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Suerte, fortuna y antigüedades

Suerte, fortuna y antigüedades
El programa ‘El precio de la historia’ retrata los movimientos del negocio familiar de una casa de empeño en Las Vegas.




Chumlee, Old Man, Rick y Corey Harrison son las personas detrás de la casa de empeño. / Cortesía History Channel

Un libro en latín sobre alquimia, de 1546, que perteneció a Isaac Newton, una máscara de gas para bebé de la Segunda Guerra Mundial, un mortero que dispara bolas de boliche y un tiquete sin usar de la pelea entre Muhammad Alí y Floyd Patterson en 1965 son sólo algunos de los objetos cargados de historia que llegan a la casa de empeño más famosa de Las Vegas, entre las 44 que existen: Silver and Gold Pawn Shop.

Una familia entera ha crecido en este negocio, en el que el olfato y la vista se han agudizado para identificar qué es real, qué es falso y cuánto vale. Old Man, Rick y Corey Harrison, abuelo, padre e hijo, comparten oficio, lazos de sangre y la experticia de jugar en un terreno de rebajas, ofertas y regateos. A este elenco particular se suma Chumlee, el amigo de infancia de Corey, quien creció en la tienda y ahora forma parte de la familia.

El precio de la historia, emitido por History Channel, va a completar cuatro años siendo el programa más visto de todo el canal, que a la vez está dentro del TOP 10 de los programas más sintonizados en Estados Unidos. Un gran éxito que, según su productora general, Mary Donahue, se debe a esa mezcla de dinámica familiar y la historia curiosa de los objetos que llegan al mostrador, a esa combinación entre entretenimiento y nutrida información. La acogida del programa se debe a ese sentimiento universal de creer que la lotería está a la vuelta de la esquina, a ese momento de felicidad que implica encontrarse un tesoro en el ático o saber que la herencia de la abuela contenía un objeto que podría valer una fortuna.

Y es que además de la mirada de estos cazadores de tesoros, cuentan con los expertos a los que llaman para avaluar algunos artículos de los que desconocen su pasado. Especialistas en armas y objetos de guerra, en libros raros y antiguos, directores de museos, dan sus veredictos, al mismo tiempo que ofrecen clases de historia.

El éxito no sólo ha sido a nivel de ratings en la pantalla chica, sino que el negocio real y familiar ha crecido de manera espectacular. Antes de que esta familia y su casa de empeño gozaran de la fama de los medios televisivos, tenían un promedio de 50 visitantes al día. Ahora la cifra oscila entre 3.000 y 5.000 personas que cruzan la puerta buscando un buen precio de una joya o un reloj, un objeto único para coleccionar, o los curiosos que quieren comprobar, como lo dice el letrero de afuera, As seen on Tv (como se ve en la televisión). Y el 80% de esos que entran, salen con algo en las manos. Más de 1.000 transacciones se hacen a la semana. La tienda se ha convertido en una de las atracciones turísticas más visitadas en Las Vegas, y si antes contaban con sólo ocho empleados, hoy suman 60.

Si bien las casas de empeño no tienen la mejor fama o no son vistas con los mejores ojos, porque se perciben como lugares oscuros donde los ladronzuelos van a dejar sus botines a cambio de dinero, la Asociación de Casas de Empeño en Estados Unidos nunca había estado tan en buena estima a raíz de lo que ha generado el programa.

Rick Harrison, además de su habilidad como negociante, es un apasionado de la lectura, de la historia y está ávido de conocimientos. Confiesa descarnadamente que no ve televisión, que aceptó hacer este show por negocio, porque el dinero es su segunda o tercera cosa favorita en la vida y que obtiene más diversión e información en 20 minutos de lectura que en dos horas de televisión. Se considera un nerd, lee libros de ciencia, de historia y recuerda uno “oscuro” que acaba de leer sobre la historia de los envenenamientos. Durante más de 20 años en el negocio lo han timado y también ha logrado sacar grandes fortunas por objetos por los que pagó mucho menos que su valor real. En los años 90 hizo una fortuna con los encendedores de marca Zippo, sobre todo por la demanda desaforada de los japoneses.

Para tener una licencia de casa de empeño en Las Vegas se debe pagar mínimo US$1 millón. Por lo tanto, nadie quiere perderla y deben blindarse. El FBI está en contacto permanente con la tienda para reportar objetos robados y, de hecho, ellos mismos se han vuelto expertos para detectarlos.
La forma más antigua de crédito, antes de la aparición de las tarjetas en los años 50 eran estas casas, donde se dejaban objetos empeñados para obtener préstamos. En Silver and Gold Pawn Shop el empeño se hace por 90 días máximo, a un interés del 13%. Pero la mayoría de transacciones son más de compra que de empeño.

Las Vegas es sin duda el lugar idóneo para una casa de empeño. Por un lado, es uno de los destinos más visitados de Estados Unidos y, por lo tanto, el flujo y la variedad de gente son enormes. Por otro lado, el hecho de que sea la ciudad del juego y de que el dinero esté probando los juegos del azar, hace que un sitio como este tenga éxito natural. Desde que el show empezó hay gente que viene específicamente para vender sus curiosos objetos.
Por la noche hay una ventanilla que se abre, siguiendo la costumbre de las 24 horas abierto, tan usual en Estados Unidos. Lo más curioso que le ha sucedido hasta el momento a Corey Harrison fue una señora de unos 55 años que se acercó a pedirle unos alicates. “Yo le pedí su identificación para que al prestárselos me los devolviera con seguridad. Al momento volvió con papel higiénico en su boca y con un diente de oro en la mano, el cual compré por US$30”. Todos aseguran que el negocio del oro es el más seguro y el que más se mueve.

El objeto más costoso de toda la tienda es un anillo en diamantes de un ganador del Superbowl, de los Patriotas contra los Broncos en 2004 que cuesta US$150.000. También hay objetos que sólo están para la muestra: un bolígrafo para dama en oro de los años 20, por ejemplo. A Rick Harrison le gusta tener objetos interesantes para que la gente los vea y tengan una razón más para venir a visitar la tienda, que exista ese sentimiento de museo y no sólo de negocio. Las estanterías son, en efecto, un compendio de curiosidades que incluyen objetos populares, arte en las paredes, un Chagall, un Salvador Dalí, joyas, relojes, memorias de las guerras, motocicletas, armas, instrumentos antiguos, entre otras cosas.

La fama los asaltó y ahora trabajan en las oficinas traseras de la tienda. Ya no necesitan hacer una reservación en un restaurante, son unas celebridades que ya no pueden hacer las compras en el supermercado, como solían hacerlo antes. Su negocio, más allá de la fama televisiva, va viento en popa.


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