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Stalingrado, cartas de los soldados alemanes

Entre los trofeos de guerra, las tropas soviéticas se llevaron una gran cantidad de correspondencia militar, así como diarios y otros apuntes de los soldados alemanes hechos prisioneros. La mayor parte de estos escritos data de los meses de noviembre y diciembre de 1942 y del primer semestre de 1943
.






La batalla por Estalingrado fue una carnicería con mas de 2.000.000 de muertos entre los dos bandos: rusos y una coalicion de alemanes, rumanos, italianos, hungaros y rusos conversos.

17 de julio de 1942- 2 de febrero de 1943. Es la mayor batalla terrestre que hubo durante la Segunda Guerra Mundial y, junto con la Batalla del Arco de Kursk, se convirtió en un punto de inflexión de la contienda, ya que a raíz de ellas las tropas alemanas perdieron finalmente la iniciativa estratégica. Se estima que la pérdida total de ambas partes en esta batalla superó los dos millones de personas
.


Tras ser rodeados por el Ejército Rojo se hallaban atrapados en Stalingrado 22 divisiones y más de 160 unidades externas del 6º ejército alemán, así como parte del 4º ejército de tanques, una cantidad total de 330.000 hombres.

Las cartas más interesantes se publicaron en un pequeño libro titulado La derrota de los alemanes en Stalingrado. Confesiones del enemigo, publicado por la Editorial Militar del Comisariado del Pueblo para la Defensa de la URSS en 1944. No se indica su tirada y se editó en formato de bolsillo. Además, para su impresión se utilizó un tipo de papel muy barato que no está pensado para durar demasiado tiempo, de modo que el libro se convirtió en una rareza bibliográfica.

“…Stalingrado es el infierno en la tierra, es Verdún, el Verdún rojo, con nuevo armamento. Atacamos cada día. Si por la mañana conseguimos avanzar 20 metros, por la tarde los rusos nos vuelven a hacer retroceder…”
De la carta del cabo Walter Oppermann nº 44111, a su hermano, con fecha 18-XI-1942.


“… Cuando llegamos a Stalingrado éramos 140 hombres, y el 1 de septiembre, tras dos días de combates, sólo quedábamos 16. El resto resultaron heridos o muertos. No tenemos ningún oficial y la comandancia de la subdivisión tuvo que escoger a un suboficial. Cada día salen de Stalingrado hacia la retaguardia hasta mil heridos…”
De la carta del soldado Heinrich Malchus nº 17189 al cabo Karl Weitzel. 13-XI-1942


“19 de noviembre. Si perdemos esta guerra se vengarán de todo lo que hemos hecho. Miles de rusos y judíos han sido fusilados con sus mujeres e hijos en Kiev y Jarkov. Es algo increíble. Pero por esta razón debemos aportar todas nuestras fuerzas para ganar la guerra.”
6 de diciembre. El tiempo va empeorando. La ropa se nos queda helada. Llevamos tres días sin comer y sin dormir. Fritz me ha contado una conversación que ha oído: los soldados prefieren huir o rendirse…”
Fuente: UllsteinBild/Vostock-Photo
Del diario del sargento de la gendarmería de campo Helmut Mögenburg.


“… Ayer nos dieron vodka. En ese momento acabábamos de matar un perro, y el vodka nos vino de maravilla. Hetty, en total he matado ya cuatro perros, y mis compañeros no pueden ni comerlo. Una vez disparé a una urraca y la herví…”
De la carta del soldado Otto Zechtig, 1º compañía, 1º batallón, 227º regimiento de infantería de la 100ª división de infantería ligera, nº 10521 V, a Hetty Kaminski. 29-XII-1942.



5 de enero. Nuestra división tiene un cementerio en Stalingrado donde hay enterrados más de mil hombres. Es algo terrible. Los hombres que son enviados ahora a la infantería se pueden considerar condenados a muerte.
Del diario del oficial F. P., del 8º parque de ametralladoras ligeras del 212º regimiento.


“… ¡Qué felices podríamos haber sido si esta maldita guerra no hubiera existido! Y ahora tenemos que vagar por esta terrible Rusia, ¿para qué? Cuando pienso en ello me entran ganas de gritar de rabia y frustración…”
De la carta del cabo Arno Beetz, del 87º regimiento de artillería de la 113ª división de infantería, nº 28329 D, a su novia. 29-XII.1942.


“… 15 de enero… En nuestro batallón, sólo en los últimos dos días, habíamos perdido 60 hombres muertos, heridos y víctimas de hipotermias, más de 30 hombres habían huido, sólo nos quedaban municiones hasta la tarde, los soldados no había comido absolutamente nada en tres días y a muchos de ellos se les habían helado las piernas.

No parábamos de preguntarnos qué podíamos hacer. El 10 de enero por la mañana leímos una carta que contenía un ultimátum. Esto determinó nuestra decisión. Nos entregamos para salvar la vida de nuestros soldados...”
De la confesión del cabo prisionero Josef Schwarz, 10ª compañía del 131º regimiento de infantería de la 44ª división de infantería. 2-I-1942
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