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sorprendentes cosas que quizá no sabías sobre algunos



¿Sabías que unos delincuentes intentaron robar el cadáver de Lincoln para canjearlo por un socio que estaba en la cárcel? Mira estas tres curiosas historias presidenciales estadounidenses.
Los presidentes estadounidenses suelen ser «hijitos de mamá»:

Si quieres que tu hijo sea presidente de la república, podrías tomar una medida desde el momento mismo de su nacimiento: ponerle como uno de sus nombres o como primer apellido, alguno de los de su madre. La cosa realmente funciona, al menos en Estados Unidos.

Rose Elizabeth Fizgerald Hannon pasó a la historia estadounidense como Rose Kennedy, matriarca del célebre clan y madre, entre otros, de John F. Kennedy y Robert F. Kennedy. ¡Espera un momento, pero Robert no fue presidente! Es verdad, pero su «F» no es de Fitzgerald, sino de Francis. También es el caso de Woodrow Wilson, hijo de Janet Woodrow.

Al parecer, el asunto opera mejor invirtiendo los apellidos. Franklin Delano Roosevelt llevaba primero el de su madre, Sarah Delano. En verdad, la madre de la única persona que ha presidido Estados Unidos durante 4 periodos, le decía a su hijo «usted es un Delano, no un Roosevelt».

Otros casos son el de Ronald Wilson Reagan, hijo de Nelle Clyde Wilson y el de Lyndon B. Johnson, vástago de Rebekah Baines. También entran en la lista Rutherford Birchard Hayes, hijo de Sophia Birchard, y Richard Milhous Nixon, retoño de Hannah Milhous.
Unidos por la muerte en fecha simbólica:

John Adams fue el primer vicepresidente de Estados Unidos y su segundo presidente. Fue también el primer mandatario en vivir en la Casa Blanca.

Thomas Jefferson fue el tercer presidente de la nación y uno de los principales rivales políticos de Adams. De hecho, Jefferson y James Madison fundaron el Partido Republicano Democrático para oponerse al federalismo de Adams.

El 4 de julio de 1826, día del aniversario N° 50 de la Declaración de Independencia, que los dos firmaron, Adams y Jefferson murieron con pocas horas de diferencia.
El robo del cadáver de Abraham Lincoln:

Los inmigrantes James Kinealy y Benjamin Boyd se convirtieron en un dolor de cabeza para la policía en Estados Unidos durante la segunda mitad del siglo XIX por la perfección de sus falsificaciones del papel moneda. Sus réplicas eran tan buenas, que incluso el gobierno suspendió por un tiempo la circulación del billete de 5 dólares, el preferido de los delincuentes para copiar.

Pero la banda tuvo un contratiempo; Boyd, quien era el que tenía los conocimientos del arte de la falsificación, fue encarcelado y Kinealy entró en pánico al ver el negocio en peligro de muerte.

A Kinealy no se le ocurrió una mejor idea que robar el cadáver de Lincoln, para intentar intercambiarlo por su compañero. El complot de Kinealy fracasó en dos ocasiones antes de llevarse a cabo por imprudentes comentarios de sus ejecutores. Entonces el servicio secreto tomó la decisión de infiltrarse en el entorno de Kinealy para terminar definitivamente con el proyecto.

Cuando Kinealy y dos secuaces ejecutaban el robo del cadáver, la policía cayó sobre ellos. Se asustaron mucho, porque creyeron que eran atacados por seres de ultratumba molestos por la profanación. Kinealy logró escapar, pero sus dos ayudantes estuvieron encarcelados un año, un tiempo breve para la magnitud de la fechoría, pero en 1876 el robo de cadáveres no era delito en Estados Unidos.
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