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¿Somos algo más que gamers?

De adopciones y odios personales: La posición del crítico
¿Somos algo más que gamers?




Como decía ayer, llevamos unos días en lo que la prensa parece estar en entredicho. Mi compañero Dayo lo ilustró con mejor prosa que yo al hablar de la situación de la señorita Quinn y Tonichan incidió en ese punto paternalista que hace que muchos redactores, por el motivo que sea, se tiren a defender tal o cual producto mediocre en pro de vaya usted a saber qué causa perdida.

La postura del crítico...
...Es cada vez más puñetera. Y no, no lo digo porque esté encorvado con una pierna para arriba y la otra para Cuenca, que esto es un medio serio y no una peli romántica 'de sudar'. Lo digo porque, afortunadamente, el público es -sois... ¿somos?- cada vez más exigentes, y eso hace que a la hora de hablar de un videojuego tengamos que examinar nuestras palabras con lupa antes de darle luz verde a un texto.

Los juegos son caros, eso no se le escapa a nadie. Siguen costando lo mismo que costaban hace varios años, sí, pero la situación económica no es, ni de lejos, la misma que hace unos años. El que antes ganaba cuatro grandes en la obra se puede dar con un canto en los dientes si ahora rasca quinientos 'lerus' al mes. Los encargos de diseño y publicidad están por los suelos, las ayudas han desaparecido y los sueldos oficiales han bajado tanto que la última vez que vi una nómina de empleo público fue en la fase final de Dante's Inferno.

Por otro lado, el público -o la parte de éste que no se ríe con las pamplinas de ElRubius, al menos-, se ha vuelto mucho más exigente. A la incapacidad de comprar tantos juegos como antes se une la popularización de los "medios especializados" que ofrecen, a grandes rasgos, la misma información. Lo que para muchos se ha convertido en una guerra por conseguir publicidades extiende el terreno de batallas al no perder lectores y ser capaces de conectar con ellos para que vuelvan. Muchos afilan el lápiz de forma metafórica para darle al público lo que quiere, o lo que cree que quiere, y se mueven por las corrientes de la opinión pública como medusas cuasi inertes para adaptarse a lo que sus lectores quieren, aunque no lo necesiten. Una soberana estupidez.



No se puede gustar a todos
Ayer me olvidé de decir algo importante, una verdad que me fue susurrada por un gurú de los viejos tiempos: "es imposible gustarle a todo el mundo". Es imposible llegar con un estudio sesudo al fan de un youtuber de esos que hacen de cada experiencia un iCarly, al igual que no se puede llegar a mi amigo Dayo con un Call of Duty con luces de neon y mariposas. Tratar de adaptarte a cada tipo de público es traicionar tus ideas. Al final, lo que pasa, es que acabas perdiendo tu alma, u olvidando el rostro de tu padre, lo que venga primero.

Hay que afilar ese lápiz metafórico, sí, pero no para darle al público lo que quiere, ni siquiera lo que necesita. Hay que afilar el lápiz para seguir siendo fieles a nosotros mismos, para continuar escribiendo porque es lo que nos gusta, porque creemos -falazmente, seguro- que tenemos algo que aportar y porque es la forma de formar parte de un algo que nos apasiona y es una parte importante en nuestras vidas. Y es que, al fin y al cabo, los críticos, los redactores, los analistas, los editores... No somos más que simples gamers con ínfulas. O al menos lo somos aquellos que no vemos esto como un simple negocio y, por ende, merece la pena leernos, aunque sólo sea un poquito y a veces.

Y entonces... ¿Qué hacemos?
¿Debemos ser más acidos, tal y como nos indica Tonichan? ¿Debemos preocuparnos más por la integridad del producto, su forma y su intencionalidad tal y como los múltiples conocimientos de Dayo le permiten? ¿Nos grabamos jugando a Fez mientras nos tiramos pedos, o mejor fusilamos notas de prensa, cobramos por imagen y retorcemos la verdad en los titulares para conseguir más lectores de buenrro como hace... eh... supuestamente... eh... cierta... eh... presunta competencia?

Pues allá cada uno con sus gustos y su conciencia, supongo. Y es que sí, el amigo Tonichan tenía razón en que hay que ser más acidos, en que hay que tener más criterio y dejar de apadrinar productos de serie pésima por el mero apadrinar, por dinero o por pasiones personales. El analista debe velar por los intereses económicos del lector, pero cuidado, la responsabilidad no es toda del crítico. También el lector ha de tener criterio para comprender que quizá cuando hablo de Risen 3 me estoy dejando llevar por la pasión y que las frases 'es feo y complicado', 'las chicas son difíciles de mirar' y 'poco trabajado, cualquier excusa es buena para explorar' están escritas por algo. El lector ha de tener conciencia suficiente para comprender que una crítica sangrienta no es por ende un ataque a su persona, y sobre todo y ante todo, ha de comprender que una página plagada de publicidad de un título seguramente sea benévola con dicho juego en sus análisis. Y no, da igual lo que te digan, no es necesario tirarse pedos mientras se juega a Fez.

Esa situación de superioridad.
Es indudable, lo mires como lo mires, que el crítico vive siempre en situación de superioridad. Lo mejor es que, a la hora de la verdad, las redes sociales nos han convertido a todos en críticos: El redactor critica el juego, el lector critica el análisis, otros lectores critican las críticas a la crítica, discutimos, y al final hacemos las paces y nos metemos todos en twiter a llamar gilipollas a Phil Fish, a ver si llora. Es ley de vida, aunque sea vida digital, y sin embargo, hay un monólogo en Ratatouille, estoy seguro de que mi compañero Dayo sufrió la misma experiencia que yo con el mismo, que nos hace pensar, y mucho, las cosas. El señor Anton Ego conoce al nuevo chef de Gusteau's y escribe lo siguiente:



En muchos sentidos el trabajo de un crítico es fácil. Arriesgamos poco porque gozamos de una posición que está por encima de los que exponen su trabajo y a sí mismos a nuestro criterio. Nos regodeamos en las críticas negativas, que son divertidas de escribir y de leer, pero el hecho más amargo que debemos afrontar los críticos es que, a la hora de la verdad, cualquier producto mediocre tiene, probablemente, más sentido que la crítica en la que lo tachamos de basura. Pero hay veces en las que un crítico realmente se arriesga en 'pro' del descubrimiento y la defensa de algo nuevo. El mundo es hostil para los nuevos talentos y las nuevas creaciones; lo nuevo, necesita amigos'.

Supongo que eso explica esa nueva pasión por el indie y ese ataque reiterativo a lo de siempre, pero no seré yo quien se atreva a añadir ni un ápice más a la reflexión de Brad Bird en boca del señor Ego con voz de Peter O'Toole.

¡Nos leemos!
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