido los 18 años. Rosch había nacido el 3 de octubre de 1926 en la localidad de Meissen, en el Estado de Sajonia (Alemania). Justo al salir de la escuela con la edad de 17 años había solicitado entrar en el Ejército, y tras un breve entrenamiento de 6 semanas fue destinado al frente.






Aquel día, los Británicos empiezan a someter a un duro fuego de artillería la granja en la que se encuentran Rosch y sus compañeros, por lo que toman la decisión de refugiarse en el sótano de la misma. Cuando ya se encuentra a cubierto, Karl se da cuenta que los dos hijos del granjero (Jan y Toos Kilsdonk) están en el jardín. Sin pensarlo dos veces, abandona el refugio y corre a rescatarlos, llevándolos a cada uno bajo el brazo hasta la seguridad del sótano. Una vez hecho esto, sale de nuevo para recoger el arma que había tenido que abandonar y para cambiar de posición, cuando una bomba lo mata al instante en el lugar donde poco antes estaban los niños.


Ya en el año 2004 se empieza a conocer la historia puesto que esos niños, que ya se han hecho adultos, la hacen pública tras tenerla guardada 60 años como un secreto familiar por temor a que sus conciudadanos tomasen represalias contra la familia. El hecho va teniendo impacto mediático y un artista local llamado Riet van der Louw realiza una estatua de arcilla que reproduce el momento en el que Rosch lleva a los niños al sótano y un antiguo concejal llamado Herman van Rouwendaal pide al ayuntamiento de la ciudad 9500 Euros para financiar una estatua de bronce.







El consistorio se niega a aportar el dinero y se inicia un proceso de colecta popular que finaliza con la colocación de la estatua en el jardín privado de una persona que había sido una de las últimas en verlo con vida. Se da la circunstancia de que esta estatua es la única que hay erigida en honor a un soldado alemán de la Segunda Guerra Mundial en territorio europeo. Los padres y los abuelos de Karl recibieron la noticia de su muerte aunque nunca pudieron visitar la granja, puesto que estaban viviendo en Alemania del Este. Años más tarde, el padre pudo visitar el lugar, pero no fue informado de la heroicidad de su hijo y murió sin saberlo. Actualmente, los restos de Karl se encuentran en el Cementerio Militar Alemán de Ysselsteyn tras ser trasladados desde su primera sepultura situada en la Granja donde él perdió la vida, pero salvó la de los dos hermanos Kilsdonk.



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