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Street of Rage (¿te acordas?)



NUNCA FALTA EL TEMA DE FONDO xD,Dale play maquina!:


link: http://www.youtube.com/watch?v=pFrrh3gUVhc


Parece mentira, pero Streets of Rage hacía hincapié en uno de los grandes problemas que azotaron a la sociedad de los EE.UU. a principios de los años 90: la delincuencia y la proliferación de las bandas callejeras. El cine y la TV estaban llenos de situaciones en las que estas bandas causaban el caos por las calles de la ciudad de turno: Los Ángeles, Chicago, Nueva Yok…



Con Streets of Rage se continuó una tradición de beat´em ups con esta temática que ya había comenzado Double Dragon, Shinobi y la mitad de los juegos de este tipo de su época. Un secuestro, un gran capo que controla la ciudad y centenares de enemigos clónicos que llenaban pantalla tras pantalla y que intentaban ponernos las cosas difíciles. Así pues, ¿por qué ha llegado hasta nuestros días el recuerdo de esta franquicia de SEGA, que permanece encerrada en un cajón desde los tiempos de Mega Drive, donde vivió su nacimiento, auge y ocaso?




Casi todo el mundo ensalza al Streets of Rage 2 como el mejor juego de la trilogía, por sus gráficos, sus personajes y su desarrollo. Sin embargo, desde el recuerdo del chaval de diez años que fui una vez, Streets of Rage fue uno de los mejores juegos de la Mega Drive, ideal tanto para echar unas partidas en solitario como pasar media tarde con un amigo avanzando por sus escenarios y disfrutando de su endiablada jugabilidad.



A Super Nintendo todavía le faltaba un año para llegar a Europa, por lo que Mega Drive era lo más de lo más del entretenimiento doméstico (a no ser que estuvieras forrado y pudieras permitirte una Neo Geo). Streets of Rage fue uno de los primeros juegos que salió en el sistema y nos dejó a todos con la boca abierta, tanto por los enormes sprites de los personajes como su música, todavía sintética, pero con mucha más riqueza que la NES y la Master System.



Y es que una de las cosas más importantes de Streets of Rage es que, a pesar de su temática simple y de las limitaciones técnicas de su época, es que está perfectamente ambientado y es un magnífico exponente de los años 80 y principios de los 90. Arma Letal, La Jungla de Cristal, incluso las películas de Batman de Tim Burton: Streets of Rage, con su historia de venganza y sus calles nocturnas llenas de criminales, sus neones y su rítmica música, te transporta al pasado.



Streets of Rage tenía muchos de los elementos típicos de los beat´em up de su época. Había varios personajes para elegir, cada uno con sutiles diferencias entre ellos. Adam era fuerte y tenía buen salto, pero era más lento. Axel fallaba en su salto, y Blaze, la chica de turno, era físicamente la más débil del trío. Jugando sólo o a dobles, había que escoger a un personaje y avanzar nivel tras nivel derrotando a oleada tras oleada de enemigos clónicos interrumpidos de vez en cuando por algún enemigo final enorme y de lo más duro.







Pero estos tres justicieros no están solos en su cruzada contra el malvado Mr. X, que controla el crimen de la ciudad. Los escenarios están llenos de elementos destruibles, como cabinas de teléfono o bidones, que pueden tener todo tipo de objetos en su interior, desde puntos, pasando por ataques finales extra, vidas o recuperadores de vida (manzanas y pollos asados, sobre todo). Y, por supuesto, también estaban las armas.



Mientras que con los ataques especiales el jugador llamaba a un coche de policía aliado para que limpiara la zona con un super bazooka, las armas normales permitían ataques mucho más peregrinos… y más contundentes. Vale, no se limpiaba la pantalla de un solo ataque, pero hay pocas sensaciones que puedan superar al de blandir un bate de baseball contra una dominatrix de negro y con látigo. O una tubería. O una botella, que se rompía al primer golpe y se convertía en una poderosa arma cortante, por no olvidar el cuchillo, muy versátil ya que se podía arrojar a distancia causando un tremendo daño por puñalada.




Puñetazos, patadas, agarres y lanzamientos, el poderoso suplex y, si se jugaba a dobles, los ataques conjuntos. Para dos jugadores expertos de Streets of Rage el acabar con los enemigos pasaba a segundo plano: había que matar con estilo. Era un arte matar a un punky pandillero de un solo largo y prolongado combo. Dos puñetazos, patada, aproximación, dos rodillazos, salto por encima y suplex. Para lucimiento extremo siempre podías dejarte agarrar por tu compañero y saltar por encima de su hombro para dar una patada voladora a todo ese grupo de chulos que han aparecido en el extremo derecho de la pantalla.




Los jefes finales eran harina de otro costal. Más rápidos, más fuertes y cada uno con su técnica para acabar con ellos. Era peligroso alargar demasiado un combo con uno de ellos, ya que siempre podían librarse y causar un daño masivo en pocos instantes. Uno de los detalles que dan cuenta de cómo se desarrollaban juegos en aquella época está cuando intentabas hacer un suplex a uno de los enemigos finales: el gordo.



La animación se cortaba y el enemigo caía sobre el jugador, ya que era demasiado pesado como para cogerle en vilo. Un puntazo. Pero tampoco había que olvidar al que yo llamaba el Freddie, por sus enormes zarpas y un trostro que podría recordar la cara quemada del de Pesadilla en Elm Street, o las dos chicas, unas ninjas velocísimas y bastante esquivas, a las que con el paso de los años acabé bautizando, cariñosamente, como las Zorritas.




Pero lo grande de Streets of Rage era lo que era capaz de transmitir con cada nivel, algo fruto de una perfecta sintonía entre escenarios y música. Ya fuera por las corruptas calles de la ciudad, en la playa, en el ferry, una fábrica o subiendo en un ascensor exterior a lo alto de un altísimo rascacielos. Los escenarios estaban llenos de detalles y se ayudaban de elementos animados, no eran simples zonas estáticas. Máquinas funcionando, bolsas de plástico movidas por el viento, las olas del mar o el vaivén del barco al surcar la costa.



La música no le iba a la zaga y, retrospectivamente, es probablemente el mejor apartado de todo el juego. Se pueden superar los gráficos, se pueden pulir los controles, aumentar las opciones de juego y hacerlo más grande, pero una pieza musical buena lo es ahora y lo será siempre.



Streets of Rage tiene una banda sonora absolutamente espectacular que pone en situación al jugador, no sólo a la hora de dar mamporros, sino para transportarlo a las calles de una ciudad corrupta y azotada por el crimen. Melodías rítmicas, callejeras, con elementos urbanos de fondo, como sirenas de policía o bocinas de barco, acompañando perfectamente el ritmo.



Cerrando los ojos, uno es casi capaz de olvidarse de que está jugando a un juego y puede imaginarse a Axel Foley haciendo de las suyas en Beverly Hills o Roger Murtaugh soltando su famoso: `estoy mayor para esta mierda´.



Streets of Rage es un magnífico exponente de un género que hoy en día ha evolucionado a algo mucho más cinemático. Una época en la que todo era más sencillo y más lineal. ¿Mejor? No, sólo diferente, pero en este caso, deliciosamente diferente.

Y PAPA?, TE ACORDASTE DE ESTE JUEGAZO?




ROAD RASH, TE ACORDAS?



ETERNAL CHAMPIONS



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