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Temporal en Córdoba: ¿desastre natural o negligencia?

Descontrol ambiental


Año a año Córdoba comienza a acostumbrarse a los desastres naturales. Como si fuesen distintos círculos del infierno de la Divina Comedia de Dante Alighieri, incendios voraces, tormentas sin control o inundaciones brutales vienen marcando el calendario provincial.

Las inundaciones de distintas ciudades de las Sierras Chicas, que abarcan desde el noroeste del Gran Córdoba hasta Ascochinga en una línea de 70 kilómetros, se produjeron por una tormenta que descargó un promedio de más de 200 milímetros en 12 horas. El saldo oficial al cierre de esta edición era de ocho personas muertas, cientos de viviendas afectadas o destruidas y al menos 500 millones de pesos en pérdidas de infraestructura.


Se trata de una de las zonas de mayor crecimiento urbano de la provincia, ubicada en la ladera oriental del cordón serrano, que corre en eje vertical norte-sur y tiene a su vez al este la llanura sojera de la ruta nacional 9 norte, con cabecera en la ciudad de Jesús María, núcleo fundamental en Córdoba de las protestas ruralistas en 2008 por la 125.

La primera explicación por las causas del desastre provino del propio gobernador José Manuel de la Sota, que describió como un “tsunami” caído del cielo lo que sucedió.
Pero a medida que fueron pasando los días, antecedentes de diversa índole dieron otra versión, distinta al mero fruto del destino, como el causante de una inundación que mantiene conmocionada a la comunidad. Sobre todo porque cada nuevo nubarrón vuelve a remover la tragedia y los especialistas sostienen que pueden sucederse nuevas inundaciones si los causantes se mantienen inalterables.

“Son dos décadas de falta de planificación urbana, de desforestación y desmonte. Las autoridades nunca escucharon los planteos de organizaciones como la Coordinadora Ambiental y de Derechos Humanos de las Sierras Chicas que reclamaban detener la tala indiscriminada e intervenir para preservar el medio ambiente. En vez de escucharlos, los trataron de fundamentalistas y ahora están los resultados”, explica el periodista Víctor Valente, director de la revista mensual Unión Regional, medio que desde hace 20 años cubre informativamente la región.

Precisamente, la organización ambiental emitió un comunicado tras las inundaciones, donde remarcó que “más allá de la cantidad de agua caída, la ‘catástrofe’ no es ‘natural’: lo natural es que cuando llueve el agua se infiltre y vuelva lentamente a la superficie (efecto de esponja). Pero las cuencas altas están siendo desmontadas, incendiadas y edificadas, desprotegiendo e impermeabilizando el suelo que pierde su capacidad de esponja. Ya no retiene el agua cuando llueve, y no la libera cuando falta”.

Es que hace un año lo que predominaba era la sequía y el dique La Quebrada, ubicado cuenca arriba de la ciudad de Río Ceballos, corría riesgo de secarse. Esta vez la localidad fue de las más afectadas por las crecidas del río, que superó el vertedero del paredón del dique y arrasó el centro de la ciudad.

La Coordinadora dijo también que con menos del 5% de bosque nativo en la provincia de Córdoba, se desmonta una hectárea por hora, “ostentando así el triste récord mundial en depredación de nuestros bienes comunes”.

“Es así que, en la pampa las topadoras le abren paso a la soja, y acá en nuestras sierras las mismas topadoras le abren paso al desarrollista amigo que trae sus canchas de golf y barrios exclusivos. Son los grandes empresarios que, asociados con el poder, construyen rutas como las que ayer demolió el agua. Agua que ya no pudo absorber la montaña y escupió al progreso su fuerza natural”.

El desmonte del bosque nativo es motivo de debate hace años en la provincia. El biólogo Fernando Barri, integrante del Centro de Ecología y Recursos Naturales de la UNC y de la Comisión de Ordenamiento Territorial de Bosques Nativos (COTBN), apuntó al modelo sojero que depreda el ambiente. “De las otrora 12 millones de hectáreas de bosque nativo con las que contaba a principios del siglo XX, para el año 2004 solo quedaban cerca de 600 mil hectáreas”, explicó. Y alertó que “eso no pasaba antes que los agronegocios liberaran sus tentáculos para ampliar la frontera agropecuaria a las otrora ‘regiones marginales’, que no presentaban mayor interés económico para los terratenientes y empresarios”.

En ese sentido, afirmó que es necesario reflexionar seriamente sobre los pros y los contras de un modelo de desarrollo basado casi con exclusividad en la expoliación de los recursos naturales y la exportación de commodities.

Córdoba es una de las principales protagonistas de este proceso y constituye la principal provincia de producción sojera del país, según datos del Ministerio de Agricultura cordobés. Al mismo tiempo, la soja alcanza casi la mitad de toda la producción agropecuaria.


Interactivo: cómo evolucionó el uso del suelo en las Sierras Chicas. La visualización muestra cómo creció la mancha urbana y el desmonte entre 1941 y la actualidad. El temporal en las Sierras Chicas mostró los problemas de las cuencas de la región




Marcelo Cabido, colaborador del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático –que ganó el Premio Nobel de la Paz en 2007–, y Marcelo Zak, ambos investigadores y profesores de la Universidad Nacional de Córdoba, analizaron en un estudio realizado en 2010 la magnitud del problema a escala global y regional.
“Las tasas de deforestación sufridas año a año por los bosques cordobeses no tienen parangón a nivel mundial, superando incluso a las correspondientes a bosques tropicales en otros países pobres”.

El geólogo Osvaldo Barbeito, titular de las cátedras de Fotogeología y de Geografía Física de la Agrimensura de la Facultad de Ciencias Exactas de la UNC, especialista en estudios fluviales, agregó, en esa línea, que sin duda el desmonte tiene un rol fundamental en los desbordes de los ríos. El docente es autor de varios estudios sobre las cuencas y acuíferos de la provincia. “Si bien la condición natural sigue prevaleciendo en las inundaciones, por las tormentas y las pendientes, los desmontes ocasionan una mayor correntada por pérdida de infiltración”, afirmó, ante la consulta de Veintitrés.

La modalidad de desmonte no se aplica sólo a la producción agrícola sino que también es excluyente en las Sierras Chicas para el desarrollo de urbanizaciones y countries que, al igual que en el resto de los grandes centros urbanos del país, crecieron como hongos en el Gran Córdoba y particularmente en la zona inundada.

Por caso, la localidad de Mendiolaza, una de las más afectadas, cuenta con el 40% de su superficie cubierta por estos barrios exclusivos para gente de alto poder adquisitivo. Cuando las comunidades protestan ante esa situación, el poder político municipal y provincial ha sabido ignorar olímpicamente los reclamos. En octubre de 2011, esta revista publicó una investigación de Lázaro Llorens donde vecinos de ese municipio denunciaban la destrucción de gran parte del bosque nativo para la creación de la urbanización “El Terrón”, propiedad de la familia Tagle. El emprendimiento contaba con el apoyo del intendente y del Ministerio de Ambiente de la provincia, que debe habilitar ese tipo de negocios después por medio de la aprobación del estudio de impacto ambiental y la factibilidad técnica.

A pesar de la lucha de los vecinos, alarmados por la falta de agua en la zona, el Concejo Deliberante resolvió el año pasado aprobar el emprendimiento. Es que, como dice Barbeito, “el aspecto geológico y geomorfológico es el último a considerar porque se prioriza lo económico”.
Por lo pronto, el legislador juecista Santiago Clavijo, dirigente del gremio Luz y Fuerza, presentó esta semana un proyecto para que se detenga por un año la aprobación de cualquier emprendimiento que supere las cinco hectáreas, al tiempo que se revisen las habilitaciones aprobadas el año pasado. El oficialismo aceptó discutir la iniciativa que, si bien no remedia los daños producidos, puede ser el comienzo de la planificación estratégica urbana hasta ahora inexistente en la región.



Tragedias anunciadas

En febrero de 2009, la ciudad de Tartagal, ubicada a 369 kilómetros de la capital salteña, quedó cubierta por un aluvión de lodo (foto). El río trajo la desgracia: anegó viviendas y arrastró vehículos. Hubo una decena de muertos, 700 evacuados y más de 30.000 damnificados. El panorama dejó a la luz los deslizamientos en las laderas de la zona maderera, además de la desforestación. Sobre los márgenes del río se habían talado casi 4 mil hectáreas, más de tres veces de lo que es la superficie de la ciudad de Tartagal.

Otro caso emblemático que se relaciona con el tema de la falta de planificación urbana es el de las inundaciones de La Plata de 2013. Se registraron más de 400 milímetros acumulados en 4 horas. Oficializaron 89 muertos, además de cuantiosas pérdidas económicas.
La situación en Córdoba acerca de las versiones sobre cantidad de muertos a causa de las inundaciones retrotrajo a muchos a la situación en aquellas inundaciones de la ciudad de La Plata, donde se denunció que el número de víctimas era mayor al informado por las autoridades. El gobernador Daniel Scioli se apoyó en que no había denuncia de familiares para ampliar la búsqueda de otros desaparecidos. Al cierre de esta edición, tampoco las autoridades cordobesas informaron de nuevas víctimas.




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